Transnacionales contra la vida: Bayer, Monsanto y las abejas robóticas

monsantoskull_deesCuenta la leyenda que Ptolomeo, el general de Alejandro Magno que a su muerte se apoderó de Egipto, conservó el cadáver del joven rey en una urna de cuarzo repleta de miel de abejas para que el cuerpo se conservara incorrupto, y lo expuso a la vista pública para acreditar su propio derecho, como poseedor del ilustre muerto, a la corona de los Faraones. Los antiguos no tenían conocimiento alguno sobre bacterias ni sobre las propiedades bactericidas de la miel, pero sabían que puede preservar la materia viva durante un tiempo casi tan largo como la Eternidad.

Sin embargo, la miel de las abejas, uno de los productos que la naturaleza ofrece al hombre desde tiempos remotos, con tantos usos benéficos para la salud, la belleza, la nutrición, la cocina, podría estar en peligro de extinción. Y la miel no es el único legado de las abejas: ellas polinizan casi tres cuartas partes de los cultivos clave del planeta. Pero las abejas están en peligro de extinción: su población no sólo ha disminuido, también se han extinto siete subespecies que habitaban en Europa, Norte América y China. ¿Culpables de este desastre ecológico? “Los sospechosos de siempre”, como dice esa frase tan célebre del guión del filme Casablanca, y en este caso viene como anillo al dedo a los residuos de un pesticida fabricado por Bayer, concretamente al Imidacloprid. Los expertos afirman que esta sustancia está vinculada a la desaparición de colonias de abejas y la pérdida generalizada de poblaciones de insectos, lo que pone en peligro el mundo natural y nuestra cadena alimentaria.

El Imidacloprid es un tipo de insecticida neuroactivo diseñado a partir de la nicotina. Se trata de una sustancia con actividad insecticida por vía sistémica, por lo que puede ser aplicado a través del agua de riego. Tiene efecto residual prolongado en el suelo. Está etiquetado como utilizable para el control de plagas, tratamiento de semillas, insecticida, para el control de termitas y pulgas y como un insecticida sistémico para cucarachas y hormigas. Imidacloprid está catalogado actualmente como “moderadamente tóxico” por la Organización Mundial de la Salud y la Agencia de Protección del Medio Ambiente de Estados Unidos (clase II o III, por lo que requiere una etiqueta de “Peligro” o “Precaución”), y es contaminante potencial de aguas subterráneas. Está catalogado como “probable” carcinógeno. No está prohibido ni restringido ni es ilegal su importación en ningún país. Sin embargo ha sido prohibido su uso como pesticida en Francia desde 1999.

El uso más extendido del Imidacloprid es el control de plagas en estructuras, césped, viña, lechuga, arroz, cereales incluidos el maíz, patata, hortalizas, remolacha azucarera, frutales, algodón y lúpulo. Los objetivo de este insecticida incluyen a los insectos chupadores como pulgones, moscas blancas, chinches, cochinillas, hemípteros y otros insectos. Imidacloprid es absorbido por las raíces de las plantas; sus propiedades sistémicas hacen que los insectos que coman o absorban algo de la planta resulten intoxicados y mueran, por ejemplo, absorbiendo su savia. En Francia, su uso es polémico por su posible relación con el colapso de colonias que se ha estado produciendo en las colmenas. Alemania también prohibió el tratamiento de semillas con neonicotinoides, debido al efecto negativo sobre las poblaciones de abejas. En marzo de 2012 la prestigiosa revista científica Science publicó un trabajo en el que se relacionaba la disminución del tamaño de las colonias y la producción de reinas en colonias del abejorro Bombus terrestris alimentadas con néctar y polen de flores con trazas de Imidacloprid.

Las grades transnacionales como Bayer tienden a fusionarse con pulpos semejantes, y en este caso la fusión con Monsanto convierte la amenaza en una realidad muy tangible. Monsanto Company es una multinacional estadounidense productora de agroquímicos y biotecnología destinados a la agricultura. La sede de la corporación se encuentra en Missouri, USA. Es líder mundial en ingeniería genética de semillas y en la producción de herbicidas, y desde los comienzos de su historia tiene un curriculum bien nutrido de conflictos legales por soborno y otras acusaciones.

