SITUACIÓN ACTUAL DE LOS ESCRITORES CUBANOS ¿se abre una polémica?

NOTA: Rafael de Águila fue, desde sus primeras publicaciones, una promesa de la literatura cubana que se ha cumplido. Publico este texto suyo, brillantemente escrito, porque refleja fielmente el gran dilema al que se enfrentan los escritores cubanos desde hace tiempo. Cada vez con menos editoriales donde publicar sus obras, con menos premios nacionales que ganar y más pobremente retribuidos, con menos crítica especializada, con menos solvencia económica, el dilema se va pareciendo al arquetípico To be or not to be shakespeariano, con más tendencia al not to be como final ineludible.  Yo no vislumbro soluciones en el horizonte, al menos inmediatas, pero considero mi deber apoyar a Rafael, quien ha ofrecido su solidaridad a otros escritores en momentos difíciles, pero también porque los problemas que él plantea aquí los he sufrido  y en reiteradas ocasiones, y han amargado mi vida y la de muchos miembros del gremio letrado cubano, que no considero compuesto en su totalidad de mirlos blancos, pero sí de colegas, y aunque pocos de nosotros sean capaces de alzar sus pendones por la coleguidad, no hay por qué tomar las malas actitudes como único modelo a seguir sin alternativas. Si hay algo que un ser humano siempre puede hacer es una elección. Y NUESTRAS ELECCIONES NOS DEFINEN.

Y para quienes saquen la apresurada conclusión de que elijo publicar el texto de Rafael porque tengo rabia de que el Premio Alejo Carpentier de cuento haya quedado vacío, declaro que no concursé, que no soy uno de los veintitantos escritores que presentaron sus obras, veintitantos perdedores potenciales de 3 000 CUC. Hace años que no envío mis obras a concursos  nacionales ni extranjeros. Adelantándome al posible futuro de los escritores cubanos, ya yo entré por mi propia voluntad en el not to be.

EL TRAMPANTOJO, LA LITERATURA CUBANA Y LOS PREMIOS LITERARIOS

Por Rafael de Aguila.

¨Ganar un premio no significa nada¨.

                                    Mo Yan.

Premio Nobel de Literatura.

       Es muy importante decir lo que se piensa. Desde la escuela se nos hace leer esa frase martiana: un hombre que no dice lo que piensa no es un hombre honrado. Dado haber comunicado, en su momento, y por los debidos canales, a la máxima dirección del Instituto Cubano del Libro mis inquietudes sobre el tema, me siento libre de expresar cuanto pienso. La literatura cubana actual y los premios literarios. Ese será el tema. Un tema explosivo al día de hoy. Un tema que motivó, durante la Feria Internacional del Libro de la Habana -y sigue motivando- los más mordaces comentarios, en no menos mordaces corrillos, intervenciones, correos electrónicos, reuniones de colegas, premiaciones o presentaciones de libros. Dejando a un lado la capacidad de mordacitud -célebre en el gremio- admitamos que muchos colegas están preocupados. Sin la menor mordacidad. No creo que lo analizable sea la fugacidad de un hecho. De Premios que determinados Jurados hayan dejado desiertos. Por eso no me referiré al hecho que -aparentemente- echó a rodar este affaire. Entre otras cosas, porque todo Jurado tiene todo el derecho a juzgar desierto el Premio que estime. De lo que se trata, lo que urge, lo que demanda el momento, lo que pide a responsables aullidos la situación, es migrar de la sana Pre/Ocupación a la todavía más sana (y sobre todo sanante) Ocupación. De la Pre/Ocupación acerca de un hecho aislado a la Ocupación acerca de hechos comunes. De lo grupal a lo gregario. Un árbol no hace al bosque y de lo que se trata es de impedir elementos que puedan dañar o dañen al bosque. La mordacidad rara vez resuelve, hace fértil o sana algo. Aporta cierta dosis de catarsis. Ahí queda. Y de lo que se trata es de sanar. Impedir que el problema se prolongue en el tiempo, crezca en el espacio, devenga -como el ya familiar y muy cubano dengue- mal endémico. Nunca comentarios, corrillos, intervenciones, correos electrónicos, y todo un desmadre de cotilleo, verdadero barómetro de toda situación, ha ejercido efecto alguno en función de la resolución viable, rápida, efectiva, saludable y óptima de los problemas. Se profieren gritos con respecto a una bestezuela, mas… nadie parece escuchar. Y, menos aún, aludir a la… jaula. Y se necesita hallar ¡alguna vez! jaula. La mayoría de las veces los mordaces parlantes solo aluden al pajarraco porque, convengamos, carecen de las debidas responsabilidades en función de aportar jaulas. Y de lo que se trata es que aquellos que deban aportar jaulas la aporten. Para ello antes debe ser debidamente identificada la bestezuela. Si bien no muchos tenemos la responsabilidad de aportar jaulas sí tenemos la responsabilidad de identificar bestezuelas. Eso no solo es un derecho a ejercer sino un deber a no eludir. Todos debemos contribuir, en la medida de nuestras fuerzas, nuestras responsabilidades y nuestro compromiso, que no es poco, a esos fines. De lo contrario todos somos culpables. Más allá de la mordacidad, que casi siempre es huérfana, la palabra, bien dirigida -sanamente escuchada, sin encono atendida y no infelizmente estigmatizada, soberanamente ignorada o hasta por decreto proscrita / prescrita para refutar- tiene un poder rotundamente genésico. Eso trataré de hacer con este texto. Con respeto. Con lo que creo mi verdad. Subjetiva como toda verdad. Confiar en el poder genésico de la palabra. Confiar en ser escuchado. Confiar en que quizá no todas las ideas que acá expongo vayan a engrosar el adminiculo de yute con el ya clásico orificio al fondo. Al final, todo refutador, comisionado o no, no habrá hecho sino uso del más elemental derecho a expresar la cuota de verdad subjetiva que a todos asiste. Y no está mal que ello ocurra. No está mal porque, al final, los lectores (y el tiempo, ese gran reparador) dirimirán a quienes asiste mayor cuota de la siempre subjetiva verdad. Sobre todo el tiempo suele ser fabuloso en tales componendas. Vayamos pues, por partes.

 PARTE 1: LA TEORIA. Causas (y Condiciones) de la Premiofilia.

  1. a) El Premio como vía (casi única y expedita) de publicación.

En nuestras reducidas posibilidades de publicación (crisis financiera, crisis del papel, crisis de los poligráficos, crisis editorial, crisis presupuestaria) los Premios se erigen como una de las pocas -más bien la única- posibilidades de que: 1. El libro sea publicado y 2. Lo sea de manera expedita. 3. Reciba mayor promoción. No son pocos los que han enviado textos a una Editorial para recibir el clásico mensaje: ¨este año no resulta posible incluir su obra en el Plan Editorial¨. No son pocos los que poseen un libro aguardando así, años. En lo que se refiere a Literatura, la tirada total de todos los títulos y a la cantidad de títulos (repito: ¡Literatura!), nuestras Editoriales han disminuido sus publicaciones. Eso es una verdad de Perogrullo. Los vericuetos para que un autor publique son tortuosos. Ello se hace todavía más tortuoso si se trata de alguna de nuestras Editoriales nacionales más importantes. Por fortuna Editoriales de provincias -algunas de ellas han cobrado en ese contexto cada vez más prestigio- han logrado lanzar dosis de muy alabada terapia sobre esta enfermedad. Cada año nuestra prensa nos sorprende con nuevas cifras, los cientos de miles de ejemplares que se publican en cada nueva edición de la FILH. Pese a ello, casi todas nuestras más importantes Editoriales han mermado, dadas las consabidas crisis (financieras, de papel, poligráficas, editoriales, presupuestarias) la cantidad de títulos que anualmente publican. Otra vez: en lo que a Literatura se refiere. Esto en modo alguno resulta una crítica o un ataque al sistema editorial cubano o a la cultura en nuestro país. Ello, por ética, y por otras innumerables razones, me está vedado. Ello resulta solo el muy lógico reflejo del grado -severo- de dificultad que enfrenta nuestra economía en el contexto actual, contexto extraordinariamente adverso, que impacta con no poca fuerza sobre disímiles esferas de la vida nacional. Regresemos, sin embargo, a lo que nos ocupa: publicar en una Editorial nacional se hace, al día de hoy, difícil. Hecho este, repito, solo aliviado por la acción -honor a quien lo merece- de Editoriales de provincias. CONCLUSION 1: Los Premios se erigen hoy como una de las únicas posibilidades, expedita además, de publicación.

