Rarezas de la arquitectura republicana habanera

 

Esta casa está envuelta en un aura muy misteriosa

Esta casa está envuelta en un aura muy misteriosa

Santos Suárez es una barriada tan interesante como El Vedado en lo que a arquitectura, historias y secretos se refiere. Durante muchas tardes me dediqué a recorrer esas viejas calles en las que a menudo se revela al ojo atento el espectáculo de ciertos rincones deliciosos donde quedó atrapado el tiempo inexorablemente. Encontré muchas extrañas edificaciones como salidas de un grabado misterioso o de un raro ensueño; muchos jardines recoletos, rendidos para siempre a la penumbra de una dulce agonía: acá un azulejo que de milagro sobrevive bajo una pátina deslavada, allá fragmentos de una glorieta entreverada de lianas, y esos restos de estatuas y capiteles cubiertos por la huella del tiempo… Tomé fotos con una cámara digital no profesional entre las cinco y las siete de la tarde de un día otoñal habanero. La hora de la sadia, momento en que el alma se aquieta y comulga mejor con la poesía de la naturaleza. La luz era sencillamente indescriptible. No hay palabras.

     Fue en un jardín yermo de Santos Suárez donde único he visto esta imagen surrealista y llena de encantadora magia: una cabeza de mármol, que alguna vez perteneció al cuerpo lleno de gracia de una koré, yacía semihundida en la tierra, dando al caminante la impresión muy viva de asistir al enterramiento suplicial de una doncella. Una escena antigua, quien lo duda, pero repentinamente animada para el espectador que la descubre de golpe, untada del frescor de la sorpresa, llena de poesía. Benítez Rojo no inventó las estatuas sepultadas. Tan solo fue su bardo enamorado.

     Como casi toda la arquitectura cubana, la de Santos Suárez estuvo marcada desde sus inicios por el eclecticismo. De las construcciones originales levantadas en las primeras parcelas quedan ya muy pocas muestras. Pudo haber entre ellas algún que otro palacete de piedra, pero casi todas fueron casas de madera, y sus primeros propietarios comenzaron a construirlas en los albores de la República.

      La ciudad crece y va poblándose a un ritmo vertiginoso. Las mansiones de los años veinte y treinta se caracterizan por presentar una fantasiosa composición de sus fachadas, en las que se combinan elementos moriscos, medievales, góticos y hasta una rara mezcla de motivos grecoetruscos bastante desconcertante, pero también muy sugerente. El estilo neoclásico tiene hermosos exponentes no solo en mansiones adornadas por los tres órdenes de columnas, sino también en jardines donde aún brillan bajo el sol las ruinas de pérgolas heridas y figuras de mármol erosionadas por el viento y la lluvia.

     Las décadas del cuarenta y el cincuenta traen consigo los confortables chalets de influencia norteamericana, sin que por ello se renuncie a continuar líneas y estilos que ya caracterizaban anteriormente la urbanización de la zona. Junto a viejas casonas coloniales surgen edificios de estilo Art Deco, y a la vera de sombrías moradas enclavadas sobre montículos nacen a la luz viviendas ultramodernas. Junto a la ventana pequeña de mediopunto europeo, se abren a la brisa el gran ventanal encristalado y la ventana Miami; junto al portón de roble con remotos llamadores de bronce patinado, las nuevas puertas funcionales de reluciente barniz; junto al porche umbroso custodiado por antiguos flamboyanes, donde se aprecia aún la sombra del coche ausente, la mirada encuentra el garaje moderno ocupado por el Volvo o una Zuzuki olorosa a pintura fresca. Todo mezclado, como le gusta a San Berenito, ese inquieto compactador de diabluras.

Esta casa, que aún es impresionantemente hermosa, funciona hoy como un solar. Observen qué bellos juegos de luz adornan el piso bajo. Todas estas fotos fueron tomadas entre las cinco y las siete de la tarde de un día de otoño habanero.

