PARADISO CUMPLE 50 AÑOS

lezama2Se cumplen 50 años de la publicación de Paradiso, de José Lezama Lima, una de las más grandes novelas escritas en lengua española. Personalmente me encuentro más con Lezama en cierta parte de su poesía que en su prosa, y Rapsodia para el mulo ha sido desde hace décadas uno de mis textos de cabecera. Sin embargo, siempre que alguien me habla o habla en mi presencia de la luz de Cuba, de todas las descripciones que he leído hechas por autores cubanos en sus libros, la que salta de inmediato en mi memoria es una debida a la prosa de Lezama, donde los reyes de la baraja suben desde el mar por la calle del Obispo envueltos en esa luz que es como un velo de oros viejos….

Como escritora yo misma, he tenido la osadía de imitar los estilos de varios escritores nuestros como Martí, Dulce María Loynaz, Casal y Carpentier, pero con el estilo de Lezama no he podido, es más, confieso que ni siquiera lo he intentado, a pesar de que en mis inicios adolescentes como poeta la poesía de Lezama influyó definitivamente en mí y en el modo en que hubiera querido expresarme de haber continuado por ese camino.

Yo leí Paradiso cuando tenía 19 años y estaba recién llegada a la Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA). Yo era alumna de la especialidad de Literatura y allí conocí a un pequeño grupo de muchachos y muchachas que marcaron para siempre mi vida, porque fueron las primeras personas de mi edad que encontré con intereses y sensibilidades iguales a los míos. Entre ellos estaban la poeta Cira Andrés, el pintor Arturo Cuenca, a quien ya conocía de San Alejandro, y Marcos Soneira y Eugenio Rivero, quienes hubieran sido buenos filósofos y ensayistas si la vida se los hubiera permitido. Éramos un grupo muy tranquilo dedicado totalmente a nuestros estudios, pero no éramos santos, y como no teníamos dinero y no podíamos comprar libros nos dedicábamos a saquear las bibliotecas auxiliados por nuestros enormes abrigos de la marina soviética.

Tengo que admitir que mi curriculum como ladrona de libros fue bastante pobre y solo puedo anotarme dos títulos sustraídos a lo largo de mis sesenta años: El lobo estepario y La diosa blanca. En aquella época yo era demasiado tímida. Pero los varones eran muy corajudos, y entre ellos era Cuenca quien encontraba siempre los mejores manjares. Él fue quien trajo Paradiso al garaje de la casa de Literatura, donde solíamos reunirnos a estudiar cuando no estábamos en el aula o vagando por las bibliotecas y la Cinemateca. Nos discriminaron, por supuesto, así que a Cira y a mí nos tocó leernos juntas y de últimas aquel libro. No pretendo haberlo comprendido entonces ni puedo asegurar que Cira lo hiciera, ¡éramos tan jóvenes!, pero nos impresionó muchísimo y decidimos que al día siguiente iríamos a la casa de Lezama a conocerlo. Le tocaríamos la puerta y nos presentaríamos como estudiantes de Literatura y admiradoras suyas. Recuerdo que Cuenca se echó a reír y nos recomendó que también nos presentáramos como las flacas más flacas de La Habana. En realidad, lo que queríamos pedirle a Lezama era que nos admitiera como discípulas de su famoso Curso Délfico, del que nos había hablado José Prats Sariol, nuestro mentor y profesor de Hispanoamericana , discípulo muy cercano del Maestro. Pero esa intención la mantuvimos bien oculta.

Recuerdo la tarde en que nos vestimos con nuestros uniformes limpios y planchados para visitar a Lezama, y nos sentamos en el albergue a esperar que cesara la lluvia fuerte que estaba cayendo sobre esa zona de Miramar, pero nunca escampó. Lo pospusimos para el día siguiente, pero esa misma noche llegó a la escuela la noticia de que Lezama había muerto. No sabíamos que estaba enfermo.

Lezama es para mí uno de los escritores más grandes de Cuba y de Hispanoamérica, y uno de los más honestos que hemos tenido en la isla, porque fue él mismo desde siempre y bajo dos sistemas políticos tan diferentes, y jamás hizo una concesión ni claudicó ante nadie en ninguno de sus principios. Aceptó el ostracismo forzoso con ejemplar humildad y continuó ofreciendo desinteresadamente su invaluable magisterio a los jóvenes que se atrevían a llegar hasta su casa. Nunca fue a ninguna universidad, lo que demuestra que el genio nace y no se hace, como siguen pretendiendo los defensores a ultranza de las academias. Y encima fundó Orígenes, considerada junto con la argentina Sur entre las revistas literarias más importantes de España y la América Hispana.

Hay que saludar eternamente la aparición de una novela como Paradiso, y es afortunado el país que puede llamarse casa de quien ha escrito un texto de semejante magnificencia. Hace muy bien el Centro Dulce María Loynaz en ser sede del coloquio internacional Pensamiento en La Habana. A cincuenta años de Paradiso, coordinado por los Doctores Ivette Fuentes y Enmanuel Tornés, que contará con la presencia de estudiosos internacionales de la obra lezamiana. Solo me intriga que la Presidencia de Honor esté encabezada por Alicia Alonso, Prima Ballerina Assoluta y Directora del Ballet Nacional de Cuba. Yo tengo conocimiento de que Alejo Carpentier escribió libretos para ballets mientras vivió en París, pero en mi profunda ignorancia desconocía hasta hoy que haya existido algún vínculo entre nuestra inigualable “Giselle” y Lezama. Lamentaré no poder asistir, pues sé que las conferencias serán, en verdad, magistrales.

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