En septiembre de 2016, Monsanto anunció la aceptación de la oferta de compra de Bayer, valorada en 66.000 millones de dólares, lo que supondrá la formación de un gigante agroquímico. Entre las tristemente célebres producciones de Monsanto se encuentra el Agente Naranja, un potente químico que durante la guerra de Viet Nam causó entre la población vietnamita unos 400.000 muertos y unos 500.000 nacimientos de niños con malformaciones, además de las bajas en el propio ejército estadounidense y la destrucción de la selva y numerosas tierras de cultivo en el país agredido. Monsanto estuvo involucrada en la creación de la primera bomba nuclear en la Segunda Guerra Mundial y operó una planta nuclear en la década de los ochenta para el gobierno estadounidense. En 1944 Monsanto creó el DDT, un pesticida que después se prohibió en Hungría en 1968, en Noruega y Suecia en 1970, y en el propio Estados Unidos en 1972. Durante la Convención de Estocolmo en el 2004 se prohibió su uso general, ya que se acumula en tejidos grasos y en la leche y causa daños irreparables en riñones e hígado. Monsanto creó y produjo el edulcorante conocido como aspartame, que causa dolores de cabeza, diarrea, cambios de humor, vomito y tumores cerebrales y también ha sido relacionado con el cáncer y la diabetes.

Monsanto ha sido también pionera en la creación de los polémicos cultivos transgénicos de productos agrícolas. Ha llegado incluso a patentar sus semillas manipuladas, lo que ha generado muchos conflictos con los agricultores de todas partes, debido no solo al aumento de precios que ello supone, sino a que semejante conducta es considerada una amenaza a la biodiversidad y un acto de biopiratería.

La solución de Monsanto a la muerte de las abejas no fue analizar y renovar sus tóxicos métodos de cultivo. Estos son demasiado nocivos para la fauna que poliniza las plantas por lo que han afectado ecosistemas enteros. En vez de eso se han enfocado en un proyecto completamente anti-natural: la creación de abejas biónicas, un sistema de abejas robóticas para polinizar sus campos, un proyecto en el cual ha invertido desde hace ya varios años.

Uno de los posibles diseños de las futuras abejas biónicas del gigante Monsanto-Bayer

Uno de los posibles diseños de las futuras abejas biónicas del gigante Monsanto-Bayer

En la versión robotizada de Monsanto, esta fauna especialmente necesaria en el desarrollo de una planta será sustituida por pequeños vehículos de titanio y plástico, capaces de volar entre flor y flor y distribuir el polen de estas. Asimismo, en una versión todavía más sofisticada, existirán colmenas enteras cuidadosamente programadas para, a través del algoritmo correcto, polinizar campos específicos. Y como Monsanto siempre ha tenido vínculos con el Gobierno oculto de los Estados Unidos —léase complejo militar-industrial y otras hierbas aromáticas—, se dice que estas robo-abejas también podrían ser utilizadas con fines militares y de vigilancia y aun con fines bélicos, como posibles esparcidores de neurotoxinas.

Pero Monsanto no se detiene ni ante las fantasías más fantásticas: busca crear una flor que no se marchite y una manzana que no se pudra., modificando la función de ciertos genes vinculados al envejecimiento de las plantas. El fotógrafo Mathieu Asselin, autor del proyecto Monsanto: A PhotographicInvestigation, ha escrito:

La parte más escalofriante es que, aún en la actualidad, no tenemos todavía una idea clara acerca de cómo los problemas de salud de la población van a evolucionar, y mucho menos se conocen los efectos que tendrán en las generaciones del futuro. Las consecuencias en humanos se han mostrado en lugares como Argentina, donde gran parte de la población que vive cerca de estos cultivos rociados con estos herbicidas han desarrollado diferentes tipos de problemas de salud, entre ellos malformaciones de los recién nacidos similares a los niños en Vietnam contaminados con Dioxin (el químico más poderoso que ha sido creado por el hombre, y el componente principal del Agent Orange).

Para colmo de males, estudios recientes establecen un vínculo entre las macrocefalias consideradas efectos del zika en mujeres embarazadas con el uso de un larvicida, el Pyriproxifeno, muy empleado en Brasil para eliminar mosquitos en aguas no potables, y producido por una empresa subsidiada por Monsanto. Los investigadores que realizaron el estudio descubrieron que las malformaciones ocurrieron en zonas de ese país donde se vertió el producto en aguas puras.

Para que se tenga una idea del peligro que asecha a las abejas, sépase que Monsanto es llamado el Mordor de la agricultura mundial. Para quienes conozcan la saga de El Señor de los Anillos, el símil resulta espeluznante. Si a esto se añade que la transnacional Bayer es tan poderosa como para comprar Monsanto por 62 mil millones de dólares, entonces podemos pensar, sin que se nos acuse de especulativos, que la miel y las abejas, esos milagros de la naturaleza, están realmente en peligro de extinción.

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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