EXCELENTE NOVELA SE PUBLICA EN CUBA

No sé si Una Biblia perdida será la primera incursión del escritor villaclareño Ernesto Peña en el género novela. Se le conocía como poeta y autor de algunos cuentos. De cualquier modo, opera prima o no opera prima, Una Biblia perdida es una obra hermosa.

Esta novela de unas doscientas cuartillas, no breve, pero tampoco extensa, tiene una trama histórica que transcurre en la Cuba de los años 1763 a 1812, y su eje temático es la vida del negro libre cubano José Antonio Aponte, quien a comienzos del siglo XIX encabezó la célebre conspiración que lleva su nombre. Aponte ha pasado a la historiografía popular por un refrán singular: “Eres más malo que Aponte”. Lo escuché muchas veces cuando era niña sin que nadie me explicara la identidad del protagonista, olvidada entre la población no erudita ni académica. Tuve que esperar a recibir en la secundaria mis primeras lecciones de Historia de Cuba para conocer a este personaje que en su día removió los cimientos de la sociedad colonial habanera y de toda la isla, y robó el sueño y puso a temblar a los hacendados y aristócratas cubanos y del sur esclavista de los Estados Unidos.

Aponte, negro libre nacido de libertos, llegó a ocupar un puesto importante en el Batallón de Pardos y Morenos Libres de La Habana. Orgulloso de sus ancestros y de la participación que tuvieron durante la toma de La Habana por los ingleses, fue un cumplido militar, además de maestro escultor de imágenes sacras y pintor. A él se debe un enigmático Libro de Pinturas que parte de la Biblia reconocida por la Iglesia Católica, pero a mitad de camino se desvía de la historia del pueblo hebreo para intentar demostrar que, con el rumbo tomado por el Arca de la Alianza en dirección a Etiopía, ese pueblo africano pasó a ser el verdadero depositario de los textos sagrados y el espíritu de Dios. Esta obra de Aponte, al parecer definitivamente perdida poco después de ser realizada, y cuya descripción debemos al propio Aponte —quien la diera a sus jueces en las Actas del proceso que se siguió contra él y sus cómplices en la conspiración antiesclavista—, tenía el propósito de proveer de un pasado de gloria a la raza negra y levantar su autoestima con vista a favorecer una insurrección que pusiera fin a la trata y la esclavitud, ya por entonces prohibidas, noticia que el gobierno español y los grandes hacendados de Cuba ocultaban aún al pueblo de la isla, para así poder seguir enriqueciéndose a costa de secuestrar la verdad. Aponte parece haberse inspirado en la obra del Barón de Vastey, erudito y pensador de la corte negra del rey haitiano Henry Cristophe, quien pretendía que el pasado glorioso de la raza negra estaba reflejado en el libro titulado Kebra Negast o Libro de la Gloria de los Reyes, una crónica pretendidamente histórica de los reyes de Etiopía, que remonta su genealogía hasta Menelik I, hijo del Rey Salomón y de la Reina de Saba, y contiene una serie de tradiciones sobre la monarquía etíope.

Para mejor comprensión de la historia de Aponte y la novela de Peña, me parece imprescindible reproducir aquí una síntesis bastante literal de la información que ofrece Wikipedia sobre el Kebra Nagast, a lo que procedo a continuación:

“Escrito en lengua ge’ez, es considerado por los cristianos etíopes la verdadera historia del origen de la dinastía salomónica, así como de la conversión de Etiopía al cristianismo. La mayoría de los estudiosos opina que se trata de una recopilación realizada hacia el año 1300 de tradiciones muy anteriores.

“No solamente contiene la historia de cómo la reina de Saba conoció a Salomón, y sobre cómo el Arca de la Alianza llegó a Etiopía con Menelik I, sino también un relato de la conversión de los etíopes, desde la adoración del sol, la luna, y las estrellas a la veneración del Dios de Israel.

“A partir de las primeras expediciones portuguesas a Etiopía (siglos XV y XVI), el libro fue conocido en Europa, y se realizaron traducciones a las principales lenguas europeas.

