Las Voces Humanas o el ejército de salvación contra El Infierno Musical[1]

 

El Maestro Leo Brouwer dirigiendo una orquesta, una de sus múltiples facetas profesionales

El Maestro Leo Brouwer dirigiendo una orquesta, una de sus múltiples facetas profesionales

Es una suerte inmensa que el Maestro Leo Brouwer, uno de los más importantes y significativos compositores y músicos cubanos de todos los tiempos, haya decidido ofrecer a los cubanos un festival como Las Voces Humanas. Probablemente nunca antes en la historia de nuestra cultura hayan convergido en la Isla tantas personalidades del arte internacional con repertorios tan escogidos, variados y exquisitos como los que ahora se ofrecen al disfrute del público, junto con espectáculos que abarcan otros terrenos culturales como el teatro y las artes plásticas. Un evento de semejante envergadura es, en verdad, un lujo que me pregunto hasta qué punto seremos capaces de apreciar en todo su valor.

En un comentario publicado en la revista Bohemia y firmado por Raúl A. Medina, se lee al final:

El programa del último festival de Leo Brouwer es amplísimo y apenas comienza. Es mejor no perder ni uno de sus detalles por si el Maestro decide, ahora sí, cerrar esa ventana a lo mejor de la creación del hombre, que tanto esfuerzo y recursos le cuesta mantener abierta un mes, cada año.

Me gustaría hacer una reflexión al respecto, y es que, si bien es cierto que la instrumentación y puesta en escena de cualquier espectáculo cultural consume recursos económicos y humanos, todo lo que se invierta en productos culturales de verdadera y altísima calidad destinados al pueblo cubano, podría parecer a algunos un derroche de recursos, pero en realidad es una inversión que se recuperará con creces, pues si la economía es la base material de un país, la cultura es la base espiritual de un pueblo. Lo que el Maestro Brouwer nos ofrece ahora es un tesoro que, sin duda, ayudará a restaurar la maltrecha sensibilidad artística y, en especial, la muy corrompida sensibilidad musical de los cubanos, que hemos pasado de ser uno de los más importantes países productores de géneros y ritmos musicales en el mundo y uno de los principales colonizadores de los mercados musicales de América Latina y Estados Unidos, a ser casi exclusivamente un triste emporio productor y consumidor voraz de un reguetón marginal y otros ritmos fusión soeces y musicalmente pobrísimos.

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John Dowland, compositor e intérprete inglés, contemporáneo de  la reina Isabel I y del gran dramaturgo William Shakespeare

Gracias a la iniciativa que ha desplegado Brouwer con Las Voces Humanas, los cubanos no solo tendremos la oportunidad de conocer intérpretes y géneros musicales de los que nunca o muy poco habíamos oído hablar, como por ejemplo, el bellísimo y siempre melancólico fado portugués o la reinterpretaciones realizadas por Sting de piezas de John Dowland, uno de los principales compositores de Renacimiento inglés, contemporáneo de Shakespeare, y de quien se dice que la métrica de sus canciones estaba fuertemente influenciada por la métrica de la prosa y el verso del gran bardo universal.

El rockero Stings mientras trabajaba en su álbum sobre Dowland

El rockero Stings mientras trabajaba en su álbum sobre Dowland

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Gracias a Las Voces Humanas pudimos volver a escuchar a Edin Karamasov, uno de los principales laudistas de la actualidad, quien ya ofreciera hace años -igualmente invitado por Brouwer- un concierto en San Francisco de Paula que, en mi humilde opinión,

Edin Karamasov

El Maestro laudista Edin Karamasov

no fue plenamente apreciado por la concurrencia, tal vez porque no tuvo el público que se merecía. Karamasov colaboró con Stings en el álbum antes mencionado. No dispongo de espacio para una enumeración más extensa de todas las joyas que comprende este proyecto musical sin precedentes en nuestro país.

Hay que tener muy en cuenta que, si bien la Revolución ha sistematizado la enseñanza oficial de la música creando las escuelas de arte con sus programas de estudios inspirados en los más prestigiosos métodos de enseñanza de la música empleados en Rusia y Alemania, el acceso a estos centros es, aún hoy, muy restringido, y al mismo tiempo han sido eliminadas las escuelas de superación profesional, donde personas que por su edad quedan fuera de las exigencias de las escuelas oficiales podían, sin embargo, acceder a una formación musical de calidad. La consecuencia inmediata de estos procedimientos ha sido una disminución en el número de intérpretes de la música no popular con formación académica. En paralelo, o tal vez como efecto colateral de ello, ha habido una verdadera proliferación de bailarines y cantantes de géneros populares, fundamentalmente reguetón, que han ocupado los espacios de difusión de un modo aterrador.

reggaeton 2

Si bien es cierto que la abundancia aumenta la posibilidad de descubrir nuevos talentos, no pueden invertirse los términos de modo tal que la ecuación se convierta en una garantía de que la abundancia es talento. De este modo han llegado a la televisión, las emisoras de radio, los teatros y los salones de música bailable algunos grupos magníficos, pero otros de calidad muy discutible, y músicos capaces de componer muy buenos ritmos pero pésimos letristas, todo lo cual ha dado como resultado esa banalidad que tanto preocupa al Maestro Brouwer y a muchos otros cubanos, sean trabajadores de la cultura o simples aficionados a ella.

