EL LARGO REGRESO DE JOSÉ, nueva novela cubana

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El largo regreso de José es una novela de carácter histórico (obsérvese que no digo histórica) . Su autor se propuso mostrar la vida de la sociedad cubana decimonónica en las provincias orientales durante los años que precedieron a la primera guerra de liberación de los cubanos, llamada Guerra Larga, hasta la firma del Pacto del Zanjón. Es un texto extenso y, según mis cálculos, podría llegar y hasta rebasar los cien personajes. El autor quiso hacer un fresco de la época, y lo logra con creces.
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El largo regreso … es una de las mejores novelas basadas en la historia de Cuba que yo haya leído. Partiendo del conflicto ancestral entre dos familias enemigas de hacendados de Bayamo, los Castillo y los Montejo, el autor levanta un mural al temple de la vida de los criollos orientales antes y durante una de las más terribles y sangrientas de las guerras que Cuba haya librado por su independencia. Hacendados, esclavos, mayorales, contramayorales, rancheadores devenidos feroces guerrilleros, negros apalencados, campesinos, monteros de rompe y raja, españoles militares, españoles comerciantes, monjas, emigrados franceses, locos, mendigos, negros curros de La Habana, damas de sociedad, negras esclavas y libertas, señoras de la burguesía, guajiras…, ninguna clase social deja de estar representada, cada una con sus tipos más característicos, sus conflictos, sus ambiciones y sus sueños. Hay muchos personajes, pero hasta los más insignificantes poseen una caracterización psicológica que los hace únicos e inconfundibles; todos están vivos, con una vida natural, desatada y vehemente que los convierte en criaturas totalmente carnales. Ni uno solo de los personajes se extravía de la mano del autor a través de esta meganovela, hecho que por sí solo habla en favor de una pericia y una técnica narrativa envidiables y, en mi opinión, muy atendibles, porque conducir semejante tropa de criaturas de ficción a través de esta cantidad de cuartillas, en una trama bien compleja, es una hazaña que muy pocos narradores acometerían y menos narradores aún podrían llevar a cabo exitosamente. Y no hay que olvidar que se trata de una opera prima.

Esta novela ofrece un conjunto de técnicas narrativas muy interesantes, que van desde el folletín decimonónico romántico, pasando por las descripciones y complejidades de trama propias de la novela de aventuras y policíaca, hasta el uso muy diestro de técnicas del guión de series dramatizadas de televisión y el uso del plano visual panorámico característico del cine. Hay un personaje que porta desde el principio de la novela elementos oníricos y fantásticos que sirven de leit motive para la conducción de la narración. Sin embargo, el tono narrativo general es realista, en ocasiones de una violencia y una crueldad tremendas, por lo que se inscribe perfectamente dentro del mainstream o canon de la narrativa cubana. Creo que Escobar encontró el tono y las técnicas exactas que convienen a su novela.

Otro de los muchos valores que considero dignos de destacar en esta obra es la extraordinaria belleza y amenidad de su prosa. Esta novela tiene una escritura de dimensiones poéticas, serena, armoniosa, mesurada, rítmica, suave aún en los peores momentos de crudeza, capaz de pintar la geografía y el paisaje cubanos con el vigor, el color, la majestuosidad y la magnificencia de un José Eustasio Rivera. Yo nunca había visto descripciones de la naturaleza paisajística de Cuba como las que hace Escobar en esta novela. Son grandiosas, hermosísimas y de tanto poder evocador que parece que uno está dentro de los escenarios que él describe tocando, oliendo, sintiendo hasta la humedad de las hierbas y el hedor de las carroñas. Y tiene mucha garra, la lectura atrapa desde el principio e incita a la lectura continua y sostenida.

El largo regreso de José es una novela de tremenda fuerza emocional. Conmueve y arrebata, y es imposible no identificarse con los personajes, hacer bandos, tomar partido, sentir y sufrir. Siento esta novela como una compensación después de haber leído tanta literatura de palo, tan fría, sin nada que decir, tan sosa, tan aburrida, tan muerta.

Aunque no puedo asegurar que todos los episodios de carácter histórico narrados por el autor sean absolutamente ciertos —mis conocimientos de historia de Cuba no llegan a los de un Eduardo Torres Cuevas o un Eusebio Leal —, sí me atrevo a asegurar que el espíritu de la época y la idiosincrasia de las clases en conflicto que aparecen en la novela están retratados con absoluta fidelidad. Y quiero realzar un hecho que en verdad lo merece: esta novela no es ni patriotera, ni panfletaria ni agitadora: esta novela es realmente patriótica. En ella se siente el amor por el pasado de la nación, y como ese amor también lo siento yo, y muy acendrado, y los cubanos que describe Escobar se parecen tanto a como yo sé que en realidad fueron los cubanos de aquella época, para mí esta cualidad resulta muy importante. Además, muestra el rostro oscuro de aquella guerra —el mismo de todas las guerras—, siempre soslayado por los manuales de Historia de Cuba y por la mentalidad chovinista e hipócrita que, con respecto a la visión del mambisado, nos legó la República, y de la que hasta hoy nunca nos hemos despojado.

