EN EL REINO DE LAS ANTOLOGÍAS

UN SALDO POSITIVO EN LA 18 FERIA INTERNACIONAL DEL LIBRO DE LA HABANA

La décimo octava edición de la Feria Internacional del Libro de La Habana, si por algo positivo se ha caracterizado en lo que a Cuba se refiere, es por la publicación de la colección de antologías en homenaje al cincuenta aniversario de la Revolución Cubana, y por compilaciones independientes de la misma índole que permiten apreciar de un modo global el comportamiento y desarrollo de la literatura cubana en la segunda mitad del siglo XX y primeros años del XXI.

Me interesa comentar en esta ocasión las antologías La ínsula fabulante, preparada por el ensayista, crítico y narrador Alberto Garrandés, que ofrece una panorámica del cuento cubano desde 1959 hasta el año 2008; Espacios en la isla, 50 años del cuento femenino en Cuba, obra de la escritora, poeta y periodista Marilyn Bobes; De los poros a las estrellas, con selección, prólogo y notas del editor e investigador doctor Enmanuel Tornés; y la tercera redición de Estatuas de sal, célebre primera antología de narrativa femenina publicada en Cuba y fruto del trabajo conjunto de las narradoras, poetas y ensayistas Mirta Yáñez y Marilyn Bobes.

La ínsula fabulante, de casi mil cuartillas, es un esfuerzo titánico y erudito por edificar un mural del cuento cubano durante medio siglo. Están representadas en ella todas las generaciones que han participado en las letras cubanas a partir del triunfo revolucionario: la generación del sesenta, elegante, experimental y realista a un tiempo, cosmopolita y abierta a todas las corrientes y estilos; la generación de los setenta, con su grado profundo de compromiso ideológico y la sombra del quinquenio gris planeando sobre sus espaldas; la generación de los ochenta, reflexiva, evaluadora, tímida aún e indecisa entre las ataduras del pasado reciente y las aún inexploradas, pero ya presentidas promesas del inminente porvenir; la generación de los noventa, Los Novísimos, abanderados del contubernio con la crónica de actualidad nacional, su iconoclastia, su irreverencia y su desafío tanto temático como estilístico, sus denuncias, su condición de puente entre el período especial y el post aún sin nombre definido que vino después; los posmodernos y su reinserción en la corriente literaria universal, su mirada retornada hacia los espacios interiores del Yo, su asalto a las estructuras convencionales del lenguaje y su penetración desenfrenada en los predios del erotismo, el realismo sucio y otros caminos hasta ahora poco transitados en Cuba; y finalmente, los nombres más jóvenes, las promesas, las crisálidas en estado larvario pero entre quienes ya se van definiendo posturas linguoestilísticas, asedios semánticos y filosofías de la escritura. Desde El gran ebbó, de Guillermo Cabrera Infante, hasta Puré Fiction Days, del joven Jorge Enrique Lage, el camino es largo y muy bien transitado por un antologador que debe a sus muchos años de trabajo como investigador en el Instituto Cubano de Literatura y Lingüística un sólido conocimiento de la literatura nacional y sus exponentes. Ningún nombre de valía falta aquí, ningún estilo, ningún género dentro del cuento y la noveleta, ninguna corriente. Como otra antología del mismo autor que la precedió en el tiempo, Aire de luz, La ínsula fabulante es una compilación de la que puede enorgullecerse el mundo literario cubano. Mi única objeción es que tal vez hubiera sido de mucho desear un prólogo más extenso, como un pequeño ensayo, que siempre torna más sabroso e interesante el enfrentamiento con el corpus lectural.