1- Desde hace mucho se habla, más bien se aúlla, se berrea, acerca de la necesidad de una nueva ley de derechos de autor. Y es que los derechos de autor que se pagan hoy en Cuba… mueven a risa. A soberanas carcajadas. Más bien a… puro llanto. Ello hace que cada vez menos autores -autores con varias obras publicadas- manifiesten el deseo de entregar sus libros a publicaciones. Se entregan a publicación solo los libros con los que no hemos logrado ganar premios, y se entregan a publicación después de intentar ganar esos premios, repetidamente, por varios años. Solo entonces, cuando se lleva varios años sin publicar, y sin ganar premios, un autor opta por publicar. Todos sabemos perfectamente que de no existir los paupérrimos derechos de autor a los que hoy acceden los escritores cubanos, esos derechos de autor que mueven al llanto, la premiofilia no sería en modo alguno -al día de hoy- una filia en Cuba. El deseo universal de todo autor, en todos los tiempos y en todos los sitios -y este sitio en tiempo alguno fue la excepción- ha sido, es, y será, siempre, urbi et orbi, escribir y publicar. Imaginen a todos los autores que han conformado la legión de la Literatura Universal, a los escritores que han conformado la legión de la Literatura cubana, escribiendo sus libros con el ánimo -expreso, declarado, anhelado y casi único- de… ¡enviarlos a Premios! Pues eso precisamente ocurre hoy en Cuba. Un derecho de autor meritorio estimularía el natural deseo que ha animado ¡siempre! a todos los escritores en la historia de la Literatura: escribir para publicar. Un derecho de autor acorde a la situación económica del país. Al valor de la moneda del país. En sintonía con los precios que todo autor debe enfrentar para vivir, sostener la vida de los suyos y… escribir. En el país. Sic semper. El hecho –innegable- es que hoy los Premios (los pocos que subsisten en CUC, muy pocos) se avizoran como la única posibilidad de optar por una suma algo más… decorosa. Nadie desea invertir dos o tres años escribiendo un libro para recibir ¡únicamente! cinco mil CUP, eso en las Editoriales más poderosas, eso si logra vencer el tortuoso y largo camino para acceder a la publicación. Se anhela una suma que aporte y facilite una dosis algo más decorosa del muy necesario y merecido pan. Pan que cada vez, dicho sea de paso, ha visto incrementar el valor mientras los derechos de autor han permanecido inamovibles, o incluso, han decrecido. Y ello se sufre no solo de la mano de nuestras Editoriales, no solo desde la exigua valoración que reciben nuestros libros. No. Se sufre también con las publicaciones periódicas. Publicaciones en las que por un texto cualquiera, ya sea ensayo, artículo, reseña, no importa su extensión o importancia, solo se devenga, tras un muyyyy largo y kafkiano proceso (¡en el que al final el autor no recuerda exactamente por qué diablos se le está pagando!), unas pocas monedas -¡al cambio oficial, puede resulten unos 4 o 5 CUC!-, al día de hoy solo capaces de garantizar un trocillo, muy reducido, apenas una escueta miga, ¡muy escueta!, del necesario y merecido pan. Ello ha hecho que muchos colegas hayan perdido ¡también! el interés de enviar sus colaboraciones a publicaciones periódicas. Y no queda solo allí. No. Puede un autor participar en alguna actividad cultural, actividad en la que interviene con un texto, actividad en la que también, digamos, participa, con igual dignidad y absoluta fraternidad, un músico, o un bailarín, o un actor. Ignoro los pantagruélicos causales pero… el escritor, con igual dignidad, recibe por su participación en la citada actividad unas muy pocas monedas. El guitarrista, o el cantante, o el bailarín, o el actor… multiplican la cifra. Admiro el arte de cada uno de esos colegas…, se les  ratifica nuestra fraternidad, pero, de seguro, ellos también admiran el nuestro. Y la dignidad es la misma. CONCLUSION 2: Los Premios al día de hoy se erigen como la única posibilidad de obtener una dosis del merecido, anhelado y muy necesario pan. 

