HISTORIA DEL MUSEO NACIONAL DE ARTES DECORATIVAS DE LA HABANA

Por Gina Picart

El famoso palacete que se construyó la condesa María Luisa Gómez Mena, hoy sede del Museo Nacional de Artes Decorativas, es uno de los edificios más hermosos, lujosos y mejor conservados de la capital cubana.

María Luisa, casada por conveniencia con el ciudadano español Agapito Cajigas, conde de Revilla de Camargo, hizo de esta boda la feliz comunión de fortuna y título de nobleza, a la que ella, además, aportó su exuberante personalidad. Fue una de las damas criollas más conocidas por su ostentación y sus caprichos, pero también por el fasto de su vida social.

La mansión fue construida entre los años 1924 y 1927. Su diseño, inicialmente encargado a una casa francesa, y que terminó en manos de dos arquitectos cubanos, se proponía reproducir el de un palacio francés del siglo XVIII, pero acabó siendo una muestra más de arquitectura ecléctica. No fue un fenómeno aislado, sino enmarcado dentro de una época en que El Vedado comenzaba a levantarse como una urbanización que no tardaría en alcanzar su esplendor. Por esa misma fecha, más o menos, en la calle Paseo construía el riquísimo hacendado Juan de Pedro Baró la extraordinaria residencia que obsequió a su esposa Catalina Lasa del Río, quien dicho sea de paso, tenía una enconada rivalidad con María Luisa, aunque quién sabe si haya sido al revés, pues mientras Catalina era una de las mujeres más bellas de Cuba, la Gómez Mena no era reputada por agraciada; y mientras la primera era reconocida por su exquisito gusto, educado en París, la segunda no se distinguía por la misma virtud, y cuentan sus contemporáneos que sus compras eran batiburrillos que solo su dinero salvó de ser ridículas. Se cuenta que en cierta ocasión, Catalina, para mortificar a María Luisa, se apareció en una fiesta muy importante luciendo un vestido esplendoroso cuyo modelo había hecho copiar subrepticiamente del ropero de su enemiga, quien lo había comprado en París como exclusivo y pagando por él una verdadera fortuna. Cuenta la leyenda que mientras María Luisa era retirada del sarao con un ataque de histeria, Catalina se paseaba por los salones, sonriente y serena, saludando a todos los presentes.

Como la mansión de Catalina había comenzado a ser construida en 1922 con aquellas arenas traídas del Nilo, su cristalería diseñada por Lalique y tantos otros refinamientos que de sobra conocemos los habaneros, y que han hecho de su casa una joya de la arquitectura nacional, no hay que descartar que ello haya sido decisivo en la carrera hacia el boato y la extravagancia que primó en la construcción de la casa de su rival. María Luisa obligó a su esposo a comprar para el palacete mármoles de Carrara, y baldosas y adoquines belgas para los exteriores. Las puertas, de costosísimas maderas preciosas cubanas, fueron talladas en París. Como la casa de catalina, también el palacete de María Luisa fue concebido para pocas personas. U salón principal reproduce la sala del castillo de Zeus, en Francia, y en el comedor hizo poner unos bronces que pertenecieron a un castillo francés del Siglo de las Luces. Para embellecer los alrededores de su casa, María Luisa encargó los maravillosos jardines de Las Estaciones y de La Noche, poblados por hermosas esculturas que impactan al visitante. Y se dice que el cuarto de baño descrito por Carpentier en una de sus más célebres novelas, copia exacta del interior de un templo antiguo, es nada más y nada menos que el baño privado de María Luisa, un exponente de la más desbordada fantasía criolla y su gusto por las culturas de la Antigüedad, en el que se utilizaron plata, cristal, porcelana,, opalinas francesas, y cristales de Bohemia y de Lalique.

Actualmente el museo conserva en sus almacenes y salas de exposición más de 33 mil piezas de arte, aunque no todas pertenecieron a su dueña. María Luisa abandonó la isla en los albores del triunfo revolucionario y se cree que murió en España en 1965. Luego de su salida de la isla, en 1963 el edificio pasó a ser propiedad del Estado y un año más tarde se inauguró la institución. Desde esa fecha han ingresado en sus fondos muchas obras de arte por concepto de compras, donaciones y herencias.

El fuerte del museo no es la pintura, sino las artes decorativas. En sus espléndidos salones pueden apreciarse obras artísticas de magnífica calidad que llevan las marcas de Sévres, París, Chantilly, Limoges, Derby, Chelsea, Worcester y otras de igual relevancia. Entre el mobiliario se pueden reconocer los estilos de los más famosos diseñadores de muebles de la vieja Europa, entre ellos Chippendale, Gallé y Simoneau. La muestra de orfebrería es exquisita y variada.