Espacios en la Isla deviene penúltimo (nunca habrá un último) paso en el quehacer literario de la mujer cubana durante las cinco décadas transcurridas desde el primero de enero de 1959. Loló de la Torriente, Aurora Villar Buceta, Dora Alonso y Loló Soldevilla encabezan la lista de escritoras que en estos años han tomado la pluma para intentar configurar un universo donde señoree la mirada arquetipal femenina, universo con rasgos propios y caracterizables, con códigos configurados de acuerdo con la condición y posición de las mujeres dentro del proceso revolucionario. También en estas páginas se evidencia que las mujeres escritoras han navegado en las mismas aguas que sus colegas masculinos, han practicado el realismo, desde el más púdico al más violentamente sucio, el erotismo en todas sus variantes, la ciencia ficción, la fantasía, el fraude escritural, el policíaco, el gótico, la fantasía heroica. Esta antología contiene nombres que en sus antecesoras Estatuas de sal y Las voces de Eva (compilada por el narrador, ensayista e investigador Amir Vale) ya eran consagrados, y otros que entonces no eran más que debutantes y jóvenes promesas como Ena Lucía Portela, Milene Fernández y Anna Lidia Vega Serova. Hay una diferencia sutil entre el desarrollo seguido por los escritores varones y el de las narradoras: mientras ellos, analizados en conjunto, han mantenido desde sus inicios una condición más o menos estable, es posible apreciar el crecimiento y maduración de sus colegas mujeres. La literatura femenina deja ver más nítidamente sus entresijos, su lenta, pero implacable maduración, y al mismo tiempo la presencia muy perfilada de estilos y universos narrativos sumamente individuales, como el de Mercedes Melo, cuyo dominio en el arte de la superchería literaria y el apócrifo solo encuentra entre nosotros una figura de talla cimera: Luis Rogelio Nogueras. La mayor parte de las escritoras que integran esta antología se encuentran aún en plena etapa de creatividad y sin duda la mejor parte de su obra personal aún está por escribir. Hago notar que faltan en esta antología, que es solo de cuento y noveleta, nombres de gran envergadura en la narrativa nacional, como el de Margarita Mateo Palmer, quien obtuviera el premio Alejo Carpentier de novela 2008 con su deslumbrante Desde los blancos manicomios, una de las novelas más originales y conmovedoras de nuestras letras.

De los poros a las estrellas, treinta y cinco narraciones escritas por hombres y mujeres en torno a la temática del amor en el proceso revolucionario, además de brillar con luz propia en el reino de las antologías, constituye un extraordinario testimonio social sobre la relación entre los sexos que nos llega a través de la fabulación, pero que no por su carácter ficcional resulta menos importante para el estudio, análisis y comprensión de las muchas vertientes desde las que puede abordarse ese sentimiento inmerso en medio de uno de los más largos y convulsos procesos de cambio social conocidos por la Historia contemporánea. Desde la influencia del internacionalismo proletario sobre la convivencia de la pareja (Leonardo Padura, Los límites del amor, pasando por los matrimonios entre cubanos y extranjeros pertenecientes a culturas muy diversas (Manuel García Verdecia, El cosaco y la cubana), erotismo descarnado y prostitución (Rogelio Riverón, Otras versiones del miedo), las transacciones emocionales inducidas por las duras condiciones de vida del período especial (Julio Travieso, Amor a los cincuenta), ensoñaciones y oniria (María Elena Llana, Raíces de humo) hasta llegar a piezas de época (Serata di gala) y relatos tan originales y pintorescos como Bos Taurus (Alberto Guerra), esta antología preparada por Enmanuel Tornés es, quizás, una de las más interesantes y útiles que se hayan publicado en Cuba, pues su alcance y posibilidades sobrepasan con mucho los límites de la escritura recreativa para penetrar en los vastos y complejos territorios de la antropología social, la investigación histórica y otras disciplinas que le confieren un valor no solo literario, sino mucho más enriquecedor, que en un futuro permitirá conocer la época que nos ha tocado vivir en esta Cuba de medio siglo que todos habitamos.

Después de tener a la vista todos estos volúmenes preparados por nuestros mejores y más profesionales antologadores, queda la tranquilidad de saber que, gracias a estas publicaciones, la visión general de la literatura cubana, la mirada global y abarcadora, ha quedado definitivamente recogida. Falta el futuro, pero hasta aquí, verso y pan han sido hechos.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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