¿De congo y de carabalí? Sobre la composición genética de la población cubana

La cuestión de cuáles son los verdaderos ancestros de la población cubana ha sido siempre muy polémica, y motivo de intercambio de opiniones hasta en los corrillos que suelen formarse en las cuadras de los más humildes barrios de Cuba.

 Recientemente una investigadora cubana, la doctora Beatriz Marcheco Teruel, del Centro Nacional de Genética Médica, presentó una conferencia en la que, al parecer, ofrece una respuesta definitiva y satisfactoria a esa incógnita que, por siglos, ha calentado tantas cabezas dentro y fuera del país y en mundos tan disímiles como el científico, el cultural y el popular, entre otros. Esta exposición, que lleva por título Cuba: color de la piel, mestizaje étnico e identidad genética, se basó en una investigación donde fue analizada una muestra de 1 019 individuos de ambos sexos en todas las provincias de la isla, y abarcó el 85 por ciento de todos los municipios del país pertenecientes a zonas urbanas y rurales, arrojó los siguientes resultados: las personas de piel blanca (que integraron esa muestra) tuvieron alrededor de un 7 por ciento de genes de origen africano, las mestizas un 25.5 por ciento, y las de piel negra alrededor de un 65 por ciento. También se obtuvo el porcentaje de genes de origen nativo americano y europeo. La autora de la investigación afirmó: “No encontramos ninguna persona que el 100 por ciento de su información genética fuera de origen europeo o de origen africano”.

 Vale destacar que entre los valores que esta investigación pueda comportar no solo se encuentran  los de carácter antropológico, sino información de suma importancia para la comprensión de las enfermedades que afectan mayoritariamente a la población cubana, y no hay que descartar la posibilidad de que posea aún otras utilidades.

Dos interrogantes me asaltan con respecto a los resultados de este estudio. No dudo de los marcadores genéticos, pues cualquier información seria que leamos sobre su funcionamiento en investigaciones similares realizadas en otros países puede convencernos al instante de su alto grado de fiabilidad. Estos marcadores han servido incluso para localizar descendientes actuales vivos de neandertales hallados en tumbas prehistóricas de Europa. Asombroso, pero cierto. Mas al revisar algunas estadísticas de referencia consignadas por el Ministerio de Hacienda de la República en 1930, llaman la atención los siguientes datos:

Entre 1902 y 1930 llegaron a nuestro país 1,3 millones de inmigrantes, 261 587 de ellos en los últimos seis años de ese período. En esos 28 años, encabezaron la lista 774 123 españoles, 190 046 haitianos, 120 046 jamaicanos, 34 462 estadounidenses, 19 769 ingleses, 13 930 puertorriqueños, 12 926 chinos, 10 428 italianos, 10 305 sirios, 8 895 polacos, 6 632 turcos, 6 222 franceses, 4 850 rusos, 3 726 alemanes y 3 569 griegos. En años posteriores siguieron llegando a Cuba más inmigrantes de las nacionalidades mencionadas, así como también libaneses, judíos, palestinos, rumanos, húngaros, filipinos y mexicanos (sobre todo de Yucatán).

 Un dato tomado de otra fuente indica que en 1958 había en la embajada de Cuba en Italia 12 000 solicitudes de ciudadanos que deseaban emigrar a la Isla. Desconozco si todos o algunos llegaron a hacerlo.

Si a estos datos anteriores se añaden otros como, por ejemplo, que un por ciento abrumador de la población cubana en tiempos de la Colonia era de origen español o descendiente de españoles, con un nutrido aporte de naturales de las Islas Canarias, quienes constituyeron el grueso de la población campesina en este período —aunque yo no pueda ahora mismo ofrecer datos de número, ubicación por zona, sexos y edades—, las cuentas dan fe de que en todo tiempo la población no africana de la isla ha superado a la población de origen africano. Y aquí cabe hacer una observación que también habría que tener en cuenta: cuando decimos africanos, ¿nos estamos refiriendo a todos los habitantes de África, incluyendo los países del norte de ese continente como Egipto, Marrueco, Túnez, Argelia, o solo a aquella mayoría continental de países de donde vinieron los ancestros esclavizados de la actual población afrocaribeña? Me gustaría tener acceso a la totalidad del texto de la investigación que nos ocupa, para saber si esta distinción fue tenida en cuenta. Porque sería interesante saber cuáles genes africanos y en qué cantidad llegaron a Cuba en la sangre de los conquistadores españoles y los primeros colonos de la isla, dado que la mayor parte de lo que hoy es España permaneció ocho siglos bajo el dominio de los moros o africanos del norte de África, que no pertenecen a las mismas etnias del centro y sur de África

Por otra parte, si echamos cuentas, ¿cuántas generaciones se han sucedido desde los años de los que data la estadística del Ministerio de Hacienda que hemos citado? ¿Cuatro, cinco…? Tal vez menos en familias longevas. Muchos de nuestros bisabuelos (incluyendo los míos) pelearon en la última Guerra de Independencia. Muchas familias cubanas conocen perfectamente su línea de descendencia de esas fechas hasta ahora mismo, aunque no todas tengan información sobre otras líneas de descendencia  en familias colaterales, pues la promiscuidad sexual ha sido en todo tiempo una característica del Caribe, y Cuba no escapa a ella. Y contando a partir de una fecha más reciente, ¿cuántas familias cubanas no parten de un ancestro europeo que emigró a Cuba en las primeras décadas de la República e incluso hasta en los años 50, y en cuyas generaciones sucesorias no ha habido mezcla de razas, o al menos no la ha habido en la familia oficial, por lo que se ha mantenido al menos una línea directa de transmisión de genes caucásicos fuera de toda duda, documentada por fotografías, cartas y otros materiales probatorios, además del testimonio de personas?

