RESUCITA LA ACADEMIA DE ARTES Y LETRAS DE CUBA

        portada academia La Academia, publicación presentada por Ediciones Boloña, de la Oficina del Historiador de la Ciudad, durante la Feria Internacional del Libro de La Habana 2014, es uno de esos libros cuya aparición sorprende, por ser su tema uno de los cadáveres sepultos de la memoria nacional. Un tema sobre el que nada se había escrito en medio siglo.

 La Academia Nacional de Artes y Letras, antecesora en cierta medida de la actual Unión de Escritores y Artistas de Cuba, fue una institución que nació y se mantuvo gracias, casi exclusivamente, al tesón de un grupo de intelectuales cubanos que se enfrentaron, con envidiable y ejemplar voluntad, a la desidia de los gobiernos republicanos, quienes, por lo general, incumplían o recortaban la entrega del presupuesto estatal asignado para esta institución que, si bien constituyó siempre un cenáculo muy selecto y de difícil acceso, no por ello dejó de prestar un gran servicio a la cultura cubana, pues nucleó a lo mejor de la intelectualidad de la Isla y, también, a insignes escritores, artistas y arquitectos de América Latina, quienes se contaron entre su membresía.

 Si bien la Academia careció de dinámicas interactivas de alcance masivo, ello se debió, fundamentalmente, a que tales conceptos no existían entonces en el campo de la cultura internacional. Sin embargo, a pesar de sus escasísimos recursos económicos, la Academia logró hacerse de una imprenta y publicó la mayor parte del valiosísimo material que produjo durante sus años de actividad, de modo que tal legado no solo estuvo presente en su época y expuesto en librerías, sino que, aunque inédito después de 1959, constituye también parte de la herencia cultural que nos dejó la República. Como advierte Ferrer en su libro, “la Academia llegó hasta donde pudo, no hasta donde quiso”. Muy esclarecedora conclusión.

 La Academia tenía unos Estatutos muy bien pensados que muestran una asunción de valores éticos, sociales y culturales fuera de toda duda, cuya primera advertencia era que, en la elección y aceptación de cada miembro solo podían interesar sus méritos dentro del campo de la cultura, nada de fortunas, parentescos ni alianzas interesantes podían pesar en su favor. Tuvo un sistema de conferencias y discursos de presentación de cada miembro, siempre respondidos por un integrante de la institución, que nos ha dejado un conjunto de ensayos que solo podrá ser evaluado en toda su importancia y brillo si Ferrer se decide a reunirlos en un nuevo libro, pero cuyo contenido se refiere a temas no solo culturales, sino a temas culturales candentes en la propia República, por lo que, además de poseer valor literario, poseen también gran valor histórico como testimonio de una época.

 La Academia, fundada en 1910 y cuya existencia terminó en 1964, en circunstancias que, más que verdaderas, parecerán alucinantes al lector, pero que lamentablemente no pertenecen al reino de la fantasía, tuvo en su nómina de miembros a los nombres más ilustres de la intelectualidad cubana de su época, pertenecientes no solo a la música, la literatura, las artes plásticas y la escultura, sino también a historiadores, etnólogos y arquitectos. José María Chacón y Calvo, Jorge Mañach, Dulce María Loynaz, Rita Longa, Enrique José Varona, Eduardo Sánchez de Fuentes, Antonio Sánchez de Bustamante, Manuel Márquez Sterling, Aniceto Valdivia, Max Enriquez Ureña, Emilio Bobadilla, Lola Rodríguez de Tió, Enrique Hernández Millares, Miguel de Carrión, Carlos Lovería, Hubert de Blank, Benjamín Orbón, Armando Menocal, Leopoldo Romañach, Medardo Vitier, Joaquín Nin, Conrado Massaguer son solo algunos de ellos, pero hubo otros cuya enumeración haría esta lista muy extensa. Entre los miembros extranjeros hubo personalidades tan ilustres como José Juan Arrom, Miguel Alemán, Américo Castro, Orestes Ferrara, Rómulo Gallegos, Ezequiel Martínez Estrada, Ramón Menéndez Pidal, Alfonso Reyes, Gregorio Marañón, y otros.

 Además de sus actividades internas, la Academia impulsó acciones de verdadera trascendencia pública, no solo de carácter cultural, sino también patriótico, tales como, por solo mencionar un ejemplo, el regreso a Cuba de las cenizas del insigne violinista cubano Brindis de Salas, fallecido y sepultado en Argentina.

 El libro, concebido y diseñado en su estructura para constituir un texto de consulta de certero y fácil manejo, contiene una acuciosa historia de la institución académica desde sus lejanos orígenes en la antigua Grecia de Platón, pasando por sus destinos durante la Roma cesárea, la alta Edad Media, el Renacimiento, la Europa neoclásica, la Ilustración y el siglo XIX, hasta nuestros días. Semejante investigación no tiene precedentes en nuestra literatura nacional, lo cual representa un valor añadido de altos quilates para el trabajo de Ferrer, que también contiene anexos y un catálogo de fotos de inestimable valor histórico. El ensayista, investigador y periodista Enrique Saínz, quien tuvo a su cargo la presentación, afirmó que se trata de

 …un material que viene complementado por lúcidos comentarios y puntualizaciones de Oscar Ferrer, siempre expuestos con una prosa de calidad, sin concesiones al mal gusto ni a la vaguedad, con acertados criterios valorativos… […] Labor en verdad muy completa la de esta indagación, caracterizada […]  por el rigor, la precisión y la caracterización de etapas de la vida republicana, entre otros rasgos no menos loables, como la mesura y el buen tino, y sobre todo […] la claridad y corrección de su prosa, virtudes no muy frecuentes en trabajos de esta naturaleza.

 Me gustaría terminar con una cita del propio autor, descendiente de la familia Carbonell, que ejerció una influencia importante en la vida cultural de la República, así como en la divulgación inicial de la obra de José Martí, y entre cuyos miembros se cuentan tres fundadores de la Academia, cuya papelería heredó Ferrer y de la que ha cuidado con celo durante décadas, siendo, por ello, una de las pocas personas (tal vez la única) que, antes de la publicación de este libro, manejó toda o casi toda la historia de dicha institución:

 …la labor impulsada por la Academia Nacional de Artes y Letras no fue fruto de una aventura cultural y esnobista emprendida a título personal por un grupo de intelectuales trasnochados pertenecientes a las clases pudientes de la sociedad republicana, sino un proyecto oficial de seriedad incuestionable, cuya dirección estuvo a cargo de individuos capacitados que desempeñaron profesiones validadas dentro del mundo del arte y la literatura, algunos de ellos reconocidos y honrados hoy con la gloria nacional. […] Ello, a la distancia que marca el tiempo transcurrido, merece respeto y reconocimiento.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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