Hay salones Rococó, Art Nouveau y Art Deco, y en el salón de Lacas Orientales se pueden admirar colecciones de piezas valiosas procedentes de varios países asiáticos, entre las que destacan una colección de biombos chinos de los siglos XVII, XVIII Y XIX , originarios de la provincia de Chiansí, todos de gran belleza. La decoración del comedor está inspirada en el estilo Regencia. Todas sus paredes están revestidas de mármoles italianos y e sus esquinas se pueden apreciar trofeos de bronce mercuriado con alegorías de atributos propios de su época. En el suelo de este salón se exhiben dos tapices de Abusson, del siglo XVIII y un reloj de Caffieri, cuya maquinaria fue elaborada por Martinot, relojero del rey francés Luis XV.

Es en el salón Neoclásico donde se encuentra, entre otras piezas muy hermosas, la célebre cómoda que perteneció a la reina María Antonieta, y un secretaire que esta poseía en el palacio de Versalles.

El Salón Oriental exhibe un decorado de paneles laqueados con escenas de chinerías. En ella hay piezas de China y Japón y otros países de continente asiático; una alfombra persa del XVIII, un escritorio japonés de madera de cerezo tallado con motivos vegetales, que data del XIX, y dos peceras de gres vidriado con motivos florales de la dinastía Ming.

A juzgar por los sorprendentes hallazgos de varias obras de arte, cuya ubicación permite suponer que fueron ocultadas intencionalmente, parece ser que en el momento en que María Luisa salió de Cuba no pensó que perdería definitivamente su patrimonio. Las primeras piezas, valiosas muestras de artes decorativas, fueron halladas empotradas en una pared de los sótanos del edificio. En el 2003, en medio de reparaciones que se le practicaban al edificio para su conservación, fueron encontrados cinco valiosos óleos pertenecientes a la escuela francesa del siglo XVIII. Carecen de firma, como era usual en la época en que fueron pintados, son paisajes se supone que fueron adquiridos en subastas europeas.

Una visita al Museo Nacional de Artes Decorativas da una idea muy clara de cómo vivían la poderosa aristocracia y la clase alta de Cuba, imbuidas del boato y el ansia de grandeza que habían incubado durante los largos siglos de coloniaje, en que el férreo dominio de la Corona española les negó todo protagonismo político dejándoles, en cambio, la posibilidad de restañar su soberbia viviendo como príncipes, rodeados de un lujo exacerbado que en la mayoría de los casos corrió parejo con la sensibilidad y la elegancia de quienes lo desplegaron.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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11 respuestas a HISTORIA DEL MUSEO NACIONAL DE ARTES DECORATIVAS DE LA HABANA

  1. librealfin dijo:

    Es importante destacar que el gobierno de Fidel Castro le robó el palacete a la condesa. Qué gesto tan revolucionario!

  2. Gloria Marina dijo:

    tiene tantos errores este articulo que no merece la pena ni enumerarlos.

    • ginapicart dijo:

      Pues, señora, hace usted muy mal si calla los errores que ha detectado en mi artículo y no ayuda a subsanarlos con sus conocimientos, porque lo que está haciendo es permitir que sigan rodando por ahí entre los lectores del blog. Yo pude haber cometido un error en cada frase que escribí, pero usted está negando a todos la posibilidad de aprender y mejorar su información, comenzando por mi modesta persona. La invito a enumerar y enmendar uno por uno cada error que ha visto aquí. No seré yo quien tuerza la boca, se lo prometo.

  3. martarivera dijo:

    MUY BUENO EL ARTICULO, COMO TODO LO QUE ESCRIBE GINA PICART. MARTA RIVERA

  4. marcelo dijo:

    muy bueno el artículo, sobre todo porque nos recuerda a todos los cubanos dentro y fuera de la isla el pasado glorioso de una ciudad que siempre estuvo a la vanguardia y que merece ser reconocida ante el mundo por la majestuosidad de sus palacios y monumentos, ni 50 años de silencio podran borrarle nunca su bien merecida condición , LA noble Habana

    • ginapicart dijo:

      Sí, la condición de gloria y grandeza es más que merecida. En cuanto a lo de imperecedera, sí, tanto que ya estamos a punto de ser sepultados por sus ruinas. Las ruinas son las grandes sobrevivientes de la Historia.

  5. ESAP dijo:

    Muy interesante ¿podría compartir las fuentes?

    • ginapicart dijo:

      Hace años que escribí ese artículo, pero visitaba mucho ese museo, en visitas dirigidas, en solitario, y he leído e investigado mucho sobre todo lo que contiene, su dueña, la historia de la familia… Ya no sabría decirle.

      • Mis respetos..La Condesa de Revilla de Camargo, tuvo muchos invitados extranjeros en su famosos saraos, Los Chavales de España entre otros.La historia de la casa que conozco dice que la misma fue contruída por el conocido zar azucarero Gómez Mena
        para una amante, pero al terminar de manera intempestiva dicha relación, la cedió a su
        sobrina María Luísa, la cual con el tiempo realizó transformaciones a la misma.

      • ginapicart dijo:

        ¿Los Chavales de España…? Caramba, eso sí que me pilla por sorpresa!!! Nunca me lo hubiera imaginado.

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