SAN GERÓNIMO v.s. SANTO DOMINGO O LA ILUSIÓN DE LA ETERNA PRESENCIA

 
AYER CONVENTO DE SANTO DOMINGO

Convento e iglesia de la Orden de Santo Domingo en La Habana, tal como pudo vérseles  hasta la primera década del siglo XX.

Convento e iglesia de la Orden de Santo Domingo en la calle del Obispo, tal como pudo vérseles hasta la primera década del siglo XX.

 Recién alguien mencionó durante un breve intercambio epistolar el edificio que todos conocemos como San Gerónimo, en la calle del Obispo, y lo llamó Santo Domingo. La persona en cuestión aseguró que cierta actividad cultural se desarrollaba no en San Gerónimo, como yo sostenía, sino en Santo Domingo. De momento me desconcerté al no ser capaz de ubicar el lugar al cual se hacía referencia. Pasé revista en mi mente a todos los conventos coloniales o republicanos existentes en la ciudad de La Habana y no logré recordar ninguno con ese nombre, y ni siquiera uno que se hubiera llamado así en el pasado y ahora existiera bajo otro nombre. Solo venía a mi memoria un convento de dominicos que existió hace siglos en la manzana entre Obispo, Mercaderes y O’Relly, y una pequeña iglesia en Guanabacoa. Como me precio de conocer bastante bien mi ciudad y su historia, quedé muy molesta con mi ignorancia y llamé a mi maestro Ciro Bianchi para que desfaciera el entuerto. Luego consulté La arquitectura colonial cubana, libro icónico del prestigioso arquitecto cubano Joaquín Weiss, y por si acaso a Ciro y a mí —simples cronistas e investigadores— se nos estuviera pasando algún detalle importante, apelé también al señor Arturo Alexander Pedroso Alés, historiador del Departamento de Patrimonio de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, quien me prestó una muy generosa ayuda que agradezco en lo mucho que vale.

 Ciro, siempre solidario, tuvo la paciencia suficiente para leerme por teléfono unas páginas del historiador Emilio Roy de Leuschenring que tratan el tema, mientras el señor Pedroso me envió recortes de prensa con valiosa información de carácter histórico y fotos de época, todo lo cual vino a confirmar mi idea inicial: en este momento, no existe en la capital de Cuba ningún inmueble que pueda ser considerado como el convento de la orden de Santo Domingo, salvo, como dije antes, el templo de Guanabacoa, que no es convento. ¿Qué estaba sucediendo entonces?

 El origen del convento de la Orden de Santo Domingo, que existió hace siglos en el actual terreno hoy ocupado por el edificio al que los cubanos de a pie llaman San Gerónimo, es bastante antiguo. Según Weiss:

 […] siguió muy de cerca [al] del convento de San Francisco, si bien su fábrica, en lo que al siglo XVI se refiere, parece haber sido de inferior categoría a la de aquel. Por Fray Luis de Novoa, prior de San Juan de Letrán en 1669, sabemos que los títulos originales del sitio y lugar de este convento “no se hallaron en ninguno de los oficios de escribanos públicos de esta ciudad”, pero que en el archivo del convento había hallado dicho auto, “en el que se inserta una real provisión despachada por los Sres. Presidentes y jueces de 8 de octubre de 1557, por lo que pretendo que conste que en dicho año 77 aún no estaba fundado este convento”.

 En 1578 fray Juan de Manzanilla, prior de la Orden de Santo Domingo, presentó ante el Gobernador General de la Isla una escritura que permitía a su Orden tomar posesión de “una iglesia de San Juan de Letrán que está en La Havana”. La propiedad en cuestión contenía una casa y una capilla construidas por el dominico Andrés de Anis al costo de dos mil pesos oro, quien la legó a su Orden. La pequeña iglesia se llamaba Nuestra Señora de la Consolación, “que por otro nombre se llama San Juan de Letrán”, según consta en documentos oficiales de la época.

