¿Un mito se deshace…? La verdad sobre la rosa Catalina Lasa

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La creación de la rosa Catalina Lasa, una de las más románticas y conmovedoras leyendas del imaginario cubano, se viene abajo estrepitosamente como aquel clavel que se deshoja y se le entrega a un personaje mínimo para que juegue con él.

 La rosa Catalina Lasa, una de las variedades florales cubanas más conocidas y gustadas, al extremo de ser preferida para formar parte de los ramos que las novias llevan al altar, es al mismo tiempo, el emblema de una gran historia de amor, según la cual el riquísimo hacendado Juan de Pedro Baró, queriendo hacer un regalo de cumpleaños muy especial a su idolatrada esposa, la bella dama Catalina Lasa del Río, para entregárselo la misma noche en que la célebre y odiada pareja iba a inaugurar su nueva residencia en 17 y Paseo, contrató al internacionalmente reconocido arquitecto paisajista Forestier, y le hizo venir de París para buscar a través de injertos una nueva rosa que nadie antes hubiera poseído. Cuenta la leyenda que Forestier, quien además diseñó los bellos jardines de la nueva residencia vedadense, trabajó meses en la creación de la nueva flor. Cuando Catalina, quien ignoraba que la casa había sido construida por su esposo para ella, descendió del auto que la traía al edificio, recibió al mismo tiempo la noticia de su nueva propiedad y la entrega de la rosa que inmortalizaría su nombre y su historia de amor.

En otra versión, habrían sido los jardines habaneros El Fígaro los comisionados por Baró para crear la rosa que lo obsesionaba.

Pero… resulta que nada de esto sucedió como lo cuenta la leyenda. Recientemente el historiador e investigador Oscar Ferrer Carbonell obtuvo de manos de Natalia Lasa, sobrina de Catalina Lasa del Río, a quien entrevistó en Miami, documentos familiares donde queda atestiguado que la historia de la célebre rosa es mucho más sencilla.

 La flor, descrita como de textura suave y armonioso tono jaspeado rosáceo amarillento, apareció en la vida de Catalina Lasa del siguiente modo:

“La familia de Roberto Q. Mendoza, todos íntimos de mi familia, tenían una florería en el Paseo del Prado en La Habana, y en las afueras poseían una finca de flores solamente. Habiendo traído de Hungría una rosa, esto ocurre alrededor de 1926, la rosa húngara se les dio de maravilla en el clima de Cuba. Un día por esa época tía Catalina se apareció en la florería y en la habitación al fondo, alrededor de una gran mesa, estaban sentados varios de los Mendoza admirando la nueva rosa, de tallo largo y color rosa pálido, y pensando qué nombre ponerle. En eso entra tía Catalina y todos gritan “Catalina Lasa”. Ella les pregunta “¿Qué ocurre?”, y le contestan ¡ya tenemos nombre para esta bellísima rosa! Ella fue a la florería, pues Roberto era experto en arreglos florales, y pedirle pasara por su casa pues tenía gran comida esa noche para el embajador americano y [ilegible] le arreglase las flores. Esta anécdota me la contó el mismo Roberto que fue amigo mío y terminó su carrera como embajador en Londres”.[1]

El investigador e historiador Oscar Ferrer Carbonell con la señora Natalia Lasa, sobrina de Catalina Lasa, en su casa de Coral Gables, en Miami, Florida

El investigador e historiador Oscar Ferrer Carbonell entrevistó a la señora Natalia Lasa, sobrina de Catalina Lasa, en su casa de Coral Gables,  Miami, Florida

 Es lamentable que uno de los más hermosos cuentos de hadas de amor nacidos en Cuba tenga tantos datos falsos y distorsionados, como este de la creación de la rosa Catalina Lasa que, por cierto, no es la única rosa cubana con nombre de mujer, pues ya existía otra llamada Georgina Menocal, en honor a la hermana del Presidente Menocal. Sin embargo, aunque en este caso la verdad no sobrepasa el esplendor de la imaginación, la historia real deja un dato invaluable para quienes se interesen en la investigación de temas cubanos, y para todos aquellos que admiramos a Catalina: ella tenía un cutis pálido, debajo del ligero tinte rosa había como una luz amarillenta que desata la fantasía y nos lleva una vez más, a la temible indagación que rodeará por siempre el misterio de su muerte. Acaso la posible respuesta se encuentre en esa tez que auguraba una incipiente pobreza de sangre, lo cual, también según testimonio de miembros de la familia Lasa, pudo ser la causa nunca revelada que la privó de la existencia cuando todavía la Vida tenía tanto que ofrecer a esta mujer singularísima, enigmática y radiante que ha dejado una huella indeleble en el imaginario de Cuba.

[1] Se ha respetado la ortografía original de José María de Lasa. La carta fue escrita en Nueva York el 5 de diciembre de 1991.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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Una respuesta a ¿Un mito se deshace…? La verdad sobre la rosa Catalina Lasa

  1. Fantástico! gracias por el aporte, un beso

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