Familia Sanguily (III) El hijo pródigo

Ya dijo Martí que nacen entre espinas flores, y Julio Sanguily Echarte, quien merecía haber sido engendrado por su tío sabio y no por su padre traidor, fue, sin embargo, hijo del segundo de los hermanos de esta familia. Debería ser más recordado por esta patria nuestra, en ocasiones demasiado corta de memoria para con hombres que le entregaron su corazón, porque en el momento histórico que le tocó vivir al joven Sanguily tuvo el valor  de enfrentarse, en más de una ocasión, a uno de los hombres más poderosos y sanguinarios que ha conocido esta isla: Gerardo Machado, el asno con garras, como lo apodara tan certeramente el poeta Rubén Martínez Villena.

Este ilustre y casi desconocido hijo de Cuba nació en La Habana en 1879. Con solo 16 años combatió en las filas del Ejército Libertador en la última de nuestras Guerras de Independencia, en la que alcanzó los grados de Coronel. Durante la primera ocupación norteamericana de la isla fue detenido junto con otros jóvenes y llevado a los tribunales por haber izado dos banderas españolas 〈1〉 en las azoteas del Centro de Dependientes del Comercio y el Centro Asturiano , negándose a pagar la fianza de cuatrocientos pesos que les fue impuesta a él y a sus amigos, por lo que guardó prisión  durante breve tiempo. En aquellos momentos en que los estadounidenses mantenían un ejército de ocupación en Cuba y se negaban a reconocer la soberanía de la isla y la capacidad de los cubanos para autogobernarse, la acción de aquellos jóvenes resultó francamente provocadora y contestataria.

Bajo la presidencia del general Mario García Menocal (1913-1921), el joven Sanguily fue nombrado su ayudante de campo, y en 1917 fue designado jefe de la Policía. En 1923 entró a formar parte del Movimiento Nacional de Veteranos y Patriotas, uno de cuyos fines era presionar al gobierno del entonces presidente de Cuba Alfredo Zayas, para que llevara a cabo un programa de enmiendas y reajustes destinados a imponer orden en la vida legal del país.

1933 fue un año terrible para los cubanos bajo la sangrienta dictadura del otrora General del Ejército Libertador Gerardo Machado. Tras la crisis económica de 1929 la situación resultaba insostenible para el pueblo empobrecido. Había huelgas y manifestaciones de obreros y estudiantes en todo el país. El presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt, habiendo comprendido ya que la torpe crueldad de Machado, lejos de garantizar la sujeción de la isla al coloso norteño la había sumido en la rebelión y el caos, ordenó a su enviado especial en La Habana, el embajador Summer Wells, contactar a los jefes militares identificados con la oposición, para convencerlos de que se sumaran a la mediación que el gobierno estadounidense llevaba a cabo en la isla con el objetivo de destituir sin revuelta social a Machado, quien se negaba a renunciar. Julio Sanguily Echarte era, en ese momento, jefe del Cuerpo de Aviación del Ejército. Hace tiempo que conspiraba contra Machado.  Wells se entrevistó con los militares disidentes y otras importantes personalidades cubanas, a quienes instó a rebelarse contra el Presidente non grato. El argumento esgrimido por el señor embajador fue asegurar a estos cubanos que solo ellos podían salvar a Cuba de una tercera Intervención. Las dos primeras intervenciones de los Estados Unidos en la isla habían dejado un sabor tan amargo y habían comprometido tan gravemente la soberanía nacional, que por evitar la Tercera el presidente José Miguel Gómez masacró en 1912 a los rebeldes alzados del Partido de los Independientes de Color. En esta ocasión, el linajudo bostoniano Wells agitó ante los patriotas opositores el fantasma que más asustaba al patriotismo de los cubanos: otra Intervención.

El 12 de agosto de ese año estalló la huelga general y el ejército se sublevó. Se exigía la renuncia de Machado. Inició la sublevación el médico  Horacio Ferrer, coronel retirado, antiguo jefe de Sanidad del Ejército y Coronel del Ejército. El Batallón Número Uno de Artillería tomó militarmente el Estado Mayor del Ejército, y  pronto se le unieron  diversos Distritos Militares y la fortaleza de La Cabaña.

Julio Sanguily dio por la radio del Cuerpo de Aviación la noticia de la sublevación militar, y a partir de ese momento se le consideró el líder del movimiento. El pueblo, enardecido, se lanzó a las calles y comenzó a ajusticiar a los machadistas más connotados. Por toda la isla se desataron asesinatos, linchamientos, saqueos de viviendas e incendios de las organizaciones y periódicos que apoyaban a Machado. Cuba vivía momentos parecidos a los de la toma de la Bastilla, que dio inicio a la Revolución francesa. Machado, en su desesperación, pidió apoyo a la fuerza aérea cubana, pero el sustituto de Sanguily como jefe de la aviación le exigió su renuncia y lo amenazó con bombardear el Palacio Presidencial. Machado, intimidado, nombró su sucesor al jefe del Ejército Alberto Herrera Franchi y abandonó el país.

