ASALTAN LA HABANA TREINTA MUJERES ENMASCARADAS

Lamentablemente, la cifra de enmascaradas es pequeña y la ciudad muy grande, lo que se traduce así: 150 ejemplares impresos en Brasilia, y solo unas pocas decenas vendidos por la Casa de las Américas en un lanzamiento que, probablemente, no tuvo la merecida difusión. Ese ha sido, hasta ahora, el destino de El retrato ovalado, una de las mejores antologías de narrativa femenina escrita por cubanas.

 El retrato …, posiblemente en alusión al conocido relato fantástico El retrato oval[1], es el título que la poeta Soleida Ríos eligió para uno de esos textos originales y llenos de ingenio y belleza que suele dar a la imprenta. Con su ya legendario poder de convocatoria, hizo un llamado al gremio de las escritoras y respondieron treinta. “Pedí a cada autora —ha dicho Ríos— un texto de cinco a siete cuartillas, de corte autobiográfico, escrito desde otra voz, es decir, encarnado en un personaje de la ficción literaria o artística de cualquier tiempo y lugar, o en un personaje real, recogido o no en las páginas de la Historia Universal”.

 Es tal propuesta  sumamente interesante y atractiva, pues ¿quién no ha soñado, siquiera una vez en su existencia, con ser Otro, transformarse en Otro? El deseo de la Otredad, siempre secreto, siempre latente, se libera en estos textos con resultados impactantes, pues introducirse en la piel de Otra mujer, asumir una identidad ajena, con la oportunidad de elegir el modelo para este ejercicio de profundización psicológica que deviene, al mismo tiempo, confesión, exigió de las autoras no solo la búsqueda de un personaje con el que sintieran afinidad en algún orden de la vida, sino, además, la demostración de capacidad para esta especie de metamorfosis o, más bien, de metempsicosis, pues la suplantación no se limitó a la epidermis, sino que fue a profundizar en las emociones, los valores, las ideas y los sentimientos del individuo elegido para la transustanciación, todo lo cual conforma el núcleo del Ego, del Yo, el magma mismo del mundo interior de Ser; lo que Soleida llama en su prólogo a estos relatos “jugar a tocar el fondo”. Y además, la convocatoria contenía un reto de desnudez, pues al elegir cada autora su personaje, ha dejado al descubierto facetas de su individuación, ha expuesto a la luz pública imágenes modélicas que contienen no pocos secretos  y explican (tal vez), ciertos rasgos de la personalidad de cada una. Decir: “Yo quisiera ser, o yo soy, o yo sería —si pudiera—  como…”, exige, en ocasiones, alguna valentía.

 Debo decir que estoy impresionada por el nivel de las respuestas narrativas obtenido por Soleida, y no me refiero a cantidad, sino a calidad. Aparecen aquí nombres de narradoras, ensayistas, investigadoras, editoras y artistas de otras manifestaciones, como la música y la danza, quienes presentan sus relatos con una factura, en general, muy elaborada, y altas cuotas de un dúo que raramente suele hallarse en compañía: intelectualización y sensibilidad. Tengo la impresión de que en compilaciones y antologías anteriores primaba lo anecdótico, pero en El retrato ovalado se advierte un fenómeno poco habitual en nuestra narrativa escrita por mujeres: en buen número de sus piezas predominan la introspección, la reflexión, la percepción de atmósferas y situaciones desde posiciones que no tienen mucho en común con la llamada narrativa de género, caracterizada en la Isla por sus argumentos recurrentes alusivos a situaciones cotidianas en la vida de las mujeres, tales como la infidelidad, el alcoholismo, la maternidad, etc. En El retrato ovalado los ejes temáticos son otros y descubren inquietudes mucho más universales, aunque analizadas y contadas con voces y ópticas netamente “hembra”.

 También se reúnen en estas páginas diversos formatos como soporte de los relatos. Hay poesía, guión cinematográfico, teatro, monólogos, fábulas, lo cual demuestra que las autoras que integran este volumen están interesadas no solo en contar, sino también en llevar a cabo cierto grado de exploración formal que denota, más que un interés por dinamitar formas “viejas” y crear formas “nuevas” de técnicas, idioma o género literario, la intención de revitalizar moldes para refundir en ellos la visión del Hoy.

