Cuando la imaginación NO puede nacer: Ausencia de imaginarios mitopoéticos en el cubano actual

 

cuba hoy

En un breve comentario publicado en el periódico Granma, titulado Cuando les matan la fantasía y firmado por Julio Martínez Molina, se analizan los efectos de la pérdida de la fantasía en las primeras edades de la vida y su sustitución por programas de videojuego, literatura basura para adultos y otros subproductos de la cultura occidental.

En principio, quienes trabajamos directamente con la cultura estamos absolutamente convencidos de que la carencia de un imaginario no clasificable únicamente como fantástico, sino más exactamente como mitopoético, afecta considerablemente la estructura de la mente humana, y da por resultado una población de individuos con una muy empobrecida capacidad de pensamiento, concentrados en la satisfacción de sus instintos básicos y en la valoración desmesurada de bienes y posesiones de carácter material, con una demoledora ausencia de sensibilidad, una tremebunda discapacidad para la empatía emocional, una ausencia peligrosa de espiritualidad y una personalidad cada vez más semejante a la del psicópata social o a la del ser elemental que acerca al hombre al estado animal, con un vocabulario sumamente insuficiente, ausencia de códigos éticos y una muy mermada capacidad de reacciones en su comportamiento individual y social. Y podríamos estar hablando de una futura humanidad de lata o humanidad “basura”, superada en inteligencia y habilidades por los robots. Una humanidad que ya se incuba entre nosotros.

Sin embargo, siempre sorprende encontrar, cuando se habla de este tema, la referencia a las novelas de capa y espada o de viajes y aventuras escritas en el siglo XIX como ejemplos que deben conocerse y seguirse, aunque hayan pasado dos siglos. No se puede afirmar que este lamento se deba a ausencia de lecturas actualizadas por parte de quienes abordan el análisis, pero lo que sí no falta es un imaginario mitopoético en los siglos posteriores, tanto como producto cultural elaborado por creadores, como puramente urbano, de raíz popular. Son inolvidables las producciones de Walt Disney, por ejemplo, que no solo emplearon historias ya consagradas por la literatura para niños como La Cenicienta o La sirenita, de los decimonónicos hermanos Grim y el genial escritor danés Hans Christian Andersen, sino que crearon personajes totalmente modernos como el pato Donald y el Ratón Mikito, las célebres Urracas y el Pájaro Loco, además de otros muchos memorables que llenaron la infancia de millones de niños y las horas de recreo de otros millones de adultos que, aún hoy, continúan acariciando su recuerdo como uno de los tesoros más preciados. La generación de mi hija, los treintañeros de hoy, se solazaron infinitamente en su niñez con libros como Pippa Mediaslargas, La familia Mumín y El viaje de Nils Holgersson a través de Suecia, y no olvidan los tan gustados “muñequitos rusos” que narraban antiguas leyendas del Volga o las aventuras más que modernas de los hilarantes y simpáticos Bolek y Lolek, por solo mencionar dos ejemplos. En la televisión cubana apenas tiene igual La sombrilla amarilla. No ha habido ni hay, siquiera, algo que se le acerque en más de cincuenta años.

Dos fenómenos están incidiendo en Cuba en la suplantación de estos imaginarios mitopoéticos necesarios sobre todo a los niños y adolescentes, pero también a los adultos. Uno es, con honrosas excepciones como Nersys Felipe, Enrique Pérez Díaz y Lenna Rodríguez, entre otros pocos, la pobre calidad de la literatura infantil (y la casi ausencia de literatura juvenil) que producimos en el país, basada fundamentalmente en tipos y caracteres de la campiña nativa que no están concebidos sobre la plantilla de arquetipos universales, sino revisten en su mayoría un carácter de imaginario ideológico anecdótico y puntual. Estos libros son muy buscados en las Ferias del Libro por padres ansiosos de fomentar en sus hijos hábitos de lectura, y los niños los leen, pero casi nada queda grabado en sus mentes unas horas después de concluida la lectura o, más bien, el manoseo de estos libros de producción nacional, los únicos a que tienen acceso los niños cubanos por la vía del mercado en nuestra moneda, y que no pueden competir con los videojuegos o los programas de televisión y video que llegan a los consumidores por otros caminos, los cuales responden a unos intereses de mercado actuales, inexistentes en el siglo XIX, cuando fueron escritas esas maravillosas novelas que tanta nostalgia despiertan en los eternos defensores de la imaginación, la fantasía, la poesía y la creatividad, pero que, indudablemente, responden a códigos éticos y a situaciones que ya no son los del siglo en que vivimos. Sin embargo, hay entre nosotros algunos creadores (en realidad muy pocos) como Elaine Vilar Madruga, quien en su precoz y ya nutrida obra publicada hace un esfuerzo audacísimo, pero muy logrado, por acercarse a imaginarios universales en géneros como la fantasía y la ciencia ficción, y lleva a cabo en sus textos interesantes reelaboraciones de antiguos mitos y leyendas que podrían llenar el vacío que confrontamos con la literatura para adolescentes, aunque su autora los haya concebido para un espectro mucho más amplio de lectores. ¿Dónde están sus libros? No en las librerías, ciertamente. Las tiradas son reducidas y se agotan con presteza, En las provincias no se les encuentra ni en las bibliotecas.

