PERIODISMO CUBANO DE LA MODA: RECORDANDO A UNA PRECURSORA

Hace algún tiempo publiqué en mi blog Hija del Aire un artículo sobre la historia de la moda en Cuba en tiempos de la República. En él mencionaba a dos relevantes figuras de la época: el modisto catalán Ismael Bernabeu, radicado en La Habana, y Madame Rié, quien (atendía el sector) dirigía las páginas femeninas en el Diario de La Marina, y advertía yo entonces que estaba tomando la información de un extenso artículo firmado por Madame Rié y al que colaboró Bernabeu con materiales de su archivo personal, titulado Siglo y cuarto en la moda femenina, publicado en la edición especial de ese periódico en conmemoración del siglo y cuarto de su fundación. Prometí buscar información sobre Madame Rié para ofrecerla a los lectores cubanos, y lo intenté bastante infructuosamente a través de Internet. Cuando ya estaba a punto de desistir recibí una carta de su hija, la señora Mariella del Riego, residente en Barcelona, quien me proporcionó información sobre su progenitora. A ella debo, pues, los datos que a continuación comparto con los lectores.

Madame Rié, cuyo nombre verdadero era Eulalia Machado, estaba casada con Manuel Luis del Riego, quien fungía como Jefe de Información del Diario de la Marina. Un retrato de este puede verse en un fresco pintado por Hipólito Hidalgo de Caviedes en el hall del vestíbulo del edificio esquinero ubicado en Prado y Teniente Rey, frente al Capitolio, donde el diario tuvo su última sede. Caviedes utilizó a empleados del periódico para vestirlos con ropas de época. Del Riego aparece ataviado con una levita parda y leyendo un periódico, sentado a la mesa a la derecha de Gastón Baquero, quien luce una levita de color verde.

En 1957, según me explica Mariella, sus padres participaban en una reunión de amigos íntimos en la casa del dueño del periódico, José Ignacio Rivero, quien comentó que la persona encargada de llevar la sección de modas se jubilaba, y alguien, medio en broma y medio en serio, le dijo a Eulalia: “Lalita, eso es algo que tú harías muy bien…”. Es probable que también medio en broma y medio en serio, aceptara Eulalia aquella encomienda, y allí mismo se formó una especie de amigable conspiración donde se buscó un seudónimo para la nueva periodista. Ella eligió abreviar su apellido de casada dejándolo en Rié, y utilizar la palabra mágica del mundo de la modistería: madame, teniendo en cuenta tal vez que así se habían hecho llamar todas las modistas francesas que pusieron atelieres en La Habana y alcanzaron fama internacional.

Eulalia no era una dama improvisada. Educada en el Colegio del Sagrado Corazón, se la conocía en su medio social como una mujer de gran cultura. Estudió la carrera de Derecho, hablaba a la perfección inglés y francés y era célebre por su elegancia y buen gusto en el vestir. Se tomó muy en serio su nueva profesión de especialista de la moda, y mostrando un sentido muy profesional lo primero que hizo fue contactar con Bernabeu, Pena y otros grandes modistos que trabajaban por aquel tiempo en la capital; contrató a Korda como fotógrafo, y como modelo fija a su compañera Norka, quien todavía no gozaba de fama internacional; contrató nuevos anunciantes y le dio otra orientación a las páginas femeninas inaugurando una nueva sección que tituló Para la mujer, donde no solo hablaba de modas, sino también de cocina y de otros temas interesantes para las féminas de la época. Convirtió en despacho una de las habitaciones de su casa, decorándola con gracia, y desde allí, usando constantemente el teléfono, trabajaba todo el día. No solo escribía, sino que también maquetaba las páginas a su cargo —aunque nunca llegó a ser diseñadora de vestuario—, y hasta llegó a hacer algunos magazines monográficos.

