Perfumistas y perfumes

Un libro precioso, una rara avis es este Premio de la Crítica Perfumistas y perfumes, del especialista cubano Leonel Amador, de suntuosa trayectoria en el ramo de la industria ligera y la perfumería.

Aunque publicado en 2014, he visto este libro aparecer y desaparecer en las librerías habaneras como un cometa de paso caprichoso, y a pesar de  haberle seguido el rastro como un can de presa, solo ahora logré comprarlo en ese raro emporio de sorpresas que es la librería Fayad Jamís, del  Instituto Cubano del Libro, y que no sé si será por estar ubicada en esa calle de leyendas y tradiciones que es la de El Obispo, o por su decoración interior de gusto refinado que evoca las librerías del pasado colonial y republicano, deviene una especie de círculo mágico donde todavía, de vez en cuando, los milagros literarios pueden materializarse.

Un libro como este, una enjundiosa historia del perfume, es algo  muy sui generis en la producción editorial cubana, para decirlo con franqueza y suavidad; un auténtico regalo para aquellas personas que todavía rehúsan reducirse a sí mismas a las mínimas proporciones del aldeano vanidoso del que hablara Martí, aquel que cree que el mundo entero es su aldea. Debo decir que amo los perfumes desde siempre, porque viajan en el tiempo y en la historia y nos traen reminiscencias de otros lugares, otros acontecimientos, casi que de otros mundos paralelos por lo lejanos en la distancia geográfica y temporal. Uno de los capítulos que más disfruté escribir en mi libro recientemente presentado Habana como gemir de violines fue, precisamente, La perfumería en La Habana colonial. Dio tanto placer a mis sentidos que cada día lo recuerdo y es como si todavía no hubiera yo logrado salirme de aquel mundo de vitrinas, anaqueles de maderas preciosas, frascos que ellos mismos eran joyas de inestimable valor, y ese universo de fragancias, infinito, tremendo, que hace volar la imaginación más allá de todo horizonte…

Fácil será comprender que me sienta constelada al tener entre mis manos esta impresionante investigación de Leonel Amador, que inicia su andadura con la historia de los perfumes en las más antiguas culturas de la humanidad, como Egipto y Babilonia. Era tal el valor que los productos empleados en la producción de perfumes tenían ante los ojos de los antiguos, que los reyes se regalaban sándalo entre sí como el obsequio más sofisticado, y nada de más trascendencia mística se podía ofrecer a una deidad que el humo del sándalo quemado en  sus altares y llenando sus templos. Estoy segura de que mi hija no recibió en su décimoquinto cumpleaños mejor regalo que un frasco antiguo repleto de sándalo que le obsequió una amiga alquimista, Yanelda, la perfumista del establecimiento Habana 1791 y creadora de una línea de colonias del mismo nombre con todo el repertorio de fragancias que se llevaban en muestra Habana colonial.

Pero este libro extenso no es solo una historia de los olores, sino una investigación y exposición llevadas a cabo por un experto en la materia, el señor Leonel Amador (La Habana, 1942). Graduado de Ingeniería Química en la Universidad de La Habana y fundador de la industria cubana de perfumería,  ha instruido a varias generaciones de perfumistas cubanos y extranjeros. Ha sido Viceministro de la Industria ligera y recibido múltiples condecoraciones como reconocimiento a su quehacer, pero es sobre todo su trabajo durante tantos años y su consagración al tema lo que lo convierte en una autoridad.

La cubierta del libro,  un acierto  pese a su pobre resolución, reproduce un fragmento de la obra Náyades, del joyero y vidriero francés René Lalique, quien junto con Emile Gallé conforma el dúo mágico de los más grandes diseñadores y artesanos de la Francia de todos los tiempos. Lalique tuvo como mecenas nada menos que al celebérrimo matrimonio  cubano de Catalina Lasa del Río y Juan de Pedro Baró, los icónicos amantes de El Vedado, propietarios de la mansión renacentista de 17 y Paseo e inspiradora ella de la fantástica y bellísima rosa Catalina Lasa, que durante décadas fue la flor por excelencia que conformaba el ramo de nuestras novias cubanas, y no sé por qué hoy  ya no se le puede ver más que en París. Lalique fue también quien diseñó el mausoleo donde yacen los amantes en el cementerio de Colón, con sus dos querubines orantes arrodillados custodiando la puerta negra, conjunto en el que fue empleado el misterioso cristal conocido como Claro de Luna, una creación de Lalique cuya fórmula, hasta donde sé, el artista murió sin revelar. El edificio forma parte de la más valiosa arquitectura de Colón.

