SOBRE KASHMIR, ÚLTIMO LIBRO DE ALBERTO GARRANDÉS

Kashmir, del narrador, ensayista y crítico cubano Alberto Garrandés, no es propiamente un poemario, sino un conjunto de prosas poéticas de excelente factura y de una belleza que, desde el inicio de su lectura, constela la sensibilidad.

Estas prosas breves hacen alusión a un viaje realizado por el autor-protagonista, quien en los textos se autonombra El Peregrino y El Amo de las Palabras, hacia un fabuloso lugar, Kashmir, que pertenece al orden de los paraísos esquivos y acaso inexistentes, como Shangri-La o Xanadú, adonde va al encuentro de Lady Murasaki, encarnación de Lo Femenino y amada del poeta, a quien se une entre atmósferas que evocan los escenario de los poetas románticos ingleses, cierto Rimbaud, cierto Baudelaire, cierto Verlaine y, desde luego, mucho Teophile Gautier, y todo el mundo exótico y refinadísimo de las culturas orientales. Son poemas fuertemente influidos por el simbolismo y el decadentismo francés, y permiten afirmar que tal vez sea Garrandés el último descendiente de la estirpe de Julián del Casal en Cuba, y el único representante legítimo actualmente vivo de tan ilustre linaje. No es el único que explota estos imaginarios, pero sí el único que posee la cultura enciclopédica que demandan y una identificación visual y sensorial absoluta con el espíritu de esos territorios de la creación.

No por gusto Garrandés adopta entre sus nombres El Peregrino, pues peregrino es en la ruta que conduce a Kashmir, donde vivirá una tremenda experiencia interior que será, al mismo tiempo, trascendente, y de la que saldrá marcado, trasmutado, muerto y vuelto a nacer a una existencia otra, sin comienzo ni fin, que él concibe como un estar ubicado más allá de la sobrevida —el promontorio que escala el personaje y desde el cual deja escuchar su voz, recuerda a aquella montaña de Hugo de la que, una vez llegado hasta su cima y contemplado el mundo desde allí, ningún hombre regresa siendo el mismo—. En este sentido, el viaje a Kashmir y el encuentro del poeta con su dama no constituyen únicamente una aventura amorosa con impresionantes relieves del más fiero y al mismo tiempo fragoroso erotismo, sino una especie de iniciación otorgada por el rostro cruel del Amor. La dama, Lady Murasaki, lo seduce y se hace suya en entrega perfecta, pero tras darle a conocer las finitudes más sublimes del placer, lo abandona y desaparece, para que la desesperación y el dolor de esa pérdida terminen la lección que el poeta debía recibir y que ella ha sido la encargada de suministrarle: el valor de la Vida a la que se ha renunciado por el error de confundirla con su remedo. He aquí un eco de la caverna de Platón, y un recordatorio de que la Diosa, generosa con los poetas, no perdona a quienes por falta de coraje renuncian a sus dones

Kashmir no es un gran libro solo por su factura de insuperable calidad y por la impecable belleza de su expresión poética, sino, en mi opinión, porque es un libro absolutamente sincero, una escritura despojada de afeites, de adornos y de todo detalle superfluo destinado a deslumbrar y engolosinar al lector. Kashmir es la fibra al desnudo. En este libro Garrandés se muestra como quien verdaderamente es: el Amo de las Palabras, a las que doblega con total plasticidad en función del sentimiento más vivo y más auténtico. Todas las páginas de Kashmir están recorridas por la huella de una herida, una desgarradura hirviente que sangra con dulce fiereza, el zarpazo de la hembra-Nemesis, pantera hermosa y oscura que se nos ha acercado a traición, pero que pagaríamos cualquier precio por conservar. No hay artificio, no hay pose ni pedantería literarias. Muy al contrario, todo el texto resuma esa tristeza sustancial de las confesiones más estremecedoras, y la percepción aguzada adivina en sus páginas al hombre humillado que hinca la rodilla y se somete a la venganza de la Diosa, y a su Musa, el instrumento fatal, sin dejar por ello de suplicar la perpetua renovación del suplicio.

Hace muchísimo tiempo que yo no encontraba en la literatura, ni cubana ni extranjera, (salvo, tal vez, el epistolario de Jardín) un acento tan conmovedor y tan lleno de exaltación, veneración y respeto por la Verdad y la Belleza. Kashmir es un libro de culto, pero también va a ser un libro que disfrutarán con fruición todos aquellos que hayan experimentado alguna vez la implacable prueba iniciática que abre el camino a esos estados alterados de ánima y conciencia que provoca la sublimación del Amor mediante la manifestación carnal del deseo y su consecuencia última: la pasión como disolución de los cuerpos, el solve et coagula que fabrica la mónada divina. Kashmir es un canto de cisne al Amor más allá del Amor. Un himno a la trasgresión de la Frontera.

Llamo la atención una vez más sobre el impresionante dominio de la lengua que posee este autor, que le permite convertir su escritura en instrumento dócil, en exacta expresión de lo que se propone trasmitir. Más allá de su fuerte acento erótico, las prosas poéticas de Kashmir emanan un aliento telúrico, antiguo, que se remonta hasta las elegías sáficas, y aún más atrás, hasta las breves líneas de aquel epitafio de Seikilos, el tañedor de cítara, que está en el comienzo de la música griega como acompañante de la poesía. El sentido poético de Garrandés es de una afinación impecable, no hay en todo el libro una pifia sonora, una nota falsa, un error de ritmo. Siento que Garrandés ha vuelto en Kashmir al soplo principesco y exótico, preciso y misterioso de sus mejores piezas, las noveletas Isabeau y Mar de invierno, los dos momentos más grandes, en mi opinión, de toda su escritura hasta este momento.

Hago también la observación de que Garrandés es tan, pero tan osado que ha introducido en estas prosas elementos de ciencia ficción, en un trabajo de fusión atrevidísimo que me ha dejado sin aliento.

Kashmir nos devuelve a un Garrandés que es el más grande entre nuestros poquísimos estilistas del idioma, después, por supuesto, de Martí, Dulce María Loynaz y Carpentier, y el forjador de los más atrevidos y eficaces tropos después de Lezama. Este libro debería ser publicado a la mayor brevedad; será de altísimo prestigio para la literatura cubana, y un regalo muy, muy agradecido por quienes todavía buscan en la poesía una fuente de belleza y un verdadero diálogo interior con la más grande, la más intensa emoción ancestral que estremece hasta su raíz el alma de los hombres.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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