Esta casa, que aún es impresionantemente hermosa, funciona hoy como un solar. Observen qué bellos juegos de luz adornan el piso bajo. Todas estas fotos fueron tomadas entre las cinco y las siete de la tarde de un día de otoño habanero.

     Son muchas las construcciones que han despertado mi admiración en Santos Suárez, y no quisiera dejar sin mencionar entre ellas una inexplicable torre redonda cuya función nunca he logrado esclarecer, o el bellísimo y romántico castillo almenado y manchado por nubes de moho que hoy alberga al museo municipal. Pero en particular, dos casas me han sumergido en contemplación casi extática.

   La primera de ellas es el número 158 de la calle Estrada Palma, originalmente conocida como Avenida Estrada Palma, entre Alcalde O’Farrill y Heredia. Se trata de un vetusto bungalow de tablas con interesantísimo trabajo ornamental en su techumbre a dos aguas, formado por una como a manera de manta con varias capas de conchas superpuestas. Residentes muy antiguos del lugar aseguran que esta vivienda fue construida en 1909, cuando aún no había otras en los alrededores, por entonces meras parcelas boscosas que recién comenzaban a ser adquiridas por sus primitivos propietarios.

Esta es, probablemente, una de las primeras viviendas construidas en la urbanización de Santos Suárez

Esta es, probablemente, una de las primeras viviendas construidas en la urbanización de Santos Suárez

     Esta casa me interesó mucho desde que la vi por primera vez, no solo por sus raros elementos decorativos, sino por sus ventanas de listones quebrados que contemplan el entorno como pupilas tristísimos; y por las dos figuras que custodian el acceso al portal, un par de estatuillas gemelas de las llamadas guardieras, colocadas al pie de las delgadas columnas que sostienen la arquitectura del techo. Esculpidas en piedra, desde hace mucho perdieron cabeza y rostro, pero sus cuerpos antropomorfos, modelados con dulces y regordetas formas infantiles, presentan una pose acuclillada y están envueltas por enormes alas membranosas. En un primer momento las tomé por restos de angelones, pero luego descubrí sus pies, que en lugar de graciosos deditos de niño presentan unas monstruosas patas de tres dedos terminadas en diabólicas zarpas que me recordaron de inmediato las gárgolas y endríagos de las catedrales medievales. Sentí una viva repulsión ante su aspecto, pero no dejé de apreciar su gran belleza, y con mucho gusto me las hubiera llevado para integrarlas a mi colección de tesoros personales si su tremendo peso no me hubiera impedido robarlas. Buscando referencias a estas extrañas esculturas, las hallé descritas como motivos propios del modernismo catalán que tanta influencia tuvo en cierta arquitectura de La Habana.

     Mi insaciable curiosidad periodística me llevó hasta unas encantadoras ancianitas vecinas del bungalow, quienes además de mostrarme gentilmente un interesantísimo álbum con fotos de época donde aparecía la casa en cuestión recién fabricada, me revelaron el nombre de sus primeros propietarios: familia Centenat, apellido incuestionablemente catalán. Me contaron que el señor Centenat, último sobreviviente de su estirpe, era un hombre solitario y huraño que rehuía el contacto con cualquier ser humano. Este detalle, junto con la imagen de la casa, se me quedaron tan hondamente grabados en la memoria que al escribir mi novela El viaje del pez oscuro introduje el bungalow y su misterioso dueño catalán en medio de un episodio que me costó trabajo terminar, pues se reproducía a sí mismo una y otra vez, desatándose en una incesante producción de fabular literario que a duras penas conseguí dominar.

     Después del mítico Centenat, otras familias habitaron el inmueble hasta que sus últimos ocupantes lo abandonaron hace aproximadamente unos quince años. Ahora tiene su parte trasera caprichosamente cercenada del cuerpo principal y convertida en una vivienda cuyo interior es la viva imagen de la desesperanza. Todo el resto de la casa ha sido transformado por manos anónimas e insensibles en almacén de botellas vacías y refugio de asquerosas alimañas. En derredor del edificio la calle sin asfaltar está sembrada de cascotes y residuos de albañilerías ajenas. Siento pena profunda al ver cómo la naturaleza, con sus fuerzas inclementes, se ocupa de ir borrando lentamente del paisaje lo que aún sobrevive de esta antiquísima, hermosa y única pieza arquitectónica de su estilo en la localidad.

