MADRE DE AGUA A LA CUBANA

Debo reconocer que demoré muchos años en darme cuenta de que las tan mencionadas Madres de agua que aterran a los campesinos cubanos desde hace siglos —y hacen las delicias de nuestros aburridos estudiantes de enseñanza secundaria durante sus largas noches de escuela al campo— son primas hermanas de las celebérrimas y bellísimas Damas del Lago que pueblan la mitología de casi todos los países del mundo. Incluida, desde luego, la famosa Nessie, el tan mentado monstruo de la Laguna Negra que trae de cabeza a científicos, turistas y naturales de Escocia desde hace mucho tiempo. Es más: por escandaloso que pueda parecer a algunas personas, estas feas serpientes que wikipedia describe como inmensas, cilíndricas y con cuernos, de piel durísima y orígenes antediluvianos, estos fósiles prietos y misteriosos a quienes a veces se acusa de canibalismo, son también primas hermanas de las hadas más etéreas y exquisitas.

Probar esta afirmación ha llevado un largo camino de investigaciones a muchos sabios y especialistas con quienes no me puedo comparar, así que trataré de exponer de la manera más sencilla posible un vínculo que es, en realidad, extremadamente complejo, ya que su estudio pertenece al campo de más de una disciplina científica, y por solo mencionar dos o tres de ellas nombremos a la biología, la simbólica y la mitología. La lista se extiende, pero yo no puedo hacer lo mismo porque el periodismo divulgativo está obligado a ser sintético.

No parece posible establecer con exactitud dónde y cuándo surge la figura mitológica conocida como Madre de agua. Para el hombre primitivo la naturaleza entera estaba animada por entidades o espíritus protectores o enemigos, y las fuentes, manantiales, ríos, lagos y hasta el océano tenían sus divinidades; las sirenas, ninfas y ondinas y otros seres femeninos habitantes de pozas y manantiales aparecen entre los griegos; las damas del lago tienen origen celta, especialmente localizado en Bretaña, Irlanda y Galia, pero su configuración como jóvenes de gran hermosura, preferiblemente rubias y de pupilas azules, que otorgan dones a los caballeros y hasta les entregan armas con poderes mágicos o se los llevan consigo a las profundidades data de los tiempos medievales. Recordemos todas las veces que hacen acto de presencia en los mitos del rey Arturo.

Ahora bien, por su forma de saurio acuático gigantesco y probablemente anfibio, en cuya fisonomía se mezclan caracteres pertenecientes a especies distintas, como son el cuerpo de una serpiente y los cuernos de un bovino, y en algunos casos barbas en lugar de escamas recubriendo la piel, algo propio de animales intermedios en la escala evolutiva, el origen de las Madres de agua se deduce remotísimo. Pero si bien la imaginación y el desconocimiento del hombre primitivo pudieron atribuirle facultades de monstruo devorador y asesino, lo que tal vez estos especimenes fuesen en realidad, cabe preguntarse qué mecanismo hizo que se les asociara con la feminidad y, a través de su identificación con el agua, también con la luna y la muerte.

LA MADRE TERRIBLE

Siguiendo a antropólogos, arqueólogos, mitólogos y estudiosos de los símbolos y los arquetipos del inconsciente colectivo, la Madre de agua forma parte de un conjunto o complejo arquetípico que responde al orden femenino del universo. En su figura serpentiforme la Madre de agua corresponde al arquetipo de la Madre Terrible, uno de los tres aspectos fundamentales de la Diosa Madre paleolítica, es decir, a su faceta de bruja devoradora de niños (personificada, por ejemplo, en Lilith, primera esposa de Adán en los mitos hebreos anteriores a los tiempos bíblicos). En sus otros dos aspectos la Diosa del matriarcado es una joven doncella y una mujer que procrea con su vientre fecundo, ambas dotadas de gran belleza. Es de estas tres funciones de la Diosa primordial de donde nace indistintamente la doble apariencia que en casi todas las leyendas se le atribuye a la Madre de agua: serpiente y muchacha.

Desde épocas muy antiguas las más numerosas representaciones de la Diosa tienen forma de serpiente y su principal atributo es este animal. No hay que olvidar a la Serpiente del Viejo Testamento o a las numerosas imágenes cretenses de una divinidad femenina con el busto desnudo que sujeta en sus manos varios reptiles. Al conjunto de símbolos que representan el principio femenino pertenece también el agua, elemento del que nace la vida y al que se asimilan los fluidos menstruales. Y la Luna. Pero si bien en el agua clara se origina la existencia, en el agua oscura, en las aguas negras en que alcanza todo lo vivo su máxima disolución (el negro ícor de la muerte) termina la vida que un día comenzó, por lo que estas aguas sin luz se convierten en la prefiguración de la Muerte. Estas aguas oscuras, inmóviles, estancadas, son las que sirven de morada a la Madre de agua, que habita en pozas y lagunas, nunca en el mar abierto, o al menos así lo afirma su iconografía. Las aguas prestan a la Madre de agua serpentiforme su carácter mortal.

