Ha muerto el milagro Stephen Hawking

El físico teórico, astrofísico y cosmólogo inglés Sthepen Hawking, recientemente fallecido, es uno de mis héroes personales, y en muchos momentos difíciles de mi vida su ejemplo me ha inspirado y me ha dado fuerzas para seguir adelante. Se han develado monumentos en su honor para dejar testimonio a la posteridad de sus grandes aportes al conocimiento, pero yo quisiera ver un día una estatua suya en su silla de ruedas, con su cuerpo deforme clavado como una flor muerta, con su rostro vuelto hacia la derecha y eternamente sonriente, y que ese monumento no conmemorara su genialidad, sino su coraje, su resistencia  y determinación ante la inmensa adversidad que significó para él su enfermedad, que no obstante ser mortal, logró mantener a raya y vivir una larga y fructífera vida. Pese a estar encerrado dentro de su propio cuerpo sin habla, sin movimiento, Hawking  no dejó pasar un día sin mantener activo su cerebro, y legó a la Humanidad algunas de las más importantes teorías científicas del mundo moderno.

Sus trabajos más importantes consistieron en aportar, junto con Roger Penrose, teoremas respecto a las singularidades espaciotemporales en el marco de la relatividad general y la predicción teórica de que los agujeros negros emitirían radiación, ​ lo que se conoce hoy en día como radiación de Hawking. La idea de la radiación de Hawking ha producido a lo largo de los últimos 40 años un interesante debate sobre la naturaleza y el destino de la información en las inmediaciones de un agujero negro. Es verdad que sus teorías han sido utilizadas muchas veces con intenciones sensacionalistas, pero no por ello dejan de calificar como estudios rigurosos y de enorme valor, aunque muchas de sus conclusiones, que también son consideradas predicciones para el futuro de la Humanidad, aún no pueden ser demostradas, y probablemente no lo serán en un futuro inmediato, porque ese es el destino de los grandes anticipados a su época: hablan para el futuro.

Deja una nutrida obra científica compuesta por numerosos libros y casi incontables artículos divulgativos. Algunos de los tópicos emblemáticos de la ciencia ficción de nuestro tiempo, como los agujeros negros, los viajes interestelares, la inteligencia artificial y otros muchos fueron estudiados por él y se enriquecieron con sus teorías  e investigaciones. Combinó la relatividad general, la mecánica cuántica y la termodinámica para idear una teoría completa sobre los objetos astrofísicos más apasionantes: los agujeros negros. Además de sus obras de carácter científico también publicó libros divulgativos que alcanzaron enormes éxitos de ventas. En ellos analiza sobre sus propias teorías y la cosmología en general. Títulos como Breve historia del tiempo: del Big Bang a los agujeros negros, de 1988, estuvo en la lista de bestsellers del The Sunday Times británico durante 237 semanas. En Brevísima historia del tiempo, de 2005, escrito en colaboración con Leonard  Mlodinow, trató de explicar de la manera más sencilla posible la Historia del Universo, motivo por el cual se ganó los sobrenombres de “el historiador del tiempo”​ o “el historiador del universo”. Otro de sus grandes éxitos de venta es El universo en una cáscara de nuez , de 2001.

Mucho se ha especulado sobre por qué Hawking, quien se compara en estatura científica con Albert Einstein, considerado el más grande físico de todos los tiempos, nunca recibió el  Premio Nobel, lo que constituye una auténtica piedra de escándalo no solo en el mundo de la ciencia, sino en todo el planeta. El hecho ha suscitado casi tantas especulaciones como cuando ese galardón le fue negado al escritor argentino Jorge Luis Borges, aunque en mi opinión la comparación resulta desacertada. Cito un párrafo que he encontrado en un artículo muy serio en Internet, que perfila en pocas palabras una posible explicación a la exclusión de Hawking de los laureles del Nobel:

Probablemente [la exclusión] tenga que ver con la naturaleza de las predicciones que se desprenden su trabajo, con la dificultad de que sean comprobadas experimentalmente con nuestra tecnología actual. Basta apenas con percatarse cuánto tiempo tomó que algunas de las predicciones de Einstein fuesen comprobadas experimentalmente. En la ciencia, la capacidad experimental no necesariamente avanza a la velocidad de las mentes brillantes que nos regalan teorías nuevas sobre el universo. Las grandes ideas deben esperar décadas antes de ser comprobadas (o refutadas) por evidencia experimental. Ese es el caso de la llamada radiación de Hawking, un tipo de radiación que, de acuerdo con el físico, es emitida muy cerca de la frontera de un agujero negro (el llamado horizonte de sucesos), cuando la extrema curvatura del espacio-tiempo debida a la gravedad del agujero negro produce efectos cuánticos observables como la producción de pares materia-antimateria. Éstas son partículas virtuales que son empujadas a la realidad por el agujero negro y que son emitidas hacia el espacio para ser potencialmente observadas.

