Gallos de pelea e indignidad de la condición humana.

La mayoría de los cubanos, incluida quien esto escribe, hemos crecido convencidos de que las peleas de gallos son parte de la cultura nacional y han existido siempre con el beneplácito de toda la ciudadanía y los gobiernos de turno. La lucha por una ley contra el maltrato animal que llevan a cabo en la capital varios grupos protectores de animales ha puesto el tema de las peleas de gallos en el candelero de la atención popular, puesto que las gallerías, las galleras y los galleros son uno de los obstáculos más mentados a la hora de dilucidar si es posible que Cuba llegue a tener una ley que prohíba el sacrificio de animales, puesto que somos una isla que no solo tiene a las aves de corral como una de sus principales fuentes de alimentos proteicos, sino que los mata masivamente por motivos religiosos y, además, los considera sus gladiadores predilectos.

Sin embargo, la realidad demuestra que muchos cubanos detestan las lidias de gallos y a quienes las promueven, ya sea con fines de lucro o de recreación. Es un dato muy poco conocido que el Gobierno de ocupación militar que sucedió en Cuba al dominio de las autoridades coloniales españolas  consideraba que la isla tenía algunas costumbres y modos de vida propios de un estado incivilizado debido  a los vicios del coloniaje, y emitió el decreto 165 de la serie de 1899 del Cuartel General para prohibir las peleas de gallos, popularísimas entonces y con entera libertad de consumación, no como ahora, que se hacen a escondidas. Hubo muchísimas protestas por parte de los cubanos, en especial de los campesinos, puesto que en tiempo de zafra estas peleas eran uno de los modos de diversión más gustados por ellos. Como ya el Decreto existía, algunos persistentes solicitaron permiso para celebrar gallerías en el pueblo de San Juan y Martínez, y como dicha solicitud fuera denegada por las autoridades norteamericanas, los galleros y su público agarraron sus aves y se fueron a gallear a la manigua. A su regreso fueron sorprendidos por la Guardia Rural con sus ropas cubiertas de sangre y los cadáveres de las aves entre las manos, por lo que fueron enviados a prisión.

Pero las tensiones no eran solo entre cubanos y norteamericanos ocupantes, sino entre cubanos mismos, y lo que es peor, entre veteranos de la recién terminada Guerra de Independencia, pues algunos que habían alcanzado puestos prominentes en la administración pública, como por ejemplo, alcaldías, eran partidarios de las gallerías, mientras otros aún más encumbrados apoyaban la decisión de las autoridades de ocupación de suprimir de la vida de la isla las costumbres salvajes que existían en ciertos sectores de la población nativa. Sin embargo, de acuerdo con la investigadora Marial Iglesias en su libro Las metáforas del cambio en la vida cotidiana Cuba 1898-1902:

Los más apasionados adalides de la prohibición de los gallos no fueron los funcionarios norteamericanos, sino los representantes de un sector de la propia élite nacionalista cubana que, por los mismos tiempos, promovía el proyecto de hacer de las fechas patrias días festivos de alcance nacional. Para quienes no comprendan bien el sentido de la afirmación anterior, sépase que tras el fin de la Guerra, los enardecidos cubanos celebraban las fechas patrias de significación con fiestas y diversiones, entre ellas la riña de gallos.

¿Y quién era el líder de esta corriente de opinión opuesta a las gallerías? Pues nada menos que el General del Ejército Libertador José Miguel Gómez, más tarde presidente de Cuba, quien entonces era gobernador civil de Santa Clara, una de las zonas más galleras de la isla. Gómez firmó de su puño y letra una carta dirigida al Jefe del  gobierno interventor solicitando “en nombre de la mayoría de la población honrada” la prescripción de las peleas de gallos como “contrarias a la cultura del pueblo. Diego Tamayo, Secretario de Gobernación y también General del Ejército Mambí, era otro de los fervientes partidarios de la prohibición, pues opinaba que toda manifestación de barbarie debía ser erradicada de raíz por muy arraigada que estuviera en el cuerpo de la nación. Por otro lado, algunos altos oficiales del mambisado apoyaban a los campesinos para que intentaran convencer a las autoridades norteamericanas de no interferir en las costumbres cubanas.

No debe dejarse de mencionar que en la posición de los nacionalistas cubanos  con respecto al saneamiento de las costumbres nacionales había cierta tendencia a mimetizar el estilo de vida del pueblo norteamericano, que muchos cubanos consideraban entonces más avanzado material y moralmente que el propio, debido a que los Estados Unidos  se había liberado de su condición de colonia mucho antes que nosotros y en ese momento eran una nación con un sistema muy sólido de leyes que velaban por el buen comportamiento y el estado avanzado de la civilidad de la población.  Debo añadir que en este deseo de sanear las costumbres que animaba a una parte de los cubanos había, también, un claro rechazo a la cultura colonial que había imperado en la isa durante siglos.

