ARTÍCULO CRÍTICO SOBRE MALEVOLGIA, NOVELA DE GINA PICART

 Malevolgia, o el sueño de la muerte como obra de arte, por Alberto Garrandés (publicado en Cubaliteraria)

Para presentar a Gina Picart, autora de La poza del ángel y El druida —libros muy desmarcados de la mainstream narrativa cubana de hoy—, habría que empezar por decir que ella es, entre las escritoras y los escritores cubanos del presente, la única que emprende la aventura de escribir textos narrativos donde la mística y la simbólica de varias tradiciones culturales (las más conocidas y las más oscuras) se transforman en ficción y en personajes gracias a un curioso y eficaz proceso de predicaciones, especie de emulsión alquímica de un cúmulo de datos en apariencia abstrusos y en desorden. Dicho proceso, muy propio de la ficción novelesca (pero, sobre todo, de las formas prenovelescas, romancescas, y de los cánticos vecinos del lenguaje ritual, u organizados en forma de ritual), permite acceder a un territorio ambivalente, irresoluto, tan cotidiano como extraño. Y, como ustedes podrán suponer, si todo esto se pone al servicio y dentro de los moldes de la novela como gran género literario de la contemporaneidad, el resultado no podría ser menos que raro.

Pero Gina Picart, bueno es aclararlo, también es capaz de contar historias donde lo real de pronto se abre a una posibilidad para la cual las personas comunes no se encuentran preparadas. Y aunque en ella siempre hay un viaje hacia los pozos más profundos de la memoria o del mito, sus entramados exploran una verosimilitud en forma de advertencia. Por ejemplo, así ocurre en otra novela suya titulada El viaje del pez oscuro, lamentablemente inédita.

El hecho de que yo esté aquí presentando Malevolgia, su primera novela publicada, no tiene nada de singular. Gina Picart sabe y ha dicho que soy un raro, y además me ha dedicado, junto a otras personas, este libro. Aprovecho, pues, la oportunidad para agradecérselo y advertir, desde mi condición de lector bastante cómplice, que Malevolgia debe ser objeto de lecturas cuidadosas porque es un texto cuidadoso, no solo debido a la fabricación encarnizada de su lenguaje, sino además porque en sus páginas tenemos una trama de estructura circular, desplegada independientemente de su enorme cúmulo de referencias, y en la que, por cierto, no hay trampas tendidas al lector. Creo que se trata de una narración sincera, llena de claridad, aun cuando el mundo que describe y convoca pertenezca al reino de la sombra, la suposición y el misterio.

Malevolgia es, a su manera, un libro suntuoso. Y lo es porque encierra varios senderos por los que se llega a su centro. Cuando una novela muy breve —esta tiene poco más de 100 páginas— concentra en sí una tupida red de posibles narrativos, su grado de intensidad aumenta al punto de que cada página, e incluso cada frase, llegan a poseer pesos reconocibles para la evaluación definitiva. Malevolgia explica un caso común de prostitución mediante un personaje de origen bosnio —Marita Merková— que, bajo los saberes prácticos de una mujer de mundo —Sandra—, quiere ingresar en el orbe del dinero y el gran bienestar. Pero tras ellas están ciertos negocios masculinos (negocios previsiblemente muy turbios y vinculados al crimen) y, en medio de una fiesta donde hay caballeros de mucho empaque, y donde Marita actúa como chica de servicio, Sandra muere asesinada en un baño. Marita huye, intenta escapar de esos hombres que han matado a su amiga, y es entonces cuando su aventura adquiere un brillo tenaz, o más bien una dimensión universal, cósmica, esperpéntica, ensoñada, expresionista y mágica, ya que la joven deberá enfrentarse, en un frondoso bosque de signos, al sueño de la muerte como obra de arte y como elaboración de un contexto mítico-ritual del que acaso descienden esos hombres oscuros.

