Presenta Ciro Bianchi nuevos títulos en la Feria del Libro de La Habana

 Contar La HabanaContar La Habana y La Habana de Hemingway son dos de los nuevos títulos que Ciro Bianchi Ross, maestro indiscutido de la crónica periodística en la Cuba de las últimas décadas, acaba de lanzar en la Feria del Libro de 2013.

 Como su nombre indica, el primero de estos volúmenes se propone obrar para el lector como una especie de periscopio de la memoria, animando con la pluma ya legendaria de Ciro un panóptico de la capital de Cuba. La catarata de imágenes que brota de este acto creador nacido de un amor profundo por la ciudad, es, ciertamente, impactante. Durante sus 228 páginas vamos andando, de la mano del escritor, por sobre una especie de mapa ilusorio y tridimensional que da comienzo con el capítulo titulado “De compras”, un sabroso recorrido por las arterias tradicionalmente comerciales de La Habana. Aquella frase inolvidable para quienes tenemos hoy más de cincuenta años, tan escuchada en las voces de nuestras abuelas, madres y tías: “Vamos a La Habana”, constituía para los niños que fuimos una especie de decreto no siempre bien acogido, pero con un sabor a novedad que pocas veces nos dejaba defraudados. Leer este capítulo fue como volver a recorrer con mis padres las grandes tiendas por departamentos de Galiano y Belascoaín, ver de nuevo las vidrieras de El Encanto, profusamente iluminadas y decoradas todo el año, pero en especial durante las Navidades; comprar turrones con la abuela en el mercado de Cuatro Caminos, que se me antojaba infinito y feísimo, cuando seguramente fue un lugar hermoso y suculento; recobrar el tacto desagradable de aquellas baticas primorosas, pero tan incómodas, que mi madre me probaba en La Ópera, Flogar y Sanchezmola, donde ella misma fuera dependienta en su temprana juventud, y mi pasmo ante aquellos maniquíes vertebrados que yo solía confundir con gente de verdad; cajas forradas en lujoso papel de regalo, con etiquetas finísimas y cintas de colores, y la mercancía dentro, envuelta en otro papel muy fino y transparente;  olores fragantes a señoras perfumadas, a nuevo, a laca para el cabello, a cuero y charol; y las sonrisas amables y obsequiosas de los dependientes, quienes se inclinaban sin complejos para probar un zapato o ajustar una prenda interior al cuerpo de una clienta… ¡y los helados y  el algodón de azúcar que mi padre me compraba al final para que no estuviera lloriqueando en el auto familiar durante el viaje de regreso! Ciro me hizo recordar la última gran perreta que me fue tolerada por mis mayores, cuando monté todo un show infantil en una lujosa mueblería, al pretender que mis padres me compraran un box spring con un librero de cabecera para mi colección de cuentos de hadas…

¿Cómo no agradecer estos golpes de vara mágica del mago Ciro, que nos transportan a días idos con mayor eficacia que una máquina del tiempo? Sus narraciones no solo me ayudaron a ver de nuevo La Habana de mi infancia, sino a resucitar aquellas estampas de la ciudad republicana y colonial que mi abuelo don José Manuel, periodista como Ciro Bianchi, y poeta, armaba para mí en nuestros paseos frecuentes por lo que es hoy el Casco Histórico,  que entonces no era más que un montón de ruinas repletas de fantasmas y ecos tristísimos de un pasado brillante y fastuoso, definitivamente aniquilado.

Especial atractivo tienen las páginas dedicadas a la barriada de El Cerro, antaño asentamiento elegante de la más rancia y pudiente aristocracia nacional. El trabajo de rescate de la memoria histórica emprendido por Ciro Bianchi es siempre valioso, pero estas cotas altísimas de valores históricos y sociales se incrementan, si ello fuera posible, cuando sacan de las profundidades del olvido, el deterioro y la profanación más lamentables lugares como El Cerro, donde las nuevas generaciones solo alcanzan a ver hoy un panorama desolador, en el que, de vez en cuando, asoma una ruina gloriosa que ya no pueden comprender. Hace tiempo escribí un artículo que titulé El reino de las mamparas, donde intenté describir cómo fueron las grandes mansiones de El Cerro. Poco después, un amigo me envió una crónica sobre este antiguo residencial, escrita por  Ramón Meza, autor de la célebre novela habanera Mi tío el empleado, y al comparar, pude ver que me había acercado bastante en la descripción de los inmuebles, pero se me había escapado su espíritu, esa especie de ánima que vaga por los lugares muertos…, a mí, que en mi infancia fui llevada por mi familia a aquellas mansiones, en visitas de cumplido donde conocí a algunas de aquellas “amables figuras del pasado” a quienes Renée Méndez Capote dedicara uno de sus más hermosos libros. Si esa pérdida de la memoria espiritual pudo ocurrir en menos de medio siglo a quien fuera una niña observadora y sensible, entonces, ¿qué resta a quiénes no han podido ser testigos del ayer y dependen de nuestros recuerdos para tener una idea, aunque sea pálida, de lo que fuimos los cubanos y nuestra maravillosa capital portuaria, una de las más ricas de América y, sin duda, la más elegante y refinada del continente en la primera mitad del siglo pasado?