 Pero, tal vez, lo que resulte más sorprendente en este grupo de narraciones escritas por cubanas de todas las provincias sea la selección hecha por las autoras de las mujeres a quienes eligieron impersonar, en cuya piel se han introducido y desde cuyos ojos miran el mundo. La filósofa hebrea Anna Harendt, la griega Hipatia, primera mujer que dirigió la Biblioteca de Alejandría y última persona en desempeñar ese cargo, la Alicia  del País de las Maravillas, Momo, personaje de ficción del escritor Michel Ende, La Bella Durmiente de los cuentos infantiles, fueron algunas de las escogidas, y junto con ellas mujeres relevantes de la historia nacional, como la patriota Mariana Grajales, la poeta Juana Borrero, Alma Rubens, alter ego del poeta holguinero José Manuel Poveda, Ana Mendieta, pintora cuyo suicidio en Nueva York integra la larga y triste lista de intelectuales y artistas cubanos que han escapado de la vida por su propia voluntad… Historia, ficción, Literatura… Las autoras hacen gala de una cultura elevada, refinada, universal, que en ocasiones les exigió una total apropiación de complejos culturales muy ajenos en tiempo y espacio al contexto cubano; de un gran dominio de los formatos y técnicas empleados; de las voces narrativas; de la síntesis; del tiempo… En fin, que esta compilación muestra un conjunto de escritoras ya en  pleno dominio del lenguaje, cada una con un pensamiento propio y un estilo personal perfectamente distinguible. Incluso las compiladas más jóvenes entregan productos que admiran por su consumada elaboración. Y lo que me parece más importante: El retrato ovalado trasciende por primera vez entre nosotros desde una óptica grupal el marco estrecho, restrictivo y minimalista en que, en mi opinión, se había movido (y encerrado) hasta ahora la narrativa femenina cubana.

El lector encontrará en el índice nombres ya consagrados  por la calidad y difusión de sus obras, premios obtenidos y relevancia dentro de la cultura nacional, como los de Nara Araújo, investigadora, ensayista, profesora y miembro de la Academia Cubana de la Lengua, cuyo texto, Navío en puerto, es uno de los más hermosos y profundamente conmovedores del libro, escrito cuando su autora ya sabía que la muerte la rondaba; Margarita Mateo Palmer, investigadora, ensayista, profesora y narradora, varias veces Premio de la Crítica y Premio Carpentier de ensayo y narrativa; Lourdes González, narradora y editora; la joven poeta Legna Rodríguez, Premio Luis Rogelio Nogueras de cuento y con varios premios de poesía en su haber;  Milene Fernández Pintado, narradora, Premio ítalo Calvino de novela, con una deslumbrante fábula donde retoma y actualiza el conflicto de irrupción del absurdo que fuera el pilar sobre el cual creó Lewis Carroll su inmortal personaje de Alicia… Entrelas autoras más jóvenes aparecen Jamila Medina, Lizabel Mónica, Adriana Normand, Zurelys López…, En fin, toda enumeración o exposición referente a El retrato ovalado sería demasiado extensa.

 En mi opinión, de todas las antologías y compilaciones de narrativa femenina escritas y publicadas en Cuba, es en esta donde se ha alcanzado, hasta el momento, una mejor confluencia de facturación, madurez estilística y pensamiento, debida, en parte, a que las jóvenes escritoras que intervienen en ella son, en su mayoría, autoras que tienen ya un trayecto importante dentro de la literatura y han pasado por un proceso de crecimiento y maduración que, si bien debe proseguir por causa de su juventud, ha alcanzado ya un punto en que se puede hablar de consolidación (y conjunción) de poética e ideas.

 El retrato ovalado, selección de textos a cargo de Soleida Ríos, con edición de Jamila Medina y publicada por la editorial brasileña Thesaurus, es, pues, una entrega de buen gusto al tiempo que un texto imprescindible para conformar un perfil de la narrativa femenina cubana. Una próxima publicación bajo el sello de la editorial UNIÓN, de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba  (UNEAC), hará posible que este hermoso  y muy interesante libro llegue a manos de los lectores cubanos en una tirada más amplia y accesible.

 

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[1] Relato de Edgar Allan Poe, donde se cuenta cómo un pintor, al retratar a su esposa, traspasó el alma de ella al lienzo, donde quedó fijada.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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Una respuesta a ASALTAN LA HABANA TREINTA MUJERES ENMASCARADAS

  1. regranulat dijo:

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