El Diario de La Marina 125 años después: retrato de una sociedad ideal

OBSERVACIÓN

Estas 20 cuartillas pertenecen a mi trabajo final para el posgrado titulado El Diario de La Marina: retrato de una sociedad ideal (1832-1960), impartido recientemente en el Colegio San Gerónimo por la Profesora: Dr C. María del Pilar Díaz Castañón (Facultad de Filosofía, Historia y Sociología, UH). Por razones ajenas a mi voluntad (y bastante subjetivas) tuve que abandonar el estrado sin terminar la defensa de mi texto. Pero los periodistas aprendemos desde nuestros inicios en las aulas universitarias que toda intervención, ya sea oral o escrita, debe tener un cierre, por lo que dejar abierta la exposición que me correspondía como ponente me ha causado una sensación de malestar de la que no consigo deshacerme. También lamento no haber entregado el documento digital a la disposición de la biblioteca del Colegio y de los compañeros con quienes compartí agradables horas de conferencias, como era mi intención. Estas son las dos razones por las que he pensado que debo publicar mi trabajo final de posgrado, tanto para aliviar mi pequeña frustración profesional sobre el discurso inconcluso como para dejar constancia de las ideas que no pude desarrollar debidamente ante mi auditorio. Quiero presentar excusas también por mi falta de destreza verbal, pues si la tuve alguna vez, demasiados años alejada de la vida social sin duda la han mermado. Soy algo mejor escribiendo.

Aclaro, además, que mi tema de análisis se ciñe en exclusiva al número conmemorativo del siglo y cuarto como intento de legitimación no del Diario… a sí mismo, sino de la clase social dominante a través de uno de los medios de comunicación más significativos de la etapa republicana. Todo lo que el Diario… hizo y dejó de hacer durante los 125 años que precedieron a ese número y lo que hizo después no entra en mi objeto de estudio.

Quiero expresar mi profunda gratitud a la Doctora Pilar por sus excelentes conferencias, que me hicieron cambiar mi percepción respecto de algunos aspectos de la Sociología sobre los que no me había detenido antes con la debida atención. También quiero agradecer al Colegio San Gerónimo por los magníficos cursos que ofrece de manera absolutamente gratuíta para la superación de los profesionales de múltiples disciplinas, lo que constituye un ejemplo ético que merece ser imitado por otras instituciones.

El Diario de La Marina 125 años después: retrato de una sociedad ideal

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Dedico este trabajo al tío Oscar Grau, cuyo desempeño profesional estuvo tan ligado al Diario de La Marina como secretario personal de su Director, a quien los cubanos de ayer y de hoy conocemos como Pepinillo

Si el Capitalismo en Cuba fue el crisol y la matriz de la Revolución, hora es ya de que la indagación, el análisis y el conocimiento objetivo y pleno de esa realidad se enclaustren en un más sereno mundo académico, reflexivo, reposado.

Guillermo Jiménez Soler
Las empresas de Cuba 1958
(Editorial Ciencias Sociales, La Habana 2008)

El llamamiento que el nacionalismo hace al pasado no es solo una exaltación del pueblo para unirlo, sino el redescubrimiento realizado por intelligentsias alienadas de toda una herencia étnica y de una comunidad viva compuesta por presuntos ancestros y una presunta historia. El redescubrimiento del pasado étnico permite crear recuerdos, símbolos y mitos que no tendrían fuerza alguna al margen del nacionalismo. […] Lo que hace tan atractivos y poderosos a estos valores, recuerdos, símbolos y mitos es la invocación de una filiación común y los vínculos generados por la residencia como base de la autenticidad de los valores culturales únicos de la comunidad. Desde este punto de vista la comunidad étnica se parece a una familia extensa o a una “familia de familias” que se extiende en el tiempo y en el espacio hasta llegar a incluir muchas generaciones […]. Esta idea de filiación extensa vinculada a una “patria” concreta es lo que subyace a una identidad nacional y a la unidad en muchas de las naciones modernas, y confiere a sus miembros una sensación vívida de relación de parentesco y de continuidad inmemorial.

Anthony Smith
Nacionalismo y modernidad

Ante la imposibilidad de enfocar este trabajo sobre la cobertura del Diario de la Marina al conflicto desarrollado en torno al Partido de los Independientes de Color y la llamada Guerrita de los Negros, como era mi deseo –impedido por el difícil acceso a los números de dicha publicación correspondientes al año 1912–, decido analizar el número conmemorativo del siglo y cuarto de existencia del periódico que se definió a sí mismo como el decano de la prensa cubana.

Este volumen de 336 páginas resulta muy interesante por varias razones. La primera de ellas es la diferencia evidente que ofrece esta visión de conjunto con respecto a la original orientación hispanófila del Diario de la Marina, publicación que se había proyectado desde su nacimiento como defensora de los intereses de España y de los españoles residentes en Cuba, conceptos que con el paso el tiempo dejaron de ser uno y el mismo.

