TODA FLOR PUEDE NACER EN CUBA

 ¿TULIPANES EN LA HABANA?
Por Gina Picart

Usted siempre ha oído decir que Holanda es el país de los tulipanes y Cuba el de los mangos. Pues… ambas afirmaciones son inexactas. En realidad el mango es oriundo de la India y el tulipán de la meseta de Anatolia. ¿Y cuál de los dos es más célebre? ¿Podrían darse mangos en Amsterdam y tulipanes en La Habana?

Indiscutiblemente el tulipán es más célebre que el mango. Es una de las tres flores más demandadas no solo en Holanda, sino en el mundo entero. Algunas estadísticas de mercado aseguran que los países más amantes de los tulipanes son los Estados Unidos, Japón y el norte de Europa. Se calcula que, como cifra promedio, cada individuo de estas nacionalidades gasta aproximadamente cien dólares anuales en la adquisición de tan hermosas flores.

Los tulipanes tienen una historia que parece salida de Las mil y una noche árabes. Su comienzo es misterioso, como suele serlo en toda historia fantástica, y se inicia con una leyenda que se pierde en los tiempos remotos: Farhad, joven y bello príncipe del país de Persia, estaba profundamente enamorado de la doncella Shirin. El mismo día en que esperaba la respuesta de su amada a los requerimientos de su pasión supo que ella había sido misteriosamente asesinada. Enloquecido de dolor cabalgó sobre un caballo negro y lanzándose en frenética carrera alcanzó los acantilados, desde donde se lanzó al mar. De su cuerpo, que en la caída se iba destrozando contra los arrecifes, brotaron gotas de sangre que quedaron secándose al sol, y de estas nació un tulipán como símbolo de su perfecto y ardiente amor.

Sobre el origen real de los tulipanes solo se sabe de cierto que los guerreros turcos descubrieron los tulipanes en la meseta de Anatolia. Allí vieron por vez primera unas flores de tan vivos colores y tal combinación de ellos que quedaron totalmente deslumbrados. Se llevaron las semillas bulbosas y las plantaron en sus tierras. Pronto toda su capital, Estambul, estaba llena de aquellas maravillas de la naturaleza.

Fue tanta la pasión que inspiraron los tulipanes en la sensibilidad de aquel pueblo ardiente y sensual, que los turcos bautizaron la flor con un nombre, lale, vocablo que en su lengua se asemeja mucho al nombre de Alá, dios de los musulmanes. Así, aureolado de divinidad, entró el tulipán en el mundo árabe.

Por aquellos tiempos, en el año de gracia de 1703, el imperio turco alcanzaba su esplendor y Estambul era una ciudad muy rica y próspera, donde se llevaban a cabo unas celebraciones de lujo abrumador. En el Cuerno de Oro se construyeron palacios nunca vistos y hermosas áreas de recreo, con lagos donde nadaban los cisnes y jardines de ensueño donde florecían por miles las tulipas.

Pronto la flor se convirtió en uno de los motivos favoritos del arte turco. Su imagen comenzó a aparecer en los decorados interiores de los baños célebres y hasta los grandes pintores intentaron reproducirla en los frescos de los palacios. Poetas importantes al servicio de los grandes mecenas crearon cantos de alabanza al tulipán, y hasta la poesía erótica lo asumió como motivo simbólico a través del cual se representaba la sexualidad en su momento más intenso y vital.

Mehemet Lalezar, en ese entonces jardinero mayor del palacio del Sultán, amaba estas flores y dio líricos nombres a las variedades de tulipas, tales como perla azul, luz del amanecer, gota de rubí y muchos otros con los que su imaginación hizo verdaderos alardes de fastuosas metáforas. Este sabio botánico llegó a contar nada menos que unas 1323 variedades. Fue la época de fiebre turca del tulipán, comparable a la fiebre del oro en Alaska muchos siglos después.

EL TULIPÁN EN EUROPA

Las tulipas se hicieron tan populares entre los árabes que hasta los fieros guerreros del Islam llegaron a lucirlas en sus turbantes, lo mismo que un marpacífico florece llameante entre los cabellos de una cubana o un ramo de claveles entre los rizos de una andaluza.

Cierto día de 1554 un embajador de Austria recién llegado a Estambul vio por vez primera una tulipa que lucía en su tocado un caballero de alcurnia, y deslumbrado quiso saber el nombre de la flor. El traductor que le acompañaba, creyendo que el europeo preguntaba el nombre del turbante, pronunció la palabra tülbent. El embajador, pensativo, repitió para sí varias veces el vocablo, que así deformado pasó a Europa como tulipán.

