Peligros de la contaminación sonora sobre la salud y el medio ambiente: Cuando la vida zumba y atruena

¿Qué usted cree que está viendo en esta imagen? ¿Una salsa que se le volcó a una cocinera inhábil, un plástico que se le derritió a un operario torpe, residuos de algo…? Pues no: se trata de pintura verde sobre la que un fotógrafo captó con su lente el impacto de una melodía musical. Si la figura le parece caótica, puede hacerse una idea del aspecto que tendría una imagen producida por un ruido. Eso mismo es lo que les hacen las ondas acústicas del ruido a las células de su organismo. ¿Se está asustando…? Tiene motivos.

SONIDO: Vibración que viaja por el aire, agua o sólidos y es capaz de producir una sensación agradable.

 RUIDO: vibración acústica indeseable que altera en forma temporal o permanente la salud del individuo.

Si reuniéramos cien personas seleccionadas de modo aleatorio, es decir, señalando con un dedo a cualquiera que pase por una calle habanera, y le preguntáramos a cada una cuáles son los ruidos que más les molestan en sus vidas cotidianas, es probable que obtuviéramos cien respuestas diferentes, o sea, cien culpables sonoros de amargar la vida de ciudadanos comunes y corrientes.

Entre los ruidos más incordiantes señalados al azar por esos cien entrevistados sin nombre, encontraríamos quejas sobre esa fábrica o centro laboral junto al que algunos tienen la desgracia de vivir (ejemplo típico: la planta de Tallapiedra) y que parecen truenos provenientes del Infierno o de un volcán a punto de vomitar nubes terribles de lava y piedra. Alguien se quejará de que la paladar que queda junto a su vivienda pone reguetón entre 12 y 24 horas al día a una altura insoportable que convierte la casa de la víctima en un lugar inhabitable. Otro de los encuestados se quejará de las motos de los vecinos, cuyos tubos de escape atruenan el aire como si fueran  katiuskas. Otro se quejará de esos choferes negligentes que aparcan su vehículo y dejan el motor encendido durante horas sin importarles si es madrugada o mediodía. Habrá quien eche pestes de esa familia de la cuadra que arma disturbios constantes y de cuya casa brotan gritos estentóreos, expresiones obscenas, insultos y de vez en cuando estrallones de muebles y vajilla contra las paredes. Quienes no aman a los animales protestarán con vehemencia contra los perros del vecino que ladran a toda hora. Otros maldecirán a vecinos que están construyendo o remodelando viviendas y clavan y martillan y usan sierras y sinfines sin consideración por el descanso ajeno. Seguro surgirán quejas contra los fiesteros irredentos que musiquean, bailan y se emborrachan los 365 días del año con la algazara que ello conlleva y que, generosamente, estos eternos alegres comparten a la fuerza con sus vecinos adyacentes. Muchos desdichados que habitan viviendas en calzadas se desatarán en reproches contra el ruido insoportable de los vehículos en su tránsito continuo por la vía. Otros dirán que lo que más los atormenta es el eterno barullo de la secundaria básica que está en su cuadra… En fin, los ruidos que amargan la existencia son casi infinitos. Sin embargo, dos de las peores perturbaciones sonoras no serán mencionadas por nadie, simplemente porque escapan al espectro acústico que puede abarcar el oído humano: el infrasonido y el ultrasonido. Si usted menciona esto a los quejosos la mayoría le mirará con asombro y preguntará: “¿Y eso qué es…?”. Lo mejor del caso es que los causantes de todos los ruidos consideran a sus víctimas quejosas como “’desgraciaos’, ‘sinvergüenzas’, ‘equivocaos’, ‘viejos (o viejas) locos’, ‘sapos!’ ” y otras lindezas ofensivas e irrespetuosas, y ni por un momento se detendrán a pensar que ellos, los ruidosos, están perturbando vidas ajenas y enfermando a sus semejantes. No, ellos no están haciendo nada malo, solo viviendo y divirtiéndose. ¿Qué tiene eso de censurable?

