Humanidad de marfil: las maravillosas crisoelefantinas

 

Personaje de los Ballets Rusos de Serge Diaghilev, que revolucionaron el arte en Europa.

Personaje de los Ballets Rusos de Serge Diaghilev, que revolucionaron el arte en Europa.

 Cuando yo era una joven estudiante de literatura, mis condiscípulos de la Escuela Nacional de Instructores de Arte descubrimos en una callejuela deCentro Habana la vivienda de un misterioso anticuario llamado Fortún, quien vendía a precios asequibles los libros de viejo que jamás habríamos encontrado en otra parte. Su casa era un pequeño universo poblado con objetos sorprendentes y variados, desde una Historia de la prostitución en dos tomos —que Fortún mantenía oculta bajo un librero para alguno de sus clientes “especiales”—, hasta un diminuto samovar de plata labrada. Sí, la guarida de Fortún era un lugar mágico, y fue allí donde yo vi por primera vez una crisoelefantina.

Más o menos una imagen como esta fue la que decubrí en la vivienda del anticuario.

Más o menos una imagen como esta fue la que decubrí en la vivienda del anticuario.

Tras este raro nombre, que proviene de las santo_7105palabras griegas chrysos (oro) y elephantinus (marfil), se agrupa un número desconocido de enigmáticas figuras, y digo enigmáticas porque casi todos hemos visto al menos una, aunque sea en una revista, pero muchas personas no tienen idea de lo que son. Al final, las crisoelefantinas no son otra cosa que esas figulinas bellísimas con cuerpo de metal u otros materiales y carnes de marfil. La que poseía Fortún era un san Francisco de Asís de un metro de alto, con sotana de bronce y manos y cabeza de un blanco cerúleo que daban al santo un aura espectral.

Las crisoelefantinas tienen un origen remotísimo, pues ya existían en Mesopotamia y el Egipto faraónico. La colosal estatua de Palas Atenea, de doce metros de altura, esculpida por Fidias para la Acrópolis de Atenas, era una crisoelefantina con cuerpo de oro puro, incluidos la lanza, el escudo, la pequeña niké , el casco y las sandalias, mientras el rostro, brazos, manos y pies eran de marfil, al igual que la estatua de catorce metros de Júpiter Olímpico, hecha por el mismo artista para el templo de Olimpia. Ambas se cuentan en la nómina de las siete maravillas del mundo antiguo. Podemos suponer que las mansiones de los nobles atenienses lucirían esta clase de adornos como mismo hoy nosotros decoramos nuestras viviendas con cerámicas vistosas.

Reproducción del original a partir de modelos a pequeña escala encontrados en el taller de Fidias

Reproducción del original a partir de modelos a pequeña escala encontrados en el taller de Fidias

 Las crisoelefantinas eran construidas sobre una base de madera, en la cual se iban colocando los bloques tallados de marfil y metal. Algunas tenían ojos y joyas tallados en piedras preciosas o semipreciosas. Para el uso ritual de estas figuras en los templos se sustituía modestamente el oro por madera. Un dato curioso: las grandes estatuas con cuerpos de oro servían como reserva de este preciado metal en tiempos difíciles para Atenas y otras ciudades griegas; los bloques áureos podían ser retiradas para fundirlas como lingotes o monedas, operación que, cuando volvían los tiempos de bonanza, se llevaba a cabo a la inversa. Con ese fin la niké portada por la Atenea de Fidias en su brazo derecho fue fundida en oro macizo.

Las crisoelefantinas nunca dejaron de ser esculpidas, pero sufrieron el destino que acosa siempre al oro, y la inmensa mayoría fue destruida durante las guerras y saqueos que asolaron la Antigüedad y la Edad Media, como parecen atestiguar los escasos hallazgos arqueológicos de restos quemados de estas figuras. Otro número de ellas debió perecer a manos de las sectas religiosas que estigmatizaban las imágenes en el mundo cristiano. No sería disparatado especular que en Bizancio, corazón del imperio griego medieval, debió sobrevivir la tradición de esculpir crisoelefantinas, pero pocas habrían sobrevivido a la batalla contra las imágenes que durante siglos se libró en aquella ciudad.