En 1593 un botánico holandés, de nombre Carolus Clusius, compró bulbos de tulipas en Estambul y los llevó a la universidad de Leiden, Holanda, donde los cultivó para investigar si poseían, además de belleza, propiedades medicinales. Era un misántropo que rehuía el contacto con sus semejantes y ocultó su tesoro del vulgo, lo que no duró mucho, pues alguien debió sorprenderlo y correr la voz. Una noche un grupo de desconocidos irrumpió en su recoleto jardín y robó varios bulbos. Acababa de nacer la tulipomanía holandesa, la cual alcanzó ribetes de psicosis popular alrededor de 1634, año en que los holandeses estaban ya tan arrebatados por los tulipanes que un comerciante de Ámsterdam llegó a pagar por ¡UN! tulipán el precio equivalente a ¡VEINTE TONELADAS! de queso…

Otro momento culminante de la tulipamanía tuvo lugar cuando a finales del siglo XIX surgió en Inglaterra el movimiento Art and Craft. Su creador, el pintor y diseñador William Morris, forjó todo un estilo decorativo donde las flores ocuparon un lugar primordial. Aparecían impresas sobre el papel de las paredes, en forma de joyas, de volutas y pasamanería, como motivo de esculturas, vajillas, orfebrería, tapicería y hasta en carteles teatrales. La presencia de las flores como fuente de inspiración se incrementó aún más cuando este movimiento artístico derivó hacia el Art Nouveau e invadió toda Europa y las Américas. Entre todos los motivos florales reinaba altiva, como una emperatriz indiscutida, la tulipa.

Desde hace casi cuatro siglos los bulbos de tulipán forman una parte importante de las exportaciones de los Países Bajos. Solamente en Holanda se producen cada año alrededor de tres mil millones de bulbos de tulipán destinados al comercio. La mitad de esta cifra va al mercado de los Estados Unidos.

DE HOLANDA A… LA HABANA.

Un arquitecto holandés que viajó desde Ámsterdam para conocer Cuba, como émulo del Holandés Errante recorría las calles del Vedado, donde trabó amistad con Demetrio Miguel Reyes Argüelles, simpático profesor de matemáticas jubilado del Pedagógico, un cubano de sesenta y seis años aficionado a la floricultura. Pronto se estableció entre los dos hombres una cálida amistad, y así el holandés supo que Miguel había aprendido a amar las plantas a través del Amor, pues las dos compañeras de su vida habían decorado el hogar con flores y plantas de interiores, haciendo de él un pequeño y lujuriante vergel.

Cuando las vacaciones terminaron, el holandés, al despedirse del cubano, le prometió enviarle bulbos de tulipanes en prenda de amistad, dejando en claro que el regalo era puramente simbólico, pues resultaba poco probable que las tulipas nacieran y crecieran en el caliente corazón de una isla caribeña. Pero quién sabe, Miguel… fueron sus últimas palabras.

Poco tiempo después, en noviembre del 2004, Miguel recibía una cajita sellada conteniendo veintisiete bulbos de tulipanes. Siguiendo las instrucciones adjuntas de conservarlos en frío durante seis semanas, comenzó a plantarlos el 7 de enero en el cantero de su terraza, al cual previamente había vaciado de su tierra acostumbrada y rellenado con otra abonada conseguida en un vivero especialmente para ese fin.

Mitad escéptico, mitad confiado, Miguel cubría cada día el cantero hasta la una de la tarde a la manera de una vega de tabaco, para impedir que los bulbos, aún en el vientre de la tierra, fueran castigados por el sol. Pero tuvo la suerte de su parte, pues este invierno largo y fuerte ha sido atípico si se le compara con los que usualmente pasan por nuestra isla tropical, dejando apenas una estela de lloviznas y algo de frialdad. Vigilaba atentamente la humedad con un viejo barómetro y cada tres días regaba en círculo cada cultivo, y esperaba, esperaba…

EL MILAGRO

Yo los sembré por disciplina —comenta Miguel contemplando con ternura sus pujantes flores—, pero la verdad es que no tenía muchas esperanzas de éxito. Mi amigo holandés me escribía preguntándome si ya había crecido siquiera uno. La mañana del 7 de febrero, justo un mes después, me levanté y como hacía siempre, fui directo para la terraza. ¡Imagínese cómo me quedé cuando vi sobre la tierra que acababa de brotar mi primer tulipán!.

Muchos son los amigos y conocidos que desde entonces han visitado la casa de Miguel para contemplar el milagro, pues nadie ha oído decir que en suelo cubano hayan florecido anteriormente tulipanes. El amigo holandés, al saber la noticia, le declaró a Miguel: Me siento muy feliz de que un cubano haya logrado tulipanes en tierra cubana. Además del milagro botánico, la prenda de amistad había echado raíces.

Cuando visité a Miguel en su domicilio, antes de mostrarme el cantero de la terraza él puso ante mí la cajita donde los bulbos habían viajado desde Ámsterdam hasta El Vedado. La imagen de un apretado racimo de veintisiete tulipas con todos los colores del arco iris en las más fabulosas combinaciones, era tan imposiblemente hermosa, que me hizo pensar en una de esas fotos retocadas que invaden el mercado de la publicidad.