1- Lo anterior ilustró acerca de la asunción de los Premios como vía (casi única) de publicación y vía (todavía más casi y todavía más única) de ganarse el pan. Sumemos a ello una nueva catástrofe. Desde hace algunos años el ecosistema anterior ha sufrido una calamidad cuyas consecuencias resultan muy similares a aquellas que para los pobrecitos dinosaurios tuvo la caída del tenebroso meteorito. Y es que en los últimos años los Premios han reportado una tendencia -sostenida, in cressendo y hasta hoy a todas luces irreversible- a la desaparición. Algunos Premios sobrevivientes han visto, incluso, menguar sus ya menguadas bolsas. Ciertos Premios, cuyas bolsas contenían los anhelados CUC, pasaron a vida de ultratumba o de ultrapremio. Murió -de mera mendicidad- el respetable Premio de la Gaceta de la UNEAC. Amenaza con morir, si alguna mano bienhechora extranjera no se alarga -también de mera mendicidad- el muy respetable Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar. Ambos se sostenían por financiamiento externo. Las condicionantes financieras / económicas / presupuestarias las conocemos -y las comprendemos- todos. Son duras. Las conoce y las comprende y las enfrenta todo nuestro pueblo en la vida diaria. En lo que a Literatura se refiere solo expongo un hecho, minúsculo, mínimo, intrascendente, si se le compara con las dificultades que se enfrenta como nación. Pero no deja de ser un hecho. Y el efecto más inmediato resulta que (cada vez) son más escritores quienes lidian en aras de obtener (cada vez) menor cantidad de (cada vez) menos dotados Premios. En mitad de ese muy enrarecido ambiente no faltan quienes llaman a la desaparición total de los dinosaurios, ¡mis disculpas!, de los pocos Premios que hoy (con raros y funéreos estertores) aún respiran, aduciendo un (supuesto) descenso en la calidad de la obra literaria, esas que a los Premios sobrevivientes se envía. Medra el síndrome del sofá, tan socorrido en nuestro medio. Huelga decir que esta tendencia -sostenida- a la desaparición de los Premios ha provocado una nueva ola migratoria. Esta vez no migran los autores. No. Han migrado autores, mas no…, esta vez no me refiero a ellos. Esta vez migran -o tratan de migrar- las obras. Y es que muchos colegas producen, cada vez con mayor brío, libros ya no para enviarlos a nuestras Editoriales o a los pocos Premios que subsisten -recemos para que subsistan al menos esos pocos, líbrenos Dios Padre de su desaparición, elevemos plegarias para que especialmente no muera, de mera mendicidad, este año el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, al borde de aplicársele la luctuosa extremaunción- sino para enviar a Editoriales extranjeras y/o premios offshore. En fenómeno sin precedentes la Editorial española Samarcanda, del Grupo Lantia, publicará este 2017 -con derechos exclusivos- en sello Editorial creado ad hoc, ¡más de un centenar de obras! a un grupo ¡de más de cien autores cubanos! Si este fenómeno fructifica, en materia de mercado, digo, que ya se sabe que para Editoriales extranjeras todo se reduce a mercado, de seguro no dejarán de asomar otras Editoriales extranjeras dispuestas a imitar a Samarcanda. ¿Quién sabe si el fenómeno Samarcanda pueda representar un posible boom para la Literatura cubana? ¿Quién sabe si algunos de esos cien autores samarcandianos pueda tornarse éxito de ventas? Viral. Trendic topic. Acontecimiento editorial. Si ello ocurriera otras Editoriales extranjeras, olfateando el bussiness, podrían seguir el ejemplo. Recemos para que, aun tratados como nativos con librea por estas Editoriales (las nuestras nos tratan como nativos pero ya sin librea), alguno de esos autores pueda tener éxito. Alguien podría imaginar cierto escenario -fantasmagórico- en el que nuestras Editoriales (esas que publican Literatura, Literatura cubana actual) cierren sus puertas y nuestros poligráficos pongan al sol sus aparejos ¡porque los autores cubanos han hecho migrar sus obras allende los mares! El fenómeno Samarcanda puede resultar el mero prólogo. Perdóneseme el pleonasmo, a manera de surrealista símil, mas… revísese la nutrida participación de autores cubanos en cualquier premio offshore, contrástese con el envío de obras a Premios del patio, incluidos los más remunerados. ¿Cuál sería el resultado? Ah, pues que cada vez menos escritores envían sus obras a Premios nacionales, la inmensa mayoría mal dotados y en franco proceso de desaparición, cada vez más escritores, en cambio, envían sus obras a Premios extranjeros. Si a la desaparición de Premios, y al fallecimiento de sus dotaciones, agregamos el descreimiento hacia Jurados o Instituciones… el panorama puede perder todavía mayor dosis de oxígeno. Los autores cubanos privilegian, cada vez más, el intento de publicación de sus obras por Editoriales extranjeras (intento, porque, en puridad, unos pocos, privilegiados, salvo aquellos incluidos en el fenómeno Samarcanda, algo sui generis y no sujeto a reglas precisamente convencionales, lo han logrado) y el envío de sus obras a premios offshore. Ese entorno de ¨migración de obras¨ puede tener, sin embargo, paralelamente, algunos elementos, digamos, no tan deseables. Algunos de esos elementos asoman ya el rostro. Si para ser bien juzgadas, premiadas o publicadas en Cuba no pocos autores someten sus obras a un ¨mecanismo de ajuste¨ de acuerdo a lo que se juzga ¨literariamente publicable / premiable¨ hoy en Cuba… pues idéntico proceso se registra en sentido inverso: para ser publicados / premiados / bien valorados en el extranjero no pocos autores someten las obras que envían offshore a idéntico ¨mecanismo de ajuste¨, acorde a lo proper, o a lo que se sabe se publica, y premia, y se persigue, también como trending topic, en el extranjero. Y esto, no solo tiene en cuenta patrones estilísticos y/o temáticos. No. Incluye toda una inmanente cohorte… extraliteraria. Ya podemos escuchar a un colega decir: ¨este libro es para enviar a un premio en Cuba, este otro para enviar a un Premio offshore¨.  En uno, el del patio, el autor es un tipo very proper, ¨correcto moral o ideológicamente¨; en el otro, lo opuesto. Parecieran… dos autores en uno. Parecieran… dos obras. ¡Lo absurdo es que se trata del mismo autor y, a menudo, de la misma obra! Todos hemos visto como se viste y desviste de tales atuendos a la misma obra según resulte la ubicación geográfica del salón de baile. Y es que comienza a imponerse una suerte de travestismo literario muy fake. Alabado sea el travestismo cuando emana (como el semen y la sangre y las lágrimas y el sudor y la saliva) del alma y del cuerpo. Este no emana precisamente de tales sitios. Algunos, en el afán de seducir a Editoriales extranjeras, han comenzado a escribir acerca de… ¡niños magos, vampiros asténicos y crípticos secretos ocultos en la Corona del Imperio ruso! CONCLUSION 3: Como tendencia los Premios cada vez son menos -y menos dotados-, los escritores se incrementan en sentido inversamente proporcional a los Premios, de tal suerte cada vez más escritores se afanan por enviar a cada vez menos (y menos dotados) Premios. Tiene lugar un proceso con arreglo al cual el autor cubano comienza a producir pensando más en publicaciones y Premios allende los mares que en el patio.

Los tres elementos anteriores explican, muy claramente, las causas de la premiofilia entre nuestros escritores. A ello agreguemos el disfrutar de los diez minutos de fama de los que hablara il signore Warhol, periodo que, en nuestro medio, se reduce, con el perdón de Warhol, en tiempo y connotación. No descubro el viento fresco: soy consciente de ello. Todo cuanto he explicado es harto conocido por todos. Ante esos acuciantes problemas (y todos aquellos que en lo adelante voy a nombrar) se echa mano a tres actitudes: 1. El síndrome del Avestruz: esconder la cabeza para no visualizar el contencioso. 2. El síndrome de Cándido: en el mejor de los mundos posibles se publica cada año cientos de miles de ejemplares, todo marcha maravillosamente y si medran algunas pocas inconsistencias se trabaja con tesón para erradicarlas, inconsistencias que en modo alguno manchan al mejor de los mundos posibles. Este síndrome puede presentar una variante: este no es el mejor de los mundos posibles pero(ibídem para el resto) 3. El síndrome de L’Étranger de Camus: como Mersault, se mira en derredor y, hombros hacia arriba, ajeno a todo, en derroche de suma impasibilidad, se bebe té verde. Frío. Con moringa. Y es que no vale inmutarse, dicen los de esta legión, alzar la voz es erigirse indeseable, caer en desgracia. ¿Para qué caer en desgracia, se preguntan estos, si cuanto ocurre carece de solución? Esas son las tres aptitudes. Ninguna de ellas,  estoy seguro, resulta digna. Ninguna de ellas conduce a la resolución de contenciosos. Mas no quedemos aquí. Si los Premios hoy concentran no reducida porción del élan vital y del agón de la Literatura cubana actual vayamos más allá -siempre plus ultra si se trata de intentar soluciones-, a cuanto acaece en relación a lo que puede ser llamado la ¨praxis y la metodología de los Premios¨.

 PARTE 2: LA PRACTICA. Praxis de los Premioauspiciantes.

  1. a) Las Instituciones y la (insoportablemente leve) elección de los Jurados.