Su dedicación dio verdaderos frutos, y en 1958, apenas un año después de haber comenzado su labor, fue invitada por el Instituto Francés de la Moda a la presentación de las colecciones de Otoño en París, convirtiéndose así en la primera periodista cubana que recibía tal honor (en los primeros años de la República la dama Catalina Lasa, famosa en la mitología urbana de La Habana por su elegancia y su belleza, ya había sido corresponsal de la moda femenina francesa para el diario El Fígaro, pero lo hacía de forma anónima y por puro placer). En la capital francesa Eulalia se entrevistó con los más célebres modistos, y cuando posteriormente fue invitada a España por una institución homóloga de la francesa, tuvo la oportunidad de relacionarse también con el mundo madrileño de la alta costura.

Cuando el Diario de la Marina fue intervenido por el Gobierno Revolucionario, Eulalia Machado trabajó durante unos meses como traductora en la Imprenta Nacional. En 1961 pasó a vivir con su familia a España, donde continuó su quehacer profesional como directora de las firmas Orlane y Estée Lauder. Vale decir que Estée Lauder fue la fundadora, junto a su marido Joseph Lauder, de la empresa de cosméticos Estée Lauder Companies, y en 1998 fue la única mujer en la lista de Los 20 genios comerciales más influyentes del siglo XX, publicada por la revista Times. Eulalia terminó su carrera en la poderosa firma cosmética Elizabeth Arden, cuya propietaria es considerada una de las grandes emperatrices de la cosmética mundial. La primera especialista cubana de la moda falleció en Madrid, en 1981, a los 67 años de edad.

Puede que algunas personas se pregunten a qué viene a estas alturas reseñar la vida de una dama burguesa que escribía sobre la moda, ¡esa frivolidad! Si tal cuestionamiento ocurriera en realidad, yo podría responder que mucho más de la mitad de la intelectualidad de Occidente, entre la cual se encuentran quienes ejercen el periodismo, perteneció y pertenece a las clases altas de la sociedad, por la sencilla razón, supongo, de que son las que tienen un mejor acceso a la cultura. Añadiría que la moda no es una frivolidad, sino un fenómeno social y un sector de los estudios de antropología urbana, amén de otras cosas que no quiero ni puedo mencionar aquí por falta de espacio.
Y terminaría afirmando que Eulalia Machado fue una precursora de lo que después de 1959 han venido haciendo otras periodistas cubanas en revistas tan dignas como Mujeres y Muchachas, dedicadas a orientar a la mujer no solo en el tema del vestuario, sino en el culinario, el amoroso, y otros que son de interés del sexo femenino por razones de rol que han determinado la evolución de la Humanidad y de la Historia, y no son fruto del capricho de nadie. Y por último, me gustaría enfatizar lo necesario que resulta ese tipo de periodismo en una sociedad donde la mujer tiene un desempeño social semejante al del hombre, y pasa la mayor parte de su jornada cotidiana fuera de casa. Siempre la mujer trabajadora, la mujer estudiante, la mujer dirigente, la mujer profesional, agradecerán que haya quien las mantenga orientadas en torno a los giros de la moda en el planeta, además de enseñarles, o recordarles, las normas de la elegancia y el buen gusto.

Las mujeres que se dedican al periodismo de la moda no son menos periodistas que sus colegas que atienden otros sectores, y necesitan tanta especialización y conocimientos como cualquiera. Saber cómo vestirse adecuadamente resulta necesario para cualquier ciudadano, independientemente del régimen social en que viva. Tal vez ahora mismo estemos necesitando de estas profesionales de la moda para soplar al oído de muchas de nuestras conciudadanas que no es de buen gusto usar licras apretadas cuando la celulitis castiga el cuerpo; que las joyas, bisutería y calzado de brillo no se llevan hasta después de las seis de la tarde; que el cabello enroscado y sujeto con un “pellizco” plástico (aunque tenga incrustados festones dorados y bolitas de vidrio de colores) es terriblemente cursi e inelegante; que los tirantes de los sostenes se deben ocultar si no queremos dar la impresión de ser desaliñadas y chabacanas, o como dicen los españoles usando una palabra magistral: “hortera”; que se deben combinar, en cuanto a material se refiere, la ropa y los accesorios, porque no debe llevarse un bolso decorado con rutilantes lentejuelas acompañando a un vestido de algodón, y que los maquillajes de colores vivos e intensos se reservan para la noche bajo luces fuertes, mientras que para el día apenas un retoque de tintes naturales nos hará lucir bellas y bien puestas. Independientemente del hecho de que cada mujer debe encontrar su propio estilo para vestir con decoro, teniendo en cuenta su edad y talla, forma del cuerpo, hora del día, temporada del año y evento para el cual se está vistiendo, no es menos cierto que desde que la civilización existe, hasta en las culturas de la antigüedad la moda tuvo sus dictados y sus normas.