Por último, quiero destacar entre los numerosos valores de este texto el poder cognoscitivo de la naturaleza humana que encierran sus páginas. Es un libro escrito con  sabiduría del alma y del espíritu, y con una implacable observación y análisis de la vida. No puedo resistir la tentación de reproducir uno de los párrafos finales, que además de poseer una inusitada fuerza y belleza, ilustra lo que digo:

La existencia para la mayoría ha sido y será siempre la de vivir encerrados en los círculos inferiores descritos por Dante, con tristezas, sacrificios, monotonías y las correspondientes desilusiones y quejas, pero cuando llega la vejez la otrora vida infeliz se convierte en añoranza de otrora tiempos radiantes. ¿Mi existencia ha tenido algún sentido? Necesito una explicación. Ni siquiera sé si lo que he vivido es mío. El hombre es él y no lo es. Cambia por segundos influido por lo que le rodea. Llevamos dentro dos yo opuestos, y entre ellos miles de variantes y matices. No bastan largos años para reconocerlo todo y encontrar respuestas, ni tan siquiera para comprenderse uno mismo.

La vida pasa tan vertiginosa que nos sorprende su final. Valoras lo que has hecho o dejado de hacer cuando ya todo ha quedado atrás y ya no puedes hacer nada más. Es penoso comprender al terminar, cuánto ha habido de falso y de mentira, pero nadie puede valorar su vida sin antes agotarla. Creo entender la tragedia del hombre y el castigo perpetuo que siempre lo acompañará: ser al mismo tiempo infame y sorprendente, intolerante e inconcebiblemente malvado y cruel, infinito en su ingenuidad y su piedad. Es en esta contradicción perpetua y repetida en donde radica la esencia humana. Cada ser humano posee una parte oculta y silenciosa con significados especiales solo para él, pero eso no atenúa mi dolor. Todos viven en esa natural y necesaria dualidad, pero yo lo sufrí de manera mucho más terrible: Una vida en dos mitades. Soy yo, encerrado en mi mundo, quien se pregunta dónde se encuentra la verdad de las cosas, lo aparente y lo real se mezclan, todo ha sido hecho para confundirnos.

No tengo duda de que Escobar es uno de esos raros creadores que ha observado y pensado la existencia y hurgado en las más recónditas profundidades de la naturaleza del Ser, cualidad penosamente ausente en la abrumadora mayoría de nuestros escritores, quienes, si lo han hecho en el plano personal, entonces no han sabido o no les ha interesado reflejarlo en sus obras.

Hay ciertos excesos con regusto a sobreactuación teatral en la conducta de algunos personajes, como por ejemplo, en la histeria autodestructiva y tanática de la monja sor Dolores, que le pudieran parecer exageraciones al lector. Pero durante mis largos estudios históricos sobre las religiones y la vida en los monasterios y conventos católicos a través de los tiempos, he conocido hechos que incluso sobrepasan a los descritos por Escobar, como los episodios de posesión diabólica que solían manifestarse tan a menudo en los conventos de monjas medievales, y de los cuales quizás sea el más conocido el caso de los demonios de Loudum, llevado a la literatura en una conocida novela polaca de Jaroslaw Iwaszkiewicz, Madre Juana de los Ángeles, adaptada después para el cine. El mundo conoce los efectos que la represión sexual y el horror del pecado y los castigos infernales han tenido siempre sobre la psiquis de monjes y monjas. Y personajes como, por ejemplo, el rancheador Raúl Muñoz, también pueden parecer desmesurados, pero he conocido hombres tan encenagados en la maldad y ya tan distorsionadas por el Mal las estructuras iniciales de su personalidad, que casi rayan en lo satánico, así que, por lo menos a mí, Raúl Muñoz no me resulta del todo inverosímil. Sin contar con que la mentalidad esclavista de la época, las diferencias de clase y las duras condiciones de vida en el campo predisponían el ánimo de los hombres al salvajismo y la brutalidad.

Yo creo sinceramente que la literatura cubana merece y tiene derecho a ostentar una novela como El largo regreso de José, y recomiendo con entusiasmo la lectura de esta obra tan hermosa.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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