Domingo de Guzmán nació en Caleruega (España), alrededor del año 1170. Estudió teología en Palencia y fue nombrado canónigo de la Iglesia de Osma. Con su predicación y con su vida ejemplar, combatió con éxito la herejía albigense y desencadenó la masacre de los cátaros del Languedoc. Como su nombre indica,  domini canis se traduce del latín como Los perros del Señor.Es directamente responsable del fenómeno de fanatismo ideológico conocido como Inquisición, en realidad un genocidio.  Con los compañeros que se le adhirieron en esta empresa, fundó la Orden de Predicadores. Murió en Bolonia el día 6 de agosto del año 1221

Domingo de Guzmán nació en Caleruega (España), alrededor del año 1170. Estudió teología en Palencia y fue nombrado canónigo de la Iglesia de Osma. Con su predicación y con su vida ejemplar, combatió con éxito la herejía albigense y desencadenó la masacre de los cátaros del Languedoc. Como su nombre indica, domini canis se traduce del latín como Los perros del Señor. Con los compañeros que se le adhirieron en esta empresa, fundó la Orden de Predicadores. Murió en Bolonia el día 6 de agosto del año 1221. Su Orden fue directamente responsable de la aparición del fenómeno conocido como Inquisición, en realidad un genocidio que durante siglos cobró la vida de millones de personas en Europa, y operó también en América Latina.  

Pero los dominicos usaron por poco tiempo estas instalaciones iniciales, pues ya la Corona había ordenado a las autoridades de Cuba que prestaran a la Orden todo su apoyo para la construcción de un convento, por lo cual el Cabildo de La Habana se apresuró a invitar a los padres a que escogieran el solar que más les placiera entre todos los que estuvieran libres en la ciudad. Los monjes seleccionaron un área que comprendía diez solares, supuestamente ubicados en la esquina de O’Relly y Mercaderes, donde estuvo situada la iglesia de Letrán. Nueve años después aún no había en el lugar más que una estructura de tablas y paja, guano o tejas. El Procurador de la Orden se quejaba en carta al Rey de que en el interior de esa edificación, donde “se administran los sacramentos a los vecinos y a los negros de la fortaleza de dicha villa y a la gente que va y viene en las flotas, y en el que se hospedan los religiosos de la dicha Orden que van por ay a otras partes de las Indias” llueve abundantemente, de modo tal que el Santísimo Sacramento “está con mucha indecencia”. El solicitante achacaba la penuria a las pocas limosnas recibidas, y solicitaba cal y madera para poder concluir debidamente la construcción de la iglesia. En 1996, año en que fue publicado el libro de Weiss, aún no se sabía con exactitud, pero se suponía que el cuerpo principal del edificio de la iglesia de San Juan de Letrán y una parte del primer claustro del convento quedaron terminados en los finales del siglo XVI.

 En 1643 el entonces prior de los Dominicos, fray Luis de San Miguel, solicitó de las autoridades autorización para emplear más terrenos en la construcción, asegurando que una vez terminada esta, quedaría “la calle igual y muy vistoso el edificio”. Pero el Cabildo no quiso fiarse únicamente del entusiasmo del sacerdote, y formó una comisión presidida por el célebre ingeniero italiano Juan Bautista Anntonelli  —quien había tenido a su cargo, entre otras obras, el Castillo de Los Tres Reyes del Morro, la fortaleza de La Punta y la Zanja Real— para que dieran su visto bueno al proyecto de los esforzados padres. A Antonelli debió parecerle todo bien, pues una semana después el Cabildo concedió su autorización y continuaron los trabajos hasta quedar terminada la iglesia con su capilla mayor, y se procedió a la construcción de los claustros dentro del recinto conventual. Templo y convento se ubicaban, según Jacobo de la Pezuela, “en el punto de mayor movimiento de la población capitalina”. Muy cerca de allí se encuentran la Plaza de Armas, el Palacio de los Capitanes Generales, el Palacio del Segundo Cabo y otros inmuebles que tuvieron en su tiempo gran relevancia arquitectónica y preponderancia social.

 Testimonios históricos aseguran que a mediados del siglo XVIII la iglesia de Santo Domingo poseía “un orden de capillas de bóveda contiguas al primer claustro, siendo la que sirve de colateral a la capilla mayor formada de cúpula o linterna”. En ese entonces el convento tenía tres claustros, “el primero labrado de columnas y arcos de piedra y los otros dos de madera, con todas las aulas correspondientes a los escolares y oficinas precisas para los religiosos”. Weis supone que la después tan famosa y celebrada torre de la iglesia, en aquel entonces “no se había elevado aún lo suficiente sobre el conjunto conventual como para llamar la atención”. Pero a principios del siglo XIX ya existen testimonios que describen la torre como una estructura “de tres cuerpos y la más elevada de la ciudad”. Weiss concluye que este campanario debió ser construido en su mayor parte en la segunda mitad del siglo XVIII.