He dicho que la trama general de Malevolgia posee un centro, pero debo rectificar esa aseveración. Un libro como este no se entrega al credo de la centralidad, aun cuando cultive —y en parte este es el caso— una especial devoción por la figura del laberinto. Laberíntico, pero no dionisiaco, es el paso de la trama de la novela por nuestras mentes, y sin embargo sus episodios fluyen como dentro de un juego de espejos, un juego de duplicaciones binarias, un juego en el que los símbolos atraen a las historias que los dilucidan, en un tejido que nos mueve a pensar en secretos largamente guardados y en razones que la Historia de la cultura ha olvidado o preferido olvidar. Marita Merková, chica muy simple, debe enfrentarse a todo esto, y tal es el motivo por el cual la novela, al desovillarse, nos conduce de la mano por lo que se halla detrás de ciertas actitudes y emblemas humanos.

En rigor, Marita Merková cumple un destino de lujo en tanto víctima propiciatoria, pero el primer plano de su muerte a manos de los hombres oscuros es bien grosero, pues se trata de una muerte común, a través de la cual se quiere suprimir una revelación inconveniente o la amenaza de esa revelación. Marita debe morir. Ha escuchado en esa fiesta algo que no debía escuchar y, mientras mira el espantoso cadáver de Sandra, huye de la rutilante mansión y llega al Reino de la Noche. Aquí empieza el delirio, o la vigilia del delirio, que es donde Gina Picart coloca el problema artístico de Malevolgia. Es decir, no un problema en tanto ecuación incómoda, sino en tanto artefacto (novelesco, ya lo sabemos) que posee el don de responder a una pregunta: qué es lo que hay en el sueño de la muerte, o qué es lo que prospera cuando la muerte se avecina con ímpetu terrible a nuestra conciencia, en medio de la consternación y el sufrimiento.

Malevolgia cuenta, como he sugerido, un descenso a lo profundo del alma en el sueño de la muerte. Hay una especie de grandiosidad épica en ese viaje infinitesimal a la muerte, o dentro de ella. Una grandiosidad meditativa, imaginal, de índole casi lírica, metafórica, que hace que la muerte, o su momento atemporal, se constituya en materia de lo artístico. Este es un tópico prestigioso y muy acreditado. Porque ese misterio del paso a la muerte es el gran misterio del hombre (un misterio que se acrecienta o disminuye en virtud del lenguaje) y, asimismo, es el origen de algo que invade el pensamiento humano: la presencia o no de Dios, la presencia o no de los dioses, o de los demonios, o de las criaturas elementales. La existencia o no de otros mundos.

La persona que ayuda a Marita a escapar vive a ratos en una Feria de Diversiones abandonada. En el sueño de la muerte esa persona es El Rey de la Noche, un enmascarado minotáurico a quien Marita debe pagar, de diversas maneras, por estar a salvo allí, en el inframundo. El Rey tiene una doble faz: la del sujeto mitológico y la del vagabundo común que es capaz de traicionar por dinero. Esa medievalizante Feria de Diversiones es, por su parte, no solo una feria abandonada, sino un arquetipo tangible e intangible de la representación mandálica del mundo, condición observable en las grandes metáforas culturales, desde los rizomáticos viajes de Odiseo (pero con otro ordenamiento) hasta hoy, pasando por el Carnaval y llegando hasta los blogs temáticos de internet. Sin embargo, una voz interviene en los acontecimientos: la de Mahisasura el Giboso, guardián del Tesoro del inframundo.

Creo que Gina Picart se ha preguntado cómo darle paso, en una historia casi banal (por sus hechos en sí, no por su enunciación narrativa), al inframundo. O sea, cómo reacreditar una historia casi detectivesca a través del levantamiento de otro mundo cuya naturaleza es casi primordial. Un mundo que, sin embargo, tiene marcas temporales en suspenso, pues apunta al pasado remoto, al presente y al porvenir. En ese cosmos está Mahisasura el Giboso, que habla del Rey, de la historia del Rey. Y ambas historias —la de Mahisasura y la del Rey— van tejiéndose hasta revelar su lógica, su resplandor, su belleza y su atrocidad.

