ORÍGENES DE LA PROSTITUCIÓN EN CUBA

Quien desee reflexionar sobre los orígenes de la prostitución en Cuba podría, en mi opinión, prescindir de los servicios sexuales prestados por —aunque sería más exacto decir arrancados a— las mujeres aborígenes por los conquistadores españoles y los primeros colonos, ya que no puede considerarse conceptualmente como prostitución la obligación de plegarse a los requerimientos sexuales de cualquiera que tuviere poder o alguna clase de autoridad sobre la víctima o protagonista del hecho, más aún si este fuera realizado por voluntad de una parte y a disgusto de la otra. Para hablar de prostitución se necesita que haya un pago a quien vende su cuerpo, pues de una venta se trata. Si no hay intercambio de alguna clase, si la parte que se pone en venta no recibe una retribución de cualquier índole, no puede hablarse de prostitución.

Sin embargo, la condición de la Isla de Cuba de obligado punto de reabastecimiento de la Flota de Indias en su trayecto entre España y los Virreynatos del Nuevo Mundo, determinó que el puerto de La Habana fuera, desde muy temprano en la historia del país, punto de reunión de una nutrida masa masculina en la que se mezclaban población indígena, esclavos domésticos, blancos pobres, señores, marineros, extranjeros de tránsito, gente de Iglesia de no muy virtuosas costumbres, soldadesca y comerciantes.

Cabe suponer que, como hasta muy avanzada la trata de esclavos no ingresó a la isla gran número de africanas, hayan sido al principio las indias de la zona occidental, concentradas como todos los de su raza en el pueblo de Guanabacoa, las que más a mano estuvieran para calmar apetitos de varón. Se habla también de mujeres españolas, muy pocas, que “ponían casa solas”, según eufemismo de la época, con lo que se quiere indicar que no tenían marido reconocido ni familia alguna. No puede afirmarse que todas, pero una parte de ellas seguramente subsistía gracias a la prostitución, y hasta habrían venido al Nuevo Mundo con la intención de vivir de ese oficio.

Mujer negra "de rumbo"
Mujer negra “de rumbo”

 

Más tarde, cuando las dotaciones de esclavos domésticos contaron con un nutrido número de mujeres, los amos, además de adiestrarlas como cocineras, criadas de mano de las señoras, amas de cría, costureras, peinadoras, dulceras, peineteras, bordadoras, éncajeras, vendedoras y otros oficios propios de su condición, para ejercer los cuales eran alquiladas a cambio de precios jugosos, comenzaron también a dedicarlas a la prostitución. El fenómeno, de gran alcance en cualquier ciudad portuaria, parece haber sido particularmente escandaloso en La Habana, pues en 1678 el rey de España emitió una Real Cédula ordenando a los Gobernadores de Cuba prohibir a las mujeres negras y mulatas, ya fueran libres o esclavas, salir de noche por la ciudad “a vender cosas de comer, o géneros, o solicitar el jornal, y unas frases más adelante añade: “…procurando el remedio a abominaciones de que fue informado su católico y real pecho…”, por supuesto se refiere al pecho de Su Majestad el Rey.

Viniendo tanta alarma y pundonor del rey de España, donde la prostitución, acrecentada

El sex appeal de las mulatas era un tópico harto conocido y muy valorizado en la Cuba colonial

El sex appeal de las mulatas era un tópico harto conocido y muy valorizado en la Cuba colonial

enormemente en tiempos de la picaresca, ha dado a la historia anécdotas y estampas antológicas, hay que pensar que el fenómeno habanero presentaba, en vedad, dimensiones no vistas en la Europa de entonces. Habría que especular con la posibilidad de que las mujeres africanas hubieran traído consigo en las bodegas de los barcos negreros, además de sus dioses, sus grilletes y su inefable modo de cocinar, un ars amandi muy singular, del que hoy apenas quedaría memoria.

A la luz de los estudios realizados en torno a las características de la esclavitud en Cuba, ya es hora de abandonar la convicción de que solo los hacendados y grandes señores poseían esclavos. Un esclavo, dos y hasta tres podían ser comprados por personas con medianos ahorros, y ha sido demostrado con la conveniente documentación histórica que muchos negros y mulatos libertos o nacidos libres compraban, a su vez, esclavos de su misma raza (¿acaso había otra que hubiera servido a esos fines?), y hacer con ellas lo mismo que les hacían los amos blancos. Ello significa que la cantidad de mujeres disponibles para el ejercicio combinado de oficios y prostitución no era escasa.

