Enigmas de la historia de Cuba. El Partido de los Independientes de Color y su trágico fin

Miembros del partido Independiente de Color

Miembros del partido Independiente de Color

La guerrita de los negros, como ha pasado al habla popular el alzamiento del Partido Independiente de Color y su masacre final, ocurridos en 1912, donde perdieron la vida miles de cubanos negros, ex combatientes del ejército mambí, y sus líderes Evaristo Estenoz y Pedro Ivonet, es uno de los episodios más controvertidos y polémicos de la historia de Cuba, tanto como la firma de la Enmienda Platt, los sucesos jamás revelados de La Mejorana, el rechazo de Martí al socialismo y otros hechos climáticos de nuestro pasado nacional.

Existe una nutrida documentación sobre el tema de los Independientes de Color, y no toda proviene de fuentes cubanas, pues especialistas de otras nacionalidades también se han interesado en este cruento episodio de nuestra historia, pero un libro en especial, La conspiración de los iguales, La protesta de los Independientes de Color en 1912, de Rolando Rodríguez (publicado por la Casa de Altos Estudios Don Fernando Ortiz), me ha llamado la atención, no solo por su tono inhabitual, casi conversacional y por momentos exaltado, un poco raro en un texto de historia, sino por su enfoque de una de las figuras más importantes de ese movimiento, el general Evaristo Estenoz, dignificado y respetado en las aulas universitarias y en las instituciones encargadas de custodiar la memoria histórica de la nación. Ese libro ha sido el centro de una polémica entre su autor y otros investigadores, y no es mi intención sumarme a ella; sin embargo, el tratamiento dado a la figura de Estenoz, teniendo en cuenta la numerosa bibliografía citada por Rodríguez en las páginas finales (una respetable abundancia de fuentes, quién lo dudaría), me desconcertó y me llevó a ampliar mi información al respecto.

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Evaristo Estenoz, fundador y líder del Partido Independiente de Color.

Evaristo Estenoz era, según fuentes confrontadas, hijo de “una criolla” y un francés (no sé cuál de sus padres era negro o mulato, pudo ser una criolla blanca y un francés descendiente de esclavos, o una negra criolla, vale decir nacida en Cuba, y un blanco de Francia), habiendo sido legitimado por su progenitor. En alguna foto aparece de pie, con un aspecto y porte que recuerdan levemente a Antonio Maceo. Dispuesto a luchar por la independencia, regresó del exilio a la Isla como parte del cuerpo expedicionario del buque Three Friends, al mando del coronel Rafael Portuondo, y desembarcó junto con sus compañeros por playa Baconao, probablemente el 30 de mayo de 1896. Estenoz se unió al Ejército Mambí, donde combatió a las órdenes de los generales José Maceo y José María Aguirre, y al fin de la guerra había ganado el grado de Teniente. Al ser licenciada esta fuerza militar por el presidente Estrada Palma, se radicó en La Habana y trabajó como contratista de obras . Fue una de las figuras de mayor relevancia en el gremio de los albañiles y uno de los principales organizadores de la huelga que estos llevaron a cabo en 1899, considerada una de las más significativas de su época. Es posible que fuera en medio de este incipiente proletariado donde adquirió las ideas de reforma social tan avanzadas que más tarde puso de manifiesto en la plataforma del Partido de los Independientes de Color. Sin embargo, fue acusado de poner fin al paro bajo presiones norteamericanas. Decepcionado, como tantos de su raza, por el fracaso de los ideales, promesas y expectativas relativos a la igualdad entre negros y blancos con que se había adornado el nacimiento de la nueva Cuba tras el fin de la guerra, Estenoz visitó los Estados Unidos, supuestamente para conocer in situ la situación de los negros en aquel país. Según Rodríguez, Estenoz “no se volvió un crítico de aquella sociedad”, aunque parece poco probable que durante su estancia en esas tierras no se percatara de que el racismo inficionaba todo, ni de los muchos crímenes que se cometían contra los antiguos esclavos, los linchamientos, las quemas, las violaciones y asesinatos de toda laya. A su vuelta a Cuba pasó a militar en las filas del Partido Liberal, y se fue a la manigua junto con sus cófrades políticos en la llamada guerrita de agosto de 1906, donde los liberales se alzaron para impedir la reelección del presidente Estrada Palma. En esa contienda peleó a las órdenes del general negro Quintín Banderas, luego asesinado, quien, presumiblemente, le concedió los grados de General. Rodríguez no parece estar muy convencido de este otorgamiento de rango militar a Estenoz, y en realidad resulta extraño que en tan breve duración como tuvo aquel alzamiento, un Teniente ascendiera a General, o Brigadier General… Raro, pero no imposible, si ello dependía de la voluntad de un solo hombre, y voluntad le sobraba a Quintín Banderas. ¿Lo hizo…?. Desconozco si existe alguna prueba acreditada del nombramiento. Si el hecho fue cierto, colocaba a Estenoz en igualdad de condiciones con generales mambises como Loynaz del Castillo, Gerardo Machado, Orestes Ferrara y otros tribunos que llegaron muy lejos en la carrera política.

Según ciertos testimonios, en 1907 Estenoz habría escrito a varias figuras importantes a lo largo de la Isla para proponerles “formar una partida de hombres de color pertenecientes al Partido Liberal”. Parece ser que la única referencia existente a este hecho son unas cartas personales procedentes de Santiago de Cuba, donde alguien comentaba que otras dos personas, de modo confidencial, le habían contado haber recibido estas invitaciones del mencionado Estenoz, de cuyo propósito afirmaron discrepar absolutamente.

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Juan Gualberto Gómez, prócer negro y gran intelectual cubano estrechamente vinculado a José Martí.No apoyaba la creación del Partido de los Independientes de Color.

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Senador Martín Morúa Delgado, con sus hijas Arabella y Vestalina.