Leopoldo II de Bélgica, el genocida del Congo

Leopoldo II de Bélgica, el genocida del Congo

Un acontecimiento tan ajeno a la cultura como las guerras imperialistas europeas en África fue decisivo para recolocar las crisoelefantinas en el punto de mira de los creadores y los mercados de arte. Ya en 1855 fueron mostradas en la Exposición de París pequeñas reproducciones de las obras de Fidias, halladas por los arqueólogos entre las ruinas de uno de sus talleres. El interés del público fue notable. Unos años más tarde se apropió del Congo uno de los más siniestros genocidas que ha conocido el mundo: el rey Leopoldo II de Bélgica, quien inmoló más de trece millones de vidas de nativos congoleses esclavizándolos en la extracción de caucho.

Estas empresas de conquista a gran escala no se limitaron a la explotación de la goma, y tuvieron, entre otras consecuencias, la aparición en Europa de una venta floreciente de colmillos de elefante. Pero los comerciantes de marfil no tardaron en comprender que su mercancía no despertaba el ansiado interés entre los compradores. Hoy tal vez ya no sea posible saber quién tuvo la brillante idea de rescatar del pasado la creación de crisoelefantinas para estimular el consumo de marfil, pero lo cierto es que dio resultado.

A finales del siglo XIX el Art Nouveau, con su gusto por la línea curva y las circunvoluciones de estática milagrosa, fue el marco ideal para la producción de crisoelefantinas de gran belleza rodeadas de motivos vegetales: hojas de vid, flores y frutos de todas clases, lianas silvestres, y hasta laureles que sostenían el huidizo cuerpo de ninfas asustadas, pues los temas mitológicos y legendarios abundaron en ese estilo como fuente de inspiración. Las criselefantinas Art Nouveau suelen representar personajes mitológicos, estereotipos orientales o figuras femeninas tratadas de manera simbolista a medio camino entre el mundo real y el mundo de la fantasía. Artistas como Théodore Rivière (1857-1912), Ernest Barrias (1841-1905) o Jean-Léon Gérome (1824-1904), animados por las posibilidades de este material, comenzaron a investigar con él en sus creaciones. Estos primeros acercamientos a la escultura criselefantina realizados por los artistas consagrados del momento fueron alabados por la crítica. 

La gran actriz trágica Sarah Bernhardt.  Jean Leon Gerome. Ejemplo de crisoelefantina Art Nouveau

La gran actriz trágica Sarah Bernhardt. Jean Leon Gerome. Ejemplo de crisoelefantina Art Nouveau

Pieza de estilo Art Nouveau. Jean Leon  Gerome

Pieza de estilo Art Nouveau. Jean Leon Gerome

 El oro, metal original de las primeras crisoelefantinas, fue sustituido en buena parte por el bronce, la plata y la porcelana. Sin embargo, el verdadero auge de las crisoelefantinas llegó con el art deco en las primeras décadas del siglo XX, marcadas por la inminencia de la Primera Guerra Mundial, que pareció acicatear el placer de vivir y el ansia de voluptuosidad y belleza de millones de seres humanos, y con el influjo de

Serge Diaghilev, aristócrata ruso fundador de la compañía de los Ballets Rusos

Serge Diaghilev, aristócrata ruso fundador de la compañía de los Ballets Rusos

uno de los acontecimientos culturales más significativos de los tiempos modernos: la presentación en París, en 1909, de la compañía de los Ballets Rusos del empresario y coreógrafo Serge Diaghilev, con sus danzas nativas rusas o “polovtsianas”, su repertorio basado en temas eslavos provenientes de un folclore de inaudita riqueza desconocido para la Europa occidental, un vestuario exótico y colorido de inspiración oriental, a cargo de diseñadores como Chanel, Picasso y Matisse, todo ello acompañado por partituras de

Erik Satié, compositor de origen bretón que hizo la música del ballet Parade para la compañía de los Ballets Rusos

Erik Satié, compositor de origen bretón que hizo la música del ballet Parade para la compañía de los Ballets Rusos

grandes músicos rusos como Piotr Tchaivovsky, Rimsky-Korsacof, Prokofiev y otros, y de maestros de la época como Igor Stravinsky, Maurice Ravel, Claude Debussy, Francis Poulenc y Erik Satié, e interpretado por bailarines rusos de extraordinaria calidad, estrellas como Nijinsky, cuyas proezas danzarias nadie ha podido igualar, deslumbraron al gran público europeo, y muy pronto pintores y escultores de varios países se lanzaron a atrapar en sus creaciones momentos gloriosos de aquellos rutilantes espectáculos.