Mahisasura es la trasubstanciación del conocimiento, es el Hombre Despierto que Aguarda, es el celador del lenguaje original. Mahisasura, trasegador de bibliotecas perdidas, se metamorfosea en el Sabio Insomne y es el servidor más inmediato del Gran Misterio. Conoce el valor concentrativo y mágico de la sangre y cree en los poderes convocantes del lenguaje.

Creo que Gina Picart nos enseña cómo sería la trascendencia cultural y ontológica de un mero suceso del presente, cómo serían sus ramificaciones místicas y rituales. Y nos dice que el presente no solo es algo muy sólido sino que esa solidez reside en su capacidad de activar el pretérito remoto de un modo apenas consciente, para que el porvenir sea, precisamente, la representación de ese tipo de trascendencia universal que está dentro de todo lo vivo. La objetivación referencial que Malegolvia nos depara, quizás sea la del mundo interior reedificado más allá del sueño. El mundo del yo y el inconsciente como productores de realidad para el sujeto.

El Rey, antiguo elegido de Mahisasura para que se convierta en su sucesor, es un hombre que deambula por sus dominios, consume droga, bebe cerveza, pero también le pinta a Marita el ojo de Krishna en la frente. Es un individuo que sale del mito y entra en él con demasiada ligereza, de acuerdo con la sensibilidad que podemos presumir en ese ente extraordinario que es Mahisasura el Giboso. Marita acompaña al Rey y lo escucha. Aprende con él. Tienen sexo a menudo. Es como si Marita hubiese ingresado en el extraño mundo de un heresiarca hippie, a salvo de los crueles e implacables hombres de la fiesta.

En un momento de la novela, en el desierto —bajo un anochecer con sol rojo y junto a un fuego recién hecho—, Marita y el Rey hablan de Sombra (la antigua mujer del Rey) y del niño que acaso es de ambos. Sombra y el niño ya han muerto, forman parte del pasado dramatúrgico del texto, pero el Rey continúa triste. Entonces él, como sobreponiéndose a un dolor inmenso que no se extingue, saca unos recortes de cierta revista y Marita se entera de que su vida está siendo vivida por otra persona: se descubre, famosa, en las pasarelas de modas más refulgentes del mundo y, sin embargo, se encuentra allí, en la mugre de la Feria. ¿Suplantación de identidad? No se sabe. Sandra no ha muerto con un clavo en la garganta, sino en un accidente de auto. Sandra era una rica y exitosa empresaria colombiana. El Rey le enseña a Marita una de las tantas posibilidades de su vida, como si hubieran estado atravesando el célebre jardín de senderos que se bifurcan, aquel arquetipo con el que Jorge Luis Borges enunció la índole laberíntica de la identidad y la presencia de los mundos paralelos.

Malevolgia tiene en la Feria de Diversiones, devenida La Feria, una imagen enciclopédica, transhistórica, que se modifica cuando Marita y el Rey llegan allí y empiezan a probar las muchas atracciones. Pero el sitio ha sido invadido por las marionetas y está como acariciado por los fantasmas y el olvido. Libro a ratos gótico, Malevolgia representa el padecimiento como si fuera el destino natural del mundo. Pero no el padecimiento físico —que también se encuentra aquí—, sino sobre todo el padecimiento del individuo enfrentado a la muerte, sin conocer jamás el fondo último de la verdad.

Para forzar la lectura hacia uno de sus límites, podríamos decir que Malevolgia contiene su explicación y su ficción. Es decir, la novela aporta el esclarecimiento de sus metáforas y asimismo la ficcionalización de sus metáforas, teniendo en cuenta que la ficción puede ser, aquí, un predicado con el que se busca o se mediatiza la verdad. Casi un ensayo experimental, Malevolgia oscila, por su vehemente adscripción a lo novelesco y a la meditación místico-cultural-alquímica, entre formas literarias arcaicas. Una escritura épica anterior al surgimiento de la novela como género, fuertemente arraigada ahora (y me refiero en este instante a Malevolgia) en la visualidad contemporánea y en algunos tópicos “mistéricos” —de iniciación al conocimiento— de la tradición cultural secreta de Occidente. Una escritura filosófica doblemente indiferenciada: en primer lugar, del gesto ritual, y, en segundo lugar, de la enunciación de esas capacidades de convocatoria que poseen ciertos objetos, representaciones y sustancias.