Tal vez sea esta la primera formulación tácita del rechazo que iba a encontrar la fundación del Partido de los Independientes de Color en muchas esferas del poder político y del pueblo. Ciertamente, las esperanzas de igualdad por las que los negros habían peleado contra España se habían visto burladas por el gobierno de Estrada Palma de un modo no solo indecoroso, sino completamente vejatorio, ya que los negros no podían ocupar cargos públicos y seguían relegados a los oficios más bajos , además de que la segregación racial en parques, escuelas y otras instituciones no daba muestra alguna de desaparecer, y los negros se sentían sumamente incómodos y ofendidos. Pero, por una parte, el fantasma de otra revolución como la de Haití continuaba recorriendo la isla de punta a punta y llenando de terror a la población blanca, tanto criolla como española; y por otra parte, no solo los políticos blancos, sino también los políticos negros, con Juan Gualberto Gómez a la cabeza, se daban cuenta de que la fundación de un partido basado únicamente en motivos raciales dividiría a los cubanos en momentos en que la República era aún recién nacida y fragilísima, siempre en riesgo de ser intervenida por las tropas norteamericanas y de irse a pique la soberanía nacional. Hasta los mismos negros estaban divididos, y ni la indignación justísima que sentían bastó para nuclearlos en masa compacta alrededor de Estenoz y sus ideas —y sin embargo, no era aquella la primera agrupación negra surgida en Cuba: durante la Colonia el propio Juan Gualberto Gómez había creado y dirigido el Directorio Central de la Raza de Color, una agrupación de cabildos, cofradías y sociedades negras, orientada a defender al negro recién liberado de la esclavitud—. Más tarde, cuando el senador mulato Martín Morúa Delgado presentó su proyecto de enmienda a la Ley Electoral para proscribir al Partido de los Independientes de Color y sus demandas, fue acusado de traidor, de vendido a los blancos y de “querer hacerse famoso”, imputaciones de las cuales ni siquiera lo redimió el morirse de un infarto en medio de tantos disgustos. Curiosamente, Morúa también fue acusado de conspirar con Estenoz para proclamar una República negra en Cuba a la manera de Haití. Sin duda, eran tiempos de mucha confusión.

Tras las elecciones de julio de 1908, donde ningún candidato negro resultó triunfador y el mismo Estenoz no llegó a obtener 100 votos, este fundó con otros líderes negros la Agrupación Independiente de Color, renombrada después como Partido Independiente de Color (PIC), del que asumió la presidencia. También fundó el periódico Previsión (órgano oficial de dicho partido), que dirigió personalmente. Un editorial publicado en su primer número afirmaba:

Nada puede esperar la raza de color cubana de los procedimientos usados hasta aquí por los partidos políticos porque nada han hecho que pueda ser para nosotros apreciable… Vamos a demostrar que practicando una candidatura en la que todos sean de color, fuera de los partidos políticos, nadie podrá negar que por muy poca que sea la minoría que dé el resultado será siempre mayor que el alcanzado hasta ahora…

Acta del Partido Indepediente de Color.

Acta del Partido Indepediente de Color.

Visto en la distancia histórica, este propósito que, de lograrse, en nada habría cambiado para mejor la posición social de los negros en la Isla, parece un poco ingenuo, pero muestra con bastante claridad cuán profundamente se sentía ultrajada y engañada la población negra cubana, y con toda razón. Enoch Crowder, presidente de la Junta Electoral durante la segunda intervención norteamericana en Cuba, concedió la inscripción legal solicitada por el Partido de los Independientes de Color. Parece difícil de creer, pero así sucedieron las cosas.

El nuevo partido, contra lo que pensaban muchos entonces, no tenía una plataforma racista, sino un programa muy avanzado para su tiempo que abogaba por la igualdad de derechos de los negros, pero también tenía muy en cuenta los intereses de todo el pueblo cubano. Su acta constitutiva se expresa en estos términos:

Solemnemente, fija nuestra vista en la cordialidad universal, en el amor al progreso de la humanidad, el bien colectivo de todos los habitantes que integran el territorio de la Patria, y más que todo, el respeto y la consideración mutua que por ley humana y por ley política y civil debe existir para que todos gocen de la luz del sol en esta tierra, puedan amarse y entenderse, y recogiendo el general sentir de todos los elementos de la raza de color de toda la Isla, que nos consultan a diario, demostrando su inconformidad con el actual estado de cosas, entendemos que para llevar a la práctica una era de paz moral para todos los cubanos, presentemos una candidatura formada por hombres de color cubriendo todos los cargos efectivos.

Los Independientes de Color demandaban:

• Repatriación por cuenta del estado de todos los cubanos que quisieran regresar al país y no tuvieran los medios necesarios para hacerlo por su propia cuenta.

• Revisión de los expedientes de propiedad hechos efectivos durante la primera intervención norteamericana.

• Nacionalización del trabajo, mediante ley que garantice la admisión de cubanos con preferencia a los extranjeros.

• Distribución en colonias de las tierras del Estado o de las que se adquieran para el efecto, para los que carezcan de recursos.

• Leyes para regular el trabajo infantil.

• Seguros contra accidentes del trabajo.

• Creación de la escuela naval y militar.

• Enseñanza gratuita y obligatoria, incluyendo la gratuidad en la Universidad.

• Inmigración no selectiva, debido a los intentos de blanquear el país.

• Juicio por jurados, constituidos por ciudadanos de ambas razas.

• Oposición a la pena de muerte, pues estimaban que los negros eran las principales víctimas, ya que los blancos tenían muchas más oportunidades de que se les conmutara la pena.

• Reforma penal, para crear verdaderas instituciones correccionales, pues la mayoría de los que iban a prisión eran pobres y analfabetos y se les debiera enseñar oficio para su mejor reintegro a la sociedad.

• Tribunales de trabajo para mediar en las disputas entre el capital y el trabajo.

• El nombramiento de ciudadanos de color en el cuerpo diplomático entre los nativos cubanos.