La Institución que auspicia un Premio tiene la obligación -y la responsabilidad, no se olvide esta palabra: la responsabilidad– de elegir a los Jurados que a su cargo tendrán la difícil y muy responsable tarea -no se olvide esta frase: responsable tarea– de valorar las obras que por tal Premio opten. Todo Jurado será, una vez conformado y en funciones, plenipotenciario. Es decir, sus fallos no estarán en modo alguno sujetos a reclamaciones ni podrán ser, en todo o en parte, reversibles. De ahí que la elección de todo Jurado represente una muy alta responsabilidad. De hecho se está eligiendo a una suerte de Dios. Se le está dotando -si bien no de las dotes de infalibilidad, esas no, infortunadamente esas no, la infalibilidad solo a Dios le está conferida-, de las facultades de irreversibilidad y de no recurribilidad. Todo jurista sabe de qué hablo cuando menciono la no recurribilidad: el Jurado falla y ha fallado Dios Padre. Alea jacta est. Y así debe ser. Imagínese que la decisión emanada de algún Jurado pudiera ser, una vez admitida la recurribilidad, apelada y, en consecuencia, el fallo trasladado, para su análisis, a una instancia superior. Convengamos que ello no puede suceder. De ahí que todo Jurado tenga, por fuerza, que ser plenipotenciario. Mas… la Institución que auspicia ese Premio -y selecciona a los Jurados- resulta solidariamente responsable, para continuar empleando términos jurídicos, al tiempo que resulta (co)partícipe y (co)padeciente del fallo al que ese Jurado llegue. Si el Jurado es responsable directo del fallo… la Institución que eligió a ese Jurado -y que a ese Jurado paga- es la responsable colateral. El autor intelectual. El deus ex machina. De ello se deriva que: 1. Una Institución no puede dejar en manos de las células más alejadas que la conforman la elección de los Jurados. La elección del Jurado debe ser responsabilidad -directa- de la máxima dirección de la Institución de la que se trate. 2. No puede la elección de un Jurado devenir proceso rutinario, displicente, no sujeto a profundo análisis, facilista, burocrático, de menor importancia, coyuntural. 3. Y esto resulta de importancia vital, un teorema: Toda Institución debe elegir Jurados cuya fuerza o capacidad o sapiencia o experiencia o importancia o trascendencia o valor sea idéntica o directamente proporcional a la fuerza o capacidad o sapiencia o importancia o trascendencia o valor del Premio que ese Jurado tiene la responsabilidad de fallar. Admitámoslo: hay Jurados para Premios Calendario y Jurados para Premios Alejo Carpentier o Premios Casa de las Américas. Los segundos pueden ser llamados a juzgar el primero pero los primeros… OJO: LOS PRIMEROS NO DEBEN SER LLAMADOS A FALLAR SOBRE LOS SEGUNDOS. No se trata de elitismo o de aristocracia intelectual. Se trata de respetar el necesario rigor y la preeminencia de cada Premio. Recordemos que los Jurados son plenipotenciarios, en consecuencia deben poseer toda la potencia que los haga capaces de esa plenitud. Un detalle no eludible: no toda la responsabilidad en tales casos cae a full machine sobre las Instituciones. No. A Dios lo que a Dios concierna, al César lo que al susodicho corresponda. Sucede que a muchos colegas no nos agrada la responsabilidad de ser Jurados. A) Es engorrosa. B) Resta tiempo. C) No resulta bien retribuida. D) Demanda esfuerzo. E) Puede ser aburrida. F) Puede generar enconos. En consecuencia: muchos la eluden. No pocas veces las Instituciones que auspician algún Premio comienzan a tratar de conformar Jurado… y no pocos autores, hay que decirlo, se niegan a conformarlos. Y las Instituciones sufren esto. Y la Literatura cubana sufre esto. Y los Premios sufren esto. Y los escritores cubanos sufrimos esto. Digámoslo claro: accionar como Jurado resulta un deber elemental para con la Literatura cubana, ya no para con las Instituciones. Y se trata de un deber que, muy comúnmente, sobre todos los más excelsos autores, suelen rechazar. ¡Y son, precisamente los más excelsos autores, quienes deben ser llamados a ser Jurados! ¡No puede ser que precisamente sean ellos quienes eludan ese deber elemental! Deber para con la Literatura cubana. Ante esas negativas las posibilidades de las Instituciones de hallar Jurados idóneos (en plenitud de la necesaria potencia) se ven seriamente comprometidas. Ergo: pueden acabar eligiendo, desesperadamente, y sin remedio, en última instancia, a Jurados no precisamente idóneos, o lo que es igual: Jurados plenipotenciarios no capaces de ejercer la debida plenipotencia. CONCLUSION 4: Toda Institución auspiciante de Premio es solidariamente responsable del Jurado que seleccione, y dado ello, de los fallos -errados o certeros- a los que ese Jurado arribe. Cada Premio, de acuerdo a su categoría, merece Jurados acordes a esa categoría.

  1. b) La (no desatendible) actuación de Jurados e Instituciones Premioauspiciantes.

Los Jurados no son entidades supra galácticas. Metafísicas. No se trata de entelequias o fríos artilugios cibernéticos. No son Dioses. No son genios poseedores de lámparas. No son ¡sálvenos el supremo! dictadores literarios. Ni siquiera entes homogéneos. Un Jurado está conformado por escritores. Casi siempre tres escritores. Se trata de un ente grupal. Con la dinámica propia de cualquier grupo. Ahora son los psicólogos quienes saben de qué hablo. Hablo de las complejidades implícitas en toda dinámica grupal. Hablo del Líder que apabulla e impone su criterio al resto. Hablo de la Eminencia Gris que nada impone y menos apabulla pero desde la sombra, imperceptible, determina. Hablo del apocado y de carácter débil que asiente y acepta y, aun en contra, o dubitativo, firma -a pie juntillas- el Acta. Los que hemos conformado alguna vez Jurados tal vez hayamos conocido esto. Hablo de conflicto y colisión y subordinación y prelación y negación y olvido e imposición de unos sobre otros. A menudo de Uno sobre Dos. O de Dos que aplastan (por certera mayoría mas no por certero juicio) a Uno. En la medida en que un Jurado sea menos congruente y menos afín en cuanto a filias y fobias, en la medida en que sea más diverso, será, a mi modo de ver, mejor Jurado. Eso si se tiene un Jurado capaz de ejercer toda su plenipotencia. No olvidemos el tema de las filias y las fobias. Es vital en este campo. Porque se trata de tres seres en los que bullen amorosas filias y odiadas fobias. Somos humanos: en todos bulle semejante mixtura. Eso en cuanto a temas y a estilos literarios. Mas… no solo eso. También en cuanto a filiaciones. Ideológicas. Políticas. Morales. Religiosas. Sensibilidad. Hechos de vida. Elementos, todos ellos, extraliterarios. Mas… tampoco solo eso: si de filias y fobias se habla… los Jurados, como sucede con el común de los mortales, tienen amigos y… enemigos. He sabido de Jurados que no premian una obra al colisionar estas con sus postulados ideológicos. O políticos. O morales. Cuando esto ha ocurrido, lo sabemos todos, se suele premiar una obra inferior, o en el mejor de los casos de cierta fuerza, adjudicándose, a la obra en desgracia, una (inmerecida) Mención que se cree salvadora de honrilla, eso para que, más tarde, alguno de los Jurados actuantes confiese -directamente y sotto voce, hasta quizá apenado al autor de la obra preterida el infeliz entramado. Fui testigo personal de un caso: la colisión de una obra ¡con la sensibilidad religiosa! de uno de los Jurados. Hemos conocido de casos, que reconozcámoslo, colindan con la ignominia, en los que alguno de los miembros de un Jurado, hombros hacia arriba y ética presuntamente inmaculada, confiesa ¡no haber leído alguna(s) de la(s) obra(s) concursantes! En otros casos se premia una obra -¡de ficción!- aludiendo al impacto ¡sociológico! que tal obra supone para la realidad cubana. Huelga decir que puede, desde mis postulados, una obra de ficción representar una dosis de valor no desdeñable para la Sociología: ¡que preparen en semejante caso para ella los sociólogos su más dilecto Premio! Un Premio Literario (en la categoría de ficción) juzga, especialmente, intuyo, me temo, barrunto, valores literarios. No sociológicos. Ni ideológicos. Ni morales. Ni religiosos. Ni políticos. Ni económicos. Ni astronómicos. Ni culinarios. No creo que la carpenteriana Teoría de los Contextos se extendiera a ello. En cualquier caso que cada disciplina, si lo desea, privilegie lo suyo. Cualquier parecido con la realidad, lo juro -todos hemos sido alguna vez testigos y puede que hasta victimas de esto- no resulta mera coincidencia. (1)