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La celebración en París en 1925 de La Exposición Internacional de Artes Decorativas e Industriales, marcó un hito en la historia de las crisoelefantinas, al dar a conocer internacionalmente la obra del escultor rumano Demetre Chiparus, inspirada en los Ballets Rusos. Sus piezas reproducían a los bailarines de Diaghilev en posturas culminantes de las coreografías de la compañía.

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Criselefantinas de Chiparus

Criselefantinas de Chiparus

Las criselefantinas francesas por lo general muestran un gran gusto por el detalle. El bronce está trabajado con técnicas de joyería y sus acabados imitan a la perfección texturas y relieves. Buen ejemplo de ello son las veinte criselefantinas de Demetre Chiparus,  danzarinas misteriosas, criaturas cristalizadas en toda su teatralidad gestual. Los cuerpos presentan posturas que parecen dispuestas  a desasirse de la tierra  y emprender un vuelo infinito en absoluto desafío a los dictados del equilibrio. Ellas visten fastuosos trajes de bronce primorosamente trabajados que imitan las texturas de los tejidos y los relieves de los bordados y accesorios; ofrecen a la vista el regalo de unos cuerpos primorosamente modelados, envueltos en corpiños pegados y faldas sabiamente plisadas o pantalones ajustados o anchísimos, capas y turbantes de bronce coloridos con gran maestría, mediante el empleo de esmaltes y óxidos para obtener colores difuminados. Figuras exquisitas, dechados de gracia y naturalidad, llenas de verdadera vida, de gentileza y armonía.

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Otro de los grandes creadores de criselefantinas es Colinet, con figuras que enervan por las extraordinarias torsiones de los cuerpos y la osadía sin límites en la expresividad del movimiento.

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Las criselefantinas alemanas y austriacas permitían, en cambio, un proceso más industrial. Los acabados del bronce eran sencillos, con superficies lisas que reservan las aplicaciones a algunos detalles. Estas obras destacan por la vivacidad de sus esmaltes y por su moderno diseño. Destacados creadores alemanes fueron Ferdinand Preiss y Arthur Kessler, con sus esculturas realizadas en bronce pintado y marfil coloreado.

Danzarina del fuego, Ferdinand Preiss

Danzarina del fuego, Ferdinand Preiss

Crisoelefantina del alemán Ferdinan Preiss

 Ferdinand Preiss

Otros destacados escultores de crisoelefantinas fueron Wolfgang Boehm, que trabajó en Londres; el ruso Samuel Grün, quien produjo su obra en París y Londres; Maurice Guiraud-Rivière, que también trabajó en París; el alemán Ernst Gustav Jaege, quien realizó lo mejor de su producción en el Berlín de 1930; el vienés Roland Paris, uno de los fundadores de la escuela arquitectónica Bauhaus, el español Juan Clará; los franceses Gerdago, Bouraine y otros muchos nombres.

Bouraine. Pierrot con lámparas. Las crisoelefantinas comienzan a compartir su condición de adornos con la de objetos utilitarios

Bouraine. Pierrot con lámparas. Las crisoelefantinas comienzan a compartir su condición de adornos con la de objetos utilitarios

 En las crisoelefantinas Art Deco sus creadores mantuvieron para las pieles el uso del marfil, en el que aprovechaban o coloreaban las vetas naturales del colmillo con fines de diseño, pero para las ropas, adornos y otros accesorios emplearon materiales que abarataron costos y permitieron su enorme comercialización: ónix para las bases de forma cuadrada, rectangular, escalonada y hasta esférica, en las que solían aprovechar las variadas tonalidades de esta piedra que iban, en diferentes gradaciones, desde el marrón, el verde y el amarillo hasta los ámbares y naranjas; usaron, además, bronce, plata, mármol, laca, resinas, carey, piedras preciosas y semipreciosas, nácar, esmalte, pizarra y otros materiales, y procedimientos como el patinado de bronce que aumentaban el impacto visual de las figuras. La viva expresión del movimiento caracteriza a las crisoelefantinas Art Deco, y yo señalaría, además, la gracia infinita de los gestos, basados en el más absoluto naturalismo.