Como puede verse, eran ideas de vanguardia, democráticas, impregnadas del espíritu martiano y de las enseñanzas del Maestro, quien sin duda alguna las hubiera apoyado en su esencia. Nadie está en condiciones de asegurar si también lo hubiera hecho de facto. Lo cierto es que ni en Europa había un programa más avanzado en su época que el de los Independientes de Color. Pero la pregunta clave se mantiene en pie: dijeran lo que dijesen en su Acta, en su plataforma política y en su diario, ¿eran o NO eran Los Independientes una agrupación política de naturaleza racista? Algunos hechos conspiran contra una negativa formal que deje de lado definitivamente ciertas posiciones de encono muy cercanas al racismo dentro de Los Independientes. En una breve nota aparecida en esa publicación, en respuesta a la negativa de los dueños de un hotel capitalino a ofrecer sus servicios a un cubano negro, Estenoz, airado, escribía: Todo hombre de color que no mate instantáneamente al cobarde que lo veje en un establecimiento público, es un miserable indigno de ser hombre, que deshonra a su patria y a su raza. Aún con la mejor buena voluntad, con el mayor sentido de la justicia humana y social, es imposible despojar a semejante declaración de su ostensible tono de incitación a la violencia. Y también  resulta imposible no advertir la fusión de conceptos que se hace entre patria y raza, aunque existían sobradas razones para ello: la raza negra aportó el 80 por ciento de los combatientes del Ejército Libertador, más del 14 por ciento de sus generales y el 30 por ciento de sus coroneles. La República, para cualquiera que no hubiera sufrido una veloz amnesia histórica, había nacido blanca y negra como un tablero de ajedrez. Pero aún así, sumergiéndonos hasta el fondo en estas razones puramente matemáticas que resultan, por demás, aplastantes, el hecho cierto es que los Independientes de Color estaban airados, habían demostrado en las Guerras de Independencia ser guerreros eficacísimos y muy mortíferos, y la Isla en pleno les temía, porque veía en sus ansias y amenazas los ecos de Mackandal y los tambores feroces que habían ahogado a Haití en un terrible baño de sangre, cuyas consecuencias no habían sido ni el bienestar ni la verdadera libertad de la isla vecina, sino todo lo contrario.

Salvador Cisneros

Salvador Cisneros Betancourt

¿Tenían derecho los cubanos negros a formar un Partido propio y excluyente? Esta es la opinión del senador blanco Cristobal de Laguardia, apoyado por otros importantes políticos blancos como Salvador Cisneros Betancourt:

Salvador Cisneros Betancourt

 Como el señor Morúa, comprendo los peligros de esa situación que todos conocemos y que nadie tiene inconveniente en designar por su nombre. He venido combatiendo esa tendencia a formar un partido de raza, dentro del estrecho círculo en que me muevo, dedicando a ello una serie de artículos, más de diez, publicados en un periódico de Guanabacoa, que me trajo bastantes mortificaciones pues por esa campaña se me ofendió, particularmente por los que combatían mi doctrina.

En ellos me empeñaba en demostrar a la raza de color que no era ni patriótico ni conveniente para ella esa tendencia. Ello no obstante, me opongo a la enmienda, porque la considero anticonstitucional; porque encuentro que no es el remedio y porque no corresponde a los principios democráticos que informan al Partido Liberal, al cual pertenecemos.

La Constitución dice en su artículo 25:

“Toda persona podrá libremente y sin sujeción a censura previa, emitir su pensamiento, de palabra o por escrito, por medio de la imprenta o por cualquier otro procedimiento, sin perjuicio de las responsabilidades que impongan las leyes, cuando por algunos de aquellos medios se atente contra la honra de las personas, el orden social o la tranquilidad pública”

Hay otro artículo, el 28, que determina que:

“Todos los habitantes de la República tienen el derecho a reunirse pacíficamente y sin armas, y el de asociarse para todos los fines lícitos de la vida.”

Además el artículo 36 dice:

“La enumeración de los derechos garantizados expresamente por esta Constitución, no excluye otros que se deriven del principio de la soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno.”

Estos tres artículos, especialmente el último, envuelven una demostración de que los derechos del pueblo y de cualquiera de los individuos del pueblo, son completamente amplios para poder asociarse y expresar sus pensamientos y para constituir cualquier agrupación que nazca de su soberanía.

Entiendo pues, que resultaría violada la Constitución al impedirse a alguien que se constituyera en partido político para encaminarse en cualquier dirección aun cuando sea en la de obtener el triunfo, la superposición de una raza sobre otra. Entiendo que ese es un derecho inviolable e indiscutible, al cual no debemos oponernos. Entiendo que será una desgracia, que será muy perjudicial para la raza de color, sobre todo, la formación de ese partido. Entiendo que no recibirá ventaja de ninguna clase sino, antes al contrario, perjuicios pero a pesar de ello, mi respeto a la Constitución, a los principios democráticos y a los derechos individuales aunque enalteciendo, como merece, la actitud del Sr. Morúa me obligará en este caso a votar en contra de su enmienda.

…Insisto en mis manifestaciones anteriores. Respecto al fondo de las razones expuestas por los señores Morúa y Gonzalo Pérez, no tengo nada que decir, estoy conforme con ellas, entiendo que es perjudicial e inconveniente la existencia de esas agrupaciones y que ponen en peligro la nacionalidad, pero entiendo también que es inconstitucional el que se prohíba al pueblo o a una parte del pueblo, hacer uso de un derecho que la Constitución le reconoce. La Constitución dice que se prohibirán las agrupaciones para fines ilícitos y esa agrupación no persigue ningún fin ilícito.

Yo llevo mis convicciones a tal extremo que entiendo que si el negro se considera superior a nosotros porque entiende que sus hombres son mas ilustrados que los nuestros y porque creen tener mayor número de votos y se creen por ello con derecho a gobernar la República de Cuba, tiene también el derecho a constituirse en partido político y, si gana las elecciones, gobernarnos. Ese es mi modo de pensar. Entiendo que ellos ejercitan un derecho legítimo, reconocido por la Constitución, al agruparse y expresar sus pensamientos libremente, para fines lícitos, dondequiera que les convenga. Eso que nosotros consideramos perjudicial y que pueda dar lugar a que se pierda la República, no sería porque el principio fuera malo, sino porque unos y otros no supiésemos respetarnos ante el triunfo. Es justo que los cubanos nos preocupemos de ello y tratemos de ponerle remedio, pero el que se va a emplear es peor que la enfermedad.