“El Kebra Nagast está dividido en 117 capítulos, y podemos encontrar algunas de sus escenas en otros textos religiosos. Edward Ullendorff califica su estilo como “un gran conflicto de ciclos legendarios”.[1] El documento se presenta como un debate entre 318 padres ortodoxos en el primer concilio de Nicea.

“Estos sacerdotes plantean la pregunta ¿en qué consiste la gloria de los reyes?, a lo que responde un padre Gregorio con un discurso (capítulos 3-17) que termina con la declaración de que Moisés hizo una copia de La gloria de Dios y la guardó en el Arca de la Alianza. Después el arzobispo Domitius[2] lee en un libro que había encontrado en la iglesia de “Sophia” (posiblemente Hagia Sophia), e introduce la historia de Makeda (mejor conocida como la reina de Saba), Salomón y Menelik I, y de cómo el arca llegó a Etiopía (capítulos 19-94).

“El Kebra Nagast concluye con la profecía de que el poder de Roma será eclipsado por el de Etiopía, y describe cómo el Rey Kaleb de Aksum, sometió a los judíos de Nagran, e hizo heredero al menor de sus hijos, Gabra Masqal (capítulo 117).

“Según el colofón unido a la mayoría de las copias existentes, el Kebra Nagast estaba escrito en copto y fue traducido al árabe el Año de Gracia 409 (1225 d. C.)[3] por un equipo de clérigos etíopes en los tiempos del obispo Abba Giyorgis; finalmente se tradujo al ge’ez en época del gobernador Ya’ibika Igzi. Basándose en este colofón, Conti Rossini, Littmann y Cerulli han señalado el período de 1314 a 1321-1322 para la composición del libro.[3]

“Un estudio cuidadoso del texto revela rastros del árabe pero ninguna evidencia clara de una versión copta anterior. Muchos eruditos dudan que existiese dicha versión, y creen que la original fue la árabe.[4] Por otra parte, las numerosas citas bíblicas que tiene el texto no fueron traducidas desde el árabe, sino tomadas directamente de la traducción etíope de la Biblia, y su uso e interpretación demuestran la influencia de algunos padres de la Iglesia, como Gregorio de Nisa.[5]

“Hubbard detalla las muchas fuentes que el recopilador del Kebra Nagast utilizó para crear este trabajo. Incluyen no solamente ambos testamentos (aunque se hace un mayor uso del Antiguo que del Nuevo), también detecta evidencias de fuentes rabínicas y apócrifas, sobre todo del Libro de Enoc y el Libro de los Jubileos, y traducciones del sirio como el libro de la cueva de los tesoros, y sus derivados, el libro de Adán y Eva y el libro de la abeja.

“Una de las primeras colecciones de documentos etíopes llegó con los escritos de Francisco Álvares, oficial que acompañó a Rodrigo De Lima, embajador del Rey Manuel I de Portugal ante el negus negusti Dawit II. En los documentos relativos a esta misión, Álvares incluyó la historia del Emperador de Etiopía y una descripción en portugués de los hábitos de los etíopes, titulados el Preste Juan de Indias, que fue impreso en 1533.

“Más información sobre el Kebra Nagast fue incluida por el sacerdote jesuita Manuel de Almeida en su Historia de Etiopía. Almeida fue enviado como misionero y tuvo oportunidad de estudiar el Kebra Nagast debido a su excelente conocimiento de la lengua. Su manuscrito es un trabajo valioso.

“En el primer cuarto del siglo XVI, P.N. Godinho publicó algunas historias sobre el rey Salomón y su hijo Menelik, procedentes del Kebra Nagast. Más datos sobre el contenido los dio Baltasar Téllez (1595-1675), el autor de Historia General de Etiopía Alta (Coimbra, 1660). Las fuentes de su trabajo eran las historias de Manuel Almeida,
“No fue hasta finales del siglo XVIII que, al publicar James Bruce sus recorridos en busca de las fuentes del Nilo, una mayor información sobre el contenido del Kebra Nagast llegó a los eruditos y teólogos europeos.”