 FIN DE LA PRIMERA PARTE

Toda Institución que auspicie un Premio debe velar, fieramente, por salvaguardar la feliz y sana congruencia de las tres partes que conforman un Jurado. Y ello debe ser así con el objetivo, sacrosanto, de salvaguardar el objeto social de ese Jurado: premiar… lo mejor. Si el Jurado es la sumatoria de tres tal sumatoria debe facilitar la summa funcionalidad de esos tres. No entorpecerla. La Institución auspiciante debe velar por el saludable funcionamiento del Jurado del que se ha hecho, elección mediante, solidariamente responsable. Un miembro destacado, y a esos efectos apto, de la Institución de la que se trate, debe velar por ello, sin derecho a voto mas con todo derecho -y todo deber- a mediación, pensamiento, voz, debida atención, coordinación, solución de entuertos, actuación como moderador o facilitador en debates o resolución de conflictos, caso los haya. Una Editorial no puede, por ejemplo, asumir la magna presentación de una obra a la que se ha adjudicado el Premio Alejo Carpentier, desde la lectura del muchas veces doblado y reducido folio que, a la vista de todos, ha extraído antes su representante de un bolsillo, reducido folio cuya lectura no toma más de tres minutos. Y no puede hacerlo porque ¡está presentando la obra que ha sido acreedora del principal Premio literario que se otorga en Cuba anualmente por parte de las Editoriales cubanas! No caben al respecto displicencias. Semejante displicencia, infortunadamente, puede dotar a no pocos maldicientes del desmoralizante combustible en función del ubicuo cotilleo, ese que a todos los vientos intentará esparcir que el magno Premio se ha tomado por las Instituciones auspiciantes muy a la ligera. Y ello, estoy seguro, no responde a la verdad ni a la voluntad manifiesta de Institución alguna.

Voy a aludir a un hecho muy conocido. En nuestra crítica actual el colega A publica una obra para que el colega B -que es su amigo- elogie esa obra. Eso, desde luego, recibe más tarde su muy sana retribución: cuando el colega B, en su momento, publique una obra, el colega A, agradecido, se dedicará a elogiarla. Si colega A y colega B resultaran -infelizmente- enemigos, ah, pues ya se sabe, las diatribas mutuas no se harán esperar. Y todos ¨disfrutaremos¨ el show que, reconozcamos, será penoso. O lo que es igual: nos criticamos (elogiamos) nosotros mismos. Infortunadamente… no pocas veces… a eso se reduce nuestra crítica. En lo que respecta a los Premios siempre me ha resultado enervante que los Jurados que premian (literatura de ficción) estén conformados en un 100 % solo por escritores (de ficción): los cuentistas premian cuentistas, los novelistas premian novelistas, los ensayistas premian ensayistas, los poetas premian poetas. O lo que es igual: nosotros mismos nos premiamos unos a otros. A menudo al conocer quienes conforman un Jurado, conociendo sus más notorias filias y sus más endemoniadas fobias, sabemos, intuimos, trasmutados en modernos Nostradamus, quiénes tendrán las más altas, notorias y endemoniadas probabilidades de ganar ese Premio. No basta con que los Premios, entre sus bases, exijan seudónimo. No. Los autores, casi todos, nos conocemos. Muchos somos amigos. Muchos leemos el manuscrito de otros. Conocemos cuanto escribe el otro. Conocemos estilos y temas. Y, en no pocos casos, las obras no publicadas de la autoría de esos colegas, esas que envían a Premios, las hemos leído, ¡antes de que hayan sido enviadas a esos Premios! Resulta muy común, además, que nuestros colegas más cercanos conozcan que hemos sido convocados a conformar Jurados. Y resulta muy común que miembros de esos Jurados tengan, entre los libros a evaluar, libros de algunos / varios / muchos de sus amigos. Y… de sus enemigos. Ello, convendrán, puede resultar algo… negativo. Muchos se dedican a conformar algo que, en teoría de análisis de riesgo, se denomina Link Chart, diagramas de vínculo, esquemas que vinculan de un lado a los Jurados, del otro a los premiados, en función de… decodificar causales. Si la Victimología, en Criminalística, estudia las causales que han llevado a una víctima a serlo a partir de la relación Víctima / Victimario la Premiología estudia las causales de un Premio ¡a partir de la relación Premiado / Jurado! Y toda presunta descubierta relación provoca, una vez entregados los Premios, no poca desidia de pasillo. No poco cotilleo. No poco escándalo. Eso juega a desacreditar a los Premios. Juega a desacreditar a las Instituciones que los auspician. Juega a desacreditar a los Jurados establecidos por esas Instituciones. Y ese ¨juego¨ ese desmoralizante. ¿Quién no sabe esto? Esto lo sabe hasta Cuco, el pobre anciano afectado de Alzheimer que malvive encima de mi casa.

Recientemente tuvo lugar una Jornada Nacional de Narrativa en la UNEAC. Asombró la no asistencia de representante alguno de la Academia y de representante alguno de la Crítica. De la prensa… ni hablar. De Editoriales tampoco. Instituciones… relumbraban por la ausencia. Allí estábamos… ¡otra vez!, solo nosotros mismos. Unos pocos. ¿Por qué Academia y Crítica se (auto)destierran o desentienden del proceso? Resulta inconcebible y absurdo eso. Lamentable. Muy negativo para la Literatura cubana. Para su salud. Para aquellos que la amamos y la ejercemos. Es decir, nos premiamos, nos criticamos (elogiamos) y nos reunimos para debate solo nosotros. Ah, demonios, ¡qué solipsismo! Analicemos: ¿un Jurado conformado por un escritor de ficción, un miembro destacado de la Academia y un crítico no resultaría mucho más saludable, mucho más plural, mucho más inclusivo, mucho más dotado, mucho más heterogéneo, mucho más versátil, mucho más profundo, menos sujeto a amigofilias y enemigofobias, a seguir tendencias estilísticas o temáticas al uso, que un Jurado conformado -únicamente- por escritores de ficción? Digo yo. Barrunto. Al menos para los Premios principales del patio. Imagínese un Jurado conformado por Mayerín Bello, Emmanuel Tornés y Emerio Medina. Semejante Jurado estaría a la altura del más categorizado de nuestros Premios. De todos. Con semejante Jurado, presumo, la mayoría (creo) descansaría en literaria y candorosa paz. Confiados en su sano juicio y preclara sapiencia. Semejante Jurado no emularía con Dios, no, eso nunca, pero puede que hasta Dios (perdóneseme la blasfemia) mostraría algo de confianza si a tal Jurado decidiera someter su manuscrito. Y con ello, muy saludablemente, se vincularían Academia y Crítica a la Literatura cubana actual, se vincularían al proceso de conformación de canon, ese proceso que desde los Premios lleva cada año a la cumbre (momentánea) de la Literatura cubana, a un grupo -muy reducido- de obras. A mi modo de ver ello deviene hoy necesidad imperiosa.