 El edificio resultó un trasunto que bien pudo servir de inspiración a Sthepen King para su novela Red house, pues en sus terrenos las construcciones nunca cesaban. En 1777 se estaba fabricando una nueva iglesia en el convento, y tal vez de esa época, más o menos, date la portada lateral barroca construida por Ignacio Balboa y coronada por un nicho que contiene una imagen del santo Domingo de Guzmán, patrono de la Orden de Predicadores. Sobre cada columna estaban las imágenes de Santo Tomás de Aquino y San Pedro Mártir, “todas —afirma Weiss— de proporciones chaparras y de carácter arcaizante”.

 El libro de Weiss muestra una serie de fotografías donde puede apreciarse el interior de la iglesia con su coro, capilla y claustros. Una de estas imágenes es una hermosa vista del bellísimo campanario, que en su momento solo tuvo como rival al de San Francisco, y al que Weiss describe en estos términos:

 Los cuatro cuerpos de que se componía, separados por sendos entablamentos, estaban admirablemente graduados en altura y ancho decrecientes, como también estaban graduadas las aberturas semicirculares de cada piso, con un gran sentido de la relación de vanos y macizos. Por el desnudez de sus paramentos y la sencillez de sus formas ha merecido también este campanario el apelativo de herreriano, pero es difícil admitir la influencia de Herrera dos siglos después de su tiempo, por lo que habrá que buscarla en factores locales.

 Opus Habana, revista oficial de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, en artículo titulado Iglesia y convento de Santo Domingo, cuenta que:

 En 1721, contando con el apoyo de los poderosos condes de Casa Bayona, lograron los dominicos la aprobación pontificia a la [su] solicitud de fundar universidad en su convento de San Juan de Letrán, mediante la bula emitida por Su Santidad el Papa Inocencio XIII. La aceptación por placet regio de Felipe V de Borbón, a través del Consejo de Indias el siguiente año, y la posterior confirmación por real cédula de 1728, permitieron que el 5 de enero de ese año naciera en el renovado convento la Real y Pontificia Universidad de San Jerónimo* de La Habana, con los mismos privilegios, honores y gracias que gozaba la del convento de la orden en La Española, y contando con las cátedras de Cánones, Leyes, Medicina, Matemáticas, Gramática, Teología y Filosofía.

 Así, bajo la dirección de los frailes de la Orden de Santo Domingo, surgió la primera institución de instrucción superior que existió en Cuba, por cuyas aulas pasaron muchos hombres que se destacarían después en diversos terrenos de la vida intelectual de la colonia. En su nómina de alumnos y profesores aparecen nombres tan ilustres como los de Félix Varela, Carlos Manuel de Céspedes, Francisco Vicente Aguilera, Ignacio Agramonte, Francisco de Arango y Parreño, Tomás Romay, José Agustín Caballero, Antonio Bachiller y Morales, José María Heredia, Rafael María de Mendive, José Antonio Saco y Cirilo Villaverde. Cuando los dominicos recibieron un nuevo edificio en El Vedado y su antiguo convento pasó a ser propiedad del Estado, la Universidad se mantuvo en el lugar, pero tuvo que compartir el inmueble con el Cuerpo de Ingenieros del Ejército. De nuevo, según datos extraídos del mencionado artículo de Opus Habana:

 […] en 1863 radicó también allí […] el Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana, [de cuyo alumnado formó parte José Martí][1]. En 1876 ocupó una de sus celdas, por la calle San Ignacio, el Monte de Piedad, e incluso la Primera Estación de Policía encontró albergue en sus salas. Para 1887 fue señalada la “loma de la Pirotecnia Militar” para acoger, con mejores condiciones y mayor espacio, la Universidad de La Habana, pero las obras no se iniciaron hasta 1901 y el traslado se hizo efectivo en la primavera de 1902.

 Me parece interesante acotar que en la iglesia de los dominicos eran sepultados, según costumbre de la época, cuerpos de ciudadanos ilustres, y tal vez de otros no tan ilustres. Grabados en las losas que marcaban los sepulcros sobre el pavimento aparecían, entre otros (según dejó registrado Jacobo de la Pezuela), los nombres del Capitán General Don Juan Antonio Timeo[2] y Fuertes; don Martín de Aróstegui, Director y Promovedor principal de la antigua Real Compañía de Comercio de La Habana, y de doña Teresa Chacón, primera condesa de Casa Bayona, quien al morir sin descendencia hizo a la Orden un legado millonario para aquel tiempo, consistente en 800 000 pesos.

Tras el traslado de la Universidad, el viejo edificio devino casa de vecindad.