En este número del siglo y cuarto (1957) en que se pasa revista a toda la historia social, política y económica de Cuba, el recuento de hechos y situaciones está enfocado mayoritariamente desde el espíritu de la República. La mención al tema español no está ausente, pero su peso mayor (muy reducido en el contexto general de la publicación que nos ocupa) se encuentra en ese pasado que se revisita, y la mirada sobre él no es ya la de la Madre Patria, sino a lo sumo, y como dije antes, la de los españoles residentes en Cuba, cuyos intereses están totalmente imbricados en la dinámica del acontecer republicano. Los españoles y sus descendientes se proyectan como miembros de la sociedad cubana, lo cual indica que en apenas medio siglo de República, una isla que pasó abruptamente a un régimen democrático desde un sistema social esclavista por medio de dos guerras de Independencia, o sea, por una contracción artificial de los procesos evolutivos del tiempo histórico, se ha convertido en el escenario de la fragua de una nación con una identidad definida conformada por una tradición histórica, social y económica que se autorreconoce y se asume con orgullo. Desde el punto de vista antropológico, el tránsito de una formación socioeconómica a otra ocurre aquí con mayor rapidez que en los países europeos occidentales, teniendo en cuenta que Cuba es una isla pequeña, alejada de los grandes centros de cultura y desarrollo de nuestro hemisferio, y al comienzo de la República es una tierra devastada por la guerra, con una población diezmada y empobrecida, con un debilitamiento notorio de la moneda y la reserva de capital, con una industria azucarera mermada por décadas de furibunda contienda bélica, un altísimo índice de analfabetismo y sin desarrollo industrial en casi ningún otro renglón de la economía. Ciertamente, el Diario de la Marina es el retrato de una sociedad ideal, o si se prefiere, idealizada, y más que ningún otro de sus números lo es este que analizamos, pero aún con todas las manquedades que se le señalan a la República, perfectamente resumidas en un documento testimonial tan importante como La Historia me absolverá y en todos los libros de Historia que conocemos, ello no anula el hecho de que los logros de Cuba en la primera mitad del siglo XX, habiendo partido casi desde cero en todos los índices que definen la estructura socioeconómica de un país, resultan impresionantes. No es la isla el Paraíso, no es el mundo perfecto de Panglos, y el Diario… se encarga muy bien de omitir la cara fea de aquella sociedad joven y pujante, pero la cara hermosa que pone de manifiesto es realmente hermosa, y la panorámica resulta sorprendente. Cuba saltó de su cuna colonial a ser Nación en tiempo record, con una muy fuerte conciencia de sí misma, con todos sus éxitos e imperfecciones. Como dijo nuestro más grande antropólogo, don Fernando Ortiz, fuimos un auténtico crisol, y en no pocos aspectos dimos oro a la mayor brevedad.

Sobre la integración trata uno de los primeros artículos que aparecen en este número del Diario…: La integración nacional cubana: antecedentes y posibilidades, firmado por César García Pons, cuya conclusión “sociológica” podría esbozarse más o menos en estos términos: la desaparición del racismo en Cuba, así como una integración total de sus pobladores dependen (únicamente) de un principio de voluntariedad. Este es uno de los textos más hipócritas del volumen, pero permite ver que para el proceso de legitimación que había emprendido la burguesía nacionalista cubana como clase era importante maquillar la realidad de que existía racismo, y no larvado ciertamente, un racismo que la República no pudo extirpar, pero tampoco se ha podido eliminar hasta nuestros días a pesar de todas las medidas tomadas por el Gobierno Revolucionario para promover la igualdad entre todos los ciudadanos del país. Aún hoy, tras medio siglo de Revolución Socialista, no se ha podido ir más allá de una igualdad en términos de Derecho, mientras subsisten las formas subjetivas del mal.

La segunda razón por la que me resulta particularmente interesante el número conmemorativo del siglo y cuarto de la fundación del Diario de la Marina se deriva de la primera, y es la presencia de una clase burguesa bien estructurada y poderosa a la cabeza de la sociedad cubana, que pone gran empeño en legitimarse por medio de sus logros en todos los renglones del desarrollo, incluyendo la intelectualidad y la alta cultura que, pese a haber sido declarada en crisis por uno de sus más conspicuos representantes, el filósofo y periodista Jorge Mañach, existía con brillo genuino y contaba con nombres que en nada cedían a las grandes figuras del arte y el pensamiento de nuestra época colonial. Esta burguesía, netamente criolla a pesar de sus genes hispanos, es la clase que se muestra, genio y figura, en cada una de estas 336 páginas de entusiasta autorretrato.

La simbiosis entre españoles, criollos y miembros de otras nacionalidades ha sido tan eficaz que ha dado lugar a una nacionalidad emulsionada, y dentro de ella se alza la burguesía envuelta en un manto de legitimación, entretejido en una red de vasos comunicantes que dan solución de continuidad al presente y al pasado de la isla. El primer ejemplo que quiero citar por su relevancia, es una comparación entre la toma de posición del Diario… ante las muertes de los grandes próceres de la Independencia de Cuba, José Martí y Antonio Maceo, celebradas en su momento por los editoriales del tiempo del fundador de la dinastía de los Rivero. Merecedores entonces de los peores adjetivos, Maceo y Martí fueron tratados en aquel momento como enemigos políticos de cuya sangrienta salida de escena debían alegrarse los buenos españoles como de un bien supremo para España. Pero en 1957 la posición del Diario… ha dado un giro de 365 grados. En un comentario sin firma tomado del periódico El mundo (18 de mayo de 1952) puede leerse:

…reproducimos a continuación el comentario que publicó El Diario de La Marina al tener conocimiento de la trágica muerte de José Martí, inmolado en Dos ríos por la causa de la libertad y la independencia de Cuba. Juzgue el lector por sí mismo:
Ha caído para siempre Martí, el jefe civil, la cabeza pensante y delirante del movimiento separatista […] Su muerte representa un gran quebranto para los enemigos de la Madre Patria, y por eso mismo un suceso Fausto para cuantos peninsulares e insulares confunden en una sola idea la felicidad de Cuba y la soberanía de España […] Por la gloria, pues, de nuestras armas, y por la trascendencia de ese resultado, enviamos a aquellos bravos soldados nuestro aplauso patriótico más entusiasta y a la nación y al país nuestra modesta, pero calurosa enhorabuena.

Pero en el número del Diario… que analizo, en un artículo titulado Los grandes de la Patria, Céspedes, Gómez, Maceo, Martí, firmado por Emeterio Santovenia, en el espacio dedicado a Martí encontramos el siguiente panegírico:

José Martí aprendió a ser fuerte de su padre y su madre, españoles de Valencia e Isla Canarias, respectivamente. Vivió en pobreza durante su infancia y su adolescencia. Tuvo así escuela de dolor, en la que aprendió a amar al prójimo, mayormente al menesteroso y al hostigado. Sufrió persecución y presidio políticos en años mozos con motivo de su adhesión a la causa de la transformación institucional de Cuba. Llevó en sus carnes para siempre la marca de la incomprensión de otros hombres […] Renunció a todo lo que de bueno y gustoso prometían sus aptitudes y aciertos para consagrarse a la obra de producir mudanzas raigales en la Patria. Puso a laborar en insospechada armonía a patriotas antiguos y nuevos, a ricos y pobres, a hombres y mujeres, a residentes en Cuba y en el exterior, a todos, cualesquiera que fueren las clases sociales a que pertenecieren, animados de la confianza de que echaban los cimientos de aquella república cordial levantada con todos y para el bien de todos. […] Así ascendió a la Eternidad el hombre de genio para quien la suerte de Cuba, siendo tanto para él, solo constituía una parte de las devoradas ansias de su alma, esencialmente universal.