Ahora que el lector tiene una somera idea de lo que fue el libro que inspiró a Aponte su versión cubana del Kebra Nagast, será más fácil comprender la colosal tarea emprendida por Peña para otrgar carne y sangre a un personaje real, histórico, del que sin embargo se sabe muy poco, pues todo lo que ha llegado a nosotros proviene de fuentes interesadas en denigrarle por prejuicios raciales, políticos y económicos. Los verdugos de Aponte vivían en pánico cnstante de que los negros de Cuba hicieran aquí una carnicería como la que ya habían hecho en Haití, y fundaran una segunda República negra en el Caribe sobre montañas de osamentas de hacendados y gente blanca en general.

Creo que uno de los mayores logros de la pluma de Peña en esta obra ha sido enfrentarse a la construcción de un personaje compuesto por facetas disímiles y opuestas, como son la de militar, artista inspirado, místico religioso y ardoroso hombre de acción, todo esto encerrado en la piel de un individuo introspectivo, de poco hablar, contenido, indoblegable y parco. El Aponte de Peña es mucho más que un patriota, y aunque su referente personal fue el Batallón de Pardos y Morenos Libres, por razones que ya mencioné al inicio de ese trabajo Aponte, probablemente sin haber tenido conciencia de ello, es una figura de estatura que rebasa las fronteras de Cuba, ya que, de haber tenido éxito en sus intenciones de subvertir el orden esclavista imperante, quién sabe si habría llegado a hacer realidad la profesía del Kebra Nagast sobre la raza etíope como suplantadora de los poderes imperiales y religiosos del antiguo imperio Romano. El Kebra Nagast ha encendido antes y después de Aponte la imaginación de aventureros, místicos, políticos, antropólogos y especialistas de muchas ramas científicas, hasta culminar en bandera del poderoso movimiento rastafari que hoy conocemos. Aponte inscribió su nombre entre los de quienes brillan en el panteón de inspirados por este misterioso y controvertido libro. Y lo escribió con caracteres indelebles, pues ha sido uno de los pocos que rubricó con su propia sangre su vínculo con este texto sagrado.

La novela de Peña tiene muchos otros valores. Salvo un par de párrafos de los que se pudo prescindir en las primeras cuartillas, el lenguaje es elegante, elevado, fino, con una enorme fuerza evocadora y una extraordinaria plasticidad, que hacen de la novela un apetitoso constructo para la cinematografía. Todas las escenas y secuencias parecen dotadas de movimiento real, y el ritmo es justo y preciso al adecuarse a lo que cada una demanda. La construcción lineal de la historia le permite al autor dotarla de un continuo crescendo y de un suspenso que atrapa al lector desde la primera página. Y no se nota el empleo de recursos baratos ni comerciales. Solo se ha narrado una historia sinceramente sentida, y eso ha bastado para la creación de una obra que descuella en el ambiente general de la literatura cubana actual con un muy bien ganado Premio Alejo Carpentier de novela, que en su momento sorprendió a muchos, pero que hoy, ya publicada la obra, no admite más cuestionamientos por su más que probado merecimiento.

Sin alardes estructurales, sin esa molestísima experimentación que en tantos narradores del ahora mismo cubano ha venido a sustituir a la construcción de una historia de un modo orgánico,y hasta algo peor: el no tener nada que decir, el libro de Peña subyuga por la exquisitez de su acabado, su prosa tan lograda, rítmica, lírica a veces y siempre en equilibrio perfecto entre la intensidad trágica y la contención y el distanciamiento que, en ocasiones, no hacen en las obras literarias más que incrementar la hondura de las sensaciones a través de la simple economía de recursos. Peña jamás se excede, nunca se deja tentar por los muchos elementos trágicos y melodramáticos de su tema. Comportándose en todo momento como un clásico antiguo, solo llega hasta el borde y nunca naufraga en los abismos de la exageración y la demasía.