Pero cuando finalmente Miguel me condujo junto a los canteros, vi que el prodigio era real. A pesar de mi gran amor por las flores nunca antes había tenido ante mi vista una tulipa “de carne y hueso”. Al contemplarlas a menos de un metro de mis ojos tuve el intenso placer de comprobar que la brillantés de los colores, la textura de los pétalos y la inusitada belleza de las combinaciones de tonalidades eran aún más espléndidas que las tulipas del estuche de productos Aviflora Tulips Mixed, que desde el jardín holandés de la florista Pamela habían venido a hacer su primer nacimiento en la buena tierra cubana.

¿CÓMO ES USTED, SEÑORA TULIPA?

Soy alta, entre treinta y cincuenta centímetros, que es mucho para una flor.—afirma con orgullo muy justo el tulipán—; mi cuerpo tiene forma de campana y mi tallo, delgado y airoso, está rodeado en su base por mis hojas que se alargan como una cabellera. Dicen que soy la esencia de la primavera y el símbolo de la pasión. Además, desciendo de la muy ilustre familia de las Liláceas —termina diciendo, y enseguida nos mira a hurtadillas para comprobar si coincidimos con la buena opinión que tiene de sí misma. Pero ¿quién se atrevería a acusar de vanidad a una coqueta flor? Especialmente cuando no está mintiendo en absoluto.

Aunque muchísimas personas no tienen idea de ello, existen algunas variedades de tulipas con delicioso aroma, pero la inmensa mayoría carece de perfume. El secreto, según los entendidos en la materia, consiste en el tipo de injerto realizado para obtener la variedad.

Los tulipanes se clasifican en dos grupos: los que florecen a principios de la primavera, aproximadamente a mediados de abril, y los que lo hacen en mayo al finalizar la estación. A su vez los botánicos y floristas han dividido todas las variedades en dieciséis grupos, en atención a las características de la flor, su color y crecimiento. Hay consenso general sobre las variedades más populares: se dice que son el tulipán rojo o tulipa gesneriana, el tulipán aromático rojo y amarillo (tulipa suaveolens) y el tulipán silvestre o tulipa clusiana.

No solo en Holanda crece el tulipán. También lo hace en China, Rusia y Francia, pero los jardines más especializados y exquisitos se encuentran en la tierra donde los diques contienen cada día la voracidad del mar.

¿CUÁL PODRÍA SER EL FUTURO DE LOS TULIPANES EN CUBA?

Esta es una buena pregunta. Las bellísimas tulipas de Miguel con sus combinaciones fulgurantes de bermellón y dorado, malva y blanco, fucsia y rosa salmón, morado obispo y morado uva… ¿quedarán como el intento aislado de una transculturación floral? ¿Serán una rareza que solo los amigos de Miguel podremos admirar?

Teniendo en cuenta el extraordinario valor comercial de estas flores, quizás se debería llevar el experimento de Miguel a una escala mayor y comprobar si nuestra isla podría llegar a convertirse en un hogar para los tulipanes y un futuro centro exportador de los mismos. No es una posibilidad desdeñable, y además, permitiría que los cubanos disfrutáramos, entre las muchas bellezas que la naturaleza ya concedió a nuestra isla, de la magnificencia del tulipán, la levedad de su gracia y la intensidad de su luz, que tanto lo asemejan a una auténtica gota de sol.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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8 respuestas a TODA FLOR PUEDE NACER EN CUBA

  1. Alicia dijo:

    Pues siempre me pareció muy raro que tuviésemos tantas postales del día de las madres con fotos de tulipanes y yo no hubiese visto nunca uno. Me encantaría poder ver los de Miguel. Yo había encargado bulbos, y aunque este artículo es alentador, no creo que resista estos calores

  2. Lázaro Javier dijo:

    Hola,
    Pues gracias a estos escritos es que personas como yo se llenan de fuerza y positividad para pensar que en un momento no muy lejanos tendremos nuestros jardines llenos de tulipanes, en mis manos está un sobre con 7 bulbos de los mismos que me ha enviado una gran amiga desde Austria, tengo la fé y esperanza que prosperen en mi casa y poder mostrarlo a mis amigos y familiares.
    Para esto necesito que por favor, me ayuden con consejos del cultivo, por más que busco en internet la forma más adecuada de cultivo, no se especifica directamente para el cultivo en cuba, me gustaría mucho poder intercambiar experiencia con el Sr, que lo ha cultivado en cuba.
    Saludos

  3. tomas lago navarro dijo:

    ante todo mi saludo desde Ucrania, cultivos los tulipanes y otras tipos de flores. encontre su interes por las tulipas y podremos inercambiar esperiencias si asi lo desea. muchas gracias.. tomas

  4. ana dijo:

    Hola, por favor conocen a alguien q tenga un círculo de aficionados a la botánica en La Habana? Les agradecería culquier información,
    Gracias de antemano

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