Pues lo que tiene de malo, de malísimo, es la terrible ignorancia en que viven casi todos los cubanos con respeto a las graves consecuencias del ruido para el bienestar y la salud de personas y animales, e incluso, de inmuebles. En la enseñanza media superior se enseña Física como una asignatura más en el programa de estudios, y los conceptos de onda, frecuencia, decibeles, etc, se explican y se examinan, pero… como suele ocurrir en todas partes del planeta lo que no se usa se olvida, y la inmensa mayoría de los ciudadanos comunes después de graduarse de la secundaria y el preuniversitario jamás vuelven a tener nada que ver con la Física, por lo que recaen en un analfabetismo funcional y olvidan todo lo que en su momento les fue enseñado. Acuse usted  a un chofer de dañar la estructura de un edificio con ese motor de rastra que mantiene encendido mientras visita a su novia y le dirá: “¿Quién, yoooooooo…? ¡¡¡Tú tá loco!!!”.

¿Quién se acuerda en Cuba de que el cantante lírico italiano Enrico Caruso reventó una copa de cristal en la hornacina de un teatro citadino con un Do de pecho…? Eso no puede ser, eso es mentira, es un trajín…

Aunque parezca increíble, los cubanos están absolutamente convencidos de que el único espacio que existe es el material: la calle que separa dos aceras, el suelo de una casa, la tierra de un campo. El espacio para ellos tiene que ser visible, palpable y mensurable, y si no lo es, el cubano dirá que no existe. Cuando usted le dice a un cubano que está invadiendo con sus ruidos el espacio sonoro de otra vivienda verá cómo se ríe, porque ¿de qué diablos le está usted hablando? Y la respuesta será, invariablemente, esta: “¡Yo estoy en mi casa y en mi casa yo hago lo que me da la gana!”. Como el cubano no reconoce la existencia del espacio aéreo, tampoco puede reconocer a ese enemigo temible que es la propagación del sonido a través del aire o del vacío: LA CONTAMINACIÓN  ACÚSTICA O SONORA.

Se llama contaminación acústica (o contaminación auditiva) al exceso de sonido que altera las condiciones normales del ambiente en una determinada zona. Si bien el ruido no siempre se acumula, traslada o mantiene en el tiempo como las otras contaminaciones, también puede causar grandes daños en la calidad de vida de las personas si no se controla adecuadamente. El término contaminación acústica hace referencia al ruido (entendido como sonido excesivo y molesto), provocado por las actividades humanas (tráfico, industrias, locales de ocio, aviones, etc.), que produce efectos negativos sobre la salud auditiva, física y mental de las personas.

El ruido tiene magnitudes, y en dependencia de esas magnitudes están los daños que puede causar. Los cubanos olvidan que todo ruido es vibración y toda vibración es ruido. Los efectos más comunes de la contaminación sonora son los siguientes:

-irritabilidad

-insomnio

-cefaleas y migrañas

-afectación o pérdida progresiva de la audición (Uno de los problemas de la contaminación acústica es que no siempre es fácil evaluar los peligros asociados con niveles de ruido no excesivamente intensos, pues en estos casos las lesiones se producen después de una exposición prolongada. Además, el ruido no afecta a todas las personas por igual, pues no depende de las características físicas del mismo, sino también del estado físico y psíquico de cada persona en el momento de la audición. La pérdida de audición inducida por el ruido es irreversible por la incapacidad de regeneración de las células ciliares de la audición. La sordera podría aparecer en casos de soportar niveles superiores a 90 db y de forma continuada).

-cansancio y fatiga por afectación del sueño

-Afectación de moderada a severa de las funciones cognitivas, tales como disminución de la capacidad de concentración, de memoria, de aprendizaje, de análisis

Afectación del rendimiento laboral por todo lo anteriormente expuesto

Ahora bien, sucede que todo sonido es vibración y toda vibración es sonido, y todo ocurre en una frecuencia, o para ser más exactos, en frecuencias. Cada órgano del cuerpo de los humanos y de los animales posee su propia frecuencia vibratoria, y sucede que cuando un ruido externo se traduce en una vibración cuya frecuencia es la misma que o semejante a la de determinado órgano del cuerpo, entra en simpatía con ella, por lo que la persona afectada comienza a percibir una anomalía que puede resultarle desde molesta hasta insoportable en dependencia de la sensibilidad de cada cual, sensibilidad que puede estar incrementada por determinadas enfermedades casi siempre del sistema neuromuscular. Hay patologías que involucran la zona del cerebro relacionada con la audición, como por ejemplo la hiperexcitabilidad de la corteza cerebral, y pueden hacer que para el enfermo el sonido de un martillo clavando un clavo en una pared se convierta en una tortura insoportable que lo lleva hasta a una crisis epiléptica, por poner solo un ejemplo.