Regresemos sobre la no infalibilidad de cualquier Jurado. Que una obra OBTENGA el Premio que concede un Jurado, cualquiera sea ese Premio, cualquiera sea ese Jurado, no significa que esa obra sea meritoria. Significa ¡SOLO! que ese Jurado lo creyó así. Que una obra NO OBTENGA ese Premio no significa que esa obra no sea meritoria. Significa ¡SOLO! que ese Jurado lo creyó así. Que uno, dos o tres Jurados, la cantidad de Jurados que a bien se tenga, crean que uno, dos o tres Premios DEBAN QUEDAR DESIERTOS no significa que en la Literatura cubana la calidad haya ido a pique, desaparecido, menguado o decrecido. No. Nada de eso, my God. Menos aún significa que una crisis cualitativa se haya instalado -escolásticamente y por generación espontánea- en tan solo un año o dos. No. Entre otras condicionantes, muchas, porque ¡las crisis no se instalan en un año o dos! Significa ¡SOLO! que un Jurado, o dos o tres, o los que sean, no importa el número, lo han considerado así. Y los Jurados, afortunadamente, no son Dioses. No son entes galácticos infalibles. No son entelequias supraliterarias. No son genios armados de lámparas. No son dictadores literarios. Nada de eso. Por suerte. El fallo de uno, dos, tres Jurados, los que sean, no puede certificar o vaticinar o avalar la excelencia o mediocridad de una obra. No puede certificar o avalar la (supuesta) crisis de la literatura cubana. Ni de Literatura alguna. Tampoco, desde luego, su preeminencia. Un Jurado (o dos, o tres, o todos los Jurados de la Galaxia) no hace la Literatura. Por suerte. Agradezcamos eso. La Literatura no es los Jurados. Vaya hipóstasis esa. ¡La Literatura son las obras! ¿Qué Jurado premió y encumbró y canonizó a Dante, a Shakespeare, a Goethe, a Cervantes? La Literatura son los libros que se escriben. No los Jurados que evalúan algunos, unos pocos, una mínima porción de esos libros. El Jurado / Premio es lo Subjetivo. La obra lo Objetivo. Charles Agustín de Sainte-Beuve desvarió contra Balzac, Baudelaire y Stendhal, encumbró, en cambio, a algunos otros de los que hoy no sabemos ni la mera U. Y la mayoría hoy no sabe ni la mera U del mismo Sainte-Beuve. La posteridad (no pocas veces) le ha sacado -dignamente- la lengua a los Jurados, permítaseme el pudor de no citar cuantas veces ello ha ocurrido, ¡y cuan penosas han resultado algunas de esas veces!, incluso, sonrojo mediante, para la propia Literatura cubana. ¿Cuántas veces en los últimos años se ha otorgado un Premio y alabado la obra a la que se le ha conferido, para, una vez publicada la laureada obra, la opinión generalizada en el gremio se eleve negativa, y tome cauce la más aguda mordacidad, ¡en turbión!, y emerjan -¡también en turbión!- toda una jauría de cotilleos, comentarios, e-mails, opiniones, chats, conversaciones, diagramas de flujo, burlas y malsanas elucubraciones? Ello, desde luego, no solo demerita a los Premios, o a los Jurados, o a las Instituciones auspiciantes, sino que, desde luego, ejerce su influjo ¨demeritorio¨ -he ahí lo peor, lo más terrible- sobre la Literatura cubana. Al menos lo intenta. Lo intenta porque a la Literatura cubana, ni a Literatura alguna, la demeritan los malos Premios. Ni los Jurados. Ni las Instituciones. Es trinidad que se olvida. Por fortuna. Y se olvida porque ¡Premios y Jurados se los inventamos a la realidad! ¡La realidad es la obra! ¡Y la obra, si fue valedera, quedará! Más allá de los Jurados. O a pesar de ellos. Más allá de los Premios. O a pesar de ellos. Más allá de las Instituciones. O a pesar de ellas. Y si la obra no fue valedera…, si al Premio fue aupada por el juicio errado de un Jurado, pues permanecerá un vano y banal tiempecillo ahí, mera prueba del error humano, cata del impenitente dislate de tres, tiempecillo en el que devendrá indócil pasto del no menos indócil escarnio. Errores de Jurados pueden conspirar para echar a pique a la Literatura. A la cubana y a todas. Ni siquiera un inmerecido Nobel. Conspirar. No pueden echarla a pique.. ¿Por qué no pueden echarla a pique aunque, es cierto, jueguen a intentar ladearla, momentáneamente? Porque ya lo dije: ¡la Literatura no son los Jurados! Ni los Premios. Ni las Instituciones. Son las obras. Y el juicio del Tiempo, ese gnomo que según Azorín juega a los dados, deviene gran reparador. Porque ese ente barbado, el tiempo, está a prueba de Jurados, de Premios y de Instituciones. Los escritores han escrito, escriben y escribirán con esa Trinidad, sin ella, o… a pesar de ella. Si esa Trinidad no existiera -su existencia, dicho sea de paso, es muy reciente- los escritores escribirían lo mismo. Si existieran mas no cumplieran, o cumplieran a medias o mal, su objeto social, los escritores escribirían lo mismo. Y un día, no importa cuando, se conocerían las obras. Sic Semper. El juicio del duendecillo Tiempo es, ese sí, como Dios, Jurado y Premio infalible. Al menos quien esto escribe, que descree absolutamente de Dioses y de infalibilidades, toma al Tiempo como juicio, digamos, algo más confiable. Mas convengamos…si la susodicha Trinidad existe, y de manera óptima cumple su objeto social…, la Literatura lo agradece. CONCLUSION 5: La conformación de las partes de todo Jurado resulta vital. Repensar toda la dinámica que rige al día de hoy la conformación y actuación de los Jurados y la relación Jurados / Premios / Instituciones resulta impostergable y muy necesario en función de la salvaguarda de la Literatura cubana.              

 PARTE III: NO BASTA SEÑALAR CRISIS: ¡BUSQUEMOS SOLUCIONES!