Citas muy semejantes en ambos sentidos pudieran hacerse sobre el Diario… y la evolución de su postura con respecto a Maceo. Ya no se piensa como españoles, sino como cubanos. Ya no hay una Madre Patria y su hija “díscola”, sino una sola Patria que es, al menos en teoría, tanto de la burguesía como de las otras clases y estratos de la sociedad cubana. Los grandes muertos son los Padres Fundadores y héroes de la Patria. Ha fraguado, indudablemente, un sentido de pertenencia nacional. Este no es más que un ejemplo, pero hay muchísimos de este proceso de asimilación total, o de unificación de la conciencia nacional o como se le quiera llamar, pero en esencia el fenómeno es el mismo.

Uno de los recuentos más interesantes que publica este número conmemorativo del Diario… es un extenso artículo de Jorge Mañach titulado Evolución de las ideas y el pensamiento político en Cuba, donde el autor reconstruye con su característica minuciosidad de ensayista el linaje de las ideas en Cuba desde nuestros primeros pensadores coloniales hasta el momento en que él mismo escribe, en el que sin duda está ya perfectamente estructurada y consolidada una burguesía de orientación nacionalista, y empleo este término porque muchos teóricos desestiman la existencia de una burguesía nacionalista en Latinoamérica. Con buen pulso analítico Mañach divide la historia del pensamiento cubano en etapas muy bien caracterizadas, pero cuando habla de su propio momento histórico se torna impreciso. Nuestra burguesía, y dentro de ella incluyo a nuestra burguesía intelectual— generalmente académica—, a la que pertenecía el propio Mañach, poseía una orientación nacionalista, pero carecía de un corpus ideológico sistematizado que le permitiera adscribirse a alguna línea en particular del nacionalismo filosófico, aunque en la práctica presenta elementos de varias de ellas. Hasta donde conozco la obra de Mañach, esta carencia le afectó a él mismo, quien no pasó de ser un conocedor profundo y admirador de ciertas figuras de relevancia dentro de la filosofía occidental, en especial ingleses y alemanes, pero no creó ningún sistema filosófico ni se adhirió con claridad a alguna escuela, por lo que siempre me he cuestionado que se le califique en nuestro medio intelectual como un filósofo cuando en realidad era un pensador. Pero lo importante aquí es que la sociedad que retrata el Diario… buscaba su legitimación mediante la construcción de linajes no solo históricos, sino también culturales, como un camino hacia la plasmación de un perfil identitario específicamente cubano. Hay que decir que Mañach se daba cuenta de que la imposibilidad de distanciamiento histórico era causante de que nuestra burguesía no pudiera percibir con nitidez su propia imagen ideológica, y lo reconoce claramente en el párrafo final del texto:

Las modulaciones posteriores de las ideas y el pensamiento político en Cuba, en la medida en que sean apreciables, están demasiado próximas para que se pueda enjuiciarlas con objetividad. Durante los últimos cinco años la República ha estado viviendo un angustioso paréntesis. Desde el punto de vista de este trabajo solo puede afirmarse que en las dos zonas polémicas –la de sustentación militar y la de reivindicación civil—el pensamiento se ha visto ahogado por la fuerza. En los momentos en que esto se escribe, la voluntad de rectificación profunda y decisiva parece más intensa que nunca. Es de desear que se logre no solo bajo el signo de nobles emociones, sino también de claras ideas.

En este párrafo, revelador en sí mismo de contradicciones raigales en la República, está contenida una de las claves para comprender por qué la burguesía cubana brindó su apoyo al Movimiento 26 de julio. Exasperada por la violenta atmósfera de represión policial y el clima de tensión que vivía la ciudadanía bajo la Presidencia inconstitucional del General Batista, la burguesía cubana ansiaba un cambio que le proporcionara la estabilidad necesaria para la prosperidad de una sociedad que era, desde los tiempos de la Colonia, eminentemente mercantil. Y la inestabilidad política es veneno para los negocios. La necesidad de crecimiento y reafirmación clasistas impulsaba a nuestra burguesía hacia un nacionalismo que, por muy ambiguo que pudiera resultar desde el punto de vista de las definiciones ideológicas, era una postura de clase sumamente sólida y comprensible.

Pudiera contradecirse mi argumento con el opuesto de que el Diario… no siempre suscribía las opiniones de sus colaboradores, pero quienes conozcan los mecanismos de la política editorial apreciarán sin mayores dificultades que el Diario… de 1957 se brindaba como tribuna de una clase social que reafirmaba su lugar en el manejo de Cuba, y al mismo tiempo esta publicación defendía una pluralidad de voces característica de la democracia nacionalista. Definir si la República fue una democracia representativa y nuestra burguesía una burguesía nacionalista o solo una oligarquía con un proyecto nacionalista, o cualquiera de las otras variantes conceptuales posibles, es un objetivo que, por su complejidad, escapa a nuestro campo temático. Además, la composición de la burguesía cubana en las últimas décadas de la República es muy heterogénea, hay en ella comerciantes, políticos, militares, industriales, banqueros, cubanos, españoles, norteamericanos, mezclados y compartiendo los mismos espacios sociales en todas las Instituciones importantes de la nación, entre ellas los clubes de recreo.