La segunda gran sombra que gravita sobre la importancia de los imaginarios mitopoéticos en la formación de una población mentalmente sana y equilibrada, es, como ya mencioné antes, la ausencia en nuestras librerías de títulos de los géneros de literatura infantil y fantástica escritos en el resto del mundo. Si acaso se publica alguno, como Cuentos de la India o Corazón, la presentación del libro en cuanto a tipografía, ilustraciones, cubierta y todo aquello que constituye adorno y reclamo de un libro a los ojos del lector se diluye en ediciones de muy pobres recursos, que además, se resienten en no pocas ocasiones de la deficiente cultura universal de quienes tienen a su cargo la producción de libros en Cuba. Un ilustrador en esta circunstancia, difícilmente pueda trasmitir al texto que ilustra el espíritu de la cultura de donde proviene, y toda la magia que podría envolver al lector se perderá. Nuestros niños y adolescentes no tienen acceso a los imaginarios mitopoéticos de otras culturas, y no hablemos ya de mitos y leyendas de Grecia, Roma, Egipto, Persia, la Céltica o Judea, por solo mencionar algunas de las grandes culturas de la Humanidad, sino ni siquiera a lo que escriben ahora mismo autores de otros países, escritores de nuestro tiempo que en otras partes del planeta escriben para niños semejantes a los niños cubanos. Nuestro imaginario nacional se reduce a la tojosa, la cacatúa, el cocodrilo, Elpidio Valdés y su caballo Palmiche. Esto es una hipérbole, por supuesto, porque hay más, pero generalmente más de lo mismo, y aburre y cansa, porque para rematar, los propósitos son más ideológicos que poéticos o meramente recreativos, y estos libros se asfixian bajo el peso excesivo de personajes-tipo que devienen receptáculos de mensajes y consignas con muy poco que ver con el auténtico imaginario mitopoético de la Humanidad, su primera forma de percepción del mundo; que es atávica y continúa viva en cada uno de nosotros, y tiene hambre de ser alimentada con sus alimentos, no con productos falsos que intentan imitar y quedan solo en reproducciones o distorsiones vanas sin ninguna repercusión en la formación y maduración del ethos individual y social. Quiero especificar que una ilustración no solo es mala o resulta ineficaz porque sea fea o no tenga calidad intrínseca como imagen, pues la editorial Gente Nueva, la única que en Cuba está especializada en literatura infanto-juvenil y como tal produce el mayor volumen de literatura de estos géneros, no carece de profesionales eficientes; se debe, en la mayoría de los casos, a una pobre investigación, por parte de los ilustradores a cargo, de la cultura a que pertenece el texto que van a ilustrar, limitándose a reproducir algunas imágenes con “sabor” a esa cultura específica. Son más, sin embargo, las ocasiones en que la magia visual del libro sucumbe de modo espectacular al mal efecto que tiene sobre ella la falta de recursos editoriales de nuestro país, con consecuencias terribles para la paleta de colores por ejemplo, pues nada dice a un niño un color opaco o limitado a una gama de colores primarios, en un material de cubierta que reduce considerablemente la definición del trazo. De cualquier modo, las ediciones de literatura cubana para niños y jóvenes, hágalas quien las haga, en muchos casos no se benefician de ilustraciones eficaces, tan supremamente importantes como fuente para la conformación de una estética visual desde las primeras etapas de la existencia humana.

En fin, estas breves notas no pretenden ser una respuesta al comentario de Granma, sino meras reflexiones sobre aspectos que, por el momento, no parecen tener solución.

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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2 respuestas a Cuando la imaginación NO puede nacer: Ausencia de imaginarios mitopoéticos en el cubano actual

  1. grecia1955 dijo:

    Muy interesante, gracias Sra. Esto que Ud esta senalando a mi parece que es de una gran importancia para la formacion de la mente de los ninos . Aunque no estoy en contra de que los ninos usen los videos juegos, creo , como Ud. la utilizacion exclusiva de estos sin el balance de las lecturas apropiadas para esta edad producen en los ninos un gran emprobecimiento intelectual y espiritual . Esta situacion se ve aqui con gran incidencia en los ninos y en los adultos que durante su ninez han sufrido este emprobecimiento intelectual y el demoledor efecto de una ensenanza en las escuelas elementales de muy baja calidad .

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