¿HUBO PIRATAS CUBANOS?

 Releyendo un hermoso libro del periodista e investigador Francisco Mota, Piratas y corsarios en las costas de Cuba, ha vuelto a  mis recuerdos el tema de los piratas, una de mis fantasías infantiles más queridas.     

Cuando yo era apenas una cubanita de cinco años, mi abuelo don José Manuel, hijo del capitán Picart, ayudante de campo del general mambí Calixto García Íñiguez, tomó a su cargo la labor de enseñarme Historia de Cuba a través de hermosos cuentos. Cuando hablábamos cada noche sobre la Conquista en el balcón de nuestra casita en Luyanó, sobre los primeros siglos de nuestyra existencia como país, sobre La Habana antigua y la construcción de aquellas fortalezas maravillosas que él me llevaba siempre a visitar en el perímetro de La Ciudad Vieja y los muelles, indefectiblemente surgía el tema de los piratas y sus ataques a la villa de San Cristóbal de La Habana.    

Abuelo mencionaba muchos nombres extranjeros y narraba aterradoras historias de tales incursiones, pero me llamaba la atención que en su lista de piratas nunca mencionara un nombre cubano. En la escuela se repetía el caso: los maestros hablaban sobre piratas de todas las banderas. Y nosotros, con una isla grande tan cercana a la Tortuga, refugio caribeño de la piratería mundial,  ¿no teníamos ningún pirata ilustre?     

Pero nosotros los cubanos sí tuvimos un gran pirata: el mulato Diego Grillo, también llamado Dieguillo o Diego Martín. Supongo que abuelo no lo mencionaba porque no conocía bien su historia y no quería hablarme de un tema que no dominaba, porque la vida y hazañas de Diego Grillo han sido hasta ahora imposibles de aclarar completamente. Lo llamaban Diego Grillo, el capitán Dieguillo y por último… pudiera haber sido también el terrible pirata apodado Lucifer. Pero antes de evocar su imagen hagamos…    

UN POCO DE HISTORIA    

La primera mitad del siglo XVI fue el escenario de los filibusteros franceses, quienes se establecieron en los cayos e islotes de las Antillas y desde allí saqueaban una y otra vez nuestras prósperas villas y ciudades. El más célebre, aunque no el único, fue sin duda Jacques de Sores. En la segunda mitad del siglo las hazañas de los piratas galos fueron eclipsadas por la aparición en aguas caribeñas de los piratas ingleses, siendo entre ellos los más sonados Sir Frances Drake y Baskerville.    

A principios del siglo XVII francos y britanos fueron desplazados por sus homólogos holandeses, quienes mantuvieron largo tiempo en jaque las flotas y convoyes españoles que retornaban a Sevilla cargados con las maravillosas e infinitas riquezas saqueadas a las tierras de América. Entre ellos los nombres son menos conocidos hoy, aunque resaltan los de Vaude Van Enrico, Perin Petre y Cornelius Jol, conocido como el temible Pata de Palo.    

Por último, la segunda mitad de aquel siglo vio aparecer sobre las dulces aguas caribeñas una plaga de audaces vándalos del mar con banderas de todas las naciones. Los de hazañas más mentadas fueron, claro está, el tristemente célebre Henry Morgan; así como también Lorencillo, Bartolomé el Portugués y otros muchos. La situación empeoró mucho cuando en 1712 Francia, Inglaterra y Holanda pactaron la libertad de comercio por los mares de las Indias. Desde ese instante los pacíficos habitantes ya no tuvieron un momento de descanso seguro.    

Que Cuba haya sido un enclave favorito para el saqueo y el merodeo de los corsarios y piratas no es casual, ya que era el punto intermedio en la travesía de los galeones que regresaban a España y,  al mismo tiempo, de las enormes y pesadas flotas españolas que venían a América con sus bodegas  repletas de mercancías y abastos con destino a los colonos. Es fácil suponer cómo desde sus refugios los bandidos vigilaban ese tránsito que debía proveerlos de fortunas inmensas por el solo golpe de su audacia, y que al final sólo dejó un ramillete de incitantes leyendas sobre tesoros enterrados en las orillas de Cuba.    