En cuanto a que fueron un grupo entreguista de la riqueza nacional que sirvió únicamente a los intereses de los Estados Unidos, me pregunto si no ha llegado ya la hora histórica de reconsiderar lo que pensamos sobre esa posición y concebirla más bien como una alianza sin muchas posibilidades de opción. La situación de Cuba al comienzo de la República podría compararse, en cuanto a tierra arrasada, con la de los países europeos al término de la Segunda Guerra Mundial, a los cuales el plan Marshall brindó la posibilidad de recuperarse mucho antes de lo que hubieran conseguido únicamente con sus propios esfuerzos y diezmados recursos. La economía de Cuba, si es que existía algo que pudiera ser llamado así después de las Guerras de Independencia, no habría podido jamás hacer de la nación el país que llegó a figurar entre los primeros lugares del rating de desarrollo no solo en América, sino en Occidente en general. ¿Qué podía hacerse con nuestra riqueza natural en minerales metálicos sin una industria pesada capaz de procesarlos, por solo citar un ejemplo de la insuficiencia de nuestra infraestructura económica? ¿Qué hubiéramos podido hacer con nuestro uranio, con nuestro vanadio, minerales radiactivos con aplicaciones en la industria que requieren una tecnología de altísimo nivel…? Pretender negociar en igualdad de condiciones con la primera potencia mundial no parecía un proyecto posible para la Cuba republicana. Y sin embargo, la industrialización de Cuba estaba en marcha. Asombra conocer que en 1954 (por solo poner un ejemplo) ya existía un proyecto para construir en la isla una central de energía electronuclear, que hubiera sido la primera de América.

Y es esta sociedad emergente e ideal la que retrata precisamente el Diario de La Marina en el volumen conmemorativo del siglo y cuarto de su fundación.

La actividad industrial de la República, según Las empresas de Cuba 1958, de Guillermo Martínez Soler (Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 2008), se dividía en:

-Industrias extractivas (minera, forestal y pesquera)
-Industrias reproductoras (agrícola y ganadera)
-Industrias transformadoras (azúcar y derivados, zoógenas, tabaco, alimentaria, textil, química, metalúrgica, papelera, habitacional y de vestido).
-Industria turística (transporte y comunicaciones, fincas urbanas, construcción y vivienda)

Jiménez Soler llega a contabilizar en su libro las fichas de 1382 empresas o industrias privadas existentes en Cuba en 1958 , apenas un año después del año en que fecha su resumen el Diario…., y escribe en su prólogo:

En lo que respecta al Estado, su actividad ha sido evaluada solo a partir de su interacción con ambos sujetos [empresas y empresarios] y siempre delimitando sus gradaciones según la influencia coyuntural de los diversos sectores empresariales en cada etapa económica diferenciada, pues aún cuando, condicionado por el comercio y la geopolítica el sistema no podía menos que estar siempre en extremo subordinado a la principal potencia económica del mundo, su política no fue lineal y recta durante el período: aunque con una única cuerda, como en el antiguo monocordio, su sonido era capaz de alcanzar diferentes alturas […] Si el capitalismo en Cuba fue el crisol y matriz de la Revolución, hora es ya de que la indagación, el análisis y el conocimiento objetivo y pleno de esa realidad se enclaustre en un más sereno mundo académico, reflexivo, reposado.

En otro de los textos publicados en el número del Diario… analizado, titulado La propiedad y su función social, firmado por Miguel Márquez de la Cerra, se debate sobre si la propiedad es un derecho natural o no, y si debe existir en forma individual o colectiva, y se cuestiona el Artículo 87 de la Constitución vigente por considerar que no establece con la necesaria claridad el concepto de Propiedad y deja un margen de ambigüedad que resulta perjudicial para una interpretación operativa. Pero este texto resulta particularmente interesante porque contiene una reflexión bastante osada para su contexto sobre el papel del Estado con respecto a la distribución de la propiedad:

Habiendo asistido el mundo occidental al fracaso rotundo del liberalismo económico, hemos visto cómo por todas partes han surgido medidas financieras, remedios políticos e instituciones nuevas, encaminadas a buscar la sabia, discreta y ponderada intervención del Estado en la economía del mundo, en el uso y disfrute de la riqueza, en las relaciones contractuales y en las de trabajo, limitando de cierta manera la autonomía de la voluntad en interés general y beneficio público. Concebida la propiedad como relación de señorío de contenido variable, el Estado debe apresurarse a fijar en cada caso dicho contenido, dibujando con claridad sus contornos y fijando de manera indeleble los límites de la institución.

No hay que formarse la falsa idea de que en 1957 Cuba avanzaba hacia un capitalismo de Estado, pero que el Diario de La Marina publicara un reclamo para fortalecer el poder del Estado ante la forma en ocasiones semifeudal que presentaba la propiedad en Cuba, muy en especial la propiedad sobre la tierra (aunque el articulista no se explicita en ningún sentido), permite suponer que este era el anhelo de cierto sector de esta burguesía nacional que ya formaba parte importante del aparato estatal, y sin duda también constituía a esas alturas el deseo de amplios sectores del proletariado cubano. Igualmente el artículo Inestabilidad y desarrollo económico en Cuba, firmado por Julián Alienes, pone de manifiesto la existencia de un pensamiento económico con propuestas bien definidas en cuanto a la adopción de políticas económicas que aseguraran y aceleraran el desarrollo del país. El artículo está escrito en términos tan técnicos que rebasa mis posibilidades de comentario, pero igualmente adjudica un papel de primera magnitud al Estado en el control de la economía.

Un artículo particularmente ilustrativo resulta Las instituciones de crédito: Desarrollo de la Banca en Cuba, de Rufo López-Fresquet y Antonio Jorge, donde se despliega un pormenorizado análisis de la historia y desarrollo de la institución bancaria en Cuba desde el año 1832, en que no existían en la isla instituciones de crédito “al modo en que hoy las conocemos” , hasta el advenimiento de la República. Se enumera con lujo de información la creación de todas y cada una de las más importantes instituciones bancarias de Cuba y no se omiten detalles reveladores de la participación de capitales foráneos en el fortalecimiento de la Banca nacional. Encuentro interesante la siguiente estadística:

[…] inmediatamente antes de la crisis de 1920 existían 19 bancos cubanos que tenían establecidas 334 sucursales. De estas correspondían 112 al Banco Nacional y 105 al Banco Internacional. […] En junio de 1920 los bancos cubanos mantenían el 80 por ciento de los depósitos bancarios, o sea, un volumen de trescientos cincuenta y dos y medio millones de pesos.