     Con mejor suerte, el número 109 de la calle Heredia entre Estrada Palma y Luis Estévez, que durante décadas perteneció al crítico e investigador literario José Prats Sariol, ha sido declarada desde hace varios años patrimonio arquitectónico municipal. Esta casa de apariencia insólita, con su techo a dos aguas, su vitral frontal y su torreta de aguja angular, parece arrancada de una tarjeta de viajes y colocada arbitrariamente en medio de ese jardincito escuálido. También data de 1909. Según cuentan sus propietarios fue construida por una familia de origen judío de apellido Samuel, cuyo hijo, enviado a estudiar Ingeniería en Rótterdam, Holanda, regresó de aquel país muy influido por su arquitectura típica.

Casa de estilo Art and Craft. Aú era espléndida en los últimos años de la década de los 80

Casa de estilo Art and Craft. Aú era espléndida en los últimos años de la década de los 80

     Sin embargo, en el número 22 de 1996 de la revista especializada Journal of Decorative and Propaganda Art. Cuba Theme Issue, publicada por la Wolsson Fundation e impresa en Japón, esta misma casa aparece descrita y clasificada como perteneciente al estilo arquitectónico de la escuela Art and Craft. Y aquí sería donde estribaría el inmenso valor arquitectónico del inmueble, no solo por tratarse de una de las pocas, o quizás la única pieza de dicho estilo existente en Cuba, sino porque este estilo en sí mismo, por sus características tan peculiares, tiene muy pocos exponentes en el mundo entero.

     La historia de lo que se conoce en diseño como la escuela Art and Craft es de singular interés y belleza. Sus orígenes se encuentran en los años finales del siglo XIX, cuando tres jóvenes pintores poseídos por ideales tan románticos como los que suelen caracterizar a las edades más tempranas de la vida, se rebelaron contra el predominio de la pintura academicista en la plástica de su país.

     Imbuídos por la mentalidad nacionalista del movimiento estético conocido como Romanticismo, proclamaban que los pueblos europeos debían recuperar sus verdaderas raíces culturales, las cuales, en el caso de Inglaterra, eran celtas.

     Como el movimiento romántico tenía un profundo interés por todo lo que proviniera de la Edad Media, la Hermandad Prerrafaelita (porque su pintura seguía los postulados de la pintura anterior a Rafael), fundada en sus inicios por Dante Gabriel Rosetti, William Holmann Hunt y Jhon Everet Millais, comenzó a producir un arte de inspiración celta y medieval que creó obras de intensa y singular belleza. Muy pronto otros jóvenes artistas se sumaron a esta impresionante aventura del intelecto y el espíritu, entre ellos el arquitecto y por entonces también pintor William Morris.

     La naturaleza revolucionaria e inconforme de Morris lo llevó a rebelarse contra la homogeneidad de los diseños industriales que se habían apoderado de los mercados de la época. Convencido de que la industrialización solo era capaz de producir artículos de un dudoso arte en serie sin ninguna creatividad ni valor estético real, se erigió en defensor acérrimo de la recuperación del sistema medieval de gremios o corporaciones de artesanos, alegando que solo la artesanía era capaz de elevar la simple decoración al rango de verdadero arte.