Es muy curioso el dato de que en general a las serpientes oceánicas se les considere machos.

En la cadena de asociaciones simbólicas que encarnan el principio femenino, las ondulaciones del agua se asimilan a las ondulaciones de una cabellera que se mueve dentro del líquido. Abundan en el folklore europeo y de otras partes del mundo las figuras de sirenas y de hadas que peinan sus largas cabelleras sobre una roca. Quizás la más conocida de ellas sea el hada Lorelei desenredando sus rizos con su peineta de oro. Todos los niños conocen los cuentos del pescador que atrapa una serpiente o una sirena, la lleva a su casa, la desposa y ella, de noche, se deshace de su piel y se convierte en una preciosa mujer.

En cuanto a la Luna, que se asocia a lo femenino por su influencia sobre las mareas (aguas marinas donde nace la Vida) y los ciclos menstruales rectores de la fecundidad humana, y posiblemente porque refleja de modo pasivo la luz solar, existen numerosas leyendas en las que se afirma que el astro posee en su cara oculta unas enormes fauces que aspiran toda la sangre que se vierte sobre la Tierra. De ello se deriva una concepción antropófaga de la luna. Y otra vez se pone aquí de manifiesto el carácter depredador de la primitiva Madre Terrible, cuya mejor definición icónica sea, quizá, la Khali hindú bailando sobre su horroroso promontorio de cráneos.

Aguas estancadas, cuerpo de serpiente que puede metamorfosearse en el de una mujer, y canibalismo: ya tenemos todos los elementos de nuestra Madre de agua, que en puridad de verdad no nos pertenece solo a los cubanos, pues con ese nombre existe en toda la América Latina. Serpiente mágica para los habitantes de la Antilla mayor, mujer linda y hasta niña para los colombianos, brasileños, paraguayos, etc, se admite de manera general que es un mito amerindio, aunque por todo lo anteriormente expuesto parece más que evidente que se trata de un arquetipo antiquísimo en la historia de la Humanidad, muy anterior, por tanto, a la existencia de poblamiento indígena en el continente americano.

En Colombia, por ejemplo, Madre de agua es una niña muy linda, de cabellos áureos y fulgurantes, casi blancos; sus ojos son grises, claros, como dos gotas de agua del más puro manantial, “parece un ángel de lo puro bella, pero en el fuego de sus ojos hay hipnotismo, una fuerza de atracción es imposible resistir…” . No hay que hacer un esfuerzo de memoria muy grande para recordar que esta descripción de la Madre de agua colombiana coincide punto por punto con las banshees (hadas) irlandesas, las mujeres del mundo de los Sidhes, que no son otra cosa que los espectros inmortales del pueblo prehistórico de los Tuatha de Daanan, que colonizó Irlanda en tiempos inmemoriales. ¿De dónde sacaron los indígenas colombianos la apariencia caucásica de su Madre de agua? Misterio… Pero aún más intrigante que su físico resulta el dato, casi aberrante, de que esta Madre de agua tan infantil y candorosa tiene sus piecesitos volteados hacia atrás, y al andar deja una huella contraria a la ruta que sigue cuando se desplaza. Por si fuera poco, tiene predilección por los niños y algunos bebés ya nacen como marcados por esa disposición a ser perseguidos por ella, y siempre hablan de una niña muy linda que los llama, y acostumbran a ausentarse solos de sus casas y emprender largos paseos que los llevan a los alrededores de un lago, laguna o poza. Cuando están cerca del agua creen ver flores hermosísimas flotando en su superficie y a la niña que los llama con insistencia, y algunos enferman y mueren, mientras que otros son encontrados ahogados.

En la Amazonia la Madre de aguas se llama Yacu-mama, y se dice de ella que es una serpiente acuática de dos cabezas, con un cuerpo enorme y cilíndrico que puede medir hasta 30 metros y devora a quienes se bañan en las aguas donde habita. Las Madres de agua americanas comparten la condición de seres sanguinarios y despiadados. Las europeas, especialmente las de origen celta, suelen ser aliadas de los héroes, a quienes premian confiriéndoles premios y regalos maravillosos, y hasta su amor.

En Brasil hay un mito donde la Madre de aguas vive en el fondo de las lagunas, ríos, manantiales y pozas, y quien se mira en el espejo de las aguas ve reflejado no su rostro, sino el hermosísimo rostro de ella, que lo atrae y lo devora. ¿No nos recuerda esto la figura del griego Narciso inclinándose sobre el río para contemplar en el espejo de sus aguas su bello semblante, y terminando ahogado en la corriente? También nos hace recordar el destino espantoso que sufrieron todos los jóvenes griegos que sorprendieron a las diosas lunares mientras estas tomaban su baño: ellas enviaron animales feroces a desmembrarlos, como Diana lanzando su jauría sobre Acteón, o se convirtieron ellas mismas en lobos y perros que desgarraron sin piedad las carnes del voyeur de turno.

