Con los pobres de la Tierra: adictos, vulnerables y angustiados

La adicción, a menudo vista por la sociedad como vicio inconveniente ya se trate de drogas, alcohol o sexo —aunque hay muchas más, como por ejemplo al trabajo, al poder, al dolor—, es tratada en tres filmes con tanta sensibilidad y comprensión hacia lo que más que vicio es tragedia, que nos obliga a replantearnos ciertos conceptos e ideas preconcebidas sobre los adictos. Me refiero a Gía, Leaving Las Vegas y Cosas que perdimos en el fuego.

Gía (USA, 1998), dirigida por Michael Cristofer, nos muestra una desconocida Angelina Jolie interpretando un personaje de la vida real, la juvenil y exitosa supermodelo Gía Marie Carangi, bisexual, con traumas de desamor materno, quien se adentra en el mundo de la droga impulsada por sus profundas crisis existenciales y muere de SIDA por usar jeringuillas contaminadas.

Leaving Las Vegas, (USA, 1995) dirigida por Mike Figgis  y protagonizada por Nicholas Cage y Elizabeth Shué, es la historia de un ejecutivo que sucumbe a su adicción por el alcohol y pierde su matrimonio y su trabajo. Profundamente deprimido se traslada a Las Vegas, donde su vida se desbarranca por completo en medio de un suicidio lento en el que va inundando su cuerpo de alcohol. En esta aventura final conoce a una prostituta y se entabla entre los dos una relación de amor, solidaridad y apoyo incondicional por parte de ella, mientras que los sentimientos del alcohólico parecen resumirse a un único estado de ánimo: tristeza irreversible, decisión inquebrantable de morir.

Cosas que perdimos en el fuego (USA, 2007), primer trabajo de dirección realizado en Estados Unidos por la directora sueca Susanne Bier, tiene en los papeles protagónicos a Benicio del Toro,  Halle Berry y David Duchovny (el agente Mulder de X-Files), y narra  la historia de dos amigos, uno exitoso agente inmobiliario (Duchovny) felizmente casado y padre de dos niños, y el otro (Benicio del Toro), abogado cuya vida se ha hundido bajo el peso de la adicción a la heroína. El primero muere intentando salvar de un asalto a una desconocida, y el segundo es invitado por la viuda a instalarse en su casa en medio de la familia mutilada. Inevitablemente la cercanía de este dúo se va transformando en atracción sexual, y mientras el hombre encuentra en este ambiente una motivación para abandonar la droga y reinsertarse en la sociedad, la viuda, desestabilizada por un duelo que la rebasa, termina por echarlo de nuevo a la calle, lo que provoca en el adicto una recaída demoledora de la que nunca sabremos si consigue recuperarse.

Mientras asistimos a la aniquilación espantosa de Gía y a la última escena del filme donde la piel de su espalda se le desprende en tiras sobre la cama ensangrentada del hospital, y a la destrucción física y espiritual del personaje alcohólico de Cage, al extremo de que su estómago calcinado por el alcohol ya ni siquiera puede tolerar alimentos, el drogadicto de Del Toro plantea un final igualmente desgarrador, aunque en el orden psicológico: durante una terapia grupal en una clínica de desintoxicación cuenta un sueño que ha tenido esa madrugada, en el que recorre desesperado la ciudad sin encontrar a ninguno de sus habituales suministradores; entra en pánico y vuelve a su casa, donde rebusca algo de droga que cree haber ocultado allí, hasta que la encuentra y entonces siente que lo invade una inmensa paz. Su repetición final ante la cámara de la frase-mantra de estas terapias grupales, “Solo por hoy” es uno de los testimonios más agónicos que puedan concebirse para mostrar la vulnerabilidad, la soledad y la angustia de los seres humanos dominados por adicciones que destruyen sus vidas y las acaban del modo más traumático.

Los trabajos actorales de Jolie, Cage y Del Toro son impecables, respaldados por guiones perfectos en los casos de Gía y Leaving Las Vegas y sólido en Cosas que perdimos en el fuego. Estos filmes muestran una comprensión real de la catástrofe física, social y emocional que implica toda adicción, y  develan cómo detrás de cada adicto hay casi siempre una historia dolorosa de carencias y pérdidas que asfixia a personalidades frágiles y en extremo sensibles. Estas películas conmueven al espectador por la sinceridad de su propuesta enriquecida por trabajos magistrales de dirección de actores, aunque la calidad de intérpretes de la talla de Del Toro y Cage es un puntal básico en el éxito de estas ofertas cinematográficas. En el caso de Jolie, no creo que haya vuelto a estar en ningún otro filme a la altura de su Gía.

Hace mucho tiempo que no reponen en la televisión cubana Gía ni Leaving Las Vegas, pero quien las haya visto y luego se enfrente a Cosas que perdimos en el fuego —recientemente proyectada en Arte 7— identificará de inmediato emociones comunes trasmitidas por estas obras. Conforman una trilogía impactante que se convierte en recordatorio de hasta qué punto puede resultar necesaria la comprensión y la solidaridad para los seres humanos que tienen la desgracia de caer en los múltiples abismos de la adicción, y cómo los dañan el rechazo y la indiferencia de sus semejantes.

 

 

 

Anuncios

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s