Resulta penoso que una novela tan hermosa y bien lograda haya salido a la luz precedida de una acusación de plagio que aunque ahora ya solo inspira risa, al principio, cuando aún no había sido publicada, arrojó desagradables sombras sobre la obra y la ética de su autor. Sombras que hoy, ya con tantos elementos de juicio disponibles y un conocimiento más profundo por parte de los lectores de los antecedentes históricos de los que Peña se valió, demuestran de modo fehaciente que dicho plagio solo ha existido en la imaginación del acusador. Sucesos tan negativos como este podrían evitarse con una mayor reflexión y comedimiento por parte de los intelectuales.

Recomiendo con mucho entusiasmo la lectura de esta novela, donde el tratamiento de la historia de Cuba se aleja notablemente de lo que tenemos por acostumbrado y conocido en el tema. Sin criollismos, costumbrismos ni aplatanajes indeseables y vulgares, además de obsoletos —pues el concepto de novela histórica ha cambiado y crecido mucho en las últimas décadas—, con un pulso narrativo envidiable y una concepción teatral a lo grande que siempre queda manifestada en las escenas y descripciones, señalamos el muy inteligente empleo de los recursos del género policial que hace Peña en Una Biblia perdida.

Considero que además de los muchos valores literarios e históricos, tiene la novela de Peña otro valor que conceptúo como puramente social, ya que muestra lo que es, en realidad,la lucha de una raza oprimida por lograr su dignidad, pues el pensamiento de Aponte al respecto era tan sólido y tan lúcido que llegó a detectar las inconsistencias en las ideas de los generales y líderes de la Revolución haitiana, y el cubano se proponía evitar caer en los mismos errores conceptuales si triunfaba el movimiento negro que él estaba lidereando. En este aspecto Una Biblia perdida resulta un texto tan sensible y esclarecedor sobre los peligros ideológicos que acechan a las revoluciones como la carpenteriana El siglo de las luces. Una Biblia perdida es, pues, una obra trascendente no solo para la literatura cubana; pienso que también lo es, y mucho, para todo el ámbito literario del Caribe, pues Aponte, si los acontecimientos hubieran obrado en su favor, no solo hubiera podido cambiar la historia de esa geografía, sino la del Nuevo Mundo y, quizás, la de la Humanidad, por lo que se inscribe limpiamente dentro del arquetipo del héroe universal.

Pienso también que la novela de Peña constituye un auténtico tratado de eticidad, pero esta afirmación requiere ser tratada en un espacio mayor que este del que dispongo. Solo me queda, pues, saludar con todo entusiasmo la publicación y el merecidísimo galardón de Una biblia perdida, y gozarme porque la literatura cubana cuenta con otra novela profunda, hermosa y capaz, aunque no me gustan las profecías, de desafiar el juicio inquisitorio e insobornable de la Posteridad. Ojalá la crítica le preste la atención que requiere.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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2 respuestas a EXCELENTE NOVELA SE PUBLICA EN CUBA

  1. Luz Sanchez dijo:

    Un comentario: lo único que pudiera mover a risa, en la acusación de plagio contra Peña, hecha por el excelente académico venezolano Juan Antonio Hernández, es que alguna gente se crea los infundios del “autor” de “Biblia perdida” para tratar de justificar lo injustificable: ¿por qué, por ejemplo, Peña reconoció, de manera tan tardía y luego de la denuncia de Hernández, su deuda con el investigador venezolano? Simplemente porque cualquiera que se tome el trabajo de leer la investigación de Hernández, publicada en la web desde el 2005, puede darse cuenta de la enorme “deuda” que tiene ese señor con lo investigado por otro. En realidad no da risa, da mucha tristeza.
    Saludos,
    Luz

    • ginapicart dijo:

      La literatura engendra literatura. Todo el mundo debe algo a alguien en el terreno de la ciencia y en el terreno del arte. La partenogénesis es imposible en el siglo XXI. Para su información, ningún autor de ficción está obligado a citar bibliografía de consulta. Ya va siendo hora de dejar este tema en paz. Si hubiera razones reales y demostrables para acusaciones de plagio, ya Peña estaría en Sing Sing y con una bola de hierro colgando de su tobillo plagiador. ¡Por favor..!

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