A continuación el articulista describe en términos casi propios de una narración dramática la repercusión de la crisis sobre los bancos cubanos, la declaración de la primera Moratoria en el período republicano, y cómo los bancos extranjeros aprovecharon la coyuntura para dominar la nueva situación cubana, y presenta una lista con los nombres y apellidos de todas las instituciones bancarias foráneas que se aprovecharon del descalabro nacional. Destaca asimismo la creación por parte del Estado, del Banco Nacional de Cuba por la Ley No. 13 de 1948, que marca el comienzo de la recuperación bancaria en la isla, al extremo de que apenas dos años más tarde y durante el período de 1950 a 1956 los depósitos crecieron ininterrumpidamente. Concluye que “el crédito en Cuba nunca ha sido suficiente para promover las necesidades de un intenso proceso de desarrollo agrícola e industrial”. Afirma que la Banca cubana se dedicó durante la República a financiar la industria azucarera, y termina:

La Banca desempeñó, dadas las características fluctuantes de una economía monocultora y abierta, como era en grado extremo la cubana, un papel pasivo. Prueba de ello […] es la contracción crediticia iniciada a mediados de los veinte y que se extendió a través de los treinta.

Es este un texto objetivo, y denota un estado de opinión que posiblemente tenía sus detentadores más entusiastas en los propios círculos de la burguesía nacional.
Uno de los textos más breves, pero también de los más interesantes que incluye este volumen de recuentos es El capital extranjero en la economía cubana, de Félix Pazos, donde se analiza no solo la evolución de las inversiones extranjeras en Cuba, sino su comparación con otros países del hemisferio occidental y sus perspectivas para un futuro mediato; además se proponen algunos principios generales para regir nuestra política inversionista y de préstamos internacionales. Párrafos como el que sigue, referidos al monto de las inversiones norteamericanas en la isla posteriores a 1946, se leen hoy con fruición e invitan a la reflexión:

El reciente estudio del Departamento de Comercio de los Estados Unidos Investment in Cuba explica la parquedad de inversiones americanas en años recientes en los siguientes términos: “ La explicación del lento crecimiento de las inversiones de los Estados Unidos en Cuba en el período posterior a la Segunda Guerra Mundial es relativamente sencilla, si tenemos en cuenta el hecho de que, de los tres mil millones de dólares de aumento en las inversiones directas de los Estados Unidos en toda Latinoamérica, desde 1946, las partidas más importantes fueron alrededor de mil millones de dólares para proyectos petroleros, $750 millones para industrias manufactureras, y $500 en minería. No se han encontrado en Cuba yacimientos petrolíferos que justifiquen algo más que gastos de exploración; dificultades de índole metalúrgica obstaculizaron hasta hace poco el desarrollo de los extremadamente importantes depósitos de níquel y todavía impiden la explotación de las potencialmente valiosas reservas de hierro; la inversión en azúcar ha alcanzado aparentemente un punto de saturación, y las condiciones para Las inversiones en las industrias manufactureras no han sido enteramente favorables hasta muy recientemente”. Al analizar las perspectivas, el informe citado predice que en las próximas décadas los obstáculos citados no impedirán un aumento sustancial en el volumen de inversiones, explicando que hay proyectos conocidos para la inversión de 205 millones en electricidad, refinerías, minería e industrias manufactureras, durante el quinquenio de 1956-1960.
A la pregunta de cuál debe ser la política de Cuba con respecto a inversiones directas de capital extranjero y préstamos internacionales, el articulista responde:
[…] debemos tratar de estimular y facilitar ambos para que vengan en el mayor volumen posible. […] Si en ausencia de inversiones o préstamos extranjeros el país puede desarrollar su producción a un ritmo de un 3 o un 4 por ciento anual, con su ayuda puede elevar ese ritmo a un 5 o un 6 por ciento al año, o quizá más.

Pero el articulista también advierte:

Los países en proceso de desarrollo deben dar toda clase de facilidades y estímulos a las inversiones extranjeras directas, pero no deben jugarse toda su suerte a ellas y olvidar la necesidad de ayudar a los empresarios del país a mantener y desarrollar las empresas nacionales existentes y a crear otras nuevas. Tanto desde el punto de vista económico como del político, el desarrollo de una nación debe ser realizado fundamentalmente por empresarios, inversionistas, técnicos y administradores del propio país, y solo suplementariamente por empresas extranjeras con directores y técnicos extranjeros.

Si esta no es una posición netamente nacionalista, yo no sabría cómo clasificarla, amén de que parece un criterio sumamente sensato y es una fórmula que han aplicado y aplican hoy con éxito países del Tercer Mundo. Las cifras, es sabido, pueden ser cambiadas, alteradas y manipuladas al gusto, pero la idea aquí expresada no puede ser más clara.

Siguen artículos sobre las industrias azucarera y tabacalera que no comentaré por falta de espacio y porque, obviamente, estos rubros fueron puntales de la economía cubana desde los tiempos de la Colonia y continúan siéndolo. Vienen a continuación varios trabajos sobre la industria ganadera, el primero de ellos de carácter histórico, pero los demás ofrecen informaciones sumamente valiosas sobre ese renglón de la economía cubana. El artículo titulado La ganadería es una importante riqueza cubana, firmado por Lorenzo Lamadrid, Presidente de la Asociación Nacional de Ganaderos de Cuba, comienza nada menos que con este bajante cuya estadística data de 1953:

OCUPAMOS EL CUARTO LUGAR ENTRE TREINTA Y SEIS PAÍSES EN RESES POR HABITANTE

El texto se acompaña de varios gráficos estadísticos de gran valor informativo que desgraciadamente se nos hace imposible reproducir aquí. Pero uno de los aspectos más interesantes de este trabajo consiste en mostrar uno de los sectores burgueses mejor estructurados dentro de la economía cubana: los ganaderos, cuyas posturas frente a determinadas situaciones difíciles inherentes al rubro, como por ejemplo la negativa a importar tasajo procedente del Uruguay, país afectado por la fiebre aftosa, muestran un frente unido y sin fisuras. Debo agregar, como observación curiosa, que se trata probablemente del tema económico más graficado del número conmemorativo del siglo y cuarto del Diario…