Yo estoy dispuesto, como lo he dicho muchas veces por medio de la palabra y de la prensa, a sostener, dondequiera que sea necesario, que ese sentimiento de raza es peligrosísimo, es funesto para el país; pero de la misma manera sostengo que es violar la Constitución, que es precipitar los sucesos, el dictar una ley prohibiendo al negro constituir su partido político y por virtud de la cual se autorice al Ejecutivo para utilizar la fuerza en contra de los que para sus fines se congreguen. Si hay hombres que desean reunirse en tal sentido y formar una agrupación, teniendo como tienen, ese derecho reconocido por la Constitución, de ningún modo puede quitárseles por medio de una ley; con ello daríamos lugar a que esos individuos, no teniendo ya un terreno legal, franco, donde moverse, se lanzaran al de la violencia. Ese es mi temor. Yo lo único que quiero es que se respete el derecho de cada uno. Yo entiendo que los negros tienen derecho a constituirse en partido político, aunque también creo que eso es perjudicial para ellos; pero reconozco que nosotros no tenemos derecho para cohibirlos de esto, porque están al amparo de la Constitución.

 Ya se ha escrito mucho sobre la marcha de los sucesos: la intervención de Morúa contra Los Independientes, la proscripción del Partido (muy relativa por demás…), y la prisión de sus líderes, quienes permanecieron seis meses entre rejas. La situación que siguió inmediatamente no puede ser catalogada de otro modo que de rarísima, aunque se explica por la intención de José Miguel Gómez de seguir conservando la adhesión de los Independientes de Color: Es sintomático que estando en libertad provisional, antes del juicio que los absolvió, a pesar de estar ilegalizado el PIC, sus miembros pudieron celebrar mítines y manifestaciones públicas para exigir la derogación de la Ley que los declaró ilegales y, además, pudieron entrevistarse con el presidente de la República, como ocurrió el 17 de febrero de 1912. Así como pudieron entrevistarse el 21 de marzo con Gerardo Machado, entonces ministro de Gobernación, quien había emitido una circular prohibiendo dichos mítines . La resistencia contra el partido de los Independientes de Color fue muy cerrada y generalizada, y no actuó precisamente en su favor que Estenoz solicitara a los Estados Unidos que interviniera en Cuba para apoyar la causa de los insurgentes y hasta invocara la Enmienda Platt. La Intervención no era deseada por nadie en la Isla. Pedirla fue una acción política sumamente ingenua por parte de Estenoz, como quien dice, una torpeza supina. Pero eran tiempos de mucha confusión, y el hecho mismo de que Estenoz se jugara la carta de semejante “solución” denota cuán profunda debe de haber sido su desesperación, aunque personalmente no creo que desconociera la verdadera situación de los negros norteamericanos. Es probable que estuviera apostando a la carta de una alianza momentánea que fortaleciera su posición. Y aquí cabe, ciertamente, una pregunta ¿tenía Evaristo Estenoz ambiciones de liderazgo personal, como, por ejemplo, el anhelo que se imputaba a Maceo de alcanzar la Presidencia de Cuba? Si lo tenía: ¿pudo creer en algún momento que los Estados Unidos le secundarían…? Cuesta trabajo encontrarle un sentido a su conducta, como también cuesta creer que haya contado con la posibilidad de rechazar por las armas cualquier intento norteamericano de impedir a los Independientes la consecución de sus planes. Sus hombres estaban muy mal armados y su poder de resistencia era muy pobre, como lo demostró el hecho de que en toda la contienda, que duró unos dos meses, fueron masacrados más de tres mil negros, contra solo doce bajas de las tropas del presidente Gómez. Estenoz era un soldado: ¿cómo pudo engañarse así en sus cálculos?

Las continuas amenazas de Estenoz contra el presidente Gómez y sus ultimatums cada vez más violentos contra funcionarios e instituciones gubernamentales, tuvieron por consecuencia que Gómez ordenara a su Secretario de Gobernación, Gerardo Machado, prohibir los actos públicos de los Independientes de Color, junto con los anarquistas y los socialistas, prohibición que más tarde fue derogada. Gómez llegó hasta aceptar reunirse con Pedro Ivonet. Se dijo que en estos encuentros los dos hombres pactaron una farsa política que comprendía la retirada al campo y ocultamiento de las tropas rebeldes para no ser encontradas por el ejército oficial, y si ello sucediera, hacer solo pequeños fuegos a escala mínima, y ocho días después de que el Partido Liberal ganara las elecciones, apoyado por los Independientes, Gómez derogaría la ley Morúa. ¿Estaba Estenoz en conocimiento de estas negociaciones tan esperpénticas…? ¿Era sincero Gómez o candidísimo Ivonet…? El lider de los Independientes negó a la prensa la existencia de dicho pacto, y contó que Gómez había intentado sobornarlo con un consulado en el extranjero y una fortuna, proposición que fue consecuentemente rechazada por Ivonet, según él mismo declaró.

¿Qué ocurrió en realidad? Este aspecto del tema se suma a los misterios hasta ahora no develados de la historia de Cuba. Todo parece indicar que Estenoz e Ivonet contaban con que una presión mantenida y convenientemente incrementada sobre Gómez por parte de los Independientes, quienes seguían agitando la amenaza de un levantamiento armado, haría que el Presidente de la República derogara la ley Morúa y, presumiblemente, también creían que la amenaza de una Intervención norteamericana en apoyo de los negros rebelados era un argumento eficaz de persuasión sobre Gómez y el Partido Liberal. Guillermo Laza, secretario de Estenoz, declaró en posterior testimonio ante las autoridades:

Nunca pensó Estenoz que la contienda tuviera el fin que ha tenido… pues esperaba la derogación de la enmienda, terminando, por lo tanto, el movimiento […] su plan de campaña era que los rebeldes hicieran desde lejos una pequeña resistencia para no causar bajas, ni que nos las causaran y correr mucho para cansar a la fuerza pública, y que a la larga surgiera el acuerdo que pensaba.