Muy interesantes me parecen las referencias y datos que acumula Ciro sobre la Manzana de Gómez, realmente emblemática en la vida habanera. Serán de mucha utilidad ahora que nuevas tareas de remodelación preparan este sitio para un supuesto destino hotelero que podría barrer con su pasado comercial y cultural. Las páginas donde cobran nueva vida los cabarets que hoy ya no existen o son reflejos anémicos y  artificiales de su antigua y reverberante vida,  exhalan una melancólica nostalgia que tal vez compartamos con el cronista muchos de nosotros. Quedé marcada por el malestar que sentí durante mi última estancia en El Gato Tuerto, y no dudo que será la misma de quienes disfrutaron el lugar en vida de Felito Ayón, aquel insuperable animador cultural de la vida nocturna habanera, a quien Ciro llama fabuloso animal de la noche. Leyendo a Ciro volví a ver a mis padres, jóvenes y hermosos, cuando esperaban llenos de entusiasmo para unirse a la larga fila de autos de sus amigos, convoy alegre en ruta al Ali Bar, para ver al Benny con su inmenso saco blanco, su sombrero y su bastón de hechicero musical…

Si el libro anterior es una guía de lugares, La Habana de Heminway, como su título indica de inmediato, es un conjunto de crónicas dedicadas a personalidades importantes que visitaron nuestra ciudad, aunque no todas pertenecen al tiempo en que el gran escritor norteamericano viviera en Finca Vigía e hiciera de La Habana el ámbito vagaroso de sus grandes zapatos de muerto, frase que robo a García Márquez como un humilde homenaje. Debo confesar, y tengo a mucho orgullo, que de las crónicas que Ciro ha publicado durante todos estos años he tomado no no poca información, orientación, enfoques, y hasta me he permitido alguna discrepancia, en un magisterio que le agradezco y que, espero, siga proporcionándome no solo a mí, sino a todos los cubanos. Creo en ello como creo, también, que más temrpano que tarde algún habanero respetuoso hará una estatua de Ciro el Grande, nuestro Cronista Mayor, y la veremos en algún sitio icónico de la ciudad, cubierta de palomas y de turistas que quieren retratarse junto a la imagen de este Gran Almirante de la Tinta Océana, Redescubridor de la Villa de San Cristóbal, y  Padre Nutricio de su memoria.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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10 respuestas a Presenta Ciro Bianchi nuevos títulos en la Feria del Libro de La Habana

  1. Wilfredo A. Ramos dijo:

    Hola amiga. Tal vez le hagan una escultua a Ciro por sus “remenbranzas de una habana que ya no existe, tal vez. Pero al que si habra que construirle un gran momumento, sin duda alguna, es a aquel que la destruyo por completo. Ese si se lo merece primero. Un abrazo!!!!!!

  2. 215 982 0127 dijo:

    Gina
    I am both a lover of the Cuban people & culture, & a collector of Cuban art. Unfortunately I do not speak or read Spanish. Is it possible you start releasing this blog in Spanish? I can now only run small portions thru free translation.com.
    Gracias
    Michael

  3. Montse Sala y David Barba dijo:

    Apreciada Gina
    Saludos desde Lloret de Mar !!! Unos amantes de la historia local estamos haciendo eco de un personaje más cubano que nuestro, sin duda; Constantino Ribalaigua i Vert. El Gran Constante, nacido hace 125 años en nuestro querido pueblo, una figura que queremos recuperar del olvido y perpetuar en el recuerdo. La historia es injusta y seguramente, tópicos aparte, nadie es profeta en su tierra, pero nuestra labor es la de conmemorar la efeméride, con lo que también estamos necesitados de contactos en Cuba. Nuestra tarea ha consistido en estudiar los archivos locales, revisar las memorias de Ultramar y todo tipo de literatura que mezcla más ficción que realidad. También la búsqueda en la red. Pero las fuentes y la información que cronistas como el maestro Ciro Bianchi o estudiosos como usted, conocedores de la historia social de Cuba y La Habana serian de un valor incalculable. Nos gustaría poder contactar con el Sr. Bianchi y con usted para que nos pudieran facilitar documentos y testimonios de la Floridita, de Constante y su mundo en La Habana de aquellos tiempos: La verdadera memoria oral de aquellos que la heredaron. Su ayuda, en la distancia, seria lo más cercano a Constantino y el legado que queremos mostrar a Lloret de Mar: Un Lloretense de Cuba, un cubano de Lloret.
    Esperamos que nuestra petición sea bien recibida y que podamos mantener contacto en breve.
    Saludos
    Proyecto Constante Ribalaigua

  4. yisel dijo:

    Quisiera tener esos libros de ciro. Soy amantes de la historia de mi pais. Me pudiera decir como puedo adquirirlos. No estoy en cuba y se me hace dificil.

    • ginapicart dijo:

      Lo siento, pero me parece que ya esos libros se agotaron y no quedan ejemplares a la venta.A lo mejor se podrían encotrar en los libreros de viejo, en la Plaza de la Catedral, por ejemplo. Es lo mejor que se me ocurre. Lamento no ser de mejor ayuda.

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