Así que ya están respondidas hasta donde me es posible las interrogantes acerca de por qué desempolvar la memoria de Eulalia Machado, periodista especializada en moda, del Diario de la marina. Y si mis razones no parecen suficientes, invito a quien así piense a que se asome a cualquier balcón de la ciudad, y contemple a las mujeres de cualquier raza y edad que transitan por las principales arterias habaneras, y verá todo un catálogo de mal gusto en el vestir que mucho nos convendría erradicar para mejorar la imagen de la mujer cubana, tan digna y grandiosa en muchas otras facetas de la vida social.

A continuación reproduzco una crónica escrita por Madame Rié en París y publicada en el Diario de la Marina

Crónica desde París

Aún no ha muerto el chemiseDio la vuelta al mundo; fue comentado, discutido, atacado; blanco de ensañamientos y de elogios; tema de muchos y sesudos comentaristas; la característica de la Moda en 1958; ¡Y se creyó que había muerto!

Así le fue cantado más de un Réquiem con mal disimulado regocijo por parte de sus detractores, que veían en este modo de vestir un desacato al encanto femenino.

Pero acabamos de asistir día tras día a ese desfile único, maravilloso de las creaciones de la ALTA COSTURA FRANCESA, solo para constatar con algo de sorpresa por parte nuestra, lo confesamos, que el chemise aún no ha muerto. No esa cosa que aderezamos al antojo añadiéndole perifollos en lugares llamativos y conspicuos; estrecha donde no debía serlo, ceñida donde mejor nos pareció, sino esa línea suave, que cae sobre el cuerpo de la mujer en púdico disimulo de sus encantos. Todavía hoy, al cabo de un año de ver la luz la primera chemise, la primera robe sac, los más exquisitos modistos de París tienen entre sus colecciones no uno, sino muchos vestidos que caen en la espalda sin el más leve asomo de cinturón o de punto de apoyo. Y así, desprovisto de artificios, nos luce más favorecedor, más femenino, más chic.

Ha pasado a la Historia no el chemise, sino el vestido que moldea el cuerpo de la mujer, delatándola.

Hoy hemos visto aquí en París, entre los siete millones de personas que llenan sus cafés, sus avenidas y sus calles, a una cubana, y lo supimos.

No era su tipo, su colorido, su hablar. La delató a la distancia su traje. Ese estilo desgraciadamente tan nuestro oque pone de relieve el cuerpo, ya de por sí tan llamativo de nuestras mujeres. Y nos prometimos: “Tenemos que decirles a las cubanas, tan pendientes de la última moda en París, que aquí ¡EL CHEMISE NO HA MUERTO…!

Octubre de 1958

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Acerca de Gina Picart

Fui alumna y discípula de Beatriz Maggi en la Facultad de Filología de la Universidad de La Habana. Soy escritora, periodista, investigadora, crítica literaria y otras cosas, y ella me mostró el camino.
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2 respuestas a PERIODISMO CUBANO DE LA MODA: RECORDANDO A UNA PRECURSORA

  1. P.del Riego dijo:

    Mi nombre es Paloma del Riego y soy nieta de Madame Rie ……Gracias por descubrirme una parte de mi abuela , ausente de mi vida por distintos motivos , de la que nunca supe mucho , pero siempre ansié saber.Me ha acercado a viejas historias que escuché de refilón y de las que no supe más porque nunca tuve a quién preguntar… gracias de nuevo ¡¡¡ cualquier pequeño dato puede ser un mundo para alguien al otro lado del océano….

    • ginapicart dijo:

      Creo que su abuela era una auténtica dama y una mujer excepcional de la que nosotros los cubanos podemos y debemos estar muy orgullosos. Lamento profundamente no haberla conocido a ella ni a su tiempo.

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