DIEGO GRILLO    

Como suele ocurrir con muchos personajes históricos, cuando se hace el recuento de los lugares que conocieron su presencia y las fechas en que ocurrieron los hechos que se le atribuyen, parece haber vivido unos dos siglos más o menos, lo cual se explicaría si se admitiera la existencia en suelo cubano de dos piratas con nombres semejantes, lo cual, por demás, no es imposible. Si los estudiosos del mito admiten que hubo diez personajes llamados Hércules en la prehistoria de Grecia, y que el que conocemos reúne en su leyenda las hazañas más famosas de los otros nueve, ¿por qué no podría suceder otro tanto por estos lares?      

Se cree que Diego Grillo nació en San Cristóbal de La Habana alrededor de 1556. La leyenda cuenta que fue hijo de un cuarterón español y una hermosísima negra esclava;  que en su infancia estuvo al servicio del  gobernador de Campeche, quien lo azotaba y sometía con frecuencia a otros maltratos, lo cual despertó en él un ánimo rebelde que lo llevó a abandonar su villa natal a la temprana edad de trece años y enrolarse como grumete en alguna fragatilla española. Se supone que en sus primeras andanzas visitó los puertos de Veracruz, Campeche, Nombre de Dios y Río Hacha, y no se descarta que hasta se haya adentrado por los grandes ríos continentales en las selvas americanas.    

Poco después, a la edad de quince años, es capturado por  Sir Francis Drake, quien lo halló a bordo de un galeón español cuando saqueaba con  sus dos naves el mencionado puerto. Con Drake, Diego participó en el saqueo de Campeche y Veracruz y otras ciudades de la costa nicaragüense, y también figuró en los atropellos cometidos en Mogadores, Río de Oro, Cabo Verde, La Plata El Callao y otros puertos de las costas de Chile y Perú, durante el viaje de circunvalación que llevó a cabo Drake desde 1577 a 1580.     

Según esta data, Diego Grillo debió estar presente en el recibimiento fragoroso de que fue objeto Drake a su regreso a Inglaterra. Quizás hasta estuvo junto al pirata inglés cuando éste fue visitado en Plymouth por la mismísima reina Isabel, quien tenía  a su coterráneo en muy alta estima, como lo demostró al otorgarle un codiciado título de nobleza.     

De esta amigable relación entre el corsario de confianza de la reina Isabel I de Inglaterra y el humildísimo mestizo cubano dan testimonio, entre otros documentos,  las declaraciones hechas ante el Santo Tribunal de la Inquisición de México por un portugués que fue capturado y después liberado por Drake. Por él se sabe que Diego regresó con el anglosajón a las cálidas aguas caribeñas alrededor de 1585, cuando su patrón decidió abandonar su fría patria norteña y al frente de una flota de veintitrés naves puso proa a América para saquear Puerto Cabello y Cartagena de Indias, plan que no pudo materializar al verse su tripulación fatalmente atacada por un brote de fiebre amarilla. Tuvo que regresar, deteniéndose varios días en el Cabo de San Antonio para reabastecerse.  Desde allí amenazó a La Habana durante varios días, pero finalmente se retiró sin hacer nada.    

A partir de entonces las huellas de  Dieguillo se pierden nuevamente y nadie vuelve a saber de él hasta el 18 de febrero de 1603, cuando reaparece convertido nada menos que en el  prestigioso capitán Diego Grillo, a quien muchos ya comenzaban a llamar El Mulato Lucifer. Ese año coopera con el célebre pirata holandés Cornelius Jols, alias Pata de Palo, en el asalto a una fragata española frente al puerto de Nombre de Dios. Dicen que en esa primera época recorrieron juntos la Isla de Pinos y que Diego se hizo el más experto conocedor de la misma y de toda la cayería que la rodeaba. Poco después vuelve a aparecer su figura arrogante y cruel en Puerto Caballos, Golfo de Honduras, donde dos galeones españoles se encontraban cargados de la plata que Centro América enviaba a España. La pequeña flota estaba al mando de un joven capitán español llamado Juan de Monasterios, quien fue informado de que un escuadrón de corsarios se dirigía hacia el puerto en busca de sus naves.     Luego de hacer que su tripulación se confesara con el capellán de a bordo, Monasterios se dispuso a la defensa. Los piratas se presentaron de madrugada por la boca del puerto y comenzaron el ataque. La nave almirante iba comandada por Pata de Palo; pero el jefe de la nave capitana era nuestro mulato criollo de La Habana, el infernal Diego Grillo. Un fragmento de archivo describe así la actuación de Dieguillo durante aquel combate:    

