Carlos Sobrino Rivero, un pintor olvidado

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La mayoría de los pintores de la República son hoy mal conocidos o están totalmente olvidados. Solo quienes integraron entonces la vanguardia de nuestras artes plásticas, como Ponce, Lam, Portocarrero, Carlos Enríquez, Víctor Manuel, Amelia Peláez y otros, han sobrevivido en la memoria de la cultura actual, y el reconocimiento que ya disfrutaron en vida se ha ido acrecentando al extremo de constituir un núcleo de artistas plásticos que goza hoy de reconocimiento internacional.

Sin embargo, San Alejandro dio muchos pintores que, si bien se mantuvieron siempre dentro de los límites estéticos de la academia, fueron artistas de calidad capaces de pintar con excelente factura cuadros realmente inspirados que honrarían las artes plásticas de cualquier país. Otros transitaron por distintas etapas que supusieron búsquedas estilísticas y estuvieron más cerca de la vanguardia que de la pintura academicista, aunque no hayan alcanzado la excelencia imprescindible para ser considerados como pintores de primera fila. Entre ellos estuvo Carlos Sobrino Rivero.

Nacido en La Habana el 31 de marzo de 1909, Sobrino fue discípulo del gran pintor cubano Leopoldo Romañach, y de los reconocidos escultores Sicre y Betancourt. Estudió en la escuela Villate y en la Academia San Alejandro, donde más tarde se desempeñó como profesor de Dibujo, Pintura y Modelado. Trabajó diversas técnicas como el óleo, la acuarela y la xilografía, y además hizo numerosas tallas en madera. Fue escultor, pintor, diseñador gráfico, grabador , dibujante y ceramista.

En el que probablemente sea el catálogo –fechado en 1960– de su última exposición personal realizada en Cuba, se dice que hizo un total de 10 muestras personales y participó en 80 colectivas. Entre los pocos catálogos de sus obras que he podido consultar hay uno en especial que ha llamado fuertemente mi atención: Mujeres Isabelinas (1954). Mujeres isabelinas de la Inglaterra decimonónica, súbditas de la reina Victoria, lánguidas, envueltas siempre en un aura donde se mezclan ensueño y spleen…, un tema bastante alejado de los intereses estéticos de los pintores cubanos. No, en verdad no eran así las hembras rotundas que captaban la atención de los vanguardistas criollos, como las mulatas desnudas de Carlos Henríques con sus senos y caderas de inquietante voluptuosidad, o las gitanas de rostros enigmáticos pero inconfundiblemente pueblerinos que respiran a través de los óleos de Víctor Manuel, o las mujeres espectrales de Ponce.

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Sin embargo, al revisar el índice de las obras expuestas en aquella ocasión aparecen títulos como Adolescentes, Mi hija, Eloísa Carbonell de Sobrino (esposa del pintor), Novicia, Ballet, Grupo familiar, y varios estudios de cabezas. Pero aunque el retrato que se muestra en la portada de este catálogo así, en una primera ojeada pudiera recordar por la levedad del dibujo, los ojos inmensos y la melancolía de la mirada a modelos del Londres de l860 como Elizabeth Siddal y Jane Burden, las más célebres musas de los pintores prerrafaelitas ingleses, una atenta reflexión sobre los títulos de las obras descubre de inmediato que, en realidad, Sobrino pintaba a damas de su propio entorno social, criollas refinadas pertenecientes a la alta burguesía y a la aristocracia del intelecto republicano, de la que él mismo formaba parte. Adolescentes es una pintura de grupo donde retrató a varias jovencitas miembros de algún Patronato institucional de la cultura. Su propia esposa formaba parte de la familia Carbonell, una de las que mayor lustre dio a la vida cultural cubana, no solo por el importantísimo papel que jugó su patriarca Néstor Leonelo en la fundación del Partido Revolucionario Cubano a través de su amistad personal con José Martí, sino por la significación de los Carbonell en la fundación y el trabajo de la Academia Nacional de Artes y Letras, institución desaparecida desde los primeros años de la década del 60 y de la que Carlos Sobrino fue, curiosamente, el último miembro admitido antes de su clausura.

Pero a pesar de sus orígenes de clase, Sobrino no fue únicamente un pintor de élite. Los sucesos de la vida diaria y social del país le interesaban como temas de su pintura, y así lo demuestran cuadros suyos como Concentración campesina, Fogoneros, Hombres de mar, La novia del guajiro, Recogiendo la siembra, Fuego en el cañaveral, Familia campesina, Guajiritos, Trío campesino, Obreros, Pescadores, Arando la tierra, Baile en el trópico y otras muchas. Particularmente impresionante resulta su óleo Hombres de mar, en el que un trío viril de musculosos torsos desnudos transporta sobre sus cabezas una barca para echarla al mar. Esta obra muestra un equilibrio composicional que admira, si se tiene en cuenta la fragmentación geométrica con que Sobrino estructuraba su pintura de innumerables planos.