     En 1859, habiendo contraído matrimonio con una de las mujeres más bellas de Inglaterra y más cotizada modelo dentro del grupo de los pintores prerrafaelitas, Morris diseñó para ella una hermosísima mansión a la que dio el nombre de La Casa Roja. Construida por el arquitecto Philipp Webb en Bexley, condado de Kent, resultó una estructura de ladrillos rojos con altas agujas, ventanales y puertas enmarcados en arcos góticos, ventanas de ojo de buey, tejados de caída abrupta y un jardín de planta cuadrada cercado con muros de piedra, en cuyo interior florecían los setos de buganvilias. Esta residencia de líneas casi monásticas, concebida en el estilo del gótico campestre, marcó un hito en la arquitectura decimonónica al crear un estilo que unía a la belleza, la funcionalidad y la originalidad, lo mejor de las tradiciones celtomedievales de Inglaterra.

Vista panorámica de la Casa Roja de Williams Morris

Vista panorámica de la Casa Roja de Williams Morris

 

Un ángulo del jardín

Un ángulo del jardín

 

Pozo cubierto

Pozo cubierto

        Para amueblar el bello paraíso destinado a su joven esposa, Morris desechó los muebles victorianos entonces de moda, y junto con otros arquitectos y pintores de su círculo de amigos, diseñó todo el mobiliario y hasta las vajillas de su nueva morada, y para fabricarlos por métodos estrictamente artesanales montaron un primer taller que se constituyó en el núcleo inicial de lo que en 1861 se dio a conocer en el mundo del arte como la firma Art and Craft, de William Morris.

Este armario fue pintado por Elizabeth Siddal, esposa y musa de DanteGabriel Rossetti, para formar parte de la decoración interior de La Casa Roja.

Este armario fue pintado por Elizabeth Siddal, esposa y musa de Dante Gabriel Rossetti, para formar parte de la decoración interior de La Casa Roja.

     Durante años La firma de Morris diseñó todo tipo de objetos para interiores y uso cotidiano, incluso papel pintado para tapicería de paredes, ilustraciones para portadas de libros, cerámica, piezas de vidrio coloreado de exquisita belleza, alfombras, tejidos, joyería y muebles. A su inquieto talento creador se debe que su incursión en la industria gráfica haya dejado grabados únicos que constituyen hoy valiosas muestras del arte gráfico romántico.

     Los diseños de Morris se basaban en lujuriantes conjuntos de planos poblados por flores y pájaros, entrelazados en un armonioso y curvilíneo trazado inspirado en los antiguos relieves del arte celta del labrado de joyas y armas, así como también en las preciosas filigranas de los manuscritos medievales. Fue Morris quien puso de moda los motivos de la margarita, la madreselva, la tulipa y la violeta, que engarzados en una línea eternamente rizomática y grácil, presagiaban el Art Nouveau que le siguió. Su inagotable fantasía creó figuras inverosímiles donde animales reales fundían sus cuerpos con seres míticos, como aquel pavorreal en cuyo cuerpo se insertan miembros de dragón, volviendo así al arquetipo de la bestia multiforme que fascinaba ya a los hombres desde los tiempos de la Esfinge y la Quimera.

     Desgraciadamente los objetos preciosos y exclusivos facturados por Art and Craft resultaron demasiado caros para ser adquiridos por un público vasto, como era el deseo de Morris, impulsado por sus reconocidas tendencias socialistas, y solo los clientes ricos podían tener acceso a tales precios. Esto hizo abortar el deseo de Morris de que todas las personas pudieran vivir rodeadas de objetos estéticamente bellos, pero su esfuerzo no fue totalmente en vano, pues su empresa creó los cimientos del modelo artístico diseñado para la producción en serie. Sus aportes al diseño y edición de libros sentaron pauta internacional, y también en arquitectura quedó para siempre la impronta del estilo Art and Craft, que aunque tuvo breve tiempo de existencia y desapareció fusionado en el Art Nouveau, dejó obras de imperecedera belleza y altos valores conceptuales.