Una de la peores consecuencias que ha tenido este modo oficial de concebir la enseñanza de la música (unido a las malas políticas de difusión de los medios masivos de comunicación) es que el público cultivado y capaz de disfrutar la música que demanda cierto conocimiento, ha disminuido de un modo lamentable en comparación con las primeras décadas posteriores a 1959, y el acceso a los géneros musicales no populares ha devenido evento de culto sobre todo entre los jóvenes, mientras han crecido desmesuradamente las cifras de quienes asisten a los conciertos de mala música y sintonizan los peores programas musicales de la radio y la televisión cubanas, convertidas por obra y desgracia de algún genio maléfico no identificado en propagadoras de productos subculturales y marginales que encanallan al pueblo instilándole pésimos valores conductuales, en lugar de ayudarlo en su crecimiento cultural, que es, también, uno de los modos en que el hombre crece como ciudadano.

regueton

 

Bailadores en El Cerro

Bailadores en El Cerro

Es hora de que los cubanos, encerrados en su cerco de palmas, dejen de escucharse a sí mismos, y el  muy limitado panorama musical cubano se abra a los aires del planeta. El encuentro con las músicas del mundo y con las voces humanas de otros ámbitos ayudará a formar un público culto mayoritario entre la población de Cuba, aunque desde luego, solo será un esfuerzo muy loable destinado a perderse como una gota en el mar si no tiene continuidad, si no tiene apoyo, si no puede multiplicare y mantenerse pese a la inversión de recursos que algunos parecen lamentar tan dolidos.

Y quienes, alarmados, sacan cuentas con el lápiz afilado para hacer ver que la cultura despilfarra dineros necesarios a la economía, deberían pensar no solo en lo positivo que será para el desarrollo de nuestros ciudadanos elevar su espíritu a través de la buena música que ofrecen Leo Brouwer y sus invitados en Las Voces Humanas. Estos aficionados a los cálculos deben pensar que, en la medida en que los cubanos se enriquezcan mediante el disfrute y descubrimiento de estas músicas hasta ahora tan alejadas de nuestros oídos, nos enriqueceremos también como creadores y productores de música, terreno en que fuimos cabeza tiempo ha, y hoy tenemos un estrellato empalidecido y ferozmente discutido por otros países de ámbito caribeño, por mencionar solo aquellos con quienes compartimos idénticas raíces etnoculturales.

Otra razón por la que resulta altamente encomiable este encuentro internacional es porque en su seno ha habido cabida para agrupaciones e intérpretes cubanos que nunca antes habían tenido oportunidad de hacer presentaciones oficiales o de salir del estrechísimo marco de la iglesia donde un sacerdote compasivo les permitía hacer música, como es el caso del ensemble Lauda de música antigua, dirigido por Henry Vidal.

De izquierda a derecha: Henry Vidal y los músicos del ensemble Lauda de música antigua

De izquierda a derecha: Henry Vidal y los músicos del ensemble Lauda de música antigua

 

Dos integrantes de Lauda durante la presentación del ensemble en el festival Las Voces Humanas

Dos integrantes de Lauda durante la presentación del ensemble en el festival Las Voces Humanas

Una lección que debemos recordar, porque lamentablemente la hemos olvidado, es que no se le deben negar oportunidades ni espacio al talento, y que cuando existe en un músico el don natural y la vocación ferviente y esforzada, no se le debe excluir ni quitar la oportunidad de estudiar, porque encerrar la fuerza de la naturaleza en límites de edad y otros requisitos de almidón equivale a perder la posibilidad de encontrar talentos nuevos, que no son todos los que están ni están todos los que son en las escasas academias estatales, además de frustrar los sueños y el potencial de muchas personas que desean realizarse como músicos, compositores, cantantes, y que no pueden hacerlo porque carecen de un certificado académico y de instituciones que los admitan y les ofrezcan acceso a una formación calificada. No es por gusto que Cuba no ha vuelto a tener un genio como Benny Moré, que no sabía leer partituras pero era capaz de dirigir como nadie una jazzband gigante y compuso canciones inolvidables que capitalizaron por décadas los mercados musicales del continente.

Las Voces Humanas será una ayuda inestimable para que recordemos la buena música y seamos capaces de discriminar los productos adulterados que se nos ofrecen como el único pan de cada día a nosotros, los habitantes de una de las tierras más musicales del planeta. Ojalá Leo Brouwer continúe preocupado por el estado musical de Cuba y no desista, vencido por los cálculos pedestres, porque nunca deberíamos olvidar aquella escena de Suite Habana, el filme de Fernando Pérez, donde la cámara toma en poicado una multitud orgiástica y espástica que se contorsiona al ritmo desenfrenado de una orquesta, mientras la música funde a los acordes del Avemaría…

Público habitual en los bailables de La Tropical (foto tomada de Cubadebate)

Público habitual en los bailables de La Tropical (tomado de Cubadebate)

[1] Título de una hoja del tríptico del Bosco El jardín de las delicias, donde un ejército de diablos castiga a los hombres con instrumentos musicales convertidos en armas de tortura.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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