El siglo XX y los comienzos de la era republicana no fueron piadosos con el viejo convento de Santo Domingo. En 1916 el inmueble en su totalidad fue adquirido en pública subasta por los señores Zaldo y Compañía, quienes se proponían construir allí un gran edificio comercial, y tres años más tarde fueron demolidos los muros de la iglesia y del primer claustro. En el artículo citado de Opus Habana se afirma que la demolición comenzó de inmediato. En otras fuentes consultadas se dice que fue un proceso paulatino que se llevó a cabo por etapas.

Estas escasas ruinas fueron las únicas sobrevivientes de la iglesia y el convento de Santo Domingo en La Habana.

Estas escasas ruinas fueron las únicas sobrevivientes de la iglesia y el convento de Santo Domingo en La Habana.

 Pero, afirma de nuevo Opus:

[…] como el proyecto no fraguó, la edificación a medio demoler se convirtió en un muladar hasta que en la década del 50 el Banco Nacional de Cuba negoció el terreno para instalar allí sus oficinas. Tampoco esta vez se ejecutó lo proyectado, y continuó la devastación a pesar de las enconadas protestas de diferentes sectores habaneros.
“La piqueta demoledora” –como se le llamaba– arrasó aquellos restos cuando la compañía Terminal de Helicópteros S.A. decidió construir, en la fustigada manzana, un moderno edificio para oficinas con terminal de helicópteros en su azotea: la dinamita hizo volar los centenarios muros y una visión de tierra asolada fue la imagen que se ofreció a los habaneros en 1957, para luego comenzar la novedosa construcción.

La “novedosa construcción”, erigida bajo el gobierno del Presidente Fulgencio Batista, quedó inaugurada en 1958. El esperado helipuerto estaba en la azotea, mas nunca llegó a

Edificio del Ministeri de Educación sobre cuya estructura se construyó San Gerónimo.
Edificio del Ministerio de Educación sobre cuya estructura se construyó el actual San Gerónimo.

funcionar. Luego del triunfo de la revolución se instaló aquí el Ministerio de Haciendas hasta 1966, y poco después se convirtió en la sede del Ministerio de Educación, institución que ocupó el inmueble hasta finales de la década del ‘90. En la planta baja ofrecía servicios una biblioteca pública de gratísima memoria para quienes alcanzamos a estudiar en ella, pues tenía cubículos que se podían alquilar a muy bajo precio y garantizaban el aislamiento necesario para la concentración, al par que regalaban a los usuarios una interesante climatización debida al aire acondicionado. Yo visitaba esa biblioteca allá por los primeros años de la década de los ochenta, cuando era alumna de la Facultad de Filología de la Universidad de La Habana, pero ni sus magníficas condiciones fueron capaces de hacer que yo aprobara los odiosos latines del profesor Chavarría.

HOY COLEGIO SAN GERÓNIMO

Moderna fachada de espejos del Colegio San Gerónimo y vista parcial de la torre del campanario reconstruida

Moderna fachada de espejos del Colegio San Gerónimo de La Habana y vista parcial de la torre del campanario reconstruida.

La siguiente cita fue tomada del sitio web de la emisora Habana Radio y pertenece a un artículo firmado por Zenaida Iglesias Sánchez:

En el año 2000 La Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana decidió intervenir el inmueble que alojaba al Ministerio de Educación y ejecutar un nuevo proyecto en el histórico lugar. La obra emprendida por los especialistas de la Oficina del Historiador debía culminar en un importante inmueble, tecnológicamente preparado para responder a las exigencias del mundo empresarial moderno. Finalmente se decidió convertirlo en la sede del Colegio Universitario, formando parte de nuestra universidad y retomando en sus aulas, las carreras de letras, algunas ya en desuso. El edificio entró en ejecución en el año 2003 y desde su inauguración se encuentra en funcionamiento.

Y esta otra cita la extraje de una página de la Dirección de Patrimonio Cultural de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana:

La idea inspiradora del proyecto desarrollado por la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, se concibió después de investigar y documentar con amplitud la espacialidad y el lenguaje arquitectónico del antiguo inmueble: proyectar el futuro desde el pasado. A partir de la idea central, se fueron identificando los códigos definitorios para ser

Puerta principal del edificio y acceso al Aula Magna del Colegio San Gerónimo. Reconstrucción reinterpretada del original.