Tampoco sabe la inmensa mayoría de la población que las leyes de la República de Cuba, de obligatorio cumplimiento para todos sus ciudadanos, poseen regulaciones sobre la contaminación sonora y protegen a cada ciudadano de sus efectos nocivos. Y menos aún conoce la población que existen regulaciones internas de los Ministerios de Salud Pública y Medio Ambiente, diseñadas expresamente para la protección de enfermos y discapacitados afectados por distorsiones de la conducta social relacionadas con el tema tratado aquí. Existen, además, centros especializados en Medicina del Trabajo que tienen a su cargo el cuidado de la salud y el bienestar de los trabajadores en sus centros laborales, velando por el estricto cumplimiento de las normas de seguridad que tienen que ver con la preservación de la salud y la vida, incluidos el estado de los inmuebles, las maquinarias y las condiciones de los puestos de trabajo.

Con fecha viernes 25 de marzo de 1988, la Gaceta Oficial de la República de Cuba publicó el Decreto 141 del Consejo de Ministros sobre las Contravenciones Personales En el segundo párrafo de este Decreto se lee:

POR CUANTO: Es necesario establecer cuáles son las acciones u omisiones no constitutivas de delito que se deberán considerar como contravenciones de regulaciones del orden interior, así como fijar las medidas que se deberán imponer por esas violaciones y definir las autoridades facultadas para imponerlas y para resolver los recursos que se interpongan.

En este Decreto se consignan unas cuantas contravenciones derivadas de la contaminación sonora. Es verdad que en muchos de los casos las multas estipuladas son irrisorias, y ello puede alimentar en los irresponsables la creencia de que no importa ser multados por unos pocos pesos. Lo que muchos no tienen en cuenta es que la repetitividad de la contravención crea precedente y el castigo va dejando de ser una multica de cinco pesitos que no afecta ni al gato, pudiendo llegar hasta una multa cuantiosa o un acta de prevención que a su vez prepara el camino para sanciones más severas.

En los países donde el nivel de conciencia de la población y su respeto por las normas de conducta y convivencia son tradicionales y funcionan debidamente, muchas afectaciones no ocurren o son resueltas sin necesidad de acudir a las autoridades, pero no es el caso de nuestro país, donde por razones que no sería pertinente analizar aquí, la pérdida de valores es señalada como uno de nuestros más acuciantes males sociales. La educación formal, por la que tanto se luchó décadas atrás, no se encuentra ahora en su mejor momento, y padecemos una muy extendida sensación de impunidad que induce a muchos ciudadanos a actuar como si todo les estuviera permitido y el castigo fuese una entidad abstracta que jamás pudiera alcanzarlos, o, incluso, una revancha que ellos mismos pueden aplicar a sus víctimas si osan quejarse. Educar, o reeducar a la población a través de spots publicitarios, programas de televisión y radio, charlas dirigidas, etc. es un procedimiento válido pero lento, cuyos frutos pueden tardar generaciones en hacerse ver. La conciencia social no se construye con la vara del mago. También en ocasiones el spot es un procedimiento incompleto, pues un spot que muestra a un muñequito acometiendo una conducta incorrecta y después al mismo muñequito rectificando su error, no siempre explica de manera comprensible las consecuencias de la conducta errónea en cuestión, y de ese modo la incompletud de la información impide que se cumpla el objetivo y, además, no muestra a las personas que el daño que hacen a otros con todo tipo de contaminación muy a menudo los alcanza a ellos mismos.

Pero si las muy variadas formas de contaminación sonora que saltan a la vista no son reconocidas por una gran cantidad de ciudadanos, ¿qué decir de las formas “invisibles” de la misma: los infrasonidos y ultrasonidos? Estos últimos serán identificados sobre todo como ese procedimiento médico que se lleva a cabo en policlínicos y hospitales y consiste en mojar con un gel frío alguna parte del cuerpo del paciente y luego pasar sobre ella una especie de “pistola” que produce imágenes en blanco y negro sobre una pantalla de computadora parecidas al negativo de una fotografía.

