JÓVENES MALOS

jovenes malos 1jpegCuando yo era una adolescente estaban de moda el cabello largo en los varones, las minifaldas entre las muchachas, los pantalones campana y los guaraches sin medias para todo el mundo, los maquillajes muy exagerados, el peinado “cebolla” y el “arlequín”, las cocalecas y el amor libre. Los adultos lo encontraban todo mal, no importa si criticaban a una jovencita que, como yo, gustaba de ir a la Cinemateca y leerse unos libros gordísimos o si se trataba de otra que era demasiado aficionada a las fiestas. Todo era malo: que saliéramos solos, que fumáramos, ser hippie, no serlo. Los adultos nos acusaban de estar destruyendo las bases de la sociedad, y se preguntaban horrorizados llevándose las manos a la cabeza cómo nos saldrían nuestros hijos, educados por padres tan mal educados. Conste que La Habana de los años sesenta y setenta era una ciudad mágica donde se podía andar de madrugada por cualquier lugar y nadie te molestaba, solo la policía en ciertas ocasiones para pedir identificación o llevarse a alguien con una facha excesivamente… extravagante.

Hoy yo le cuento a mi hija lo maravilloso y seguro que era ser joven en aquellas décadas prodigiosas, lo decentes que éramos todos que a pesar de andar en grupos, sin adultos, nunca hacíamos nada reprobable, y le explico que no me gusta que salga sola porque ahora la calle no es lo que era en mis tiempos. Y cuando la ronda algún posible pretendiente le pongo cara de Gorgona, porque esas crestas de cabello envarado con gel, esas bermudas que exhiben tibias peludas como las de los Neandertales, esos tatuajes y, sobre todo, esos ojos torvos por los que parece asomar un alma más inclinada a la turbiedad que a la luz, me espantan. También me parecen horrorosos los malos modales de los niños y la facilidad y enjundia con que insultan a cualquiera por cualquier cosa. Y digo, como mismo decían mis mayores: “El mundo está perdido, se han perdido los buenos valores sociales, espirituales y morales, no hay respeto, el país está en una crisis sociológica, etc…”

Por eso me ha puesto a pensar un blog que encontré en Internet con un post sobre el retroceso moral de los jóvenes como queja principal de los adultos en todas las épocas de la Historia. Aparecen ahí quejas de quienes menos uno se podría imaginar, y me han hecho reír muchísimo:

Aristóteles decía: “Los jóvenes de hoy no tienen control y están siempre de mal humor. Han perdido el respeto a los mayores, no saben lo que es la educación y carecen de toda moral.”

Platón abundaba en ello: “¿Qué está ocurriendo con nuestros jóvenes? Faltan al respeto a sus mayores, desobedecen a sus padres. Desdeñan la ley. Se rebelan en las calles inflamados de ideas descabelladas. Su moral está decayendo. ¿Qué va a ser de ellos?”

El poeta Horacio publicó un libro titulado Sobre la estupidez en el que se queja de las ofensas que sufren los maestros debido a la indiferencia de los padres.
Hasta hubo críticas o protocríticas a lo que hoy se dice de la tablet. Quintiliano, en Instituciones oratorias, las defiende así: “Es muy bueno escribir en tablas enceradas, en las cuales se puede muy fácilmente borrar lo que se escribe”. A diferencia de escribir en pergamino, que el constante movimiento del cálamo al tintero frena la mano e interrumpe el proceso mental.

Juvenal también se lamenta del programa educativo, considerándolo falto de imaginación y repetitivo, en Sátiras: “Esa col tan manida asesina a los míseros maestros”.

El autor del post asegura que estos lamentos, que se extienden a todos los ámbitos de la vida personal y nacional, son cíclicos y aparecen cada cierto tiempo, asombrosamente sin variaciones, y cita:

Como ya dijo Adam Smith: «Rara vez pasan cinco años sin que se publique un libro o panfleto que pretenda demostrar que la riqueza de la nación está decayendo rápidamente, que el número de habitantes del país está disminuyendo, la agricultura está siendo abandonada, la manufactura va en decadencia y el comercio está deshecho».

Ya se sabe que la Roma imperial fue una ciudad tan moderna como cualquiera de las nuestras, salvando las distancias de la tecnología y la ciencia, pero en espíritu nosotros seguimos siendo los romanos de entonces, y los romanos de entonces ya eran como nosotros somos hoy. ¿Ciencia ficción con máquinas del tiempo, viajes al pasado y al presente, universos paralelos…? En todo caso los Vedas ya concibieron el tiempo como no lineal, sino cíclico, y concuerdan con ellos las últimas teorías de la física cuántica. Leer libros como El Tao de la Física, estudiarse la teoría del caos, la teoría de las cuerdas, la teoría del arco, nos pondrá los pelos de punta, entre otras cosas porque podremos visualizar en una casa o en una cueva del año 5000 —depende de cómo le haya ido a la Humanidad—, a nuestros descendientes peleando con los suyos y gritándoles que están perdiendo valores y exterminando la civilización. ¿Qué arrojarán los adultos de entonces a la cabezas de sus no muy honorables engendrados: un hueso de mamut o una bolsa repleta de aparatejos nanotecnológicos? Depende, depende de cuantos valores hayamos perdido para esa fecha.

Anuncios

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s