Gran por ciento de la población no sabe pensar, según científico

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Con este título tan sugestivo publicó Prensa Latina el 26 de junio una breve nota sobre la atrofia de la capacidad de pensar que sufre gran parte de la población mundial, y cito: 

El doctor Schwartz, director del Centro Nacional para Enseñar a Pensar, de Estados Unidos, aseguró que la mayoría no sabe hacerlo porque en la escuela se les ha enseñado a pensar de una manera muy limitada, utilizando únicamente la memoria.

Según Schwartz, Doctor en Ciencias de la Universidad de Harvard, pocas personas en el mundo han aprendido a pensar de forma más amplia y creativa de lo que les enseñaron en la escuela, y el progreso de la humanidad depende de ese tipo de pensamiento.

 Sin embargo, no hay que ser graduado de Harvard para darse cuenta de que las técnicas de aprendizaje basadas en la memorización, que datan de los tiempos de la Escolástica medieval, no son las únicas responsables de que los individuos no desarrollen al máximo de sus posibilidades la capacidad de pensar.

Hay que tomar en cuenta que la capacidad de acceder a la enseñanza implica una posibilidad de desarrollar el pensamiento abstracto, posibilidad que se multiplica para aquellos que pueden acceder a los niveles superiores de la enseñanza, que en ninguna parte del planeta constituyen mayoría, ni siquiera en países como Cuba, cuyo sistema de educación es completamente gratuito y está garantizado para todos los ciudadanos hasta el nivel secundario, pero donde el acceso a los preuniversitarios y las universidades está lastrado por conceptos obsoletos que limitan la entrada de muchos estudiantes con talento para la especialidad que han elegido, pero tal vez con pocas dotes para alguna de las tres asignaturas generales con pruebas de ingreso obligatorias (en especial Matemáticas) que exige nuestro Ministerio de Educación Superior, criba que, más que beneficiar al país, lo perjudica, pues elimina un gran número de jóvenes que tienen que derivar hacia el aprendizaje de oficios cuando hubieran podido convertirse en profesionales universitarios de primera magnitud, tan necesarios para una nación en desarrollo como la nuestra.

Pero las escuelas, cualquiera sea su nivel, no son el único camino para aprender a pensar o para no aprender a hacerlo jamás. Hay otras muchas razones que deberían ser atendidas, como por ejemplo, que vivimos en un mundo donde la comunicación se basa fundamentalmente en consignas. Las consignas, por el contrario de lo que muchos creen, no son únicamente de carácter ideológico. Las consignas son también esas cápsulas publicitarias que alimentan el mercado y promueven un consumismo insaciable donde las personas compran aquel producto que se le dice que es bueno. También han invadido las consignas el terreno de las religiones, pues consigna es, y no otra cosa, esta frase y otras muchas que se le parecen aunque traten asuntos diferentes: “El mundo bajo la Sharia”. Esta consigna, lanzada por el grupo terrorista ISIS, que se hace llamar Estado Islámico, está liderando en el Medio Oriente un movimiento que recluta miles de seguidores en todo el mundo, quienes actúan como los ratones tras el flautista de Hamelin. El poder de las consignas es tan grande y su capacidad movilizatoria tan inmensa precisamente porque inhiben la disposición de los individuos para pensar por sí mismos, apagan la necesidad de ejercer el criterio, puesto que implantan en las personas una percepción del mundo que ya viene en paquete y resulta mucho mas cómoda que aquella que tendríamos que elaborar a partir de nuestras propias vivencias y experiencias.

Influyen también las siglas, aunque parezca cosa de risa, porque las siglas, compuestas por caracteres de escritura, no pertenecen, sin embargo, al territorio de esta, instalado en el hemisferio izquierdo, que es también la sede del pensamiento abstracto, sino se basan en los principios del pictograma, perteneciente al reino de las imágenes, instalado en el hemisferio derecho, sede de los procesos de la intuición y la emocionalidad, regidos a su vez por el cerebro primitivo del hombre, estructura de nuestra masa encefálica que se formó en fases tempranas de la evolución de los primates. Todo aquello que movilice nuestros instintos y emociones tendrá siempre un efecto más rápido y anterior que el razonamiento y, por tanto, un más intenso poder de convocación.

 Conspiran también contra la capacidad de pensar del hombre moderno las nuevas formas del arte, tales como la literatura y el cine basura, y ni hablar de la aparición de formas “musicales” como el reguetón, basadas en esquemas rítmicos remotos, cuya función consistía en movilizar los instintos básicos de la reproducción para facilitar el número de nacimientos en la tribu, siempre amenazada de extinción por los fenómenos naturales y la depredación de otras especies animales.

 En realidad, para comenzar a pensar el primer paso consiste en descubrir que no pensamos, y que algo o alguien lo está haciendo por nosotros, implantando en nuestra mente fórmulas “precocinadas” que son comodísimas, pero dirigen nuestros actos y decisiones sin que seamos conscientes de ello. Tal vez el segundo paso para aprender a pensar sería comenzar a dudar de todo, cuestionárnoslo todo, perder la confianza ciega en todas las doxas que nos han enseñado y que adormecen los instintos y el estado de alerta de la conciencia. Esto es lo que algunas religiones y escuelas de pensamiento, sobre todo las orientales, como el budismo, por citar solo un ejemplo, llaman el estado de sueño, del que es preciso despertar al discípulo para que comience a percibir la realidad por sí mismo, lo cual exige un entrenamiento sistemático y largo que pocos occidentales tendrían tiempo y paciencia para acometer. ¿Cómo despertar entonces al hombre dormido de estos días convulsos que vive la Humanidad? ¿Cómo comenzará a ser capaz de pensar con independencia y se liberará de las redes que le tienden la publicidad, los medios de comunicación, el arte distorsionado, las ideologías, las religiones, las sectas, la cultura, en fin, de la globalización…?

 Pero sospecho que antes de formular estas preguntas habría que comenzar por la primera interrogante en un orden lógico de prioridades: ¿Quiere realmente el hombre actual aprender a pensar por sí mismo…? Y entonces, de algún abismo oscuro e insondable sube una extraña voz que presenta otra pregunta: “¿Quién quiere una Humanidad capaz de pensar por sí misma…?

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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2 respuestas a Gran por ciento de la población no sabe pensar, según científico

  1. grecia1955 dijo:

    Es algo muy interesante este escrito. Yo estoy completamente de acuerdo.
    Solo queria decir que de continuar de esta manera, vamos a ir a parar a vivir en la realidad los libros de Orwell .

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