EL ÚLTIMO HIJO DEL CIELO

Grata sorpresa es saber que está a la venta la biografía Mi marido Puyi, el último emperador de China. Para quienes vieron el magnífico filme del director italiano Bertolucci, El último emperador. La oferta significa volver sobre un tema de impacto visual deslumbrante, pues se trata de una de las monarquías más fastuosas de la Humanidad, y permite, además, un acceso más profundo a la intimidad del hombre que fue dueño de una parte del mundo y millones de personas, para terminar su vida como un ciudadano común, tras diez años de reeducación en instituciones del Partido Comunista Chino.

El libro fue escrito a partir de las memorias de Li Shiuxiang, última esposa de Puyi, de profesión enfermera, con quien se casó cuando él ya tenía más de cincuenta años y era un simple funcionario de una Academia de investigaciones históricas en la República Popular China. Li trabajó con sus recuerdos durante seis meses, asistida por Wang Quingxian, Investigador de la Academia de Ciencias Sociales de Jilin, Vicepresidente de la Asociación de Investigación de Puyi de Changchun y miembro de la Asociación de Escritores de China, quien ha publicado más de cincuenta títulos, entre los cuales se cuentan Mao Zedong, Zhou Enlai y Puyi, La segunda mitad de la vida de Puyi, y El diario de Puyi, entre otros. Sus obras han sido traducidas al inglés, japonés, coreano y español, y escribió, además, los guiones de los filmes Dragón de fuego y La última emperatriz. Quingxian es, pues, un investigador especializado en la biografía de Puyi.

La primera parte del libro narra la infancia difícil de Li bajo el control de una madrastra sádica y llena de odio, figura arquetípica en las literaturas del mundo, pero con perfiles muy particularizados en el arte oriental, y los tiempos en que Li conoció a Puyi, su dulce noviazgo y feliz, aunque breve matrimonio. Las literaturas orientales tienen, entre sus características, la capacidad de no perder su estilo elegante, sobrio y sugestivo capaz de resistir a casi cualquier traducción. De niña leí algunos libros del escritor chino Ling Yutang y vuelvo a encontrar en las páginas de Quingxiang el mismo ritmo narrativo, idéntica melodía y esa serenidad inconfundible que solo trasmite el arte oriental. Sorprende encontrar esta aura de serenidad, elegancia, sobriedad y contención, y al mismo tiempo amenidad, en las novelas coreanas que tanto impacto causan en Cuba.

 Esta obra se lee como una agradable novela, aunque lo que subyace tras su visible argumento edulcorado es la historia de una exitosa conversión ideológica que para China siempre tuvo una especial importancia y significación. La diferencia ontológica entre la mentalidad y la cultura chinas y nuestra mentalidad y cultura occidental y caribeña puede provocar un efecto de enrarecimiento en algunos momentos del libro. Sin embargo, el arte, como fenómeno propio de la superestructura, siempre logrará sobreponerse a las diferencias socioculturales para ser comprendido y disfrutado por la sensibilidad universal.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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