¿SE DEPRIMÍAN LOS HUMANOS EN LA ANTIGÜEDAD…?

arqueologia-vasijasUn reciente hallazgo arqueológico sorprende al mundo: en la antigua ciudad romana de Bathonea, localizada en el distrito de Avcilar a la orilla del lago Kücükcekmece, hoy Turquía, han sido desenterradas más de 700 botellas de vidrio y cerámica con restos de antidepresivos y medicamentos para el corazón. Además de ser la primera vez que se encuentra en un único sitio tal número de vasijas antiguas, parece que el hallazgo también aporta datos sobre el asedio de Constantinopla, antigua Bizancio, por una fuerza conjunta ávaro-sasánida, que tuvo lugar en el año 626.

Desde su aparición sobre la Tierra los monos antropoides han tenido sobrados motivos para estar estresados: terribles fenómenos naturales, ataques de bestias feroces, oscuridad total tras la puesta del sol, lo que creaba un mundo misterioso e impenetrable en cuyas espesas tinieblas tenían que aventurarse los desvalidos primeros homínidos, guerras territoriales, canibalismo, hambrunas, y el tremendo misterio de la muerte. Es de suponer que, al igual que sucede al hombre moderno, tras períodos de estrés largamente sostenido sobrevinieran reacciones depresivas. La emocionalidad del hombre primitivo y el hombre antiguo estaba sometida a un constante desequilibrio.

Sin embargo, me parece sumamente interesante que este hallazgo se haya producido en territorios de la Turquía moderna, porque casualmente en esos lugares los arqueólogos han descubierto en la región de Capadocia las mayores ciudades subterráneas, vale decir, trogloditas, que se conocen hasta hoy, como la célebre y ciclópea Derinkuyu, en la provincia de Nevşehir, Anatolia central y, también, al sur de ese país, el ejemplo más antiguo de arquitectura monumental encontrado hasta la fecha, el templo de Gobekli Tepe, erigido hace unos 11 600 años, siete milenios antes que la Gran Pirámide de Gizeh y Stonehenge. Y digo que me parece interesante porque además del número de botellas encontrado por los arqueólogos, estos hallaron muy cerca de ellas restos de plantas medicinales, morteros de varios tamaños y una estufa. Eso indica que existía en el sitio un centro de producción de estos medicamentos, que al ser analizados arrojaron altos contenidos de metanona y fenantreno, sustancias que aún hoy son utilizadas contra la depresión por tener un efecto calmante.

¿Podemos especular que esta farmacia rudimentaria no fue la única, y que los primitivos habitantes de aquellas tierras tenían ciertas nociones de psiquiatría? Sin duda es algo que podemos suponer sin caer en el feo pecado de la divagación. Entenderemos lo muy necesarios que resultaban estos medicamentos si pensamos que en muchas ciudades trogloditas de Turquía, entre las cuales Derinkuyu (de 5 000 años de antigüedad), es la de mayor extensión, la población se recluía durante meses, y a veces hasta años, para escapar del asedio de ejércitos enemigos. Así aparece descrita Derinkuyu en Wikipedia:

[…] las personas que vivían en Anatolia habían excavado sus casas bajo tierra y vivían en alojamientos lo suficientemente grandes como para albergar una familia, sus animales domésticos y los suministros de alimentos que éstos almacenaban.
La facilidad de excavar el suelo volcánico de la zona, llevó a los moradores de Derinkuyu a crear una ciudad de varios niveles subterráneos, que fue utilizada como refugio de las frecuentes invasiones a Capadocia, en las diversas épocas de su ocupación.

Las excavaciones arqueológicas modernas comenzaron en 1963, y han llegado a los cuarenta metros de profundidad, revelando la existencia de entre 18 a 20 niveles subterráneos, aunque solamente es posible visitar los ocho niveles superiores. El resto está parcialmente obstruido, o reservado para la investigación arqueológica y antropológica. Fue abierta a los visitantes en 1969 y hasta la fecha sólo el diez por ciento de la ciudad subterránea es accesible para los turistas.

En el interior de la ciudad, pueden observarse establos, comedores, salas para el culto, cocinas (aún ennegrecidas por el hollín de los hogares), prensas para el vino, bodegas, cisternas de agua y áreas habitacionales. La ciudad cuenta con pozos de agua y galerías de comunicación.

En total, se han detectado 52 pozos de ventilación. Se calcula que estas instalaciones eran suficientes para dar refugio a diez mil personas. El laberinto de corredores cuenta además con tres puntos estratégicamente seleccionados, cuyo acceso podía ser bloqueado, desplazando las rocas adyacentes; impidiendo así la entrada de visitantes indeseados. Además, la ciudad tiene un túnel de casi 8 km de largo, que se cree la conectaba con la vecina ciudad subterránea de Kaymakli.

Sabemos por consultas realizadas a otras fuentes, que en Derinkuyu y otros de estos asentamientos había hasta áreas para taberna, de donde se deduce que aquellos sepultados en vida daban mucha importancia a la recreación.

0012030961Pero a pesar del complejo y hasta moderno planeamiento urbanístico de estas ciudades trogloditas, lo cierto es que la luz solar no llegaba a ellas, y la luz solar es la principal inductora de la producción de serotonina, también llamada la hormona de la felicidad (en realidad es un neurotransmisor) uno de los principales neuroquímicos que intervienen en el buen estado anímico del ser humano y que también afecta al funcionamiento vascular así como a la frecuencia del latido cardiaco. Si el cerebro no puede contar con las necesarias cantidades de serotonina sobrevienen estados de anhedonia o displacer, que devienen estados depresivos. En Derinkuyo y otras ciudades trogloditas turcas se han encontrado pasadizos con habitaciones que se cerraban desde dentro con mecanismos que accionaban enormes ruedas de piedra, y numerosa familias permanecían así enclaustradas para impedir que el enemigo pudiese llegar hasta ellas. Demasiado tiempo sin luz y en confinamiento: necesitaban antidepresivos, sin duda. Se calcula que en algún momento llegaron a habitar en esta ciudad unas 20 000 personas. ¿Podemos imaginar a toda esa gente encerrada en 17 kilómetros de túneles subterráneos distribuidos en más de 11 niveles hacia el centro de la Tierra, sabiendo que afuera los aguardaba una muerte violenta y segura…?

Las excavaciones en la antigua ciudad romana de Bathonea revelaron los rastros de actividades agrícolas más antiguas de Europa, que datan del 7.000 a.C. Es posible que hubiera allí un centro de medicina herbolaria que tributara su producción a otras zonas del territorio, algo así como un primitivísimo LABIOFAM.

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