De lo nefasto, trece cuentos. Nuevo libro de David Camps

Esta obra  anuncia ya desde su título que estamos en presencia de una nueva entrega de horror de uno de los autores cubanos más destacados en el cultivo de este género, que suele cohabitar con el fantástico en una hermandad muy bien llevada la mayor parte de las veces.

Publicados por la editorial Letras Cubanas, estos trece cuentos tratan un tópico del horror que resulta particularmente estremecedor: el de los niños monstruos, como ha dado en llamarse a los menores que no por deformidad física, sino por alteraciones morbosas de su personalidad o su psiquismo, protagonizan episodios donde no aparecen como víctimas de los adultos, sino como sus victimarios, o como verdugos de otros niños.

Si la violencia y la crueldad contra los niños es uno de los sucedidos más repudiables y que más rechazo despierta en una sociedad sana y en los individuos equilibrados, cuando es del niño de quien parte la agresión, la situación se muestra en su peor faceta: la de la subversión del orden natural, y esto remite al concepto del Mal expresado por un personaje de Arthur Machen, célebre escritor inglés reconocido como un maestro del horror fantástico y sobrenatural —y quien tanto influyera sobre Lovecraft—, cuando asegura que el Mal como categoría suprahumana no está representado por el asesino que ha matado para robar o compulsado por los celos más vulgares, sino por las rosas de un jardín que comenzaran a cantar a medianoche himnos lascivos.

 Semejante concepto me parece muy interesante y útil para traerlo a colación cuando nos referimos a este libro de David Camps y, en general, a su poética del horror, porque es, precisamente, un autor que se caracteriza por distinguir muy bien entre el crimen común y el Mal como concepto. Es, tal vez, en esta obra y en su anterior novela El día del Kippur donde esta marca de estilo se manifiesta con mayor relevancia.

Tal vez sea necesario acudir en ayuda de los lectores menos avisados —o menos avezados en el género—, aclarando que existe una diferencia crucial a la hora de catalogar a un niño con alteraciones de conducta, por más terribles que estas sean, con respecto a otro que presente alteraciones de conducta respaldadas por facultades que podríamos calificar como misteriosas, del más allá, demoníacas, paranormales o cualquier otro adjetivo afín.

En la segunda categoría encontraremos a los personajes infantiles que cruzan por las páginas de este libro de Camps. Todos van apareciendo sucesivamente en la vida del protagonista, un adulto con ciertos indiscutibles rasgos paranoides, quien se muda continuamente de casa en vano intento por huir de estas “vecindades casuales” a las que tanto teme. Sus cambios sucesivos de morada terminan invariablemente en el descubrimiento de otro de estos niños monstruos en la nueva calle donde habita el perseguido, quien se ve sometido a una convivencia con estas abominaciones encarnadas en cuerpos de infantes y adolescentes, y sufre todo tipo de situaciones alucinantes, ominosas y aterradoras, las cuales, en ocasiones, no lo involucran directamente, pero que no por eso deja de percibir como amenazas latentes. Y amenazas muy serias, que ninguna persona dejaría de tomar en cuenta por mucha sangre fría que tuviera.

No me cabe duda de que en la memoria genética humana, o el imaginario colectivo, si se prefiere llamarlo así, los niños monstruos constituyen una de las más significativas formas arquetípicas del horror sobrenatural. Este impacto macabro les es conferido por la ley de los contrastes, que alcanza en este caso su máxima expresión, porque la infancia es debilidad, indefensión, candidez, gracia, pureza y ternura, pero este velo sutil puede descorrerse apenas un poco, y como una máscara que se ladea sin querer, dejar al descubierto el rostro del Mal en toda su aterradora dimensión. Recordemos si no, la siniestra novela El señor de las moscas, en la que, a fin de cuentas, el triunfo de la lógica disuelve lo sobrenatural en los capítulos finales.