Puerta del mausoleo de Catalina Lasa del Río en la necrópolis de Colón, La Habana

Con respecto a la relación de Lalique, genio del art nouveau, con el matrimonio Baró Lasa debo confesar que un detalle de este libro me ha llamado la atención: en una primera, impaciente y golosa hojeada que hice en la misma librería, y que curiosamente me llevó a abrirlo justo en la página donde se menciona a la dama habanera, eché de menos la mención al perfume Habanita, fragancia que le fue inspirada al perfumista parisino Molinard una noche a la salida del teatro de La Ópera (¿o fue quizá en una presentación de los ballets rusos de Serguei Diaguilev que hacían furor en la capital francesa de aquellos años…?), ante la rutilante

Catalina Lasa

visión de la belleza de Catalina, que personajes de la época describen como impresionante, una diosa de perfil  griego, cabellos rubios y ojos verdes que de criolla solo tenía las curvas rebosantes. Las fotografías no le hacen toda la justicia que su esplendor mereció, porque estaba nimbado con un velo de gracia y refinada sensualidad que era lo que más impresionaba la vista y los sentidos de quienes tuvieron la dicha de verla en persona, pues la belleza siempre es eso: Eros, gozo, dicha, pero este halo es casi inatrapable en las fotografías. La página info@maisonparfum.com describe así este perfume inspirado por la bellísima cubana  (y que no fue nunca barato, pues incluso hoy su valor en el mercado es de aproximadamente 100 euros〉:

Habanita es un perfume femenino de Molinard, que revolucionó la industria de la perfumería en el año 1921, tanto en diseño del frasco, realizado por René Lalique, como su perfume, al convertirse en la primera fragancia oriental de la historia, donde el vetiver, hasta la fecha reservado para las fragancias masculinas, seduce a las mujeres. Un perfume mítico, donde su rastro olfativo nos deja una estela floral, amaderada, y empolvada, e infinitamente sensual de una riqueza sin igual.

Perfume Floral, Oriental, Amaderado y Empolvado

Notas de Salida: geranio, lentisco, petitgrain, ylang-ylang.
Notas de Corazón: vetiver, cedro, heliotropo, jazmín, rosa centifolia de Provenza, mimosa, ylang-ylang.
Notas de Fondo: ámbar, vainilla, pachulí Penang, sándalo Mysore, musgo de roble.

Parece que Molinard encargó a Lalique, tal vez conociendo su relación con Catalina, el diseño del frasco para su nueva creación. No puedo asegurar que el frasco con que Habanita se comercializa en la actualidad sea el diseño original de Lalique, pero yo lo tuve, y el envase que conservo ya vacío, es este:

Hay que tener en cuenta que las décadas primeras del pasado siglo, en plena vigencia del Art Noveau y los albores del Art Deco, fueron de gran glamour en la capital gala, donde abundaban las grandes fortunas nacionales y extranjeras, el arte brillaba en toda su maravillosa grandeza y la moda se nutría de los exotismos más lejanos en el mapamundi. No es raro que Catalina Lasa haya tenido en París el justo marco adecuado a su hermosura y su majestuosa elegancia, y dejara memoria de ella en hombres famosos que reinaron en el arte de la gran ciudad, del que la moda ha sido siempre una parte muy importante, aunque muchos la den por baratija pasajera y superficial.