Según Rodríguez, el 17 de mayo, durante un mitin de los Independientes celebrado en el parque Crombet, en Oriente, Estenoz desestimó un plan para “secuestrar al gobernador Manduley como medida de presión para que el Gobierno aboliera la enmienda Morúa. En el mitin, el líder lanzó una terrible amenaza. Expuso que, si la enmienda no se derogaba, pronto su partido arruinaría a Cuba”. Al día siguiente dijo a uno de sus correligionarios :

Es preciso que nos vayamos al campo. Todas las provincias están preparadas ya para el movimiento y el partido comprometido para alzarse. Nada te habíamos dicho porque Ivonet estaba preparando la provincia […] No quería que salieras como en febrero con consideraciones y pretextos. No habrá derramamientos de sangre, las tropas no nos encontrarán, y si acaso nos encontráramos, sostendremos un pequeño fuego del que nada ha de resultar. A los ocho días se derogará la ley Morúa y después hemos de apoyar la reelección del General Gómez.

A la advertencia hecha por su interlocutor de que los rebeldes no contaban con las armas necesarias para semejante empresa, Estenoz le habría respondido que tenían muchas, pero que “no le habían dicho nada a causa de su actitud anterior” de desacuerdo. Rodríguez, en un análisis de la situación nacional que se caracteriza por su lucidez, escribe:

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Hombre negro ahorcado por el Ejército Republicano en la manigua durante el alzamiento del Partido de Los Independientes de Color.

Con una visión irreal de la situación, Estenoz no tomaba en cuenta la enmarañada trama dentro de la cual se movía: el suyo en los hechos era un movimiento con un fuerte contenido social, aunque ellos lo tuvieran para sí como meramente político. Tampoco se percataba de que con su acción pondría contra su causa muchos intereses, removería los prejuicios atávicos, y el temor al peligro de una rebelión negra y todo lo que de ella podía resultar, desde la pérdida de propiedades hasta aquel horrendo fantasma anidado en el alma tribal, de que los negros se apoderasen de las blancas, y que llevaría a la postre a terminar con los eufemismos tan en boga en aquellos tiempos de hablar de “los elementos de color”, “morenos” y “pardos” —que muchos negros y mulatos, llevados a interiorizar el autodesprecio de su piel, también empleaban—, y que conduciría de pronto a hacer que todos pasaran a ser restallante, ofensivamente ”negros”. Pero el problema también era político y hacía temblar a la oligarquía política, porque si los negros triunfaban no solo los liberales tenían que temer a la nueva fuerza fijada definitivamente en el panorama electoral, sino también los conservadores, porque quién podría predecir con certeza de qué lado habría de caer esa fuerza, o aún peor, que decidiera convertirse en una fuerza “para sí”. En cuanto al Gobierno, este tenía que calcular la posición de los estadounidenses, y sin lugar a dudas, valorar que la ocupación cobraría una posibilidad prácticamente absoluta . Pero no solo para el Gobierno. Con las acciones a que daría lugar el alzamiento, el pueblo estaba convencido de que llegaría la ocupación y clausuraría la República, y eso lo pensaban blancos y negros, porque las dos razas habían luchado denodadamente por su establecimiento, y ahora iba a resultar que un segmento de la población, por muy justa que fuese su causa, iba a provocar, con su insurgencia, el fin de los esfuerzos de más de treinta años. La perspectiva de la ocupación no solo era cuestión de los trabajadores y las clases medias, así como de otros sectores populares que les eran solidarios, y enemigos del apoderamiento imperialista de la isla, sino también la neoburguesía nacional (en la cual, estirando el concepto, habría que incluir a los propietarios medios y pequeños españoles), todavía en lucha para no ser absorbida, y hasta para el ejército, que podría quedarse sin empleo, era lo último que podrían desear […] Hay que recordar que solo 18 años antes funcionarios tan elevados de la Administración estadounidense como el secretario Olney, escribían que Cuba no estaba lista para la independencia, pues de conseguirla la isla se escindiría en dos repúblicas, una blanca y una negra, y empezarían las luchas entre ellas hasta que una de las dos triunfase […] Si, por otra parte, estimaban que Gómez, ante el temor de una intervención, cedería y entraría en negociaciones, se equivocaban también. Parecían no recordar que, en ningún caso de alzamientos anteriores, este había vacilado en lanzar las tropas a aplastarlos. Además, precisamente Gómez, ante los rumores de que él había pactado con ellos, y con una opinión pública que de inmediato se les echó arriba a los insurgentes, en gran medida gracias a una prensa que sin una sola voz disonante se levantó contra ellos, con la crítica en contra de los veteranos y hasta de los de los prohombres negros y mulatos más connotados, prácticamente no tenía otro camino que reducirlos de una manera violenta.

Un análisis a posteriori, poco más de un siglo después, convence rápidamente de que Gómez manipuló la candidez política de los Independientes, proponiéndoles una guerrita simulada con un perdón que vendría, a manera de premio, después que el PIC le hubiera apoyado en su reelección, y que, de paso, ofreciera a Ivonet el mencionado consulado y otros favores, para crear una separación de intereses entre este y Estenoz, debilitando así el liderazgo de los negros, y luego, sencillamente, lo negó todo valiéndose de una prensa que lo apoyó de modo incondicional y unánime desde el comienzo de las hostilidades. Gómez fue uno más entre los generales del Ejército Libertador que, en vida del Apóstol, se comportaron como hombres dignos, pero tras su desaparición y la de Maceo sacaron rápidamente sus garras predadoras sin el más mínimo escrúpulo e hicieron de la patria un pedestal para sus ambiciones personales.