Tengo una anécdota personal con respecto al siguiente artículo Posibilidades de nuestra industria minera, de Jorge Broderman. Debo aclarar que mi especialidad dentro del periodismo es Historia y cultura en La Habana colonial y republicana, lo que deja suficientemente claro que no soy una experta en temas económicos. Ello tal vez baste para explicar mi profundo asombro cuando leí por primera vez este texto hace años, porque yo desconocía la envergadura de los recursos mineros de mi país. Yo no sabía, por ejemplo que: “En Cuba existen innumerables cantidades de yacimientos metalíferos, algunos de alta ley y otros, aunque de baja ley, de grandes extensiones” . Cuando Broderman habla de grandes extensiones se refiere a yacimientos de kilómetros de área. Jamás me hubiera imaginado que en 1957 aún existían yacimientos auríferos en El Escambray y en Santa Clara, ni que Isla de Pinos contaba con un filón aurífero de 4 pies de potencia, cuya exploración alcanzaba más de un kilómetro; o que estamos literalmente sentados sobre una isla de cobre; o que en Pinar del Río, Camagüey y Oriente hubiera yacimientos con un potencial de más de 8 000. 000 000 de toneladas de hierro y minerales férricos. Mucho menos podía pasarme por la mente que Cuba posee minerales radiactivos como el uranio, presente en más de cien combinaciones. Yo solo sabía del níquel*. Siempre me ha parecido que todos los artículos de este número conmemorativo poseen un muy alto valor documental e histórico, pero este, en especial, despierta mi interés y mi sorpresa cada vez que lo releo.

El turismo puede ser nuestra segunda zafra, de Luis Maribona, además de hacer un recorrido breve por los comienzos del turismo en Cuba, señala que este sector estaba en la mira de la clase dominante cubana, y existían proyectos para su desarrollo que supieron ver, incluso, las potencialidades de un turismo de salud relacionadas no solo con la benignidad de nuestro clima, sino con los efectos beneficiosos de nuestras aguas salutíferas, conocidas y frecuentadas desde los tiempos de la Colonia (Ignacio Agramonte visitó y escribió sobre los baños de San Diego, por solo citar un ejemplo), y que solo ahora comienzan a ser explotadas, o para ser más exacta, solo ahora se comienza a trabajar en los proyectos de construcción de una infraestructura turística que permita la explotación de este preciado recurso natural.

No menos acuciosos son los recuentos de la cultura cubana presentes en el número objeto de análisis. Por supuesto que los acontecimientos de la vida cultural cubana allí enumerados han sido recogidos y estudiados en profundidad en posteriores investigaciones, pero ello no resta su valor referencial a un artículo como Medio siglo de teatro en Cuba, firmado por esa estrella del periodismo cubano que fue Francisco Ichaso, donde se hace un enfoque exhaustivo sobre la historia del teatro en la República, un tema poco estudiado aún hoy. Muy interesante resulta la información sobre las últimas dos décadas del teatro nacional, y es reconfortante saber que en nuestras tablas se representaban entonces las obras más recientes de la vanguardia teatral europea y norteamericana. Entre líneas puede percibirse el velado reproche de Ichaso a la falta de financiamiento estatal para el desarrollo de la cultura, y su reconocimiento al esfuerzo de grupos como la Sociedad Pro Arte Musical y el Teatro Universitario por mantener viva una tradición teatral que de otro modo hubiera languidecido probablemente hasta su extinción. ¿Quién no recuerda aquella escena de la novela El acoso de Carpentier en que un hombre es baleado en un callejón mientras en el anfiteatro de la Universidad de La Habana el grupo teatral de esa institución representa una tragedia griega, Las Coeforas? El lector actual se constela al saber que los habaneros de la década del 50 pudieron ver las puestas en escena de obras como Té y simpatía, Gigi, Un tranvía llamado deseo y hasta El diario de Ana Frank. Fue precisamente la carencia de recursos la que dio lugar a la aparición de las pequeñas salas-teatro como Talía, Hubert de Blank, Prometeo, Arlequín, El Sótano, Teda, Las Máscaras, Atelier, Prado 260 y otras que tanto animaron la vida cultural capitalina, y algunas de ellas aún lo hicieron hasta comienzos de los noventa. Hoy solo unas pocas continúan asegurando la vida de las tablas cubanas.

El cine, una industria, un arte, un medio de expresión, artículo de Walfredo Piñera, obviamente es un recuento del cine visto por los cubanos, que se convierte inevitablemente en un recuento de la historia de Hollywood. Todas las fotos que grafican este trabajo pertenecen a rostros del sistema de estrellas de la meca del cine. El texto demuestra conocimiento del tema, pero no aporta nada a la imagen cultural de la República.

Por fortuna le sigue La música y los compositores cubanos, de Antonio Quevedo, que recorre todo el panorama de la música durante la etapa republicana, con muy buenos análisis y un panegírico exaltado de compositores como Lecuona, Roldán, Caturla y Ardévol. Con entusiasmo se expresa el articulista de los músicos jóvenes del momento: Julián Orbón, Harold Gramatges, Olga de Blank, Hilario González, Juan Blanco, Carlos Fariñas y otros a los que reconoce méritos sin prejuicios generacionales.

A continuación aparecen trabajos sobre la aviación civil en Cuba y sobre la meteorología nacional, con pormenorizadas y muy completas descripciones sobre la naturaleza, estructura y efectos del fenómeno climatológico que más duramente afecta a la isla: los ciclones y huracanes, y quienes cargamos años sabemos que los meteorólogos cubanos, en cuyo linaje se encuentran no pocos jesuitas, gozaban de fama internacional por su dominio de esa ciencia. Hay un raro artículo sobre la estructura del átomo y la bomba atómica, que termina con un sorprendente acápite dedicado a la energía atómica en Cuba, donde el autor manifiesta su apoyo incondicional a la idea de que deben construirse en la isla centrales y reactores nucleares, por el beneficio que de ellos se deriva para la vida civil, lo que hace recordar que en el momento en que se escribe ese texto aún está muy cerca en el tiempo el proyecto norteamericano de construcción de una central electroenergética en el territorio nacional, proyecto que la burguesía cubana respaldaba decididamente.

