lOS CUBANOS, PIONEROS APICULTORES DEL NUEVO MUNDO

Los cubanos, incluso si somos nativos de ciudades, estamos acostumbrados a ver abejas, a consumir miel, comer un trozo de panal, encender una vela y hasta a que nos piquen cuando andamos desprevenidos entre las flores, pero lo que muy pocos sabemos es que cuando los españoles pisaron nuestras costas por primera vez, los indígenas de esta isla nunca habían visto una abeja y desconocían todos los productos que de ellas se derivan.
Fueron precisamente los colonizadores, necesitados de la cera para confeccionar velas de alumbrado, quienes desde los comienzos de su instalación en estas tierras se preocuparon por introducir abejas en sus nuevas colonias de Cuba, Puerto Rico y Jamaica.
Pero no fue hasta después de la toma de La Habana por los ingleses que las autoridades españolas lograron traer los primeros ejemplares procedentes de la Florida, lo que sucedió en el año1763. Seis años después, consta por las obras de cronistas y funcionarios que todavía no existían abejas europeas en México ni en las otras colonias españolas de la región. Para disfrutar de las bondades del insecto, Centro y Sur América tuvieron que esperar la llegada del siglo XIX, siendo las tierras mayas de Yucatán las últimas en beneficiarse, tan tarde como en ¡1911! Se supone que tal demora en propagar la cría de abejas europeas productoras de miel se haya debido a que en esos países los colonizadores encontraron una especie nativa sin aguijón que producía cera y miel en abundancia, pero que en la medida en que los virreynatos iban creciendo ya no fue suficiente para su abastecimiento..
Para los cubanos de nuestra época, tan familiarizados con las virtudes de la miel, resulta raro oír que en aquellos lejanos tiempos en los que se desconocía la electricidad, la producción de miel era mucho menos importante que la de cera, que se utilizaba para el alumbrado y los usos que imponían los oficios religiosos de la Iglesia católica.
La primera exportación cubana de productos de la colmena ocurrió en 1770 y consistió en veinticinco arrobas de cera embarcadas con destino al puerto mexicano de Veracruz, lo que permite suponer que en el virreynato de México, en perpetuo crecimiento demográfico, empezaba a aumentar la demanda de ese producto. Según el sabio alemán Alexander Humboldt, que tantos conocimientos importantes divulgó sobre el Nuevo Mundo, todavía en el siglo XIX México dependía del comercio de cera con la isla de Cuba.
La primacía de Cuba en cuanto a la introducción de la apicultura tuvo, entre otros resultados, el de convertir a la isla en el primer país del continente donde se desarrolló esa industria y se publicó literatura al respecto. Las autoridades supremas de la isla e instituciones comerciales interesadas en el incremento de la apicultura nacional, emitieron ordenanzas para estimular la investigación y adquisición de nuevas técnicas en la cría de abejas melíferas, y publicaron en El Papel Periódico de La Habana la convocatoria para un concurso sobre apicultura que concedería trescientos pesos duros al autor de la obra ganadora.
Entre un total de nueve obras presentadas, el jurado premió la escrita por el señr Eugenio de la Plaza y otorgó un accésit a la del científico Tomás Romay. Las dos obras fueron presentadas en forma de memoria. La de Eugenio de la Plaza mostraba grandes conocimientos en la cría y manejo de las colmenas y su adaptación a las condiciones climatológicas de Cuba, mientras que la de Romay consistía en una investigación hecha entre cosecheros y comerciantes sobre los modos más aconsejables de fomentar e impulsar el desarrollo de la apicultura. La obra de De la Plaza fue publicada por el célebre impresor Esteban Boloña, y la de Romay por la Sociedad Económica de Amigos del País.
Sin embargo, parece ser que a pesar de no haber logrado conquistar el codiciado primer lugar en el concurso, es la memoria de Romay la más interesante para la historia de la apicultura cubana, por los datos que aportó acerca de la mejor ubicación de las colmenas, de otras especies depredadoras de las abejas, de técnicas de captura de enjambres y de procesamiento de los productos como la miel y la cera.
Es interesante destacar que el ganador, Eugenio de la Plaza, tenía conocimientos prácticos de apicultura, mientras que el doctor Tomás Romay carecía de ellos y parece que basó la elaboración de su obra en encuestas e investigaciones que llevó a cabo entre personal especializado, lo que denota la aplicación de métodos bastante modernos de acercamiento a una disciplina, y constituye una prueba más de su indudable genio científico e intelectual.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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3 respuestas a lOS CUBANOS, PIONEROS APICULTORES DEL NUEVO MUNDO

  1. jesus cotrina barrueta dijo:

    buen dia amigo, nesecito informacion sobre apicultores que se dedique a la investigacion en sistemas de crianza en cuba, nosotros, un grupo de profesionales queremos viajar a cuba e intercambiar conocimientos en estos sistemas de crianza plurireinas, mi correo es jcotrina21@hotmail.com le agradesco de antemano la informacion.

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