Los que trabajan para ayudar a la biodiversidad: protectores de animales

 Las obras buenas del hombre deben ser conocidas. La Sociedad Protectora de Plantas y Animales (ANIPLANT) y el Grupo de Protección a Animales de la Ciudad (PAC) está haciendo una labor muy meritoria que merece ser divulgada para que la población sepa que ellos existen, y que a ellos puede acudir para encontrar respaldo y ayuda en la hermosa tarea de salvar y criar animales afectivos.

 Estos grupos, integrados por ciudadanos habaneros entre los cuales hay obreros estudiantes, amas de casa, profesionales y jubilados, ofrecen servicios de esterilización y desparasitación de mascotas a precios muy módicos, y en el caso de personas de tan bajos ingresos que no puedan costear estos servicios, se ofrecen gratis, en quirófanos habilitados con todas las condiciones necesarias para garantizar la salud de los pequeños pacientes. También los dueños de perros, gatos y otras mascotas pueden acudir a estos grupos de protectores en demanda de medicamentos para desparasitar y para curar algunas de las dolencias más comunes de nuestros mejores amigos de cuatro patas, y además, pueden encontrar asesoría veterinaria profesional de la más alta calidad.Pero no son estos los únicos apoyos que los grupos protectores de animales brindan a humanos y mascotas. Los protectores organizan cada cierto tiempo encuentros sin carácter de lucro, donde los asistentes pueden donar, en la medida de sus posibilidades, alimentos, juguetes, implementos y medicamentos para mejorar la vida de los animales. Otras actividades están destinadas a ofrecer conferencias y conversatorios sobre temas relacionados con la vida, salud y educación de los animales que acompañan al humano en la vida cotidiana.

 Los grupos de protección animal llevan a cabo una muy importante labor de adopciones. Los protectores hacen de sus propios domicilios hogares de tránsito para mascotas abandonadas, muchas de ellas heridas, enfermas o abusadas, las alimentan y cuidan costeándolo todo de sus bolsillos particulares, y una vez restablecidas buscan adoptadores responsables, capaces de ofrecer un hogar a las pequeñas víctimas del maltrato y la desidia humanas.

 Grupos de protectores, en sus horas libres, salen a las calles armados con todo lo necesario para bañar y desparasitar mascotas deambulantes, a las que luego pegan solapines de reconocimiento para hacer constar que esos animales se encuentran bajo protección especializada. En ocasiones han llevado a cabo riesgosísimas acciones de rescate, como la del Parque de la Maestranza, donde en los pasados días de aguaceros torrenciales los protectores bajaron a los túneles de las excavaciones para rescatar a una madre canina con sus bebés, y terminaron sacando de tan peligroso lugar a otros gatos y perros sin hogar que habían hallado refugio en tan insalubre lugar y estaban a punto de perecer por hambre o ahogados.

 Los protectores cubanos hacen honor a nuestra tradición del Bando de Piedad, y a lo esfuerzos encomiables de hombres y mujeres como la señora Mercedes Sañudo, madre de la gran escritora Dulce María Loynaz, quien instaló y mantuvo con su fortuna personal el asilo La Misericordia, en su propia casa de El Vedado, la misma residencia que inspiró a su hija su novela Jardín, donde cuidó con dedicación durante muchos años a más de cien perros y gatos que recogía de las calles.

 Es una vergüenza pública que la Ley contra el Maltrato Animal, propuesta desde hace tantos años por los grupos de protección animal al Ministerio de Agricultura, continúe sin ser aprobada, y que un obstáculo meramente administrativo siga impidiendo que los denodados protectores cuenten con apoyo legal para proteger a esos seres desgraciados que viven en las calles sin amparo, al arbitrio de personas sin conciencia que los maltratan y atormentan, o que los abandonan sin escrúpulos cuando ya son viejitos y apenas si pueden valerse, o acabados de nacer, para que mueran en pocos días de inanición.

 A los cubanos que no nos gusta que se nos recuerden aquellas palabras de Gandhi: “La grandeza de un país se mide por la forma como trata a sus animales”, les recordamos, entonces, estas de Martí, que no podrán ser objetadas con argumentos chovinistas: “Los hombres se dividen en dos clases: los que aman y construyen, y los que odian y destruyen”. No hay uno solo de los grandes Maestros de la Humanidad que no haya predicado la compasión y la piedad como las más elevadas formas de la superioridad moral y del espíritu. Mejoremos nuestra condición humana mediante el ejercicio de las mejores virtudes de nuestra especie.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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2 respuestas a Los que trabajan para ayudar a la biodiversidad: protectores de animales

  1. DR.marrero dijo:

    BRAVO…BRAVISIMO!!!!!!!
    DR.MARRERO.
    FL. USA!!!!

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