Creo que este es exactamente el problema. Por ejemplo, para averiguar si las ideas de Hawking acerca de si la información acumulada en el fondo de los agujeros negros podría perderse en caso de una colisión entre dos o más de estos fenómenos del universo, no hay otro modo que asistir a la colisión en cuestión y sobrevivir a ella para juzgar sus efectos.

Hawking era miembro de la Real Sociedad de Londres, de la Academia Pontificia de las Ciencias y de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos. Fue titular de la Cátedra Lucasiana de Matemáticas (Lucasian Chair of Mathematics) de la Universidad de Cambridge desde 1979 hasta su jubilación en 2009.7

Entre las numerosas distinciones que le fueron concedidas, recibió doce doctorados honoris causa y fue galardonado con la Orden del Imperio Británico (grado CBE) en 1982, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia en 1989, la Medalla Copley en 2006, la Medalla de la Libertad en 20098​ y el Premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento en 2015.

Stephen Hawking nació el 8 de enero de 1942 en la ciudad universitaria de Oxford. Su padre, investigador biológico, había llevado allí a la familia para ponerla a salvo de los bombardeos alemanes sobre Londres, a donde regresaron tras el nacimiento del niño, que fue e primero de tres hermanos.  Durante sus estudios primarios y secundarios no se destacó por ser un estudiante brillante. Llegado a la Universidad, su primera intención fue estudiar Matemáticas, pero por razones administrativas tuvo que contentarse con una beca en Ciencias Naturales por el University College. Para sorpresa del mundo, que le ha conocido ya paralizado por la enfermedad, durante su estancia en ese centro docente Sthepen formó parte entusiasta del equipo de remo. Sin embargo, uno de sus profesores de entonces, más perspicaz que los restantes miembros del claustro, fue capaz de percibir la diferencia entre Sthepen y sus compañeros más aventajados. Sus conclusiones sobre el potencial de su alumno las expresó en las siguientes palabras: “Solo le bastaba saber que se podía hacer algo y él era capaz de hacerlo sin mirar cómo otros lo hacían… Por supuesto, su mente era completamente diferente de las de sus coetáneos”.

Hawking nació el 8 de enero de 1942 en la ciudad universitaria de Oxford, a donde su padre, investigador biológico, había llevado a la familia para ponerla a salvo de los bombardeos alemanes sobre Londres, ciudad a la que volverían ya nacido el niño, el mayor de tres hermanos.  Durante sus estudios primarios y secundarios no fue un estudiante destacado. Al llegar a la Universidad, en un primer momento, Hawking quiso estudiar matemáticas, pero por razones administrativas terminó conformándose con una beca en Ciencias Naturales.  Una vez en el University College, se especializó en física.12​ Aunque para el mundo, que lo conoció ya enfermo, resulte una sorpresa, lo cierto es que mientras permaneció en ese centro docente fue un miembro entusiasta del equipo de remo. Su tutor de física, Robert Berman, dijo posteriormente en The New York Times Magazine: “Solo le bastaba saber que se podía hacer algo y él era capaz de hacerlo sin mirar cómo otros lo hacían… Por supuesto, su mente era completamente diferente de las de sus coetáneos”.

Su enfermedad, una variante de la esclerosis lateral amiotrófica, se le desencadenó a los 21 años y fue evolucionando a lo largo de su vida hasta dejarlo totalmente paralizado, pese a lo cual se casó dos veces, tuvo tres hijos y llevó hasta las últimas consecuencias una brillantísima carrera científica que solo la muerte fue capaz de segar.

A finales de la década de 1960, él y su colega de Cambridge, Roger Penrose, aplicaron un nuevo y complejo modelo matemático creado a partir de la teoría de la relatividad general de Albert Einstein.17​ Esto llevó a Hawking, en 1970, a probar el primero de sus varios teoremas de singularidad, que proveen una serie de condiciones suficientes para la existencia de una singularidad espaciotemporal en el espacio-tiempo. Este trabajo mostró que, lejos de ser curiosidades matemáticas que solo aparecen en casos especiales, las singularidades son una característica bastante genérica de la relatividad general.