     A pesar de que el número 109 de la calle Heredia tiene tantos valores, pude percatarme de que un silencioso, pero indetenible deterioro va apoderándose de sus macizas paredes, de su techumbre y de sus estructuras interiores de maderas preciosas, de sus ventanales y vitrales y de sus suelos de madera pulimentada. Largas grietas corren por todas partes y la argamasa se desprende dejando heridas que duelen a quienes amamos las cosas hermosas. Nunca puedo evitar, al contemplar la agonía mortal de estas casas, un impulso interior de protesta que difícilmente consigo acallar, y me alejo discretamente con mi tristeza, mientras me digo que el Fin no es solo un atributo de la existencia humana, sino también el de todas las cosas, especialmente cuando ninguna sensibilidad alivia a tiempo los destrozos.

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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12 respuestas a Rarezas de la arquitectura republicana habanera

  1. Claudio Remirez dijo:

    Gracias Gina por el artículo. No recuerdo haber visitado Santos Suárez durante mis quince años en Cuba. Pude apreciar la arquitectura del barrio en Wikipedia, donde aparecen muchas imágenes diferentes . Lamentablemente, la mayoría muestra el deterioro que usted describe. Encontré también un blog de un cubano que vive en USA, que es original de Santos Suárez, con muchísimas fotos propias. Es claro que lo mejor es ver el barrio en persona y experimentar en vivo su condición actual y poder imaginarlo en su apogeo original. Compartimos sus impresiones. Ojalá tuviéramos la solución para evitar el deterioro de ese tipo de patrimonio. Parecen ser lugares abandonados que necesitan el cuidado de una vecindad con los medios para poderlos restaurar y mantener. Hay algunas edificaciones que han sido modificadas y sobrevivirán, aunque uno no esté de acuerdo de verlas pintadas de colores extravagantes que no compaginan con el diseño y el carácter de las estructuras en sí, ni de las vecinas a las mismas. Sigo de vez en cuando los artículos de la Oficina del Historiador de La Habana. Hay tanto que rescatar que supongo que no les sea posible abarcar todo lo que necesita de sus esfuerzos. Pienso que Santos Suárez no esté al tope de la lista. Resulta interesantísimo ver los detalles de la reconstrucción de las edificaciones de la Plaza Vieja y otros porque soy pariente de varios de los primeros pobladores de la ciudad. Es una gran labor la que están realizando. Algún día regresaré y trataré de participar en la misma. Mi abuelo paterno fue amigo de Emilio Roig, a quien recuerdo mucho de nombre. También me suena el nombre de Eusebio Leal, de la infancia. Gracias de nuevo y muchos saludos. Claudio I. Remírez

    Date: Sat, 13 Sep 2014 13:19:41 +0000 To: ciremirez@msn.com

    • ginapicart dijo:

      Gracias, Claudio, ¡muchas gracias! Usted no sabe la alegría que me da, porque yo siempre veo que todos los elogios sobre arquitectura son para La Habana Vieja, Centro Habana, El Vedado y Miramar, pero Santos Suárezes es como un cofre de joyas rarísimas, como en su tiempo también lo fue El Cerro. En Santos Suáres están algunas de las primeras urbanizaciones de finales del siglo XIX y principios del XX, y hay casas realmente alucinantes por su belleza, su riqueza de elementos decorativos y la osadía de sus concepciones arquitectónicas; casas llenas de misterio, de un encanto que las palabras no alcanzan a describir, casas que parecen embrujadas, de cuento. Yo vivo en Santos Suárez desdehace 14 años, y siempre me ha gustado pasear al atardecer para disfrutar y descubrir todas esas bellezas. Como están tamn deterioradasla gente no se da cuenta de su presencia. Ese mismo bungalow que retraté, con aquellas gárgolas de piedra que eran niños con piecesitos rematados en pezuñas, demonios pequeños en realidad…, y lacasa Art and Craft de mi profesor José Prats Sariol, donde pasé tatas tardes estudiando literatura y escuchando Catulo Carmina declamado en latín por coros húngaros, rodeada de vitrales preciosos, de vidriería y adornos art nouveau, era una casa mágica, encantada. Todo ese patrimonio arquitectónico tan maravilloso se pierde, por falta de recursos, pero también porque las personas no son capaces de comprender su valor, y reparan las casas con parches modernos o con cualquier pegote, que dan ganas de llorar. Las personas ya no tienen sensibilidad para apreciar esa clase de belleza deslavada por el tiempo, los fantasmas del pasado, la vetustez… Sipuede, le ruego que me envíe la dirección del blog del residente de Santos Suárez, para ver las fotos. Yo tenía varias carpetas, pero se me ha quemado los discos duros varias veces y ya solo conservo estas fotos que publiqué. Otra vez gracias por escribir, Claudio.