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Coronel Orestes Ferrara

Estenoz hizo oídos sordos a la realidad y desencadenó el alzamiento. Los Estados Unidos enviaron navíos de guerra, desembarcaron los marines y la Intervención era ya una posibilidad tan real e inminente que Gómez tuvo que enviar a Washington al senador Orestes Ferrara, Coronel del Ejército Mambí, para asegurar al Gobierno norteamericano que el Gobierno de Cuba era capaz de terminar por sí solo la situación con los rebeldes, y Ferrara tuvo que realizar, en verdad, un trabajo diplomático de titanes, digno de Maquiavelo o de los Borgia, familia papal renacentista de la que fue biógrafo.

Mientras, en la Isla, los Independientes cometían torpeza tras torpeza, como por ejemplo, el incendio de La Maya, único pueblo que fue tomado por los rebeldes en toda la contienda; se quemó por accidente, y la destrucción más importante ocurrió en la zona habitada por familias negras, pero el suceso fue ampliamente utilizado y sobredimensionado por los enemigos de los negros; otro ejemplo es la proclama librada por el General rebelde Julio Antonmarchi, en la cual exhortaba a los extranjeros residentes propietarios a retirarse en un plazo de 48 horas, y de no hacerlo, “serían arrasados propiedades y cafetales”. El terror se había enseñoreado de Cuba, en parte por culpa de las tontas amenazas de los rebeldes y en parte por la fantasía desatada de la prensa, tras la que se movían oscuros intereses políticos y económicos. Los Independientes se quedaron solos en las montañas de Oriente, y el ejército no tardó en caer sobre el estado mayor de Estenoz e Ivonet, quienes se separaron y dispersaron por las montañas, sin armas y a pie. Al fin, Estenoz, acompañado solo por unos pocos de sus hombres, combatió en Alto Songo por última vez y en total situación de inferioridad, hasta caer muerto. Los médicos que practicaron la necropsia a su cadáver declararon que habían encontrado una herida en la cabeza del líder con fractura

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Cadáver de Evaristo Estenoz, donde se muestra la fractura del occipital cuyas características apuntan a un asesinato.

completa del occipital, e indicaron un vacío total del tubo digestivo, lo que indicaba que llevaba días sin ingerir alimentos. Según el teniente Lutgardo de la Torre, él y doce soldados siguieron el rastro de la partida en que iba Estenoz. Acorralados contra un precipicio, los rebeldes se lanzaron por el barranco, pero Estenoz siguió combatiendo hasta que cayó abatido. Otros hablaban de que el líder se había suicidado, y una tercera versión anunciaba que había sido fusilado a quemarropa (tal vez por el propio Lutgardo). Pero ninguna de las versiones puede explicar la fractura del occipital. Esta hacía pensar, más que todo, en una ejecución sumaria del dirigente del Partido Independiente de Color. Teniendo en cuenta el calibre de los proyectiles usados por las armas de la época en poder del ejército gubernamental, la posición de la herida no prueba ni contradice la posibilidad de una muerte en combate, como tampoco la de un asesinato, y tal vez admita la de un trauma causado por un choque contra las piedras como consecuencia de una caída. La posibilidad de que lo hayan ultimado de un garrotazo resulta un poco excesiva tratándose de soldados que lo perseguían perfectamente armados. La forma en que Evaristo Etenoz perdió la vida continuará, por ahora, en el misterio.

Sobre el final de Pedro Ivonet, el líder oriental del partido de los Independientes de Color, hay dos versiones. En una fue asesinado cuando viajaba prisionero a bordo de un tren que lo traía a La Habana. En otra, fue capturado vagando por Mícara y herido en un muslo. Lo condujeron a Santiago atado y al pelo sobre un caballo. En Altos del Rodeo se escuchó un tiroteo y él y su ayudante Céspedes intentaron escapar. Se le aplicó la ley de fuga y se le disparó. Murió de un extraño tiro… en la frente. Lo más plausible es que el teniente mulato Arsenio Ortiz —de pésimo historial delictivo en la vida militar—, quien comandaba la partida que capturó a Ivonet, lo haya ajusticiado a quemarropa.

En algún momento de su libro, Rodríguez habla del egoísmo de Estenoz. Un frío análisis de todas sus actuaciones y decisiones, errores y excesos, arrojaría, tal vez, la imagen de un hombre desequilibrado o tonto, con un ego no desdeñable y una arrogancia pueril. En mi opinión, Estenoz, sin duda un hombre con cierta preparación, como demuestran su correcto modo de expresarse y escribir, no tenía una mente demasiado compleja, sino de estructuras más bien cercanas a la simplicidad, que le impidieron todo el tiempo hacer un balance inteligente y acertado del panorama que lo rodeaba. No tenía, creo, la más mínima visión política, y debió ser lo suficientemente apasionado como para no poder controlar sus emociones y ser completamente gobernado por sus impulsos. Tampoco tendría una dosis adecuada de inteligencia emocional y poca o ninguna psicología “de la calle”, como decimos hoy, pues siendo cófrade cercano de José Miguel Gómez, demostró conocerlo lo suficientemente mal como para creer en él, lo que podría indicar una rectitud moral que lo llevaba a juzgar a los demás por sus propios principios (Estenoz amenaza, gruñe, grita, pero más allá de creer como un niño en la posibilidad de un pacto farsesco con Gómez, no se sabe que haya engañado a nadie con alevosía). No era, en ningún caso, un hombre político, como sin duda sí que lo fueron todos los grandes nombres que lo rodearon y determinaron su destino y el de la República, a la que salvaron más allá de todo cuestionamiento, aunque hoy nos parezcan terribles y altamente repudiables sus procedimientos.

Ivonnet

General del Ejército Libertador Pedro Ivonet, hombre y cubano extraordinario.