También me parece relevante su obra Concentración campesina, donde un mar de sombreros de yarey ocupa todos los planos visuales, composición que más tarde repetirían artistas de la plástica como, por ejemplo, Raúl Martínez, y que inspiró a no pocos fotógrafos en los primeros años de la Revolución. Fue, también, pintor interesado en la paisajística. El periodista y crítico de arte Antonio Martínez Bello escribió en el catálogo de una muestra retrospectiva de pintura y escultura de Sobrino, fechada en 1954, unas palabras que grafican muy bien la proyección del pintor:

“… si bien en sus pinturas y esculturas primeras en el tiempo se advierte la insistencia casi obsesiva del entorno social, de la objetividad en los hechos expresados, del realismo figurativo en suma; en cambio, en sus producciones presentes se contempla una especie de vuelta hacia sí mismo, hacia la subjetividad cada vez más pura, y a veces no objetiva, todo lo cual no excluye el logro feliz de algunas creaciones actuales transidas de exterioridad telúrica, como si tratase de equilibrar las diversas proyecciones de su sensibilidad. Aunque sus pinturas y esculturas de nuestros días tiene, respecto a las de años anteriores, la novedad de la faceta introspectiva, subjetivista, ajena al contorno riguroso de las cosas en varios aspectos; de todos modos el artista no ha renunciado radicalmente al mundo, sino que mantiene con su entorno el contacto de un puente vital, es decir, la referencia más o menos frecuente al objeto, ese “objeto perdido” o renunciado irremediablemente por otros productores de belleza. En consecuencia, Sobrino trata lúcidamente de obtener y afirmar el máximo equilibrio posible […] entre el Yo más íntimo y el mundo.

Se ha dicho que Sobrino empleaba en su pintura una técnica “mosaiquista, propensa en algunos planos al vitral, y apuntando en otros a la decoración o la ilustración en oro de buena ley”. Hay obras suyas de pequeño y gran formato que recuerdan la facetación de los arlequines de Picasso. Detrás del vigoroso modelado de la musculatura de sus figuras, tanto como de los volúmenes en general de sus cuadros, creo ver no solo la percepción de masas y juegos de luz y sombra de un escultor, sino, posiblemente, cierta influencia de las misma concepciones estéticas que respiraban en la poesía social de un Maiakovsky y los primeros vanguardistas rusos, quienes influyeron mucho en el arte de su tiempo, que fue también el tiempo creativo de Sobrino al menos en las primeras décadas de su vida, como se evidencia también el eco cubista de Picasso y Braque. En cuanto al color, la paleta de Sobrino solía ser violenta y rica, con predominio de los verdes, violetas, rojos y azules, una paleta casi primaria, pero en cambio, algunas de sus obras llegan a ser casi monocromías de una variada gama de tierras.

Hay mucho en su concepción de la pintura que lo acerca al espíritu común de las artes pláticas caribeñas, y ello tuvo que ver, sin duda, en el hecho de que Sobrino haya sido un pintor cubano reconocido en países del ámbito caribeño como Venezuela, Haití, Brasil y Ecuador. Expuso también en Francia y España, donde fue recibido como miembro de la Academia San Fernando, en la época meca del mundo hispanoamericano de la plástica. En 1954 ganó Medalla de Oro en la II Bienal Hispanoamericana de Arte, que se celebró en La Habana.

Como para otros muchos artistas cubanos que vivieron su época de esplendor en las últimas décadas republicanas, en 1961 comienza para Sobrino posiblemente la época más difícil de su vida como creador. Enclaustrado en su mundo artístico personal, no fue de los artistas que se integraron al naciente movimiento revolucionario, lo que le condenó a ser ignorado y finalmente olvidado. Se mantuvo un tiempo trabajando como profesor de artes plásticas en Matanzas, pero la contracción que se adueña de la economía cubana desde el inicio del nuevo proceso político que tenía lugar en la isla limita también la posibilidad de conseguir materiales para pintar. Sin lienzo, a partir de 1962 Sobrino comienza a pintar sobre tablas de bagazo de caña y sacos de yute. En 1963, en carpetas de cartulina y utilizando técnica mixta pinta unas dos docenas de obras sumamente interesantes y hasta hace dibujos sobre simple papel. A partir de 1964 la carencia de óleo le obliga a pintar en blanco y negro. Su demonio creador produce el pigmento blanco mezclando el blanco España –utilizado por los pintores para sellar los lienzos y aumentar la adhesividad del óleo—con otros productos; el pigmento negro lo logra con algún elemento de ese color que pulveriza y combina con otros. A falta de puntillas cose la tela al bastidor a través de perforaciones que previamente ha practicado en la madera con su taladro. En 1965 pinta unos pocos cuadros sobre lienzo y yute. Y ese es, probablemente, el último año que pintó en Cuba. Era capaz de construir muebles bellos y perfectos y había hecho con sus propias manos toda la mueblería de su propia casa, e intentó iniciar un pequeño negocio que no tuvo éxito. Para sobrevivir tuvo que recurrir, incluso, a la venta de algunas de sus herramientas de escultor. Llevó junto con su familia una vida económicamente muy precaria hasta que en 1970 abandona el país. Hasta ese momento nunca había ido más allá de las fronteras naturales de la isla.