Se aproximan concentrando fiero cañoneo sobre uno de los galeones españoles. Desde lo alto del alcázar anima Grillo a sus holandeses, franceses e ingleses, e improando sobre la nave española que defiende Monasterios la ataca con salvaje denuedo. El español, acorralado, se defiende, y a pesar de sus sangrantes heridas recorre la cubierta animando con su valor a los que aún sobreviven. La nave, severamente castigada por el fuego pirata, consigue sin embargo rechazar el ataque de Dieguillo. Al medio día una acometida dirigida personalmente por Pata de Palo fracasa igualmente. Al anochecer el holandés y Dieguillo lanzan un ataque combinado y el cubano consigue acodar su nave sobre un costado del galeón español. En medio del abordaje consigue apresar a Monasterios, rodeado por cinco vivientes guiñapos humanos. Premiando su bizarría días después, los piratas liberaron al valiente vencido    

Quién sabe de qué singular naturaleza habrá sido la amistad que unió al joven holandés mutilado con el gallardo mestizo cubano, y que al parecer, con largos e incomprensibles intervalos, duró hasta la muerte del primero; pero lo cierto es que aquel mismo año los dos amigos volvieron a separarse. Jols continuó asediando a Cuba hasta que un buen día desapareció de nuestros mares, convertido en Almirante por nombramiento que le otorgó la Compañía Holandesa de Indias Occidentales, patrocinadora del corso por las Antillas.  El mestizo Grillo, de origen humilde tan cercano a la esclavitud, no podía aspirar a parecidos honores.    

Las huellas de Diego Grillo vuelven a palidecer, como si la separación de su socio holandés hubiera restado bríos a su actividad filibustera. Pero cuatro años después del ataque a Puerto Caballos se le acusa de dirigir en persona, al frente de diez urcas, el asalto a un puerto nicaragüense. Nuestra fuente de archivo asegura  que al ser derrotado se vio obligado a huir con bastante descalabro a bordo.    

Más tarde se le achaca el apresamiento de dos navíos, donde viajaban importantes autoridades españolas que de manera milagrosa consiguen escapar huyendo entre los cayos a bordo de dos faluchos. También se le creyó responsable del desvalijamiento del oro y la plata cargados por las once naves españolas que, comandadas por don Pedro Escobar, naufragaron en los arrecifes cercanos al puerto de Veracruz.    

También se dice que en 1619, mientras Pata de Palo asolaba Santiago de Cuba, fue Diego Grillo quien, con un navío de doscientas toneladas y dos jabeques, asaltó embarcaciones ancladas en el puerto de Nuevitas y se llevó consigo seis fragatillas españolas.    

Igualmente algunos historiadores creen que Grillo peleó junto a Pata de Palo una vez más cuando en 1628 los corsarios holandeses destruyeron y robaron en la bahía de Matanzas la rica Flota de la Plata, comandada por los capitanes llamados Dos Juanes,  Juan de Benavidez y Juan de Leoz, experimentados marinos españoles. Y cito, ya como parte de la leyenda, que Grillo pudo haber actuado una vez más junto a Pata de Palo cuando el corsario, ya anciano, atacó en agosto de 1638, frente a Bahía Honda y Cabañas, al convoy español mandado por el valiente Marqués de Caracena. También se ha querido culpar al pirata cubano por ciertas atrocidades cometidas en 1675 en el Canal de Las Bahamas. Saqueo, pillaje,violación, asesinato, incendio y masacre: de nada más blando podría tratarse entonces, como igualmente hoy, porque la violencia que el odio y la ambición engendran tiene siempre el mismo rostro.    

