Amado, odiado, olvidado Vargas Vila

Hoy ya es difícil decir quién fue el escritor más leído y más odiado de la lengua española durante los últimos años del siglo XIX y las primeras décadas del XX, pero cualquier persona de más de 60 años contestará de inmediato: José Vargas Vila (Colombia, 1860-Barcelona, 1933), autor, entre numerosos títulos, de las célebres novelas eróticas Ibis, Flor de fango, Lirio rojo, Lirio blanco, María Magdalena y un experimento llamado Salomé, que él definió como novela-poema. Por las características de su poética se inscribe dentro de la corriente modernista latinoamericana, pero en realidad fue un decadente como Julián del Casal, que exaltó la falta de fe, la decepción de la vida, el vacío del sexo y el gusto por temas y atmósferas exóticos y refinados. Todo el mundo leyó a Vargas Vila, desde los intelectuales hasta quienes se sientan en los quicios de las calles pobres sin más ocupación que ver pasar las horas en compañía de una botella de ron barato. No es muy conocido que este fenómeno de mercado de formación autodidacta fue, también, un activo periodista que fundó y dirigió revistas y diarios en América y España, alcanzó notoriedad como autor de acerados panfletos, y destacó como hombre político que defendió ideales independentistas latinoamericanos; se declaró enemigo jurado de los Estados Unidos y un anticlerical fervoroso, al extremo de que mientras desempeñaba una misión diplomática en el Vaticano como enviado de Ecuador, se negó a prosternarse ante el Papa, quien más tarde lo excomulgó. Por sus ideas políticas sufrió prisión y en varias ocasiones tuvo que huir al exilio para salvar su vida. Acusado por sus detractores de todos los vicios y depravaciones, escribió con amargura en su Diario: “Yo no fumo, no bebo licores, no me he acercado nunca a ninguna mesa de juego, y, sin embargo, se habla de mis orgías.” Vargas Vila visitó Cuba en más de una ocasión y celebró con entusiasmo sus paisajes. Conoció a Martí en Nueva York y ambos trabaron una cálida amistad basada en la identidad de ideales, la afinidad estética y la mutua admiración y respeto. Martí escribió páginas hermosas sobre Vargas Vila y sostuvo con él una correspondencia en la que llegó a comunicarle sus planes sobre la Guerra del 95, planes que Vargas Vila jamás reveló. A su vez, el colombiano se entusiasmó con el Apóstol y lo retrató con emotivos trazos: Voz suave, grave, extrañamente musical. Frente espaciosa. La boca oculta tras los mostachos lacios, caídos sobre los labios elocuentes, para ocultarlos como el álveo de un gran río entre los jarales ocultos. Bajo ella los ojos tristes. […]: “El brazo derecho llevado atrás, colocado sobre los riñones, como si ocultara el carcaj repleto de sus flechas, la izquierda levantada, como si fuera a clavar en tierra una bandera; o como si trazara el itinerario al vuelo de sus metáforas, que eran como un vuelo de alciones sobre el mar. La extendía luego hacia adelante, como si marcase el Camino de la Victoria a las Huestes Invisibles […] Cuando llegaba el momento del Apóstrofe vibrador, el brazo oculto aparecía enhiesto, como un asta, en la cual flotara la bandera de Cuba Libre amparando la tumba de los muertos y llevando al combate las legiones de los vivos, la voz se hacía tronitante, y flotaba en el aire la metáfora final. […] Martí aparecía en la tribuna como Atlante, pequeño, encorvado bajo el peso del Mundo de Ilusiones que llevaba sobre su alma soñadora, pálido, taciturno, sin ninguno de los atributos físicos que tuvieron los atletas de la palabra. La tribuna transfiguraba a Martí, al poner los pies en ella se agigantaba […] Se erguía recto como una flecha, la sonrisa desaparecía en sus labios, la expresión de su boca no se hacía mala, pero adquiría un rictus de severidad. El venezolano Ramón Palacio Viso, ayudante personal de Vargas Vila durante 35 años, falleció en La Habana, en el asilo de Santovenia, en el Cerro. Tenía en su poder la papelería de Vargas Vila, entre la que se encontraban su Diario secreto y numerosas epístolas. El Diario fue donado a la Fragua Martiana y con posterioridad Cuba lo donó a Colombia.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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