Diseño de vestuario para bailarina del ballet El pájaro de fuego, de León Bakst

Diseño de vestuario para bailarina del ballet El pájaro de fuego, de León Bakst

Aparte de la inspirada en los Ballets Rusos, hubo otra línea de creación que representaba mujeres de la época en poses altivas y arrogantes, emblemáticas de la feminidad Art Deco, librepensadora, independiente y rupturista de convencionalismos, con un estilo de adorno y vestuario más sencillo y funcional que el de la mujer art nouveau. Ellas llevan el cabello corto y liso, según la moda art deco, mientras las crisoelefantinas Art Nouveau tienen cabelleras largas y onduladas.

Este conjunto de "Tres Gracias" Art Deco destaca por la  extraordinaria levedad, la gracia y el ritmo del movimiento, en una composición realmente exquisita

Este conjunto de “Tres Gracias” Art Deco destaca por la extraordinaria levedad, la gracia y el ritmo del movimiento, en una composición realmente exquisita

Otra línea estuvo dedicada a figuras mitológicas y legendarias, y aún otra, con una menor producción, consagrada a figuras religiosas de diversas culturas.

Pareja de amantes medievales. Ernst Seger

Pareja de amantes medievales. Ernst Seger

Representación de una princesa rusa paseando a sus galgos

Representación de una princesa rusa paseando a sus galgos. Le Faguays

Entre los bailarines más representados estuvieron las norteamericanas Josephine Baker —la sensual Platanitos—, la estatuaria y majestuosa Isadora Duncan y el ruso Nijinsky.

La genial, inmensa, insuperable Isadora Duncan

La genial, inmensa, insuperable Isadora Duncan (fotografía)

Vaclav  Nijinsky, el bailarín más grande de tods los tiempos

Vaclav Nijinsky, el bailarín más grande de tods los tiempos

La estrella norteamericana del music-hall Josephine Baker, la sensual "Platanito!, en una audaz y precursora estilización que ya casi nopuede llamarse crisoelefantina

La estrella norteamericana del music-hall Josephine Baker, la sensual “Platanito!, en una audaz y precursora estilización que ya casi nopuede llamarse crisoelefantina

Asombran las posturas de suspensión provenientes de las más osadas coreografías, como la de aquella célebre figura de Chiparus que se sostiene sobre los dedos en punta de un pie apoyados en la superficie de una esfera; los brazos se extienden en líneas aerodinámicas y los cuerpos muestran torsiones de inaudita tensión.

Aunque el motivo resulte algo kitch, esta obra deslumbra

Aunque el motivo resulte algo kitch, esta obra deslumbra

Esta es una de las crisoelefantinas más impactantes. No sé si es de oro, ¡pero como si lo fuera!

Esta es una de las crisoelefantinas más impactantes. No sé si es de oro, ¡pero como si lo fuera!

 Entre las crisoelefantinas Art Deco hay pocas piezas únicas, pues ante la alta demanda de un público elegante y rico, los artistas aprovecharon el molde de cada pieza para hacer entre tres y diez reproducciones de cada diseño. Las piezas de marfil de las copias se tallaban a mano, aunque siguiendo fielmente el modelo original. También fueron creadas crisoelefantinas como complemento decorativo de lámparas, relojes y otros objetos de valor utilitario. Las crisoelefantinas auténticas o firmadas por creadores afamados nunca fueron baratas, pero en la actualidad alcanzan precios delirantes en subastas y tiendas de antigüedades. Sin mencionar el conjunto de regulaciones legales que en algunos países se relaciona con ellas, como, por ejemplo, en España, donde es preciso certificar que la obra lleva más de 23 años en el país para poder sacarla de sus fronteras. Estas son, pues, las crisoelefantinas, prodigios del arte de Occidente que, una vez vistas, jamás podrán ser olvidadas.

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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