Historia de Gordito

Este hermoso bebé perrito fue víctima de sadismo humano por parte de su dueña Eneida Duménigo

Este hermoso bebé perrito fue víctima de sadismo humano por parte de su dueña Eneida Duménigo

Quizá ya sea hora de contar aquí la historia del infeliz Gordito. Sus padres, Angie y Poblet, son una bellísima pareja de perros que se aman. Son mis perros. Hace once meses Angie dio a luz su primera camada de seis preciosos cachorros. Yo hice su parto, y mientras los bebés iban llegando, del otro lado de la reja, en el patio, Poblet esperaba como un padre humano, agitado, saltando, desesperado por reunirse con su compañera. Negrita fue la primera en nacer, y Gordito el último. Era una dulce bolita blanca, tibia. Cuando el amnios se rompió apareció un perrito que parecía ya criado, enorme, todo blanco y sonrosado, como un cerdito.

Miren, Gordito es el blanco de las orejitas sonrosadas.

Miren, Gordito es el blanco de las orejitas sonrosadas.

¡¡¡Era tan hermoso Gordito!!! Enseguida fue nuestro preferido. Pronto dio muestras de un gran instinto de independencia: se apartaba de la camada para dormir lejos, debajo de algún mueble. Nosotras comenzamos a acostarlo en el cuarto de mi hija, lo mimábamos más que a los otros, y yo soñaba con poder quedármelos a todos, pero sobre todo a Gordito, Negrita y Carmelín, las únicas dos hembritas de ese grupo. Nosotras decíamos: “Gordito quiere conocer el mundo”.

 

En la casa de Zapotes, donde nacieron, Gordito era el bebé más glotón.

En la casa de Zapotes, donde nacieron, Gordito era el bebé más glotón.

Pero mi esposo no lo permitió, y en mi presencia, contra mi voluntad, entregó a Gordito a una vecina, la vieja Eneida Duménigo, un ser malvado, tramposo y cruel. Ella había venido por Gordito ya tres veces, y yo siempre encontraba la manera de negárselo, pero ese día, por fin, se lo llevó. Le dije antes de que se fuera que yo no confiaba en ella porque sabía que había botado a su perrita anterior, la preciosa Malú, y que en cuanto se aburriera de Gordito nos lo devolviera. Fue una conversación desagradable, en la que fui directa. Eneida dijo que se quedaría con Gordito y le daría una vida buena. Jamás le creí.

Esta es Eneida Duménigo, la mujer que se llevó a Gordito y luego ... yo creo que lo mató.

Esta es Eneida Duménigo, la mujer que se llevó a Gordito y luego … yo creo que lo mató.

Dos meses después, cuando regresé a la casa de mi esposo tras una larga ausencia, él me dijo que Eneida había entregado a Gordito a una parienta adinerada de Matanzas. No lo creí, fui a la casa de Envida Duménigo y tuvimos una pelea muy fuerte donde trató de engañarme todo el tiempo. Ya ni recuerdo cómo logré averiguar que había abandonado a mi perrito en la iglesia La Milagrosa. El padre Luzarreta había visto a Gordito y se lo había pedido a Eneida Duménigo, pero ella lo abandonó de noche, en el patio del templo. El custodio se conmovió y recogió al bebé de solo dos meses, pero no pudo quedarse con él y lo entregó a un amigo suyo, alcohólico, que tiene una pequeña finquita en el parque de Las Pipas, en Santos Suárez. Cuando supe todo esto corrimos a buscar a Gordito, pero el señor nos dijo que había huido el día anterior, y nos contó que Gordito estaba tan aterrado que no quiso comerse la comida que él le puso. Lo buscamos por todas partes, pero jamás apareció.

Miren qué perrito tan crecido y hermoso, con solo dos meses...

Miren qué perrito tan crecido y hermoso, con solo dos meses…

Alguien me sugirió que Eneida Duménigo, quien solo hubiera tenido que caminar unos cincuenta metros de su vivienda a la mía para devolverme a Gordito, lo sacrificó en un ritual para salvar a su pareja enferma de cáncer. Durante un tiempo estuve pensando cómo matar a Eneida Duménigo. Hoy todavía tengo fantasías donde la quemo, la descuartizo, le arranco las vísceras y se las amarro a una piedra…, en fin… Eneida Duménigo es una de las tres personas que a lo largo de mi vida han tenido el poder de despertar al asesino que llevo dentro. Todos los días pienso en mi Gordito y me pregunto qué habrá sido de él, tan bebecito, tan indefenso y tan hermoso. Era un perrito muy fuerte, de pelo suave y blanco como un coquito, con una rayita negra, como un trazado de maquillaje, en el ojito izquierdo. Suplico públicamente por primera vez, a quien quiera que lo haya encontrado, si es que alguien lo encontró, que me lo deje saber. Yo prometo no reclamar a Gordito, solo quisiera saber si está vivo. Y exhorto a todas las personas nobles a despreciar a Eneida Duménigo, persona de mala entraña, sin sentimientos, tramposa, farsante, mentirosa y artera, que vive en la calle Zapotes, en la cuadra que sale a la avenida Serrano. Espero que Dios algún día le cobre la triste suerte que dio a Gordito, angelito sin culpa. Y que Dios me perdone a mí por este odio que siento hacia esa mujer y que no puedo arrancar de mi alma. Ojalá algún día Cuba termine de hacer una ley de protección animal y Eneida Duménigo pueda ser castigada por tanta maldad.

Copy of Esta es Eneida Duménigo, y este es el desgraciado perrito que ella mató.

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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