El caso de Pedro Ivonet es bien distinto. Este hombre era, sin duda alguna, una personalidad mucho más recia y sólida que Evaristo Estenoz. Me he tomado la libertad de copiar textualmente aquí una breve biografía de Ivonet, escrita por Joel Nicolás Mourlot, que resume muy bien el perfil de este líder de los Independientes de Color, quien, a pesar de todas sus cualidades y sus muy superiores merecimientos, no tuvo el protagonismo de Estenoz:

Hijo del francés Eusebio Ivonet Morín, y de la mulata santiaguera Palmira Dofourt, nació Pedro Ivonet en la ciudad de Santiago de Cuba, el 27 de junio de 1860. Al parecer, recibió un nivel de instrucción mayor que el común de los de su raza; es decir, hasta vencer la primaria superior, y probablemente el idioma francés e, incluso, veterinaria, a juzgar por el cargo que ocupó inmediatamente después de la guerra en la Guardia Rural. Todo hace indicar que se vio tempranamente privado de su madre –por deceso, abandono u otra causa posible, ¿quién sabe?, pues no hay datos que lo confirmen—, dado que, con menos de 9 años de edad, comenzó a vivir con su padre y su madrastra, Jacinta Hechavarría, a quien, ya adulto, en numerosos documentos señaló como su “madre”, y cuyo apellido (Hechavarría) utilizó como materno. Aunque casi nada se sabe de su vida anterior al estallido del 24 de Febrero, es dable pensar que fue de los conspiradores revolucionarios en la comarca santiaguera, porque, tan pronto se dio la voz de alzamiento en aquella fecha, tomó las armas y se fue al monte, a pelear por la libertad de Cuba, desde el mismo 24 de febrero de 1895. Poquísimos son los casos de combatientes del Ejército Libertador que —sin que mediasen “intereses del servicio”, títulos, poderes económicos e influencias diversas, sino sólo por valentía y talento— hayan tenido una carrera tan meteórica como la Pedro Ivonet Doufort, durante la última guerra independentista. En efecto, a poco de alzarse en armas, se le concedió el grado de subteniente, y ya el 29 de abril fue ascendido a teniente; un mes y medio después –exactamente, el 5 de junio del 1895-, lo promovieron a capitán, y el 14 de septiembre; es decir, algo más de tres meses más tarde, a comandante del Ejército Libertador, y, por supuesto, seleccionado por su principal evaluador, el mayor general Antonio Maceo Grajales, para integrar la columna invasora a Occidente. Imposible relacionar todos los combates que le sirvieron de aval a tan rápida carrera; pero pueden ilustrar algunos de los más significativos: Jarahueca, El Cristo, Jobito, Montompolo, Peralejo, ingenio Unión, Sao del Indio y las últimas operaciones por la zona norte de Oriente de dicho General. Hizo la Invasión, unas 424 leguas de marcha desde Baraguá hasta Mantua, y sumó a su historial combativo, los más de veinte enfrentamientos contra las fuerzas enemigas, entre el 7 de noviembre de 1895 el 19 de enero de 1896. Por su comportamiento heroico en esos y otros combates posteriores, el Lugarteniente General del Ejército Libertador, Antonio Maceo, lo ascendió al grado de Teniente Coronel, después de lo cual se vio envuelto en no menos de 100 combates contra los españoles, en la “Campaña de Occidente” de Maceo, y a lo largo de 1897 y 1898, en que peleó a las órdenes del general Francisco Leyte Vidal Inarra, y de los hermanos Juan Eligio y Vidal Ducasse Revé. Coronel desde 1897, y con esas tres estrellas concluyó la guerra, pese a la propuesta de ascenso a Brigadier, que a su beneficio hiciera el mayor general Pedro Díaz, jefe entonces del 6. Cuerpo del Ejército Libertador. Después de la independencia del país, fue teniente veterinario de la Guardia Rural, pero se retiró hacia 1909, cuando se hicieron más notorias que nunca, desde el establecimiento de la República, la iniquidad y la preterición en que vivía la raza negra, en Cuba. Así, inmediatamente después de la fundación del Partido de los Independientes del Color (PIC), ingresó en esa colectividad, de la que llegó a ser presidente de la Asamblea Provincial de Oriente. Fue una verdadera guerra la que promovió el Partido Liberal contra el recién nacido PIC, y a ella se agregó la aprobada enmienda o ley del senador negro Martín Morúa Delgado, que, en mayo de 1910, prohibió el referido partido racial –bajo pretexto de procurar el mantenimiento de la unidad social cubana-, pero que no tocó, para nada, ni las instituciones sociales, ni las disposiciones, reglas y costumbres racistas en el país; campaña, en fin, a la que se unieron todos los elementos en la Isla de fóbica conciencia antinegro. Presionados por muchas situaciones adversas contra el negro y contra el PIC, enrarecido el ambiente por una propaganda tan intensa como falaz contra ellos, cayó el partido en la trampa de irse al monte (mayo de 1912). “Más para presionar políticamente que para hacer la guerra al gobierno”, dijeron a José Bacardí Lay, en entrevista exclusiva, el líder principal del movimiento Evaristo Estenoz, comandante (EL) y presidente del PIC, y el coronel (EL) Pedro Ivonet, general de división de los alzados, y publicada por el periódico El Cubano Libre. Pero el gobierno del general José Miguel Gómez –en verdad interesado en aniquilar a los dirigentes y potencialidades de este movimiento-, sí hizo la guerra. Tras varios encuentros de saldos inciertos –siempre manipulados por las fuerzas gubernamentales-, los jefes del ejército regular del país se lanzaron a la caza de los principales líderes del movimiento, especialmente de Evaristo Estenoz, y del general de división del Ejército Reivindicador, Pedro Ivonet Doufort, a quien, aislado, enfermo y hambriento, pudieron capturar vivo. Los capitanes Aranda, sus captores, lo condujeron a la finca El Carmen (Caney), y dieron a aviso al Cuartel Moncada, desde donde, con órdenes evidentes de asesinar a Ivonet, enviaron al capitán Arsenio Ortiz, quien quiso adueñarse del prisionero y de su ayudante, Francisco Céspedes, y a lo que se opusieron los citados Aranda, quienes exigieron una orden escrita del mando superior; algo que obtuvo rápidamente el teniente Ortiz, quien —ya dueño de los dos prisioneros— los asesinó a ambos, a la altura de El Rodeo, cerca de El Caney, el 18 de julio de 1912. Al ser asesinado, Pedro Ivonet Dofourt contaba 52 años de edad; dejó viuda a la señora Silvina Lujó, y huérfanos a dos pequeños hijos.