  2. grecia1955 dijo:

    Es un articulo muy interesante. A mi siempre me ha parecido que la arquitectura de la Habana
    que se ha conservado sin cambios por mucho tiempo es algo unico. Cuando uno camina por la Habana ( yo aun lo recuerdo ), numerosas casas y edificaciones le llaman a uno la atencion
    y lo entretienen y mantienen a cualquiera mientras camine pensativo y intrigado.
    Recuerdan la hermosa casa de Loinaz del Castillo en el Vedado ? Aun se mantiene en pie ?

    • ginapicart dijo:

      Si se refiere usted a la casa de Pablo Álvarez de Cañas, a donde se mudó Dulce María cuando se casó con él, que es donde está hoy el Centro Dulce María Loynaz, esa casa está casi intacta, Eusebio Leal vive justo al lado. La casaoriginal de la familia no la he visitado nuncapero me dicen que está arruinada. En cuanto a la finca Belinda, no conozco su ubicación, no sé decirle más.

  3. havana dijo:

    Wow!! “La Habana Toda” debería ser nombrada patrimonio de la humanidad, no creo que exista una ciudad tan “multiarquitectonica” (no se si exista el termino o tenga otro nombre, me lo invente) desgraciadamente es muy tarde, se nos cae encima la que seria “La Gran Metrópolis”

    • ginapicart dijo:

      Sí…, bueno, pero también hay grandeza en las ruinas. Supongo que las siete maravillas del mundo ni siquiera son ruinas, creo que solo quedan en pie las pirámides, así que La Habana no quedaría tan mal si consigue la nominación. ¿Sabe…? El moho nos queda bastante bien, nos da una pátina así…, entre melancólica y nostálgica y medio cadavérica que tiene glamour… ¡No me diga que no somos un cadáver exquisito!!! Anímese, homre, que todavía va y ganamos. Todo es posible. A mí, sin embargo, me gusta tanto Funchal…

  4. Alicia heguy dijo:

    Que triste, ver lo que Cuba fue!. Y que a nadie le importa la architectural tan increible de nuestros pais…..

    • ginapicart dijo:

      Alici, somos muchos los cubanos a quienes sí nos importa, pero el desastre es tan grande, todo lleva tanto tiempo deteriorándose, harían falta tantísimos recursos para salvar esas maravillas, que… humildemente digo que me parece imposible.

  5. Francisco dijo:

    GraciasGina Picart poe su blog. Lo acabo de descubrir por un amigo de Stos Suares. Siempre me gusto la barriada, soy camagüeyano viviendo en N Y.

  6. Vicente Gayo dijo:

    Excelente tu artículo…

    Naci y me crié hasta la adultez en Santos Suarez. ..Tengo en Facebook “Sitios de Santos Suarez y la Víbora”, y “Rostros de Santos Suarez y la Víbora”…Nada profesional, solo un divertimento para recrear mi barrio…

    Muchas gracias por tu sensibilidad, y ojalá te escuchen alla en el Caimán, para salvar esas bellas arquitecturas de Santos Suarez, que aún permanecen contra viento y marea, resistiéndose a no desaparecer…

    Tu nuevo admirador…

    • ginapicart dijo:

      Yo también he visto tu bog y e parece que tomé alguna info de ahí me gusta mucho y también soy tu admiradora. Santos Suárez tiene unas arquitecturas extrañísimas, un auramágica que n o he encntrado en ninguna otra parte de La Habana salvo en El VEDADO.

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