Lo importante de este enfrentamiento entre cubanos no es que los partidarios de la prohibición hayan gozado del apoyo del Gobierno de ocupación norteamericano, ni que un número mayor de nacionales estuviera contra la misma, sino el hecho de que el principal argumento empleado por estos últimos para validar las peleas de gallos era (y sigue siendo) el considerarlas como parte de la cultura nacional, afirmación que bajo una mirada más moderna y antropológica podría extenderse a todo el Caribe hispanoparlante. No tiene suficiente peso la argumentación de que la lidia de gallos proviene de Grecia y que los romanos también fueron muy aficionados a ella, como lo demuestran los hermosos mosaicos hallados entre las ruinas de sus villas. Los romanos también fueron muy aficionados al circo, a los combates de gladiadores y a los combates de fieras contra humanos y contra otras fieras, pero aquellas costumbres fueron eliminadas por el devenir histórico, en parte gracias a la labor civilizadora de la Iglesia cristiana, que aunque haya sido capaz de inventar una institución tan monstruosa como la Inquisición, fue, en su momento y en muchas partes del planeta, portadora de un saneamiento de las costumbres que, entre otros hábitos tenebrosos, acabó, por ejemplo, con el canibalismo y los sacrificios humanos en el Nuevo Mundo, y en la vieja Irlanda logró que el sacerdocio druídico, servidor de un panteón de divinidades violentas, renunciara a los sacrificios humanos y a la práctica ancestral de entregar a los ídolos el primer nacido de cada camada, incluyendo los primogénitos humanos, para ser “devorados” por el dios.. Cito estos dos ejemplos solo  para apoyar mi razonamiento, y los cito porque son incuestionables.

Me resulta curioso por qué la lidia de toros, práctica tan común en España y que parece tener sus más lejanos antecedentes en la Creta minoica, siempre despertó muy poco entusiasmo entre los cubanos y jamás arraigó entre nosotros a pesar de haber existido en la isla plazas de toros, y sin embargo las peleas de gallos están como incrustadas en la idiosincrasia nacional. Creo que todas las actividades de cualquier índole que se basen en combates ya sea de hombres o de animales, e incluyo en esta categoría al boxeo y otros deportes,  son prácticas ancestrales basadas en la violencia, la sangre, la destrucción y la muerte. Son costumbres  atávicas que dificultan y retrasan los procesos civilizatorios que por ley de la Historia deben ocurrir en todas las culturas y civilizaciones. Estos hábitos popularizan y transmiten el culto a la violencia y a la destrucción, difunden un concepto de la heroicidad ajeno a la esencia misma del héroe, porque el héroe, es decir, el mejor, el de mejores cualidades, el triunfador,  no es un depredador, tiene virtudes entre las cuales predomina la de no contender  con adversarios más débiles que él, no dañar a quien no puede defenderse y pelear  siempre por causas justas. Es más hombre quien es capaz de vivir de acuerdo con la ética; quien disfruta matando y viendo matar no es más hombre, solo tiene mal colocada su testosterona. ¿Qué puede ser más innoble que echar a pelear perros, los más fieles compañeros  del ser humano? ¿Qué puede ser más innoble que criar un perro para que mate a otro o muera destrozado a cambio de unos billetes en el bolsillo de su dueño? ¿Qué concepto de la epicidad tiene un pueblo que disfruta las peleas entre animales?

Un gallo de pelea es, en realidad, una pobre ave de corral a quien un ser primitivo y con malas intenciones entrena para matar a otra pobre ave de corral. Una vez que estas aves indefensas son seleccionadas por el gallero, quien las maneja como a marionetas, ya no tienen escapatoria: están obligadas  a luchar por sus vidas y morir para solaz de la canalla rumbera.

Y no lo digo solo yo. Lo dicen muchas voces autorizadas en el mundo. Existen estudios que demuestran cómo la permanencia de estas costumbres atávicas entorpecen el desarrollo cívico y moral de una sociedad. Fue ese el criterio firme de hombres que pelearon con bravura por la independencia de Cuba, hombres como José Miguel Gómez, que aunque haya pasado a la historia nacional con la coletilla de “tiburón se baña, pero salpica”, fue el político a quien el pueblo cubano confió sus destinos tras la destitución del presidente  Estrada Palma, el traidor que violó los principios políticos de José Martí y disolvió el Partido Revolucionario Cubano fundado por el Apóstol y destinado a guiar la República en sus primeros pasos vacilantes hacia la formación plena de una nación. José Miguel Gómez tuvo que lidiar durante su mandato con decisiones muy difíciles y cometió muchos errores, aunque también muchos aciertos. Algunos  de estos errores fueron trágicos, pero pueden ser comprendidos a la luz de los acontecimientos históricos  aunque no puedan ser justificados por ellos, pero con respecto a las lidias de gallos y a su convicción de la necesidad de extirpar hábitos viciosos y ancestrales del cuerpo de la nación, no estaba equivocado. Las consecuencias de no haberlo hecho a tiempo son un pueblo dos siglos después todavía no ha aprendido a amar  a sus animales, sino que abusa de ellos o mira sus sufrimientos  con indiferencia. El gran político hindú Mahatma Gandhi fue lapidario en la sentencia que emitió sobe esto:   “El grado de civilización de un pueblo se mide por la forma como trata a sus animales”.  A los cubanos Gandhi nos hubiera suspendido con un cero más grande que la bola del mundo.