Según los resultados arrojados por la investigación en cuestión, habría que pensar que un gran número de los hombres caucásicos que han vivido en Cuba durante siglos han tenido descendencia con mujeres africanas y, en menor cantidad, por supuesto, que muchas mujeres caucásicas alumbraron hijos de padres negros y mulatos. También hay que tener muy en cuenta que Cuba, país de ascendencia española, con tradicional economía esclavista de plantación (cuya mentalidad se perpetuó bajo la influencia de la cultura norteamericana, que había tenido el mismo origen) y religión mayoritariamente católica al menos hasta la segunda mitad del siglo XX, tuvo una orientación social racista (que aún persiste aunque presione con mucha menos intensidad que medio siglo atrás), y los matrimonios y uniones mixtos eran muy censurados por la sociedad, por lo que no constituían práctica frecuente. Al contrario de lo que sucede hoy mismo en el país, las familias blancas anteriores a 1959 tenían más de un hijo, y en la medida en que retrocedamos en el tiempo encontraremos que en la típica familia cubana había, al menos, tres o cuatro hijos, y la cifra era mayor entre los campesinos, por lo que la tasa de natalidad prácticamente se igualaba en ambas razas. Parece tan desconcertante el que no existan cubanos blancos sin genes africanos, como el que todos los cubanos negros tengan genes caucásicos en su ADN, según atestigua la investigación de la doctora Marcheco Teruel.

Insisto en que no dudo de la fiabilidad de los marcadores genéticos, ni pongo en tela de juicio el rigor de esa investigación, pero me pregunto si  1019 individuos serían una muestra realmente representativa de más de once millones de habitantes, a los que, supongo, habría que sumar, y no veo por qué no, los cubanos residentes en otros países, quienes, aunque ausentes, forman parte del mapa genético de la población de Cuba, indudablemente.

Mi segunda interrogante es de carácter cultural. Si la población de la República de Cuba tiene una mayoría abrumadora de genes europeos, ¿cuáles son las raíces culturales que corresponden a esos números ahora científicamente demostrados, según parece? Si analizamos que los genes europeos de los cubanos provienen en su mayoría de España, y que la mayor parte de la emigración española a Cuba vino de Asturias y Galicia, naciones étnica y culturalmente de origen celtibero, entonces los genes europeos de los cubanos que los poseen son celtas, y la cultura que les corresponde desde el punto de vista de su origen genético es la cultura celta de España. Cuando hablo de correspondencia, entiéndase que manejo el término en tanto que complejo cultural creado por una raza en, y valga la redundancia, términos de identidad genética. Y esto sitúa el tema en un terreno difícil, pues la cultura cubana actual posee un marcado, relevante y mayoritario impacto afro, y cuando afirmo esto no me estoy refiriendo solo a fenómenos sociológicos de carácter espontáneo como puede ser, por ejemplo, la elección de una religión (que ha devenido no tan espontáneo, por cierto), sino a la orientación oficial de la cultura cubana en todas sus manifestaciones, mientras que la presencia de una cultura relacionada con una mayoría de genes europeos españoles prácticamente no existe, y solo es mantenida por las Sociedades españolas, dos grupos oficialmente representativos como son el Ballet de Liz Alfonso y el Ballet Español de La Habana (y otras pequeñas compañías en formación) y el festival anual La Huella de España, al que tal vez podríamos añadir el CeltFest Cuba, Festival de Música y Tradiciones Celtas, evento que únicamente ha tenido unas pocas ediciones en los últimos años, y que solo en la última ha contado con apoyo de algunas instituciones culturales oficiales cubanas y relativa cobertura de prensa, a pesar de que los músicos de las naciones celtas que suelen participar en ese evento ofrecen talleres gratuitos con entrada libre (a los que acude un número casi inexistente de interesados, justamente por falta de divulgación). No me parece necesario establecer comparaciones entre esta lamentable situación carencial y todos los grupos y eventos artísticos que representan entre nosotros a la cultura afrocubana, porque resulta obvio que existe un desbalance tangible.   ¿Dónde está la cultura hispanocubana, que a juzgar por las conclusiones de Marcheco Teruel debería hacerse visible por todas partes?… Y ¿bastaría el fenómeno de la transculturación y simbiosis de elementos culturales para hallar una explicación sin brechas? Me temo que ni siquiera la augusta sombra de don Fernando Ortiz podría arrojar una luz salutífera en la espesura de este fenómeno.

No sé cuál pudiera ser la interrogante final sobre este tema de la genética poblacional cubana. Digamos mejor que prefiero no pensar en el asunto con demasiada intensidad. Pero no me cabe duda de que cualquier respuesta ofrecida conduciría inevitablemente a otros muchos cuestionamientos, porque las cosas… no son tan simples como se pueda o se quiera creer, y estoy segura que en Cuba hay todavía mucho que investigar antes de enunciar doxas incuestionables.

 

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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2 respuestas a ¿De congo y de carabalí? Sobre la composición genética de la población cubana

  1. Lizzyocean dijo:

    QUERIDA GINA, NO SE QUE SUCEDE TE ESCRIBO Y NO LLEGAN LOS CORREOS?????. CARINOS MARTA

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