SOBRE PERDER UN AMIGO

Acabo de leer la carta pública que una persona ha enviado a un foro internacional de mujeres, donde se lamentaba porque su única amiga dejó de llamarla. Me ha conmovido la infelicidad que siente la abandonada, pero no domino el inglés, así que no pude agregar mi opinión a la larga lista de quienes tratan de consolarla. Lo diré aquí: los vínculos entre personas siempre son frágiles, aunque nos guste y necesitemos creer lo contrario. Tal vez en otras épocas haya sido diferente. Hoy llevamos un tren de vida que atenta contra la unidad y los afectos. No voy a perder el tiempo explicando por qué. Todos lo sabemos en el fondo de nuestros corazones, aunque no deseemos admitirlo. Los amigos, los amores, son siempre transitorios, como encontrar a una persona en un largo camino y andar un trecho en su compañía. Todo termina donde comienza el instinto de conservación y no hay nada que hacer frente a esta ley natural que rige a nuestra especie, tan animal en el fondo como los chimpancés o los rinocerontes. El hombre nace solo y muere solo. ¿Por qué creer que vivirá siempre acompañado de afectos y de gente que le va a hacer la vida agradable? Hay momentos de soledad y momentos de no soledad. La gente va y viene en nuestra vida, de acuerdo a como tengan el ánimo. Es mejor aceptar esto con mucha filosofía y disfrutar de nuestros amigos cuando ellos quieran estar con nosotros, si es que cuando ellos quieren venir tenemos ganas de recibirlos. El mejor amigo que cada persona tiene es ella misma, y aún así, cuando uno se equivoca y toma una mala desición para su vida o sus intereses más comunes, se está traicionando a sí mismo. Después de esto, ¿qué diablos esperamos de los otros? Y no me acusen de ser pesimista, amargada, biliosa o frustrada, porque será, lamentablemente, un juicio equivocado. Soy, simplemente, una persona que mira la vida con objetividad y que ha observado calladamente desde su  rincón la mecánica del mundo. Y puedo asegurar que en ese juego del mundo, y sobre todo en el juego social, al que el animal humano es tan aficionado, no sirve de mucho dejar que la nostalgia, los recuerdos bonitos o el deseo de sentirnos queridos, acompañados, etc., nos distorsionen el buen sentido de percepción de la realidad. La soledad es un hecho. Aceptémosla  con sabiduría y sufriremos mucho menos sus efectos. Es una pena que sea de este modo, porque no dudo de los encantos de la amistad, como tampoco pongo en tela de juicio los encantos del amor, pero no hay que confundir la amistad y el amor con un caliente y sabroso abrigo que llevaremos puesto eternamente para protegernos del frío. Siempre será más sensato ver la amistad y el amor como sitios que se visitan de vez en cuando, se pasa bien o mal en ellos, y luego se regresa a casa a ver la tele y comer croquetitas con jugo de frutas. Salud, una buena almohada, un colchón agradable, ordenador, buenos libros, buena música, un perrito cariñoso y comer cosas ricas cada vez que nos dé la gana: no pida usted más. No hay más.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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