Romeo y Julieta en las tinieblas

Hay grandes temas dentro de la literatura universal que tienen la fuerza arrasadora del eterno retorno, y la historia de Romeo y Julieta es uno de ellos. Hace décadas la televisión cubana trasmitió una telenovela con el título de este post basada en la obra  del genial dramaturgo inglés William Shakespeare, protagonizada por los actores cubanos Miriam Mier y Ramoncito Veloz. Nadie que haya leído esta celebérrima tragedia isabelina de amores imposibles y de muerte puede olvidar a Shakespeare aunque sea  ese  el único texto que conozca del gran dramaturgo inglés. Muchos espectadores cubanos tampoco han olvidado la versión nacional, donde la historia se trasladaba a la Alemania nazi —fue en esa telenovela donde yo escuché hablar por primera vez del gueto de Varsovia y donde vi, también por primera vez, la estrella de seis puntas, emblema del pueblo hebreo, en forma de escarapela bordada que los nazis obligaban a llevar a los judíos sobre sus ropas para identificarlos—. Y hay películas que tampoco se olvidan jamás. En las listas de mejores filmes que tanto gustan publicar las revistas especializadas casi siempre encontraremos una y otra vez la versión de Romeo y Julieta del director italiano Franco Zeffirelli.  Si uno observa con atención los títulos que suelen repetirse en las listas individuales de favoritos, podrá apreciar que la gran mayoría de las obras mencionadas tienen una banda sonora también inolvidable. Suscribo en todas sus implicaciones la opinión del director cinematográfico Stanley Kubrik, quien dijo: “En realidad, el cine opera en un nivel mucho más cercano a la música y a la pintura que en el de la palabra impresa”. Quienes no conocen la tragedia shakesperiana no recuerdan seguramente nada de los diálogos del filme, aunque fue una adaptación literal de la pieza de teatro, pero todos recuerdan la música.

Las melodías para la banda sonora de esta película fueron encargadas por su director al compositor italiano Nino Rota. El tema central, la canción Amor (aunque también se la conoce por otros títulos) se convirtió en un éxito sensacional y ha sido interpretada por cantantes famosos de todo el mundo, entre ellos Luciano Pavarotti. Rota nació en Milán en 1911 y fue un niño prodigio que empezó a componer a los 5 años y a los catorce ya había escrito una ópera. Estudió en Nueva York composición, dirección e historia de la música. Su maestro de música general fue el célebre italiano Arturo Toscanini, y Aaron Copland lo instruyó en la asignatura de música para cine. A los 22 años creó su primera composición musical destinada a la gran pantalla.

Los más grandes directores del cine italiano tuvieron a Nino Rota en tan gran estima que le encargaron la música para varias de sus películas. La primera fue El jeque blanco, rodada por Federico Fellini en 1952. Rota fue también el autor de las bandas sonoras de La dolce vita, Ocho y medio, Amarcord y Casanova, también de Fellini;  Rocco y sus hermanos y El Gatopardo, de Luchino Visconti y la ya legendaria saga El Padrino, del norteamericano Francis Ford Coppola, cuyo vals que da inicio a la primera escena de la primera parte ha resultado una melodía tan inolvidable y emblemática como Amor. Además de toda la música que escribió para el cine fue autor de una importante obra de concierto. Compuso sinfonías, conciertos para piano y cuerda, piezas de cámara y oratorios. Se le ha definido como una de las más brillantes carreras musicales en la historia del cine. Murió en 1979.

Otro de los grandes aciertos de Romeo y Julieta fue la estrella de su casting. Zeffirelli se propuso desde el principio no solo respetar la literalidad de los diálogos shakespearianos, sino la edad de los personajes, por lo que decidió trabajar con actores entre los 15 y los 18 años en los papeles principales. Para elegir a la actriz que interpretaría el rol de la adolescente y apasionada Julieta hizo más de mil audiciones, y aunque inicialmente descartó a Olivia Hussey por parecerle que la jovencita tenía exceso de peso, terminó por elegir a aquella chica inglesa nacida en Argentina (hija de un morocho cantante de tangos y una británica) quien tenía 16 años en el momento inicial del rodaje. Para evitar que la muchacha continuara engordando durante la filmación Zeffirelli prohibió que fueran servidas pastas en el set de rodaje. Aunque los vestuarios medievales hubieran podido disimular algunas libras de más en la actriz debutante, el problema es que en el filme hay una escena de desnudo y Zeffirelli quería que la imagen resultara impecablemente bella. Como Olivia era menor de edad el director tuvo que obtener un permiso especial para mostrarla sin ropa junto a un Romeo en el mismo estado.

Hay que reconocer a Zeffirelli un instinto certerísimo por esta elección de su actriz principal, porque el rostro de Olivia se grabó para siempre en la memoria de todos los que vieron la película y sigue haciéndolo en los espectadores de hoy, porque es el rostro arquetípico de una virgen, en el que se emulsionan la belleza, la candidez, la sensualidad y una muy acentuada nota trágica. Quien entre en los foros de webs y blogs dedicados a esta película encontrará las más rendidas declaraciones de amor platónico a este arquetipo de inocencia y deslumbrante juventud.

No ocurre lo mismo con el actor que interpretó a Romeo, aunque el director puso igual cuidado en la elección del actor de 17 años Leonard Whiting, escogido entre otros 300 jóvenes. Zeffirelli dijo de él: “Tiene una cara magnífica, la melancolía suave y dulce, el tipo de hombre idealista que Romeo debe ser”, pero lo cierto es que nadie lo recuerda. El tiempo ha demostrado que la perfección de un semblante no siempre basta en el cine para ganar la permanencia en la memoria de los espectadores. El rostro de Leonard es bello, pero carece de la extraña vida interior que asoma a los rasgos de Olivia. Él solo pudo actuar en algunas películas tras el gran éxito del filme de Zeffirelli (Casanova, de Fellini, y Frankenstein). Seis años después de su Romeo su carrera se estancó para siempre y hoy lleva una existencia anónima.

Muchas personas, incluida yo misma, nos hemos preguntado qué fue de la bella Julieta de Zeffirelli. La fugaz belleza de Olivia obtuvo una carrera cinematográfica más duradera, con más de 40 títulos pero sembrada de papeles secundarios. Sus roles más importantes fueron el de María de Nazareth, madre de Jesucristo, y el de la célebre religiosa Madre Teresa de Calcuta —coincidentemente también aureolados de santidad—. Obtuvo los premios de actuación Globo de Oro y David de Donatello, el primero por su desempeño como Julieta, pero ninguno de sus logros ha estado jamás a la altura de la promesa que fue en este magnífico filme que hizo época en la cinematografía europea y está considerado como la obra cumbre de Franco Zeffirelli. Miriam Mier y Ramoncito Veloz tuvieron carreras actorales mucho más ricas en esta pequeña isla caribeña.

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