Pero ocurre que si los ruidos que todos sufrimos son perjudiciales para la salud y el medio ambiente, aún más temibles resultan los infra y ultrasonidos, estos “fantasmas” que no son más que las frecuencias que en el espectro sonoro quedan fuera del segmento permitido a la audición humana. Un fenómeno parecido ocurre con los colores: el ojo humano solo percibe una parte de la escala, justo en medio, mientras lo que queda más allá no es visible para el hombre. Quienes hayan practicado el buceo tendrán más o menos una idea de lo que digo, pues las escalas cromáticas del fondo marino no se parecen a las de tierra firme. Simplemente la capacidad de nuestros cinco sentidos es bastante limitada, y fuera de lo que percibimos con ellos existe una inmensa variedad de mundos que se nos escapan, están fuera de nuestras posibilidades naturales.

Un infrasonido es una onda acústica u onda sonora cuya frecuencia está por debajo del espectro audible del oído humano (aproximadamente 20 Hz). Es muy socorrido el ejemplo de los elefantes y ballenas, y otros animales de cráneos grandes con gran separación entre sus orejas, quienes utilizan el infrasonido como un medio de comunicación. Recientemente se ha descubierto que los elefantes también perciben los infrasonidos bajo la forma de vibraciones captadas por sus uñas en contacto con la tierra. Los infrasonidos son, precisamente, los  que alertan a los animales para que huyan cuando está a punto de ocurrir una catástrofe natural como terremoto o un tsunami, por lo que manadas de animales abandonan los bosques y las praderas cuando los humanos no tienen ni la más mínima señal de lo que se avecina.

Para que se tenga una idea de lo que puede ser un infrasonido, sépase que los desastres naturales como erupciones volcánicas, terremotos y tornados producen sonidos de una intensidad comparable con el sonido que hace una bomba atómica en su explosión, con la diferencia de que, al estar por debajo de los 20 Hz, no son audibles por el oído humano, lo que ha permitido iniciar investigaciones vulcanológicas y meteorológicas para evitar futuros desastres.

Pero ¡ojo!: que los humanos no podamos escuchar infrasonidos no significa que no seamos afectados por ellos. Para empezar, diremos que los infrasonidos pueden tener, entre otros muchos efectos, el de paralizar a humanos y animales. Se sabe que los tigres los emplean entre sus tácticas de caza para inmovilizar a sus víctimas. Un sacerdote de Ifá me contó que durante su iniciación en una cueva de Matanzas, una tortuga que llevaban entre los animales requerídos por el rito se escapó del saco en que la trasportaban, y que un babalawo muy anciano la detuvo solo con un cántico que repetía una sola silaba.

Los infrasonidos pueden atravesar largas distancias y atravesar obstáculos sólidos. Pueden provocar estados de ansiedad, tristeza y hasta temblores, en ocasiones, por imperceptibles desplazamientos de aire. Por ejemplo, ondas de elevado volumen pero comprendidas entre los 0,5 y 10 Hz, son suficientes para hacer vibrar al vestíbulo (parte del laberinto auricular, en el oído interno).

Otros efectos nocivos de los infrasonidos son:

-de intensidad superior a 180 dB: provocan desgarro de los alvéolos pulmonares e, incluso, la muerte.
 

-de una intensidad comprendida entre 140 y 150 dB: (lanzamiento de cohetes). Con un tiempo de exposición menor a dos minutos, su efecto es casi nulo para personas en buen estado físico.

-de intensidad comprendida entre 120 y 140 dB: Después de mucho tiempo expuesto a estas ondas aparecen perturbaciones fisiológicas y fatiga. Ejemplos pueden ser un automovilista o un aviador cuyos vehículos son fuentes artificiales de infrasonidos.

de una intensidad menor a 120 dB: No se conoce muy bien su acción a estos niveles pero una exposición de unos pocos minutos (unos 30 más o menos) no produce daño evidente.