He tratado de decir lo que pienso sin ánimos de zaherir. Con respeto a colegas e Instituciones. Con el mejor de los objetivos: contribuir a la solución, al menos al debate (convengamos que no pocas soluciones pueden depender, en parte o en mucho, de elementos de corte financiero y/o presupuestario, elementos que, al día de hoy, por motivos de fuerza mayor, no se avizoran) de lo que muchos identificamos como contencioso sujeto a solución. Porque los males no se limitan solo a la premiología. Para ello debemos mirar a las Debilidades que nos lastran, a las Amenazas que desde el entorno nos llegan, a las Fortalezas de las que disfrutamos y a las Oportunidades que en ese mismo entorno existen y pueden ser debidamente aprovechadas. Desde mi personal visión unos 5 puntos se imponen, como vías impostergables, a saber: 1. Debe trabajarse en función de lograr derechos de autor dignos que reintegren el anhelo de los autores a publicar y garanticen el pan y el trabajo de esos autores. Ese pan que, por ejemplo, logran, dignamente, otros admirados artistas, léase, por ejemplo, músicos, cantantes, bailarines y artistas plásticos. Si estos se autofinancian con las ganancias que generan urge para los escritores hallar vías alternativas: becas, pasantías, apoyo de Universidades, instituciones culturales y/o literarias extranjeras y nacionales. Un salsero o un cantante generan ganancias con las actuaciones en un centro nocturno cada noche. Un pintor vendiendo un lienzo. ¿Cómo lo logra un escritor? ¿Será mejor dedicarnos a cantar o a embadurnar lienzos? Resulta en extremo dudoso que en mitad de la situación actual nuestras Editoriales alcancen a contar con mayor capital para pagar derechos de autor algo menos paupérrimos. La música salsa se cotiza. La Literatura no. Nadie posee lámparas maravillosas ni genios servidores, pero todos, estoy seguro, deseamos hallar vías alternativas. Eso si no deseamos llegar a ser, ¡muy pronto!, una nación de felizmente prósperos salseros y tristemente empobrecidos escritores. Cuba es hoy trending topic en el mundo. Quizá pueda aprovecharse eso. 2. Debe multiplicarse empeños en aras de suprimir el aura mortuoria que hoy rodea, cuantitativa y cualitativamente, a nuestros Premios literarios. Urge lograr vías alternativas en función de detener el franco proceso de desaparición de Premios y la malsana desnutrición de sus bolsas. Algún Premio en su dotación solía incluir computadoras, artilugio elemental para cualquier escritor, artilugio que, dado el precio, no está al alcance del bolsillo de un escritor. Si bien la computadora no es parte de la necesaria ¨canasta básica¨ ni aportan la posibilidad de adquirir muy necesarios bienes o reparar las dañadas viviendas, sin ellas, sin la PC, resulta endemoniadamente difícil escribir. No hay tragedia mayor para un escritor que aquella en la que la pobre PC que posee, un día cualquiera, decide abandonar la vida. Entidades nacionales importadoras las importan, al por mayor, desde Panamá y China. Importadas así los precios son muy inferiores. Lograr que algún Premio las incluya podría ser una variante. Se trataría de unas pocas PC en el año. Muy pocas. No imagino sea ello harto difícil de lograr. En todo el mundo el sector privado actúa como patrocinador de Premios literarios, mecenas de las Artes, contribuyendo, en todo o en parte, con el aporte monetario de sus bolsas. Ello puede intentarse -institucionalmente- con algunas de las empresas mixtas y extranjeras que operan en Cuba. En España, por ejemplo, es algo común. ¿Por qué habría de rechazarse absolutamente acá? Ello no significaría privatizar la cultura. Puede hallarse la manera, por ejemplo, de que el premiado -y un acompañante- disfruten de solaz esparcimiento, digamos, tres días –free cost– en un anhelado y prohibitivo Hotel ubicado en alguno de nuestros excelentes polos turísticos. Siguiendo la óptica del sector privado como patrocinador de Premios, téngase en cuenta que poderosas Entidades extranjeras regentan hoteles en Cuba. El autor premiado, digo yo, agradecería esto. Las entidades, creo, estarían orgullosas de tener entre sus clientes, y agasajar, a un reconocido escritor cubano. Si bien salseros, cantantes y pintores, con las ganancias obtenidas -muy dignamente- a partir de su trabajo, pueden disfrutar de tales sitios los escritores lo hacemos solo en nuestros más utópicos sueños. Organismos nacionales, por demás, regentan también cadenas hoteleras. Tal vez tales Organismos se sientan orgullosos del apoyo a prestar a la Literatura cubana. El impacto que ello tendría sería mucho mayor al gasto en que se incurriría. Ni puede ser tan difícil de lograr, ni provocaría perdidas enormes a la economía nacional. ¿No se desea patrocinar cierto turismo cultural? No puede entenderse por cultura, únicamente, el son, las maracas, la música salsa o la rumba. La Literatura, vaticino, también conforma la cultura de una nación. Y no poco. Eso… en cuanto se refiere al sector empresarial. Hablemos del privado. ¿Qué podría mover al dueño de un restaurante famoso de La Habana, esos en los que cenan -celebérrimamente- Presidentes extranjeros, en función de ofrecerse como patrocinador de Premios literarios? Y…, por otra parte…,¿es esto legal hoy en Cuba? No vale pecar de ingenuos: las contribuciones deben ser a las Instituciones que organizan esos premios, jamás directamente a los premiados. Ello aseguraría colocarse a salvo del principio que reza ¨quien paga manda¨, a salvo de que aquellos que ofrezcan algún patrocinio comiencen a determinar qué se premia o a quienes se premia. Y todo eso estaría muy lejos de resultar un amago de la impensable privatización de la cultura. 3. Debe trabajarse duramente para que Crítica, Academia, Prensa e Instituciones laboren, de conjunto con los autores, en función de la Literatura cubana, especialmente en cuanto se refiere a Crítica y Academia. Ni la Crítica puede continuar difunta y enterrada ni la Academia alejada y difusa. Para algunos colegas la Academia solo habla de ¨María¨, la romántica obra de Jorge Isaacs; anti poesía; trascendentalismo, y… queda ahí, anclada, según el parecer de esos colegas, a la Academia no le interesa el panorama de la Literatura cubana actual, o centrados en el pasado desconocen los nuevos caminos por los que se mueve (la nuestra y la mundial) o está excesivamente centrada en purismos estilísticos. Me disculpan esos colegas…, puedo pecar de ingenuo, no tengo amigos en la Academia, mas… no creo eso sea cierto. No puede ser así. Y, en cuanto a los purismos estilísticos…, en mi opinión, mucho favor se haría con ello a la Literatura cubana actual, en especial, a la escrita por los jóvenes. 4. Debe rescatarse / fortalecerse el modus operandi de los Jurados (y las entidades premioauspiciantes) desde un modo de actuar (léase idoneidad, profesionalidad y summa justicia de fallos) que al prestigio de Jurados e Instituciones redunden. 5. Debe llamarse a urgente e impostergable debate de todos (UNEAC, ICL, Editoriales, MINCULT, autores) en aras de hallar soluciones consensuadas en respuesta a cuanto contencioso asome el feo rostro. Se impone ser proactivos. En el mundo moderno esto es una exigencia vital. En nuestro entorno, no pocas veces, desconocemos siquiera si ante un hecho se reacciona… a posteriori. Nada se explica. Nada se aclara. En consecuencia, ni siquiera parecemos ser reactivos. Se ignora siquiera si se reconoce la existencia de un problema que todos o la mayoría identificamos como problema. Si se le trata como a un problema. Si se trabaja -y cómo- para impedir se repita o se prolongue en el tiempo. Las Instituciones deben actuar de manera proactiva, mancomunada, sistémica, transparente, cooperativa, en mutua consulta, algo normal entre entidades que conforman un mismo esquema ministerial. Ignorar problemas no es hacerlos desaparecer: es la manera óptima de eternizarlos. Tratar problemas de todos excluyendo a esos todos nunca redunda en interés de todos. Tratarlos aislados, de manera departamental, tampoco. Los enfoques en el mundo de hoy deben ser proactivos y holísticos. Y el cotilleo, admitámoslo, ¡por Dios!, resulta harto desmoralizante. Lo moralizante y adecuado resulta promover se debata ¡con la participación de todos!, con la debida civilidad y la justa democracia, en aras de lograr, y hacer públicas, las medidas posibles destinadas a atajar cualquier contencioso. Las Instituciones no existen para sí, ¡existen para todos! Si todos, o la mayoría, estamos felices con ellas, pues ese resulta el mejor indicador. Si todos, o la mayoría, no estamos precisamente felices con ellas, pues…van mal. Y ello es así aunque cumplan el clásico Plan. Porque el mejor Plan a cumplir debe ser actuar, de manera transparente y rápida, solucionando o minimizando cuanto problema asome… en favor de todos y rindiendo cuenta ante esos todos. Creo a esas 5 medidas vitales en aras de enfrentar el contencioso y detener sus efectos. De lo contrario…, francamente, la situación puede ir a peor. Y nadie desea eso. Nadie puede admitir eso. El cubano bulle de creatividad, y ello puede suplir, en mucho, la inexistencia de un presupuesto abultado. Eso, al menos, hemos aprendido en las últimas décadas.