A esta componenda se opusieron decididamente Sanguily y otros militares y patriotas, quienes se enfrentaron a Wells y le anunciaron que Cuba quería un Presidente honrado y no comprometido con los intereses de los Estados Unidos en la isla. Sanguily, incluso, llegó a oponerse a la fuga de Machado, pero sus órdenes fueron violadas en el aeropuerto militar y el tirano escapó.

Sin embargo, el levantamiento había sorprendido a Summer Welles, quien esperaba que el próximo Presidente fuera el hombre dúctil designado por Machado.  El candidato de los cubanos era Carlos Manuel de Céspedes, hijo del Padre de la Patria, primer Presidente de la República en Armas durante la Guerra de los Diez Años. Carlos Manuel destituyó de sus cargos a los oficiales machadistas y nombró a Sanguily Mayor General y Jefe del Ejército, cargo en el que este apenas permaneció cuarenta y ocho horas,  pues tuvo que ser hospitalizado e intervenido de urgencia por la perforación de una úlcera que sufría desde tiempo atrás.

Los acontecimientos políticos se aceleraban en Cuba. El 4 de septiembre de ese mismo año se produjo un Golpe de Estado dirigido por el sargento Fulgencio Batista, que llevó al poder a la tristemente célebre Pentarquía encabezada por el médico Ramón Grau San Martín, cuyo primer acto fue destituir al presidente Céspedes y  nombrar a Batista General y Jefe de las Fuerzas Armadas de la República. De inmediato se procedió a la expulsión del ejército de todos los militares que habían participado en la revolución del 33, entre ellos Julio Sanguily Echarte, quien se encontraba aún convaleciete de su operación. Notificado por la Dirección del hospital Calixto García de que debía buscar otro lugar donde hospedarse hasta su recuperación, Sanguily eligió el Hotel Nacional porque allí trabajaba su hijo, el Doctor Julio Sanguily. Pero hubo en su elección un motivo principal de mucho peso: Wells, opuesto a la asonada golpista de Batista, también se encontraba alojado en aquel lugar, por lo que su presencia, al tratarse del embajador de los Estados Unidos, brindaba cierta cobertura de protección contra las posibles represiones del nuevo gobierno.

Los militares despojados de sus cargos no reconocieron a Batista y solo aceptaban como jefe a Sanguily. Convirtieron el hotel en el centro de la resistencia contra Batista y se atrincheraron en él erizando el edificio de ametralladoras. Sanguily, casi imposibilitado de movimiento, no pudo tomar parte en la sedición. Transcurrieron varios días de conversaciones entre los bandos enfrentados, hasta que al fin, bajo la amenaza de la intervención norteamericana, Batista y Grau decidieron proceder a asaltar el hotel.

El 2 de octubre comenzó el ataque, que se prolongó durante diez horas. Abrumados por la superioridad numérica de los sitiadores, los sitiados decidieron rendirse y pidieron a Sanguily que mostrara una bandera blanca, pero él se negó resueltamente. Los vencedores ocuparon el recinto en medio del desorden y la violencia. Sanguily permaneció de pie, sereno, en medio del lobby, y su actitud  hizo que nadie se atreviera a tocarlo. Fue sacado del edificio junto con sus  dos hijos y otros militares y civiles por el teniente Belisario Hernández, antiguo subalterno suyo, quien se impuso a la turba amotinada que pedía en la calle sus cabezas, y  eligió personalmente a los soldados que debían conducir a los detenidos a La Cabaña, donde guardaron prisión por su participación en el levantamiento. Posiblemente aquella valiente actitud de Hernández salvó la vida de Sanguily, porque  otros oficiales fueron ejecutados de inmediato tras la rendición.

Sanguily era lo suficientemente buen militar y lúcido hombre público como para comprender  que con Fulgencio Batista se instalaba en Cuba una tiranía mucho más fuerte y sólida que la de Gerardo Machado, y que el apoyo de los norteamericanos  garantizaba a este una larga permanencia en el poder. El sargento golpista era un hombre al que le había llegado su hora, y se abatía sobre Cuba un largo período de dolor. Tras el fracaso del Hotel Nacional, Sanguily se retiró de la vida pública. Murió en La Habana en 1935.

__________________________

〈1〉 Rolando Rodríguez, Cuba: las máscaras y las sombras La primera ocupación, Tomo I. Ed. Ciencias Sociales, 2007

 

Anuncios

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
Esta entrada fue publicada en Uncategorized y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s