Sobre la personalidad de Diego Grillo se sabe con certeza que hablaba perfectamente el inglés y el español,  que poseía un valor personal rayano en la intrepidez, y en combate era el primero en abordar las naves que apresaba; nunca se cuidaba de la muerte, como si no tuviera en gran aprecio la existencia. Quizás se tratara de mera arrogancia, o de una táctica bien calculada para hacerse respetar  y admirar de sus hombres. O tal vez era auténtica indiferencia ante el peligro, pues después de todo, un negro pirata no tenía gran cosa que perder, como no fuera el fruto de su pillaje, cosa que, sin embargo, tampoco parecía interesarle demasiado.    

Tres anécdotas relacionadas con él podrían perfilar algunas facetas de su carácter. Se cuenta que en una de sus incursiones sobre el puerto de Campeche, supuestamente aquella en que los corsarios de Pata de Palo atacaron con diez navíos y más de quinientos hombres, Diego halló entre los muertos un cadáver que identificó como el de su padrino, el capitán Domingo Galbán Romero, quien resultó ser el defensor de la plaza. El cubano mostró gran sentimiento, según aseguran los cronistas, ante aquellos despojos de quien lo había llevado a la pila bautismal, llegando hasta sentirse culpable de su muerte.    

Es muy  probable que haya sido en esa misma ocasión cuando tuvo lugar la muy mencionada búsqueda que hizo Diego de la persona de aquel ex gobernador de Campeche que le maltratara en su infancia, con la intención de cortarle la nariz y las orejas en la Plaza Pública.    

Y ha quedado para la Historia su proverbial caballerosidad en el trato con las mujeres que tomaba prisioneras, de la cual se cita como más alto ejemplo la protección que brindó a la bellísima dama española doña Isabel de Caraveo, viuda del gobernador Centeno Maldonado, destituido de su mando de la villa de Campeche después del ataque pirata. Para evitar a la dama los ultrajes a que sin duda la hubieran sometido sus colegas corsarios, le asignó una guardia personal que la cuidó esmeradamente hasta desembarcarla sana y salva cerca de Campeche. ¿Por qué lo hizo, si ella era su prisionera y como tal le pertenecía; si ella era joven y de belleza célebre en la época, y él  aún viril y vigoroso?     No es extraño que la Historia y la leyenda recojan disímiles datos sobre el final de Diego Grillo. Hay constancia de que al menos dos gobernadores de la Isla de Cuba le persiguieron afanosamente, y en el libro Quién es quién entre los piratas se asegura que fue capturado y ahorcado por los españoles en 1673; pero quién sabe si se trataba de otro pirata con nombre semejante, porque hay noticias de que a él se le vuelve a avistar en 1680 en Boca de las Carabelas.    

Lo cierto es que por esa fecha, supuestamente con  unos ciento veinticuatro años cumplidos, desaparece misteriosamente de las aguas caribeñas, como sucedió con muchísimos piratas y corsarios que  tuvieron un final sórdido y gris, asesinados por alguno de sus iguales o por sus tripulaciones amotinadas en los cayos donde tenían seguro refugio los de su condición, y donde no imperaba ley alguna.    

Cualquier riña mal zajada, cualquier venganza de honor, robo de mujeres o posesión de tesoros enterrados bastaba para que estos elementos de baja laya se enzarzaran entre sí en encuentros mortales, donde los despojos del vencido bien podían terminar pudriéndose entre los arrecifes, confundidos con racimos de algas y carapachos vaciados de langostas. O quizás acabó de una forma menos cruenta, aunque no menos dramática, terminando  sus días vencido por alguna enfermedad propia de  hombres de mar, fornicadores irredentos e insaciables bebedores de ron, harapiento y desnutrido, paseándose sin rumbo por dominios en los que antaño su hermosa figura fue temida y obedecida por bandidos de todas las latitudes.    

No importa demasiado esclarecerlo, porque no debe estar lejano el día en que Diego Grillo, el mulato Lucifer del mar Caribe, el hijo virulento y rencoroso, pero hijo al fin de San Cristóbal de La Habana, se convierta en protagonista de alguna gran novela, y entonces, el final que le conceda el autor será el que quede inscrito para siempre como colofón de la vida y  leyenda de quien fuera, probablemente, el único gran pirata cubano, mientras no se demuestre lo contrario.    