El artículo que bajo el título Admirable obra de servicio social realizan los centros regionales con casa de salud, escrito por Pablo Fresno, hace un merecido reconocimiento a las casas de salud e instituciones hospitalarias creadas por las sociedades españolas y regidos por el sistema de clínicas mutualistas. Quienes conocimos aún niños y nos beneficiamos como abonados del trabajo y la magnífica organización de estos centros de salud, todavía recordamos las excelentes condiciones de aquellos inmuebles, la pulcritud de las estancias y la modernidad de las instalaciones médicas, así como sus muy bien provistas farmacias, que en muchos casos entregaban a los socios de esas clínicas los medicamentos contra receta de los galenos de las instituciones y con total gratuidad. No quiero referirme a las clínicas privadas, que no conocí personalmente, pero en las mutualistas como Hijas de Galicia, Las Católicas Cubanas, La Balear y La Dependiente el acceso estaba abierto sin restricciones de ninguna clase para todo aquel que pudiera pagar una suma mensual que oscilaba entre tres y un peso, cuyo pago daba derecho a consultas en la institución y a domicilio con especialistas de elección, a toda clase de tratamientos, a estancias intrahospitalarias, a cirugía y, como ya dije antes, al servicio de farmacia. Sin embargo, debemos recordar que no toda la población disponía de recursos para beneficiarse de este magnífico sistema de salud, y que los hospitales públicos como el Calixto García no tuvieron siempre iguales condiciones que las clínicas mutualistas, situación que mejoró notablemente durante las últimas dos décadas de la República.
Siguen artículos de enfoque político internacional como La solidaridad americana, graficado con un gran retrato central de Simón Bolívar; Las Naciones Unidas, sus antecedentes históricos, sus funciones y su futuro; Rusia y los Estados Unidos o la lucha entre dos gigantes, y algunos otros que ponen de manifiesto la posición de la clase dominante cubana con respecto a los puntos neurálgicos del acontecer mundial. El artículo sobre Rusia y Estados Unidos resulta un análisis aparentemente poco influido por posturas ideológicas, como hubiera sido de esperar, y es bastante objetivo en sus comentarios sobre conflictos y sucesos históricos, aunque inevitablemente esté permeado por un enfoque clasista, ¿y cuál podría ser la toma de partido de la burguesía nacionalista cubana, dependiente y aliada fiel de los Gobiernos de los Estados Unidos? La posición cubana de apoyo a la política internacional del vecino del Norte se hace absolutamente explicita en el artículo Cerca de 20 millones de pesos paga al año la nómina del COA (Cooperativa de Ómnibus Aliados), en el que, sin que venga acorde con el tema tratado, el autor deriva de repente hacia enfoques muy tendenciosos sobre la política exterior norteamericana, a la que otorga, por supuesto, su apoyo irrestricto. En este artículo hay una inesperada referencia al entonces joven Estado de Israel y su enclave “en tierras árabes” . El articulista atribuye la creación del Estado de Israel a las presiones de los Estados Unidos sobre las Naciones Unidas, lo cual no resulta del todo exacto, porque las maniobras en favor de la creación del nuevo país habían comenzado mucho antes de la Segunda Guerra Mundial y en ellas jugó un papel trascendental la Gran Bretaña. No sé si pueda atribuirse este error histórico a ignorancia del autor o a su postura tendenciosa de apoyo a los Estados Unidos, atribuyéndole a este país méritos que no le pertenecen en exclusiva. El texto en general parece algo incoherente. Su peor momento en cuanto a producción de ideas llega cuando intenta justificar el derecho a la existencia de Israel con la indiscutible relevancia del aporte hebreo a la ciencia, las artes y la cultura de todos los pueblos, algo que ninguna persona medianamente informada podría poner en duda, pero que desde luego no es la razón fundamental para legitimar ante el mundo y ante la Historia la concesión al pueblo hebreo de una tierra donde construirse un país y un hogar. Los argumentos del articulista parecen en este punto (como en casi todos) notoriamente faltos de reflexión, mas sin embargo acierta cuando afirma que Israel está llamado a desempeñar un papel decisivo en el futuro de las naciones Si se tiene en cuenta que, para bien o para mal, a los grandes pueblos les esperan grandes destinos, la deducción no resulta difícil y como vaticinio se cumplió.

Hay un hermoso trabajo de Anita Arroyo, Presencia de la mujer en la vida cubana, que rinde homenaje a todas las grandes mambisas y a otras personalidades femeninas destacadas en la historia de la nación.

A partir de aquí el resto del volumen está dedicado a los deportes practicados en Cuba, cada uno de los cuales cuenta con su propio artículo-recuento. La importancia de esta temática radica en que provee de un linaje a la práctica deportiva cubana, y presenta sus logros mayores como parte de un desarrollo evolutivo y no como un fenómeno salido de la nada. Ciertamente la práctica sistemática de la mayoría de los deportes en Cuba estaba restringida a los sectores económicamente pudientes, salvo la pelota y el boxeo, que eran de acceso popular. Otros como el yatismo, los remos, el balompié, la esgrima, la equitación, la natación, el tenis, el jai-alai y otros deportes vascos se materializaban a través de los clubes de recreo, que poseían sus propios equipos y entrenadores. Los deportes generaban en la época republicana cuantiosos dividendos a través de las apuestas, que podían mover sumas millonarias. Además, proporcionaban al país una imagen internacional a través de las competencias. La lectura de estos materiales dedicados a la historia del deporte criollo deja claro que, al igual que la cultura, no contaba este con el necesario respaldo gubernamental, y su permanencia y desarrollo se debieron a esfuerzos de grupos y sectores particulares. También puede apreciarse que casi todos los deportes preferidos por la burguesía nacional se debían a la influencia de la cultura norteamericana que nos legó la Ocupación.