Puerta principal del edificio y acceso al Aula Magna del Colegio San Gerónimo. Reconstrucción reinterpretada del original.

reconstruidos en su verdadero sentido de ‘construirlos nuevamente’, recreando la imagen desaparecida con lenguaje contemporáneo. Para ello la maciza estructura superior de hormigón armado fue tratada con una envoltura de vidrio que refleja el entorno, mientras se restituyó uno de los claustros, convertido en el simbólico “patio de los laureles” de aquella primera universidad cubana; se rescató el espacio de la nave de la iglesia, al que se le reasignó la función de paraninfo y en cuyo interior es reinterpretado el lenguaje de alfarjes de los antiguos techos.
Partiendo de las dimensiones y forma primitivas, sobre la calle O’Reilly se erigió, en su posición y lugar originales, la torre del convento,

Fachada original

Fachada original

importante hito visual de la zona y acceso al museo que, desplegado en dos niveles del edificio y depositario de importantes objetos y

testimonios de la historia y el arte, será homenaje permanente al desaparecido convento, a sus fundadores y a la primera universidad de Cuba.
El muro exterior sobre la calle Mercaderes, en sus dimensiones y escala, y la espléndida portada barroca, reinterpretada en hermosa piedra de canteras michoacanas, evocación de la que en un tiempo fue punto focal y acceso privilegiado, se proponen otorgar al edificio su protagonismo de otrora como significativo fragmento de una importante zona del Centro Histórico.

Hoy comparten el espejeado inmueble de estructura ultramoderna —que no guarda relación con las edificaciones mayoritariamente coloniales del entorno inmediato, pero de todos modos es hermoso— el Colegio San Gerónimo, filial de la Universidad de La Habana, “donde se imparte la novedosa carrera Preservación y Gestión del Patrimonio Histórico-Cultural” [3]; la Academia Cubana de la Lengua; la sede del Conjunto Ars Longa de Música Antigua y otras instalaciones de carácter cultural. 

No me parece necesario acudir a un mayor cúmulo de información para dejar convenientemente esclarecido que el edificio mencionado, si bien ha sido construido en los terrenos donde se levantaron hace siglos el convento y la iglesia de los frailes de la Orden de Santo Domingo (o Dominicana de los Predicadores, como también se la llamaba) , no conserva de aquella estructura original más que un fragmento del campanario, y entre aquella sede religiosa de gran belleza y valores arquitectónicos y el

Escudo del Colegio San Gerónimo

Escudo del Colegio San Gerónimo

inmueble que hoy la población conoce como Universidad o Colegio de San Gerónimo, o más simplificadamente, San Gerónimo, se interponen unas ruinas ilustres, un enorme basurero, un edificio de oficinas y una terminal para helicópteros, y ha corrido, en fin, mucha agua. Resulta perfectamente comprensible que en el personal de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana perdure el hábito simbólico de referirse al edificio actual como Santo Domingo. Esa es una conmovedora muestra de homenaje y de amor por la memoria histórica de la ciudad que todos llevamos en el alma. Pero técnicamente resulta absurdo corregir a las quienes llaman al edificio actual San Gerónimo, porque eso es lo que el inmueble es en el día a día de los habaneros. Pretender ubicar actividades de nuestro presente capitalino en un edificio fantasma del que no ha sobrevivido prácticamente nada, y cuyo mayor lazo con el pasado son reconstrucciones reinterpretadas de algunos de sus elementos arquitectónicos más relevantes, equivale a decir que una parte de nuestra vida cotidiana no se está desarrollando en La Habana de 2014, sino en otra dimensión espaciotemporal donde tienen su anclaje definitivo las cosas y los seres que ya no existen. Una idea bastante surrealista, ¿no…?

 

 

*En el libro Cuba en la mano el título de la Universidad aparece con J(erónimo).

[1] La acotación es mía.

[2] La ortografía de este apellido puede no ser correcta, pero aparece mutilado en el fragmento de texto escaneado.

[3] Cita tomada de http://www.ohch.cu/instituciones/colegio-san-geronimo/colegio

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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Una respuesta a SAN GERÓNIMO v.s. SANTO DOMINGO O LA ILUSIÓN DE LA ETERNA PRESENCIA

  1. grecia1955 dijo:

    Muy interesante . Como anoro la Habana, daria cualquier cosa por poder verla de nuevo.
    Es una extraordinaria ciudad, quizas con cierto aspecto de venida a menos, como yo la recuerdo, con arboles, parques maravillosos, casas muy bonitas, y bellas estatuas, que es lo que yo mas extrano aqui. Yo no se en otros lugares de los EEUU, pero en Miami y en Broward no hay apenas estatuas. No hay ninguna que yo haya visto en sitios publicos, y excepcionalmente en alguna casa puede verse alguna pequena estatua afuera.en el jardin.
    Son ciudades dormitorios, sin nadie a la vista, y donde es muy peligroso por el trafico ponerse a caminar. De todas formas, no hay mucho tiempo para ello.
    Le agradezco mucho haberme enviado su trabajo.

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