CUBA

En Cuba se han colectado muchas leyendas donde la Madre de agua suele aparecer como un majá mágico y poderoso con dos personalidades diferentes: en una es carnívora y no solo devora humanos, sino hasta yuntas de bueyes, pero en la otra no es maligna y a veces comparte su charco con el simpático y feísimo guije. Dice el mito que donde vive una Madre de Agua el agua jamás se seca.

La única Madre de agua cubana con figura de bella mujer apareció, según se dice, en el Salto del Caburní.
Todos los testimonios recogidos en nuestros campos coinciden en que el monstruo es tan grande como una palma, y en alguna de estas leyendas un cándido campesino que creyó acostarse a dormir sobre un tronco de este árbol, típico de la flora cubana, amaneció a muchas millas de distancia y cerca del mar, habiendo viajado en realidad a lomos de una Madre de agua semi sumergida y medio jocosita. Algunos testimoniantes juran que la gran sierpe tiene cuernos. En ciertas regiones de Cuba creen que la Madre de Aguas es un remolino que llama al rabo de nubes, y quienes han visto este fenómeno aseguran que cuando el rabo de nubes se junta con la Madre de agua se forma como una tromba líquida, como un volcán de agua.

CUENTA SAMUEL FEIJÓO

El gran etnólogo cubano Samuel Feijóo, quien dedicó su vida a investigar el folklor campesino de nuestro país, cuenta en su libro Mitología cubana que en la región de Camajuaní, Las Villas, recogió en 1972 una vieja leyenda narrada por Elías Aguilar:

“En el batey llamado La Matilde existía un ingenio propiedad de Agustín Falcón (el viejo Falcón, como le decían), el cual fue su último dueño y tenía a su cargo centenares de esclavos

“Como en muchos pueblos e Cuba, en Camajuaní tuvieron lugar unos curiosos episodios, que más tarde pasaron a formar parte de las leyendas de ese pueblo. El escenario de esta leyenda fue el ingenio La Matilde y un profundo pozo situado en ese lugar.

“Según me contó el esclavo, en aquellos tiempos se decía que en este profundo y oscuro. pozo existía una Madre de Agua (especie de serpiente con cuernos) a la que temían los negros esclavos y por lo cual se negaban a limpiar dicho pozo. Era tal el miedo que sentían que preferían ser azotados y hasta sufrir la muerte antes que limpiarlo. Pero siempre había algunos esclavos que por serles fieles a sus amos penetraban en el pozo. Sucedió, según cuenta el testimoniante, que aquellos que penetraban en el pozo perdían la razón y se ahorcaban..

“Y así, siempre ocurría algo trágico a los esclavos que intentaban conocer e secreto del pozo embrujado.

“Cuenta el testimoniante que un mulato claro llamado Lorenzo entró al pozo, mató a la serpiente y salió arrastrándola. Al ver esto los negros esclavos huyeron despavoridos a los barracones dando gritos de espanto y orando en sus ritos africanos. Al regresar Lorenzo hacia el pueblo vio que los potreros aledaños a la línea de Sagua estaban ardiendo y que hasta su propia casa ardía también. Creyendo que lo sucedido era castigo por haber matado a la serpiente, Lorenzo se suicidó dándose un tiro.

“Pasados bastantes años fue allí un grupo de personas a investigar y descifrar el enigma. Hechas las investigaciones se dijo que la causa que producía sensaciones raras a los que visitaban aquel pozo era la rarificación del aire, debido a la gran profundidad del mismo, cosa que desconocían los esclavos de aquellos tiempos.”

Sería imposible reproducir aquí las leyendas que los etnólogos y antropólogos cubanos han reunido durante muchos años de trabajo entre los campesinos creyentes en las Madres de agua. Por ahora habrá que seguir considerando esas historias desde los ya consabidos puntos de vista del que se asusta de ellas y de quien las convierte en objeto de estudios muy serios. Pero por si acaso, conviene tener en cuenta ese poder miserioso que parece tener la Madre de agua para impedir que se sequen las aguas en que habita. ¿Podría resolverse el problema de la merma de agua en las presas dotando a cada reserva de agua con su correspondiente (y complaciente) Madre…?

Aquí diría tal vez un campesino supersticioso, pero avispado: “Hay cosas que si no existieran, habría que inventarlas”.

Solo me resta decir, y en cierto modo eso sería una respuesta para el comentario de nuestro hipotético guajiro, que la biología marina reconoce la existencia de las serpientes cuya descripción corresponde con la de las Madres de agua, y las ha bautizado con unas palabras latinas muy elegantes y de gran resonancia: Epicrates angulifer. ¿”Ser o no ser”, se preguntaría ante esto el más meditabundo y reflexivo de todos los príncipes que en el mundo han sido.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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