Carlos Sobrino era un hombre alto y fornido, como muchos escultores, y en su adolescencia sintió gran inclinación por los deportes, en particular por el boxeo, la esgrima y el yatismo. Es posible que en la rudeza y excesiva musculación de muchas de sus figuras haya influido su propia constitución física, pero detrás de casi todas sus obras se percibe algo diferente, como una respiración melancólica, y algunos de sus retratos expresan una fuerte sensación de angustia, como si en aquel cuerpo vigoroso se ocultara una sensibilidad torturada y torturante, al extremo de que algunos de sus óleos, pero sobre todo sus acuarelas, trasmiten como un eco de enajenación. Su obra de pequeño formato Muchacha con paloma emana, por contraste, una suavísima ternura.

Después de una estancia en Buenos Aires, vivió y trabajó en Madrid hasta su muerte, ocurrida en un accidente de tránsito en esa ciudad. Tenía 72 años.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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Una respuesta a Carlos Sobrino Rivero, un pintor olvidado

  1. Gustavo Orta dijo:

    Sra. Gina Picart: Hoy 18 de Abril del 2017 por esta magia del Internet vi su artículo titulado: “CARLOS SOBRINO RIVERO: UN PINTOR OLVIDADO”. Yo le agregaría algo más: CARLOS SOBRINO RIVERO, UN PINTOR OLVIDADO “EN CUBA”.

    Me atrevo a aseverar lo anterior, pues aquí en los Estados Unidos la excelente obra de Carlos Sobrino Rivero fue llevada a las siguientes exhibiciones, las cuales paso a enumerarle:

    1.- Exhibición “Azul que te quiero Azul” (Primera exhibición de arte cubano realizada en la Ciudad de Hialeah, Florida, el 22 de Septiembre del 2006, donde se llevaron 4 obras de Carlos Sobrino Rivero. :
    Mujer con mantilla / (Oleo sobre tabla 1957)
    Rostro / (Tinta sobre papel 1963)
    En el Paraíso / (Tinta sobre papel 1963)
    Figura / (Tinta sobre papel 1963)
    (Se incluyó biografía del artista)

    2.- Exhibición “Los Cien Años de El Arte” (Conmemorando los Cien Años de la casa comercial “El
    Arte” realizada en la Ciudad de Miami Springs,Florida, el 16 de Septiembre del 2007, donde se llevó 1 obra de Carlos Sobrino Rivero:
    Mujer con mantilla / (Oleo sobre tabla 1957)

    3.- Exhibición “Homenaje a Pepe Ramírez” (Actor, escenógrafo, diseñador, pintor cubano desaparecido muy joven). Muestra realizada en la Ciudad de Miami Springs, Florida, el 2 de Diciembre del 2007 donde se llevaron 2 obras de Carlos Sobrino Rivero:
    Tres Encantos / (Tinta sobre papel 1963)
    Tu Inspiración / (Tinta sobre papel 1963)

    4.- Exhibición “Amor al Arte” (Segunda exhibición de arte cubano realizada en la Ciudad de Hialeah, Florida, el 5 de Mayo del 2008, donde se llevó 1 obra del artista:
    Mujer con mantilla (Oleo sobre tabla 1957)
    (Se incluyó una página adicional con foto del artista y nota biográfica)

    5.- Exhibición “CARLOS SOBRINO / EN EL CENTENARIO DE SU NATALICIO (1909-2009)
    Esta muestra personal rindió homenaje al artista por el centenario de su natalicio con 19 obras, (óleos, acuarelas y tintas) y 2 esculturas (tallas en madera / sabicú), así como una vitrina con objetos y fotos del artista. Muestra realizada en la Ciudad de Doral, Florida, el 28 de Marzo del 2009, tres días antes de su centenario, auspiciada por Miami Dade College West Campus, con la presencia de artistas, coleccionistas, galeristas, políticos y familiares de Carlos Sobrino: (su hija Eloísa Sobrino Carbonell, así como los nietos del pintor).

    6.- Exhibición “Tintas Negras” Muestra realizada en Miami Dade College , Hialeah Campus el 25 de Febrero del 2015, en la Ciudad de Hialeah, donde se llevó 1 obra del artista
    Figura / (Tinta sobre papel 1963)
    (En la página se incluyó una foto del artista y una breve reseña).

    Aquí les he enumerado todas las exhibiciones donde hemos rendido homenaje a CARLOS SOBRINO RIVERO, en el sur de Florida.

    NOTA: En todas y cada una de estas exhibiciones se entregó un catálogo a todos los asistentes, el día de la apertura.

    Espero que esta información le sea útil para sus archivos.

    Respetuosamante,

    Gustavo Orta.

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