Hawking ha trabajado en las leyes básicas que gobiernan el universo. Junto con Roger Penrose mostró que la teoría general de la relatividad de Einstein implica que el espacio y el tiempo han de tener un principio en el big bang y un final dentro de agujeros negros. Semejantes resultados señalan la necesidad de unificar la Relatividad General con la teoría cuántica, el otro gran desarrollo científico de la primera mitad del siglo XX. Una consecuencia de tal unificación que él descubrió era que los agujeros negros no eran totalmente negros, sino que podían emitir radiación y eventualmente evaporarse y desaparecer. Otra conjetura es que el universo no tiene bordes o límites en el tiempo imaginario. Esto implicaría que el modo en que el universo empezó queda completamente determinado por las leyes de la ciencia.

Tratándose de un genio comparable a Einstein, quien creía en la existencia de Dios, muchas personas se han preguntado cuáles serían las ideas religiosas de Hawking, si es que tenía algunas. En su libro Breve Historia del Tiempo, el astrofísico señalaba que “si llegamos a descubrir una teoría completa sobre el origen del universo, sería el triunfo definitivo de la razón humana, porque entonces conoceríamos la mente de Dios”. Es de suponer que pese a cualquier declaración que haya podido hacer al respecto a lo largo de su vida, Hawking seguramente no creía en Dios en el sentido de un Ser Superior creador y gobernador de destinos. Esta idea no suele encontrarse con mucha frecuencia entre las mentes científicas más brillantes, aunque haya excepciones.

Entre sus ideas más audaces está la top-down cosmology, según la cual el universo no tenía un único estado inicial y, por tanto, los físicos no deben pretender formular una teoría que explique la configuración actual del universo sobre la base de un estado inicial en concreto, lo que echaría eventualmente por tierra la mismísima teoría del Big Ban en la forma en que se la conoce hoy. Ya en 2010, el científico aseguró en su libro El gran diseño, que la física moderna descarta a Dios como creador del universo, tal como en el pasado lo hizo el darwinismo, que echó por tierra las ideas de Dios como creador de los seres vivos. Según extractos de su libro The Grand Design, Hawking dice que una nueva serie de teorías torna superfluo pensar en la existencia de un creador del Universo, que Dios no creó el Universo y que el big bang fue la consecuencia inevitable de las leyes de la física.

Hawking esbozó varias predicciones para el futuro de nuestro planeta. Entre ellas se encuentra la certeza de que la Tierra terminará convertida en una bola de fuego, idea que aparece en muchas de las grandes culturas de la Humanidad, entre ellas la maya y la azteca; también entre los druidas celtas  de Irlanda y Bretaña, y en otros sacerdocios y mitologías importantes del planeta. Creía que la destrucción de la Humanidad no sobrevendría por una catástrofe natural venida de dentro o de fuera del planeta, sino del rápido avance de las tecnologías, y que la Humanidad se autoextinguiría antes de uso 100 años, por lo que la única solución sería colonizar otros planetas. Los sobrevivientes terminarían volviendo a condiciones de vida muy primitivas, subsistiendo de la caza y la pesca en un planeta prácticamente desolado.

Este trabajo es, apenas, un mero esbozo de homenaje póstumo a título humildemente personal, por lo que deseché mucha información  de carácter científico que hubiera estado muy bien en un artículo de divulgación, pero no cabe en la despedida de una insignificante periodista antillana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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2 respuestas a Ha muerto el milagro Stephen Hawking

  1. heilen dijo:

    buenos días gina, leo cada uno de sus escritos con un sentimiento que no sabría describir, algo entre novedad y complicidad.cada uno de ellos es una pequeña joya.
    lamentable la muerte de Hawking, que como bien dice fue una persona inspiradora.
    saludos y siga deleitándonos con sus escritos

    • Gina Picart dijo:

      Muchas gracias, Helen. Eso es precisamente lo que busco con este blog absolutamente desinteresado: compartir mis inquietudes y hacer algo a mi mínima escala humana para dar felicidad y un mayor nivel de conciencia a quienes lean lo que escribo. Otra vez gracias por ser mi cómplice.

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