Después de leer esta biografía del General Ivonet (hombre extraordinario, no me cabe duda), uno se pregunta por qué no fue él la cabeza del PIC en lugar de Estenoz, cuya ejecutoria lo hace parecer al lado de Ivonet como un improvisado en el arte de la guerra, además de como un carácter mucho menos consistente que el más íntegro y consecuente, más serio y maduro de Ivonet, aunque este fuera igualmente ingenuo, como revela una anécdota del final de su vida, en la que aparece pronunciando una frase ciertamente siniestra: “Me felicito por caer en manos de un antiguo amigo y compañero”. Se refería a su captura por el capitán Aranda, su antiguo compañero de armas , quien lo sorprendió mientras dormía. Ivonet, a esas alturas de su existencia, aún era capaz de creer en la amistad y la lealtad de los hombres. Quién sabe si, de haber sido él jefe principal de los Independientes de Color y no solo su representante en Oriente, los acontecimientos hubieran tomado un curso diferente. Son meras especulaciones, pero válidas habida cuenta de las diferencias abismales en la personalidad de los dos jefes.

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Presidente José Miguel Gómez, el asesino de los Independientes de Color, quien, paradójicamente, salvó la República naciente.

En cuanto al senador Martín Morúa, quien concibiera la famosa Enmienda a la Ley Electoral, que prohibía al PIC, siempre habrá que preguntarse por qué no presentó también al Senado otras propuestas para erradicar la segregación racial. Y José Miguel Gómez, alias Tiburón, a quien el pueblo apodó así debido a su corrupción ni siquiera disimulada, ¿no merece acaso el calificativo de asesino? Y toda su camarilla, y los medios de prensa, que contribuyeron al sangriento final de los Independientes creando un clima de terror en la Isla con sus falacias interminables… Pero también resulta válido preguntarse qué habría sucedido de no haber sido las cosas como fueron: ¿la farsa aparentemente inocente de los Independientes y su alzamiento “de mentiritas” habría quedado solo en eso? ¿Se habría derogado más tarde la Ley Morúa…? ¿Se habría convertido un alzamiento que comenzó como un medio de presión política en una conflagración generalizada en toda Cuba? ¿Habría terminado la ocupación norteamericana con la República naciente o se habría escindido en dos el territorio nacional, en una república de blancos y otra de negros, como profetizaba Olney, tema que ha vuelto en más de una ocasión sobre el tapete de la historia nacional?

Tal vez debamos recordar que la política no puede ni debe jamás ser juzgada fuera de su contexto y su tiempo históricos, y que la historia de nuestro país está llena de encrucijadas que terminaron en sacrificios e inmolaciones en aras de salvar el ideal mayor: la República, mediatizada y todo cuanto se le quiera llamar, pero que debía nacer, y su parto fue hecho, y Cuba tuvo lo que podía tener en aquel momento y bajo aquellas condiciones. Pudo no haber tenido nada y terminar, tras dos tremendas gestas independentistas, anexada a los Estados Unidos o como un Protectorado para la Eternidad.

También conspiró contra Los Independientes de Color una verdad rotunda: mucho pesó en su inexperiencia política y candidez social el breve plazo en que habían vivido como hombres libres interactuando en sociedad. Convivir con los blancos libres nunca salvó al esclavo de mantenerse (o más exactamente, ser mantenido) en exilio de la civilización de sus amos. Hay barreras que resultan muy difíciles de saltar. La historia de la Humanidad está plagada de ejemplos de los innumerables obstáculos con que tropieza siempre la asimilación de complejos culturales ajenos por parte de los vencidos, que por lo general, no se consuma sino tras larguísimos procesos de transformaciones muy profundas, y a veces nunca llega a ocurrir. Apenas unas décadas después del fin de la esclavitud, los hombres negros no habían tenido tiempo de realizar satisfactoriamente su aprendizaje civil. Los Independientes fueron usados, primero, en beneficio del Partido Liberal, y desechados después cuando se volvieron inconvenientes y molestos, para terminar masacrados cuando se acercaron demasiado, con sus ínfimas alas de cera, al tenebroso fuego del Poder.

NOTA:

Días atrás, mientras viajaba en un taxi , no sé cómo mi conversación con el chofer fue a caer en el tema de los Independientes de Color (ya se sabe que los cubanos, sea cual sea su ocupación y nivel de escolaridad, sorprenden a veces por su conocimientos y lúcidos análisis sobre política). Como me llamara la atención la información impecable que aquel hombre tenía sobre el particular, me aclaró que él era masón, y me explicó que Ivonet no fue engañado por Gómez porque fuera tonto o cándido, sino porque los dos eran masones y Gómez le dio a Ivonet su palabra de masón de que la guerrita sería solo un montaje, una mise en escene, tras la cual él derogaría la Ley Morúa, a condición de que, después, los Independientes apoyarían su reelección. Me interesaba mucho aquella conversación y hubiera deseado indagar más de aquel hombre tan bien enterado, pero tuve la lamentable idea de mencionar a los Iluinati, decirle que había escrito una novela sobre ellos y preguntarle si los masones tenían vínculos con esta oscura y poderosa agrupación a quien tantas voces acusan de gobernar el mundo. Mi interlocutor perdió de repente su ecuanimidad, se puso nervioso, me dijo que no le hiciera más preguntas porque ya no me podía responder, y me rogó que abandonara su taxi.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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2 respuestas a Enigmas de la historia de Cuba. El Partido de los Independientes de Color y su trágico fin

  1. Muy interesante y completo. Sobre la muerte de Estenoz, es también muy raro que un mambí estuviera con la barriga vacía en la manigua, que no encontrara nada para comer. Y sobre las heridas, es cierto, las balas de los Mauser que usaban los militares cubanos se caracterizaban por hacer heridas muy limpias, te pasaban de lado a lado sin hacer gran destrozo.

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