Hay un artículo, José Raúl Capablanca: Campeón Mundial de Ajedrez, breve en comparación con la extensión de la mayoría que encontramos en el número, pero escrito con verdadero fervor por la figura de uno de los más grandes ajedrecistas de todos los tiempos.

Un fenómeno social tan importante como la moda no podía estar ausente en este número conmemorativo del siglo y cuarto de la fundación del Diario de La Marina. El artículo en cuestión estuvo a cargo de Madame Rie, seudónimo de la esposa de Del Riego, importante figura de la directiva del Diario. Su rico y bien documentado contenido informativo lo convierten en obligado material de referencia sobre el tema del vestuario femenino en Cuba a través de la Colonia y la República. Yo lo he usado (y abusado) en numerosas ocasiones como texto de consulta tanto para mi trabajo periodístico como para mi desempeño narrativo El vestuario masculino también tiene su texto, no tan encantador y ameno como el de Madame Rie, pero igualmente valioso como fuente de información.

Tampoco podía faltar la crónica de costumbres en forma de estampas humorísticas a cargo de Eladio Secades. Hay que decir que la burguesía no se excluyó a sí misma como personaje y protagonista del humor criollo, irreverente y burlón. Desde que el cubano existe se ha reído de todo, y con perverso y particular placer se ha reído de sí mismo.

Hay bastante material sobre la enseñanza y a la construcción de colegios y universidades, aunque significativamente está colocado en las páginas traseras del volumen junto con los artículos dedicados a la educación. La graficación está enfocada en su mayoría en los centros docentes de carácter privado, porque es, a la vez, ilustración del tema y publicidad de esas instituciones. La educación estuvo muy descuidada durante la Colonia, pero la Ocupación norteamericana favoreció su incentivación con un plan de superación para maestros cubanos en la Universidad de Harvard, y con la creación de centros docentes, lo que no hace menos cierto el hecho de que la clase dominante cubana estuvo siempre más interesada en la enseñanza privada, y no solo por sus garantías de exclusividad y marca de estatus, sino porque era la vía de acceso a las Universidades extranjeras donde podían concluir las etapas superiores de su formación los hijos de la burguesía y otros muchos jóvenes. Las escuelas privadas eran, además, organismos promotores de los valores sociales clasistas y la mejor fuente para formar personal profesional y técnico destinado a las empresas cubanas.

En resumen, este número tan especial del Diario de La Marina se puede caracterizar, en términos generales, por su perfil representativo de los intereses de una clase social, por sus impecables estilos periodísticos, por el impresionante nivel de información y dominio de los autores sobre los temas tratados, y por una gráfica de moderno diseño y siempre en función de la publicidad, que no dejó sin cubrir ni uno solo de los aspectos de la dinámica vida republicana, ya fuera en forma de anuncios publicitarios, fotos históricas, gráficos ilustrativos, etc. Es un número de obligada referencia documental y visual para investigadores, historiadores, especialistas y estudiantes, aunque no puede olvidarse que su lenguaje, en ocasiones festinado, elíptico y mixtificador, característico de esta publicación, fue cuidadosamente concebido para enmascarar los aspectos más desfavorables de la realidad social cubana y ayudar, mediante técnicas de omisión, distorsión y panegirismo, a la legitimación de una clase dominante, la burguesía nacionalista de Cuba, cuyo papel en el desarrollo del país tiene aspectos y momentos muy oscuros, pero no todos sus actos fueron impotentes ni nocivos para el crecimiento de la nación. Cuba fue en más de un momento de su historia el país de Jauja, pero nunca lo fue para todos los cubanos. La República era perfectible, pero ¿qué institución humana no lo es? Jamás debemos olvidar que la sociedad ideal no existe más que en los libros y en los sueños de los hombres.

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NOTAS

A mediados de la década del 40, después de la posguerra, los consorcios norteamericanos comenzaron a retirar sus capitales de la isla de Cuba, lo que permite afirmar que en 1957 la mayor parte de las empresas e industrias mencionadas por el Diario de La Marina se encontraban en manos de los propietarios y el Estado cubanos.
El subrayado es mío.
Op.Cit
Op.Cit.
Op. Cit.

*Lamento no haber leído a Nuñez Jiménez. Desconozco la cifra de mis connacionales de todas las generaciones que han leído sus obras completas, pero lamentablemente no me cuento entre ellos.  Ofrezco excusas si a mis sesenta años no puedo recordar con claridad si en las aulas de la escuelita primaria donde cursé mis primeros estudios algún maestro nos mostró alguna vez un mapa de nuestra isla para que pusiéramos en colores la ubicación de los yacimientos minerales, cosa que seguramente sucedió, desde luego. De lo que sí estoy totalmente segura es de que los textos de ese autor no formaban parte de la bibliografía escolar en nuestros centros de educación primaria ni secundaria durante los años en que yo los frecuenté, y me parece que después tampoco. Desde hace tiempo he preguntado a muchos cubanos sobre el particular y todos mencionan el níquel, mucha  gente sabe que hubo cobre y recuerdan que la ermita de la Virgen de la Caridad fue construida sobre una mina de ese metal, pero en general, cuando intento que mis interlocutores vayan más allá, detecto una laguna de información. Por eso me resultó tan interesante el artículo del Diario de La Marina sobre la riqueza minera de Cuba. Si al final aprendí algo al respecto personalmente no me importa que haya sido en un periódico. Al final, una de las funciones del periodismo es divulgar conocimientos.

BIBLIOGRAFÍA

Diario de La Marina (número conmemorativo del siglo y cuarto de su fundación. 1957)

La alta brguesía cubana 1920-1958, Carlos del Toro. (Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 2011)

Las empresas de Cuba 1958, Guillermo Jiménez Soler (Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 2008)

Los propietarios de Cuba 1958, Guillermo Jiménez Soler (Ed. Ciencias Sociales. La Habana, 2006)

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