Como signo complejo, la Feria es en realidad un modelo articulable de lo mejor y lo peor de muchos mundos. Asimismo, la Feria se constituye en el universo acomodado a la voluntad y la perspectiva de quien sea su Rey o su dueño físico. La Feria es el acto de mostrar y ofrecer, y analogiza la experiencia y la recrea. Los capítulos de la novela podrían ser como etapas o estancias de ese viaje iniciático y sacrificial. Y así llegan Marita y el Rey a la mansión de la fiesta donde Marita era chica de servicio y donde han matado a Sandra. Ya sabemos que de allí ha huido Marita, para ingresar en el inframundo. Pero la mansión parece abandonada hace tiempo. Aun así, la joven se sumerge en una bañera con sales aromáticas y el Rey le lava el cabello. Y orina, lascivo y soez, encima de su cuerpo. La serpiente se muerde la cola. Ahora el círculo puede cerrarse.

El inframundo o Laberinto tiene siete niveles y está debajo de la Feria de Diversiones, que también es llamada El Reino de la Noche. Mahisasura el Giboso, Gran Custodio, vigila a la pareja con alguna esperanza. Pero está convencido de que su raza acaba en sí mismo.

“Lo que más fascina al hombre de casta noble y guerrera es la relación entre voluntad y destino”. Esta frase, que implica la presencia/ausencia de la Divinidad respecto de la moira y la nemesis, se repite dos veces en el libro y creo que encierra una clave para su comprensión, si es que comprenderlo resulta un imperativo de nuestro vínculo con él. Porque la relación de Gina Picart con Malevolgia viene a ser la de un escritor en estado de asombro con lo extraño o, para decirlo en términos culturales muy acreditados, con el unheimlich, que es esa categoría donde Freud aglomeró la experiencia inexplicable de la vigilia ensoñada y el sueño mismo.

Hacia el final de la novela el Rey, asediado por la imagen de las postrimerías y el dolor del recuerdo, abre las compuertas de la represa, que inunda de agua y lodo el Reino de la Noche y lo destruye. El Rey y Marita aspiran droga y se van a un “viaje” por un desierto metafísico donde hay un chamán que es el Guardián arquetípico de esa frontera que existe entre la comprensión y el conocimiento. Marita toma su lugar y se transforma en Guardiana. El Rey se esfuma, se va a la Luz, descansa o desaparece. De pronto todo cambia, la realidad irrumpe inevitablemente, y vemos a los Hombres Oscuros acercarse a ellos en un auto lujoso. Vienen a buscar a Marita. Ella ha estado huyendo todo el tiempo, después de oír una palabra fatal en aquella fiesta. Los Hombres Oscuros la apresan. El Rey la ha traicionado y la entrega a ellos a cambio de una maleta con dinero y droga. Todo va desvaneciéndose. El Rey es ahora un vulgar soplón, un adicto cualquiera que ha estado ocultándose tras una máscara relevante, y los Hombres Oscuros lo matan. Marita Merková ha escuchado, ha recordado, ya sabe, ya está en el secreto y debe morir. Y en el ojo de Krishna, que simboliza la visión del cosmos, le pone el jefe de los Hombres Oscuros la punta de su pistola, antes de disparar.

Malevolgia podría ser un viaje sicodélico, pero también es un viaje en torno a lo sagrado, su persistencia, su artificialidad. Nos habla del peso de nuestros actos más allá de lo inmediato y dibuja, con mucho acierto, una serie deslumbrante de sincronismos unificados por tres pasiones básicas e inexorables: la del amor, la del conocimiento y la de la desesperación ante la incertidumbre de lo divino. Así, pues, que una novela cubana de los días que corren se haya adentrado en temas tan trascendentes, es un hecho para el examen celebratorio de su existencia.

  • Palabras de presentación de Malevolgia, leídas por su autor el 22 de abril de 2006 en el Centro Cultural Arte Habana.

Anuncios

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s