Prostitutas negras y mulatas en La Habana colonial

Prostitutas negras y mulatas en La Habana colonial

Zoila Lapique Becali afirma en su libro Cuba colonial, música, compositores e intérpretes que “muchas familias, destacadas por su posición económica y social en la colonia, vivían de los salarios que obtenían sus esclavos, sobre todo de las vendutas o ventorrillos, las manufacturas y la prostitución”. Claro que el negocio sexual no se llevaba a cabo sin tapujos. Se guardaba la forma con todos los requerimientos de la hipocresía social: el amo

Mulata y su señora, óleo del pintor y grabador español especialista en costumbres Victor Patricio Landaluze

Mulata y su señora, óleo del pintor y grabador español especialista en costumbres Victor Patricio Landaluze

montaba un “timbiriche”, como llamamos hoy a un mostradorcito, aunque también podía ser una simple mesa plegable con una canasta encima, y situaba allí a una esclava que se dedicaba a la venta del producto en cuestión, ya fuera pescado, fritura, dulces o cualquier otra cosa pequeña y manuable. La esclava debía entregar diariamente a su amo una cifra de dinero fijada por este, pero toda la ganancia que ella obtuviera por encima le pertenecía absolutamente. Este era un gran incentivo para las mujeres esclavas, porque les permitía ahorrar para comprar su libertad y la de sus familiares y, una vez manumitidas, podían continuar por cuenta propia el oficio de vendedoras y mantenerse a sí mismas y a los suyos con el fruto de su trabajo. Si les iba bien, podían alquilar una casa o hasta fabricarla, y con el tiempo, comprar esclavos y ampliar su industria, cualquiera que esta fuera. Una estampa del célebre pintor español Víctor Patricio Landaluce, especialista en costumbres, a la que su autor tituló Mulata y su señora, muestra claramente a una esclava mulata de piel bastante clara, vestida con la humildad propia de su condición, caminando sumisa junto a su ama, una joven ataviada más ricamente, aunque no como dama blanca, pero cuya piel más que morena muestra a las claras una Cecilia Valdés cualquiera, e incluso una Nemesia favorecida por la fortuna.

Hay que decir que uno de los oficios a que los amos solían destinar a algunos de sus esclavos, tras larga y concienzuda preparación, era el ejercicio de la música. Los negros demostraron una facilidad asombrosa para pasar de sus instrumentos tribales, únicos que conocían a su llegada a la isla, al dominio perfecto de los instrumentos más usados por los europeos, en especial el violín. Muchos negros libertos con conocimientos musicales formaron orquestas que se alquilaban para fiestas tanto de blancos como de negros, como aparece en la escena de la fiesta de negros y mulatos pudientes narrada por Cirilo Villaverde en su novela Cecilia Valdés. Aunque al principio el instrumento por excelencia fue la vihuela, proveniente de España, y que llegó a estas tierras con un cancionero y unas melodías ya marcadamente caracterizados, pronto le siguió la guitarra, que se convirtió en el instrumento musical de los pobres. En dichas orquestas las mujeres negras y mulatas cantaban, además de tocar instrumentos y, conjuntamente, muchas de estas cantoras eran también prostitutas. El arpa, otro instrumento de mucho empleo en Europa, vino a América con las misiones jesuitas, y arraigó en tierras a cargo de esta Orden religiosa, no así en Cuba, donde la presencia monástica tuvo preponderancia de dominicos y franciscanos y no se establecieron misiones indígenas a cargo de la Iglesia. Sin embargo, hay noticias de mujeres no blancas que tocaban el arpa en La Habana y Santiago de Cuba.

Con el tiempo las negras y mulatas, así como las inmigrantes gallegas y canarias que también practicaban la prostitución, vieron muy discutidos sus territorios para el ejercicio del amor galante, con el arribo de las peligrosísimas francesas, portadoras de un refinamiento amatorio desconocido por la población de Cuba, y en cuyo polémico arsenal se contaban perritos adiestrados para provocar ciertos placeres en el cliente, lo que si bien les valió una enorme aceptación por parte de los hombres, les ganó entre las mujeres un desprecio agresivo basado no solo en moralinas fútiles, sino en la muy evidente competencia dentro del negocio.

La Habana se fue volviendo un emporio muy lucrativo para el ejercicio de la prostitución y, tras la constitución de la República, miles de mujeres campesinas cuyo patrimonio familiar había sido destruido por las Guerras de Independencia, comenzaron a llegar a la ciudad en busca de mejores condiciones para subsistir, conviretiéndose de inmediato en presa fácil para los chulos profesionales y comerciantes de placer. El gran escritor Miguel de Carrión supo retratar este panorama social en su novela Las impuras. Fue precisamente esta enorme proliferación de prostitutas uno de los elementos que décadas después, junto con el juego, interesó a los mafiosos norteamericanos al punto de vislumbrar el más promisorio de los futuros para una Habana regentada por ellos, cubierta de casinos, lupanares y hoteles de lujo con servicio sexual de habitaciones.

Habría que preguntarse cuál era el verdadero sentido de una coplilla muy cantada en los días de la Colonia, tan temprano como en el siglo XVI:

Una señora me dixo
Que sirviese y cantasse;
Que sirviendo alcanzaría
Todo cuanto yo mandase,
Ay, ay, ay,
Todo cuanto yo mandasse

Anuncios

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s