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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Una respuesta a Gallos de pelea e indignidad de la condición humana.

  1. ISIDRO dijo:

    El gallo de Guillermo
    Finca Alcona es parte del feudo que administra desde hace decenios el comandante García Frías

    Martes, abril 15, 2014 | José Antonio Fornaris | comment count
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    En Cuba, las apuestas en juegos están prohibidas por la ley, pero en los predios de Guillermo García se autoriza apostar
    En Cuba, las apuestas están prohibidas por la ley, pero en los predios de Guillermo García se autoriza apostar_www.terra.com.mx

    LA HABANA, Cuba.- Aún no le han retirado la madera que temporalmente le colocaron para fijarlo al pedestal, y ya la gente lo bautizó como “El gallo de Guillermo” (García Frías).
    El gallo, de color oro-viejo y con una altura de aproximadamente metro y medio, desde las patas hasta la erguida cabeza, es ahora el encargado de dar la bienvenida a los que asisten a la Finca Alcona, situada en las inmediaciones de la barriada de Managua, en el municipio Arroyo Naranjo.

    En el pedestal sobre el que se asienta el dorado gallo, hay una inscripción, con letras blancas, que dice: “Club gallístico deportivo”. Pero esa oración gramatical no es la que define el sitio; el color del gallo es el que verdaderamente da la tónica apropiada, pues es en Alcona muy probablemente donde radica la valla más importante de la isla. Ahí, sobre todo los fines de semana, literalmente corre el dinero que se apuesta a las fieras peleas entre esas aves.

    En verdad en la geografía latinoamericana eso no es nada extraño, pero en Cuba ese tipo de “competencia” está prohibida, como también están prohibidos los juegos de azar , aunque éstos pululan a la vista de todo el mundo.

    ¿Pero qué es lo significativo de esta valla en Alcona? Que esa finca pertenece a la Empresa Nacional de Flora y Fauna, entidad estatal que administra desde hace decenios García Frías, uno de los dos individuos que ostentan el título de “Comandante de la Revolución”; el otro es Ramiro Valdés.

    Alcona es el mismo lugar que fue asaltado en la madrugada de un lunes del mes de febrero por tres encapuchados, que se robaron, según se afirma, cerca de un millón de pesos. Alguien contó después, que en la mañana de ese propio día, García Frías se presentó en el sitio, y sin bajar del auto, le espetó muy molesto al director del centro: “Oye, quiero lo mío”.

    Nueva escultura en el portón de entrada_foto cortesía de José A. Fornaris
    Nueva escultura en el portón de entrada_foto cortesía de José A. Fornaris

    Al parecer, por su origen campesino, este Comandante siempre ha estado muy vinculado a los gallos, aunque no creo que el color es lo que le haya importado, más bien parece ser los dividendos que producen.
    Hace unos años, Camilo Pérez Villanueva, ex oficial de la Inteligencia que en algún momento estuvo ubicado en Colombia, quien tenía entre sus actividades la de comercializar “los gallos de Guillermo” (luego cumplió 12 años de cárcel por motivos que desconozco), narró que en cierta ocasión hubo que retrasar durante horas la salida del avión comercial hacia ese país, en espera de los gallos de García Frías.

    Relativamente cerca de Alcona está radicada lo que comúnmente se conoce como “La Recría”. Este lugar ocupa una extensa superficie de territorio donde habitan distintos tipos de animales, con principal énfasis en caballos y yeguas de calidad, algunos de pura sangre, para su reproducción. En esa área está ubicada también la fábrica de helados “Flamingo”, que vende su producción en moneda convertible.

    Flora y Fauna está presente en todo el país. Se le valora como un feudo de García Frías, y en la práctica esa es la imagen que se percibe.

    Josefornaris@gmail.com

    Galleros en competencias de Finca Alcona_www.terra.com.mx
    Galleros en competencias de Finca Alcona_www.terra.com.mx

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