Tampoco puedo dar fe de que sea cierto el rumor según el cual Catalina Lasa posó, o su figura fue tomada de memoria como modelo por Lalique para una de las dos pequeñas esculturas que componen su obra Susanne et Thais. Por pura y muy especulativa apreciación, yo diría, a juzgar por la densidad de líneas y volúmenes, que si la historia fuera cierta, entonces la figurita relacionada con Catalina sería la menos grácil, pues ella siempre tuvo tendencia a engordar y hacía curas de adelgazamiento en balnearios europeos, ya que al parecer tenía dificultad para aceptar la abundosidad de sus carnes criollas, influida como debió estarlo por el patrón de belleza parisiense, más estilizado.

Pero la ausencia de Habanita en relación con Catalina Lasa, aunque el perfume sí aparece mencionado en otro momento del libro, no resta nada, en mi opinión, a Perfumistas y perfumes, texto rico en informaciones y sobre todo valiosísimo por la escasa o casi nula presencia de obras de este tipo en las librerías nacionales.

Debo confesar, y lo hago con la esperanza de que Amador lea esto algún día, que muero de envidia, porque hace años comencé una investigación sobre la historia del perfume para escribir una novela sobre Hipatia de Alejandría, la única mujer que dirigió la célebre Biblioteca —o para ser más exacta, los restos de esa venerable institución reunidos en el edificio llamado El Museión, pues la original había perecido en un incendio de causas nunca bien aclaradas por la historia—. Esa investigación me llevó por las mismas rutas que a Amador la suya, y de no haber sido por un infausto golpe de mala, tremendísima mala suerte, yo habría sido la autora de este libro. Pero bueno, Amador, me despojo ante usted de mi sombrero de bruja: me ha ganado con creces. Y lo agradezco, porque este es un libro que no debe faltar en la biblioteca de ningún ser humano capaz de disfrutar el arte. Si usted no lo hubiera escrito, habría un vacío tristísimo en mis libreros. Me ha salvado.

 

 

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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6 respuestas a Perfumistas y perfumes

  1. JORGE PEREZ dijo:

    ESTIMADA AMIGA GINA,MUY INTERESANTE TU ARTICULO,VERE COMO CONSIGO EL LIBRO DE LEONEL AMADOR,TE DIRE QUE HACE MUCHOS ANOS ATRAS TRABAJE EN LA INDUSTRIA LIGERA Y LO CONOCI,UNA BUENA PERSONA Y SUMAMENTE AGRADABLE,PERO ESO NO DEBE LIMITAR TU DESEO DE ESCRIBIR SOBRE EL TEMA,POR EJEMPLO ;SOBRE CATALINA LAZA SE HA ESCRITO ALGO,MUCHOS ANTES QUE TU,PERO TE DIGO QUE TUS ESCRITOS SOBRE EL TEMA,A MI MODESTO ENTENDER SON LOS MAS AMENOS Y CON MAS SENTIDO DE LA REALIDAD.FELICIDADES A AMADOR POR SU BUEN LIBRO,ESPERAMOS EL TUYO.GRACIAS POR TUS BELLAS PALABRAS

  2. heilen dijo:

    Hola, antes de irme de vacaciones de fin de año leí por arribita su reseña del libro y casualidad! en matanzas, en una librería de la calle del medio lo encontré , me acordé de usted y lo compré. He leído solo el principio, pero hasta ahora lo he disfrutado muchísimo;de no ser por usted y su reseña, probablemente no le hubiera prestado la atención que se merece, ni aunque hubiera tropezado con él.
    saludos

    • Gina Picart dijo:

      Me alegro, es un magnífico libro. Yo quisiera conocer al autor, lo admiro mucho. Que lo disfrutes. ?Eres matancera? Mi familia también.

      • heilen dijo:

        si, soy matancera pero del campo, de limonar.no sabía que su familia era de allá.
        he adelantado en el libro, buenísimo!

      • Gina Picart dijo:

        ¿Viste? Es un placer poder disfrutar un libro como ese. Es uno de los pocos Premios de la Crítica bien ganados que he visto. A mí me dicen que tengo la lengua bífida porque no me callo para decir verdades, pero ese es el premio más prostituido de Cuba. Me encantaría conocer a Leonel Amador, pero no sé cómo localizarlo. Tengo que sentarme a pensar. Mi familia paterna es de Unión de Reyes.

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