PARTE FINAL

Mordaces comentarios, corrillos, intervenciones, correos electrónicos, conversaciones de pasillo, debates post premiaciones o en mitad de ellas, hasta hoy, repito, no han resuelto algo. Y no creo resuelvan. Devienen barómetro de la situación, sí, tradicional y consuetudinariamente ignorado. Abandonemos el ejercicio único de la sana (e insana) catarsis y pasemos a la siempre todavía más sana terapia. Identifiquemos a la bestezuela. Facilitemos el logro de la  jaula. No tenemos derecho a ejercer alguno de los tres síndromes acá mencionados. No tenemos derecho a actuar como Cándido porque no somos nada cándidos. No tenemos derecho a actuar como el personaje de Camus porque los cubanos carecemos de esa impasibilidad a lomo de los humores de nuestra sangre. No tenemos derecho a actuar como el avestruz ¡porque no somos avestruces! Y no tenemos derecho a ejercer esa trilogía porque ¡se trata de la Literatura cubana! ¡No se trata de nosotros! Eso sería baladí. ¡Se trata de Ella! A todos nos asiste el derecho a decir lo que pensamos. Porque la Literatura cubana no pertenece a las Instituciones. No pertenece a los Jurados. No pertenece a los Premios. No pertenece siquiera a los autores. La Literatura cubana no tiene dueño. ¡Es de todos!

Nunca antes se escribió tanto en Cuba. Nunca antes hubo tantos seres afanados en el arte de escribir o deseando hacerlo. Algún grado de crisis existe, sin embargo. Y puede profundizarse. Eso es lo peor. Debe asumirse que la Literatura no es una entelequia. Está conformada por escritores. Los escritores la hacen. Es dudoso que la Literatura pueda ir bien si los escritores no van bien. (2) Algo ha de hacerse al respecto. Poco que se haga se habrá hecho algo. Porque, repito, se trata de la Literatura cubana. (3) He tratado de enumerar causas y condiciones. Incluso, de proponer  posibles soluciones. Desde mi humilde opinión. Desde mi subjetiva verdad. Puedo haber olvidado problemas. Puedo haber errado en muchos. Otros puedo no conocerlos. Habrá colegas, espero, que dirán lo suyo. No faltó alguno al que cuando le expusiera cuanto proyectaba escribir alzara los hombros y dijera: ¨pierdes el tiempo, nada se resolverá¨. No faltó quien pusiera en duda de que Jiribilla publicara este texto. Sostener existen crisis no basta. Decir que la crisis se concentra solo en la concesión de Premios errados no basta. Nuestra responsabilidad mayor es actuar sobre las causas y condiciones que provocan esa crisis. Y suprimirlas. O minimizarlas. O intentar hacerlo. Intentar es la primera fase de lograr. Amurallarse para no ver esas crisis, empecinarse en no nombrarlas, profesar la creencia de que se resolverán por generación espontánea, sectorizarlas, ignorarlas, o autocensurarse y quedar callados para no incordiar o convertirnos en entes problemáticos solo puede llevarnos a las peores consecuencias. Y esas peores consecuencias serán ¡para la Literatura cubana!

La mordacidad es huérfana, anósmica y de vientre seco. La palabra no. Tiene padres, hijos y hasta nombre. El nombre de todos. Si no se le estigmatiza, si no se le ignora o resulta prescrita / proscrita, si no se le revierte por conminados refutadores de ocasión… confío en su poder genésico. Sanador. Revolucionario. Terapéutico. Y…aportador de jaulas. Con inteligencia, tesón, esfuerzo -y algo de novedosa innovación- debe aparecer alguna. Al menos… eso creo. Hasta hoy. Si bien la mayoría de las ideas acá expuestas puedan ser destinadas al adminiculo de yute con el clásico orificio al fondo… tal vez alguna no lo sea. Si de tal suerte ello ocurriera… poco importaría entonces porque la Literatura cubana habrá ganado. Y una mera porción que gane esa dama etérea y maravillosa lo agradecerá. Lo agradecerá ella y, muy especialmente, lo agradeceremos todos, sus abnegados sirvientes. La Literatura cubana, huelga decirlo, no se ha ido a pique en estos últimos años. Y no se irá pique jamás. Al menos no desde lo que se infiera a partir de los dictados (siempre falibles) de no importa cuantos (siempre falibles) Jurados. Y no se irá a pique porque la Literatura cubana ha sido, es, y será siempre, in sæcula sæculorum, patrimonio sagrado (y consagrado) de todos. Todo estamos orgullosos de ella. Y todos, ¡todos!, sabremos cuidarla. Siempre.

NOTAS:

  1. Les animo a leer el Manual del Perfecto Jurado, esbozado por Gina Picard, texto que, sin sorna, deberíamos hacer pender de una pared cuando ejerzamos como tales. http://decalogosliterarios.blogspot.com/search/label/Gina%20Picart.
  2. Reconozcámoslo: no pocos excelentes escritores no solo viven en condiciones en las que la cotidianidad se les hace en extremo engorrosa, a ellos y a los suyos, sino que de tal suerte apenas logran escribir. En un entorno en el que resulta normal que un salsero adquiera un lujoso automóvil y un pintor o cantante sea dueño de un restaurante de lujo, adquirido todo ello con su muy digno y respetable trabajo, un escritor puede correr el riesgo de que el precario techo de la pobre ciudadela en la que malvive -con su familia- se les abalance una noche y… He escuchado que algunos han debido recibir una modesta -pero muy necesaria- ayuda oficial. ¿Aconsejaremos a esos escritores que incurran en la música salsa, canten a dúo o deriven hacía óleos y lienzos? Muy pocos escritores, entre los que conozco, desean poseer restaurantes. Desean, eso sí, unas dos o tres veces por año, cenar en ellos. Si bien pintores, cantantes y salseros dedican todo el día a su arte, arte que les confiere el pan, los escritores deben sudar un trabajo diurno, no literario, de no menor paupérrimo salario, para intentar incurrir en la Literatura a la noche o a la madrugada. Cierto, no es nuevo: así escribió Franz Kafka sus obras. Y muchos otros.
  3. Precisamente en ese contexto el Jurado del más importante de nuestros Premios literarios, uno de los pocos que en CUC sobrevive, convocado anualmente por las Editoriales cubanas para libro de cuento, ese al que envían sus obras cada año los más connotados narradores cubanos, incurre en dejar ese Premio desierto. El cuento, al día de hoy en Cuba, presenta mayor auge que nunca. Y muy destacados narradores. Entre más de una veintena de obras no pocos de esos narradores, laboriosos, confiados y llenos de buena voluntad, insistieron en enviar sus textos a esta edición. Ha trascendido el absurdo: ¡el mencionado Jurado llegó, incluso, a contar con obras finalistas! Si bien todo Jurado tiene derecho a declarar desierto el Premio que estime…resulta bien difícil creer que alguna de esas obras, ¡al menos una!, no detentara la debida calidad. De lo anterior se infiere que… no solo nos criticamos (elogiamos) nosotros mismos, nos premiamos nosotros mismos, nos reunimos nosotros mismos, sino que, ¡también! nos despojamos, nosotros mismos, con fría indiferencia, de los pocos premios que subsisten. ¿Será que nos asiste la vocación de sádicos? ¿O tal vez hemos devenido masoquistas?
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