Los infrasonidos producidos por motores como los de ciertos aires acondicionados o aviones de reacción pueden provocar vértigos, náuseas y cefaleas al ser afectado el laberinto auricular del oído humano. Se ha descubierto que los infrasonidos pueden llegar a provocar alucinaciones y la creencia de falsas presencias cerca de la persona afectada, lo que aclararía las noticias sobre apariciones y casas embrujadas. ¿La explicación?: los infrasonidos provocan una pseudo percepción de movimientos a los costados del campo visual. Esta falsa percepción puede ser provocada por algo tan pedestre como un ventilador, ya que este objeto produce una frecuencia de 18,98Hz.

Los infrasonidos también pueden causar resonancias en las cavidades corporales, pudiendo lesionar los órganos internos. Eso es lo que suele suceder cuando una persona se coloca por unos segundos frente al altavoz de una discoteca.

Los infrasonidos, especialmente los de baja intensidad, tienen efectos fisiológicos que pueden ser muy serios puesto que afectan al sistema nervioso central y periférico o se transmiten a través del mismo. Pueden ir acompañados de ruido audible, señales luminosas, variaciones de temperatura y otros factores internos del organismo. En general, la respuesta del cuerpo humano ante el infrasonido depende de:

-Los componentes que forman dicho estímulo.
-La combinación de estos dentro del estímulo.
-La constitución del organismo.
La reacción o decisión del receptor.

Es bien conocido el efecto de los infrasonidos en el equilibrio y en el movimiento de los seres humanos. Una intensidad de 140 dB puede provocar una pérdida de equilibrio o incluso a más baja intensidad teniendo en cuenta los defectos del oído. Por otro lado, también se sabe que la generación de infrasonidos de alta intensidad provocada por grandes masas en movimiento (instalaciones industriales), afecta tanto a personas como a edificios.

Las consecuencias de una exposición a la onda infrasónica con suficiente intensidad dependen de la frecuencia de las ondas y del tiempo de exposición. Según la frecuencia podemos encontrarnos con los siguientes síntomas:

Infinidad de efectos pueden estar relacionados con los infrasonidos, por ejemplo, durante una fuerte tormenta generadora de infrasonidos, el rendimiento en el trabajo es menor que en un día soleado. También estudios realizados en temas tan variados como los accidentes automovilísticos o el fracaso escolar, han permitido concluir que la exposición a los infrasonidos de una cierta intensidad influía en estas situaciones.

Los ultrasonidos son aquellas ondas sonoras cuya frecuencia es superior al margen de audición humano, es decir, 20 Khz. aproximadamente. Las frecuencias utilizadas en la práctica pueden llegar, incluso, a los giga hertzios. En cuanto a las longitudes de onda, éstas son del orden de centímetros para frecuencias bajas y del orden de micras para altas frecuencias.

Algunos animales como los delfines y los murciélagos utilizan el ultrasonido de forma parecida al radar en su orientación. A este fenómeno se lo conoce como ecolocalización. Se trata de que las ondas emitidas por estos animales son tan altas que “rebotan” fácilmente en todos los objetos alrededor de ellos, esto hace que creen una “imagen” y se orienten en donde se encuentran.

Aparentes efectos dañinos tales como bajo peso al nacer, problemas de habla, de audición y de motricidad de la mano derecha publicados en algunas investigaciones no han sido aún confirmados o substanciados en acabados estudios europeos y permanecen en estudio. El grado de complejidad de este tipo de estudios hace muy difícil interpretar los resultados.

El efecto de los ultrasonidos sobre las células depende de la potencia de aquellos. A bajos niveles de potencia (utilizados en diagnóstico), la célula experimenta poco trauma mecánico y cambio de temperatura. A niveles muy altos, la pared celular puede ser dañada o aún destruida, volcándose el contenido y destruyéndose la célula. Si se mueren muchas células por la exposición a los ultrasonidos, el tejido puede no ser capaz de repararse suficientemente, ocurriendo un daño tisular severo.

Las mujeres que durante el embarazo han sido sometidas en exceso a ultrasonidos ecográficos corren riesgo de que sus hijos confronten:

-Cáncer infantil,

-Dislexia,

-Desarrollo retardado del habla,

-Peso de nacimiento reducido,

-Motricidad de la mano derecha.

En general, las explicaciones técnicas sobre los usos y efectos de los ultrasonidos son tan complicadas y el lenguaje tan plagado de referentes especializados que no es posible hacer aquí un resumen  del tema, aunque vale decir que los efectos sobre la salud se parecen bastante a los causados por infrasonidos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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