A veces pienso que abuelo quizás sí conocía perfectamente la existencia de Diego Grillo, y que si nunca me habló de él fue porque, más allá del mundo maravilloso de sus historias y como descendiente que era de un recio oficial mambí, la idea de un pirata cubano no era muy de su agrado. Le comprendo. Pero ahora que el libro de Francisco Mota y otros viejos papeles de archivo me han descubierto la pintoresca personalidad del mulato Lucifer, confieso sin vergüenza alguna que me siento orgullosa de añadir a su nombre la palabra CUBANO.                                                                                       

Anuncios

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
Esta entrada fue publicada en La Habana colonial y republicana. Guarda el enlace permanente.

10 respuestas a ¿HUBO PIRATAS CUBANOS?

  1. Francisco José Gallego Amigo dijo:

    Hola Gina, soy un español casado con una descendiente de cubanos viviendo en México. Una combinación bien interesante y divertida. La abuela de mi mujer nos contaba unas historias de un pirata cubano que andaba por los ancestros de su familia. Un tal Pirata “Delgado”. La verdad, es que estamos apasionados por el tema, y la abuelita Lila esta ya muy viejita y apenas puede hablar con un hilillo de voz ininteligible. Nos gustaría saber más sobre la historia de ese pirata cubano en la familia. Pero no sabemos muy bien por dónde empezar. Te agradecería mucho que nos dieras algún consejo o información para empezar nuestras pesquisas. Te agradezco de antemano la atención y te mando un cordial saludo.
    Paco.

  2. Joe Medina dijo:

    Hola mi nombre es Joe Medina 5ta generation de Cubanos nacidos en EUA mi bisabuelo contaba historias my similares a las tuyas me facinaban mucho tanto q a un siglo despues de su muerte en espana encontramos familiares de mi visabuelo q contavan historias d Diego Grillo junto al abuelo de mi bisabuelo

    • ginapicart dijo:

      También fue mi abuelo paterno quien me contaba sobre nuestros piratas y todo lo que sufrió Cuba a manos de los piratas y bucaneros ingleses y franceses. Mi abuelo me enseñó historia de Cuba mejor que cualquier libro que haya leído. Gracias por tu opinión sobre mi trabajo.

  3. El mojonero dijo:

    Yo conosi muchos piratas y me singaba a sus mujeres

    • ginapicart dijo:

      Seguro, Mojonero, y los piratas te hacían lo mismo a ti. Está escrito en todas las crónicas y libros de Historia de la Colonia, y todo el mundo sabe quién eres, además. Jjajajajajajaj Por cierto, “conocí” no se escribe con S. Parece que la C se te quedó trabada en el funds de alguna mujer de pirata, jajajajajajaja

  4. Anna dijo:

    Hola deseo saber mas acerca de Francisco Mota, autor del libro sobre los piratas. Como lo puedo contactar o contactar contigo por correo electronico ?

  5. cabochico dijo:

    Entiendo el atractivo que tienen los piratas en el imaginario popular. El cine y la literatura han deformado una realidad que nada tiene de gloriosa. Los piratas, fueran de la nacionalidad que fueran, que de todas hubo: españoles, ingleses, franceses, holandeses, USA, negros y mulatos libres, multinacionales etc, etc. ; eran ladrones, violadores y asesinos, tan sencillo como eso. Y si de verdad creen lo contrario, dense luna vueltita por las aguas del océano Indico, los piratas Somalies les recibirán con mucho gusto y podrán disfrutar de unas fantásticas vacaciones en su presencia.

  6. carlos dijo:

    Me informaron que la llamada Ciudad Vieja,cuando era la capital de ese pais en la republica de Cabo Verde, fue saqueada, efectivamente por el pirata Jakes de Sores-no se escribirlo- y se ,mantiene tal y como la dejo la iglesia y otras constucciones….Interesante como se trasladaban en aquella epoca a distancias enormes en aquellos barcos…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s