Historia de Bella y yo

 

parque San Diego 2

Parque principal de San Diego de los Baños, donde encontré a Bella abandonada

En de San Diego de los Baños nadie maltrata a los animales. Perros y gatos deambulan apaciblemente, los transeúntes los alimentan y cuando el temido carro de Zoonosis hace su recorrido mensual y se lleva algunos canes, los habitantes del pueblo se montan en camiones y tractores y van a buscarlos, aunque no sean “sus” perros. Los lunes, desde el amanecer, los perros hacen estancia en el parque principal en espera del carrito de las pizzas. Todos los comedores de pizzas comparten con los perritos, quienes aguardan, discretamente sentados sobre sus patas, a que les arrojen sus porciones. En ese parque conocí a Bella, y ahí desapareció para siempre.

Era una bebé perrita, tres meses tal vez, blanca y moteada de carmelita, con un hociquito diminuto como una semillita, las costillitas a relieve, lesiones sobre su piel y cojita de la patica trasera derecha, una luxación de cadera durante el parto, seguramente. Una perrita fea, enfermita, que nadie recogería, y por eso la llamé Bella.

Bella dormía al pie de un enorme árbol del parque, probablemente de varios siglos, y que habrá visto muchas cosas, pero dudo que antes de Bella un ángel hubiera dormido entre sus poderosas raíces, como si fueran los brazos protectores de una madre.

 

Entre las raíces de este árbol dormía Bella

Entre las raíces de este árbol dormía Bella

Cuando la vi arrastrándose lastimosamente sentí tanto dolor que corrí al hotel y compré para ella una abundante ración de carne. Volví al parque, me senté en un banco y la llamé. Ella vino con su andar dificultoso y se sentó a mis pies. Devoró la comida en un minuto, y se animó visiblemente. La carne tenía un hueso que arrojé al cesto de basura junto al banco, cesto bonito, metálico, de esos que se mecen, y Bella, atraída por el olor y empujada por esa hambre torturante que padecen los perros deambulantes, se paró sobre sus paticas lastimadas y con las paticas delanteras rascó el metal hasta que el cesto se balanceó. Era muy graciosa aquella perrita minúscula con ojos inmensos y tristes. Le hicimos muchas caricias y le repetimos varias veces el nombre con que acabábamos de bautizarla.

banco de Bella y yo

Junto a este banco Bella recibió de mí el primer y único alimento que logré darle, y este es el cesto que ella hizo bailar seducida por el suculento olor de un hueso.

Cuando quisimos regresar al hotel me siguió, pero era imposible pasarla por delante de la Carpeta y esconderla en la habitación durante una semana. Decidí alimentarla en el parque y traerla conmigo a mi regreso a La Habana, y que se cayera el mundo si mis familiares no la aceptaban. No me importaba, yo quería salvar a Bella. Tuve que hacer algunas maniobras para despistarla, porque me seguía a cada paso que yo daba, ladeando su cabecita como extrañada cada vez que yo me detenía. La última imagen que tengo de ella es sentadita frente al parque, en medio de cuatro esquinas, mirándome con una expresión de reproche que se me clavó en el alma, y todavía no me la puedo sacar. Bella, se sintió traicionada, abandonada una vez más. Sola.

Al amanecer del día siguiente volví al parque con un pozuelo lleno de yogurt dulce, el desayuno que había preparado para Bella. Pero no la encontré. Pregunté a todo el pueblo, ese día y todos los días. Creo que no quedó un alma en San Diego a quien no preguntara por ella. Salía a buscarla varias veces, hasta en las noches. San Diego en pleno sabía que la señora habanera buscaba desesperadamente a la perrita coja, y algunas personas me decían que la habían visto pasar hacía un momento, y yo corría en la dirección que me señalaban.

Nunca la volví a ver.

En los límites del pueblo, al pie de las montañas azules, hay una quebrada. Exploré un poco por allí, pero el suelo accidentado tenía hoyos tan profundos que nunca pude bajar. Creo que Bella, tal vez buscando comida, resbaló en uno de esos huecos y murió sin que nadie supiera que estaba accidentada. Debió morir atormentada por fuertes dolores, sin que una mano compasiva pudiera rescatarla o, siquiera, darle un final piadoso.

Aún en un pueblo como San Diego de los Baños, donde las personas son tan bondadosas, los caballos pastan rozagantes y no se ve por ninguna parte el maltrato a los animales, alguien abandonó a Bella a su suerte, ¿y cuál puede ser la suerte de una bebé coja, escuálida, llena de parásitos, hambreada…? Aún en San Diego hubo un alma dura que no se compadeció de la perrilla coja y la echó a la calle.

El recuerdo de Bella me persigue: veo su pequeño cuerpo enroscado sobre sí mismo entre las raíces del viejo árbol, su alegría al comer la carne, al dejarse acariciar, el reproche en sus ojos cuando la dejé en medio de la calle. Yo pude darle una vida maravillosa en mi casa de La Habana, pero el destino de los perros abandonados ya había marcado a Bella y sellado su suerte. Bella no sería feliz y su vida de cachorrita abandonada sería muy corta.

En el balneario del pueblo una joven artesana confecciona pequeños peluches con primor. Ella me dio una perrita con los colores de Bella, aunque, por supuesto, con la belleza real de los peluches, que en nada recuerda a mi perrita perdida. Es todo lo que me queda de la animalita que entró y salió de mi vida como un soplo levísimo.

bella2

Todavía ayer yo no quería escribir su historia, no me sentía preparada, pero alguien me lo ha pedido y aquí estoy, llorando sobre el ordenador por Bella y por todos los perritos que son lanzados a la calle cada día y que no tienen, y nunca tendrán, una oportunidad de salvación.

 

Anuncios

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s