Mientras leía estos cuentos de Camps, recordé la leyenda de los niños llorones, basada en una colección de veintisiete retratos de infantes pintados por Bruno Amadio, un artista de la plástica de formación académica nacido en Venecia en fecha imprecisa, pero aceptada entre los años 1890 y 1911. Amadio, artista mediocre que adoptó el seudónimo de Giovanni Brangolini, fue un entusiasta seguidor de Musolini y un fascista convencido, quien, sin embargo, durante su participación como soldado en la Segunda Guerra Mundial, se sintió conmovido por la tristeza que pudo ver en los rostros de un grupo de niños a quienes halló en un orfanato de una ciudad castigada por la guerra, que unas veces parece ubicarse en la zona del Ruhr alemán, y otras en Sevilla, a donde se fue a vivir el artista al final de la guerra, pasando después a Madrid. Al parecer allí se perdió su rastro de un modo bastante misterioso, aunque hay noticias de que al final de su existencia volvió de nuevo a su Italia natal, donde falleció en la ciudad de Padua, en 1981.

 A partir del primer retrato llorón que realizó, y supuestamente gracias a un pacto con el Diablo, Amadio pasó del anonimato a ser un artista célebre, cuyas obras se vendían en España, Inglaterra, Alemania y otros países, y de las que se hicieron miles de reproducciones, pero muy pronto comenzó a cundir el rumor de que los hogares e instituciones que compraban algunos de estos retratos —de un magnífico estilo hiperrealista, por demás—, sufrían incendios devastadores, y que el primero de los niños retratados había muerto cuando el orfanato fue pasto de las llamas. Leyenda urbana al fin, existen de ella diferentes versiones, y algunos detalles cambian o se tornan más pintorescos y espeluznantes, pero la cuestión fundamental es que hay que contemplar esta colección de semblantes infantiles bañados en lágrimas y poseídos por una tristeza rayana en desolación, para comprender que hasta el dolor, exacerbado a esas magnitudes, se convierte por contraste, cuando gravita sobre un niño, en un efecto de horror que linda con lo monstruoso.

Con estos relatos, David Camps se inscribe en una corriente del horror sobrenatural que parece constituir un tópico particularmente sensible para el universo fantástico del arte español, y por ende, también para el nuestro. Los cuentos de Camps remiten, o se retroalimentan tal vez, de filmes españoles como El espinazo del Diablo, El orfanato, y remontándonos aún más atrás, incluso hasta Los olvidados de Buñuel. Camps es, pues, un escritor que puede afiliarse, con todo derecho,  a un linaje literario muy antiguo y validado por nombres de grandes figuras del cine, la plástica y la literatura, inscritas en nuestra herencia cultural ibérica, a la que no se circunscribe, sin embargo, el tópico de los niños monstruos, pues como dije antes, constituye un arquetipo del imaginario universal, y es una de las formas concretas que reviste la Mezcla, metarquetipo al que pertenece lo teratogénico, pues uno de los requerimientos imprescindibles para calificar a una figura de monstruosa exige que contenga en su morfología una mezcla de partes de otros seres que, anatómicamente, pertenecen a órdenes o especies diferentes de la Naturaleza. En el caso de los niños monstruos, el arquetipo mezcla categorías  abstractas tan aberrantemente opuestas como pureza y malignidad. Y tan perversa hibridación la encontrará el lector en los relatos de Camps llevada hasta su máxima expresión por la pluma experimentada de un creador que, estoy segura, ha visto alguna vez la faz del pánico ontológico, tal como la concibió Machen en su célebre relato El pueblo blanco.

De lo nefasto, trece cuentos, es un libro que dejará en el lector una impresión oscura, como una estela de tierra contaminada por el ícor de la disolución. Pero ya sabemos que si al ser humano le gusta reír, en medida mayor se siente atraído por el morbo del miedo en cualquiera de sus formas. Así pues, recomendamos esta lectura, y no dudamos de que muchos encontrarán en este título el libro que buscaban hace tiempo para hacer de sus noches algo menos rutinario.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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3 respuestas a De lo nefasto, trece cuentos. Nuevo libro de David Camps

  1. I couldnt agree with you more!!

    • ginapicart dijo:

      Ya dije que no hablo inglés, desgraciadamente (nadie es perfecto). Ni siquiera sé si me está diciendo usted algo desagradable. Pero puede escribirme sin problemas (al menos por mi parte) en español, valenciano, gallego,asturiano, catalán, portugués, francés e italiano.

  2. urdu sms dijo:

    Abnormally well written blog post!!!

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