Cristales de mar: ¿basura o joyas…?

Miraba con mi hija un capítulo de la extraordinaria serie Revenge, donde el protagonista entrega a su amada como regalo de boda un collar hecho con cristales de mar. He visto probablemente cientos de ellos a lo largo de mi vida, pero nunca les había prestado atención porque me parecían basura provocada por los desechos que el hombre arroja en las playas. Fue mi hija, observadora temible, quien se quedó prendada y me hizo mirar los cristales de mar con nuevos ojos. Y tenía razón, porque al hacer esta búsqueda en Internet he descubierto que son joyas, con lo que se reafirma  una frase dicha por alguien que ahora no logro identificar, pero es muy cierta: “Podemos vivir rodeados de tesoros sin saberlo”.

En efecto, cuando usted va a la playa está pisando en la arena una población de joyas de magnífica belleza. No se detenga a pensar, como hacía yo, que provienen de botellas rotas de cerveza o cualquier otro tipo de recipientes de vidrio y no son piedras preciosas de verdad, porque estaría en un craso error. Los cristales de mar son muy valiosos, porque los océanos demoran entre 10 y 30 años en pulir un trozo insignificante de vidrio, y cada día la industria produce más envases de plástico y menos de cristal, por  lo que los cristales de mar tienen el tiempo en su contra y podrían desaparecer de nuestras costas antes de lo que pensamos. Si no me cree, vea esta opinión de un buscador experimentado de tales objetos que vive en Hawai: “En los años 60 podía encontrar docenas de piezas en una sola mañana; en los 70 solía recoger con mi hijo al menos una pieza o dos. Hacia los 90 se hizo raro encontrarlos, ahora simplemente han desaparecido”. En muchas playas ya no volverán a encontrarse.

Mary Beth Beuke, presidenta de la North American Sea Glass Association, ha dicho que los vidrios que aún quedan en algunas costas están tan erosionados y son tan pequeños que ya no vale la pena recogerlos. Ahora dígame si su belleza, el tiempo que demora el mar en fabricarlos y el haberse convertido en una especie en extinción no  les hace merecer la categoría de joyas. Cuando se conviertan en collares, pulsos, aretes y otras piezas decorativas y los rayos del sol incendien sus más vivos colores importará poco si en su origen fueron  botellas, canicas, lámparas, vidrio común, faros de un auto o hasta unas gafas de sol rotas.

Collar y colgante en una gama bicromática de cristal de mar

Mesa de jardín con incrustaciones de cristales de mar multicolores. Uno de los tantos objetos en los que el cristal de mar puede irradiar su belleza y colorido.

Mural para decoración de pared confeccionado con cristales de mar .

Existen en el mundo muchos coleccionistas de cristales de mar, entre ellos hay verdaderos especialistas que poseen colecciones de miles de ejemplares fuertemente valuadas en el mercado de arte. Se han escrito libros sobre los cristales de mar y hay todo un ejército de buceadores que los buscan con el mismo afán que los pescadores de perlas rastrean las ostras. El mercado de cristales es tan jugoso que incluso se ha creado entre los buscadores un código ético que los obliga a devolver al mar cualquier cristal que encuentren aún con sus aristas sin pulir, porque solo tendrá valor cuando el mar haya perfeccionado su trabajo en él.

Los rusos, que no se caracterizan por ser perdedores fútiles del tiempo, poseen una paya a la que han llamado Playa de Cristal. Ubicada en la bahía de Ussuri, antaño era un vertedero de desperdicios en el que las personas arrojaban en grandes cantidades botellas de vodka y vino. Fueron tantos los cristales que se acumularon allí que con  el paso del tiempo cubrieron las arenas y transformaron la playa en un lugar de gran belleza natural. En invierno, los cristales de mar irradian sus colores intensos sobre la nieve, en un inigualable espectáculo de fulgores. Las autoridades del lugar han declarado la playa zona protegida y en la actualidad atrae a gran número de visitantes. Una playa semejante existe en la costa de California, Estados Unidos.

Cristales de mar brillando sobre la nieve. Playa de Cristal, Rusia.

Cristales de mar en una playa de California

Pero si la belleza y escasez de los cristales de mar aún no son argumentos suficientes para convencer sobre su valor, hay que conceder importancia al hecho de que algunos de estos cristales fueron parte de recipientes que llevan siglos en el mar, lo que les otorga como valor añadido su potencial histórico, incluso arqueológico.

Ahora ya usted lo sabe: si desea hacer un obsequio que impresione a la persona que ama o a un amigo, puede crear usted mismo un precioso collar, una pulsera o una lámpara fabulosa que al ser encendida en una habitación cree un concierto de luces tan magnífico como los lampadarios de piedras preciosas que adornaban  los palacios bizantinos.

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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