EL CAFETAL ANGERONA: ¿AMORES PROHIBIDOS, MIEDO A LA MUERTE O UN CULTO A LA FERTILIDAD?

Collage de vistas del cafetal Angerona

El cafetal Angerona es uno de los iconos de la historia cubana decimonónica, no solo por su hermosa leyenda de amor entre el alemán Cornelius Sochay y la mestiza haitiana Úrsula Lambert. Más allá de la mística romántica posee una gran significación arqueológica y antropológica, pues fue una de las primeras haciendas cafetaleras del occidente cubano y también, en su momento, la más próspera del Caribe.

No creo necesario repetir aquí esa historia que es bien conocida, aunque algunos aspectos del filme Roble de olor, del cineasta cubano Rigoberto López, quien la inmortalizó, la hallan desvirtuado un poco. Hay muchos sitios en internet para leer sobre los amores de Angerona. Yo quiero analizar un tema que, hasta donde tengo conocimiento, nadie ha tocado aún: quién es, en realidad, la diosa elegida para adornar con su estatua la entrada del célebre cafetal artemiseño.

Los posts cubanos que he consultado dicen que se trataba de una diosa romana que custodiaba la capital del mayor imperio conocido por el mundo antiguo: Roma. Pero no es verdad. Angerona es una diosa diez siglos más antigua que la fundación de Roma, puesto que se trata de una divinidad etrusca. El panteón de los dioses etruscos es muy complejo, y se le conoce mejor tras el surgimiento de Roma bajo la dinastía etrusca de los reyes Tarquinos, y, aún mejor en  los albores de la República, por lo que sus dioses están transculturados con los dioses traídos por los romanos y otros venidos de Grecia. El panteón etrusco hoy manejado por los etruscólogos y otros especialistas de la historia y la antropología es tardío y está compuesto por doce divinidades, entre las cuales no se encuentra Angerona, lo que indica que es una deidad anterior y más primitiva. Se conserva una representación de esta deidad en el templo de Volupia o Volupta, de filiación etrusca como su nombre indica, que se encontraba cerca de la Porta Romanula, junto al célebre Foro Romano, zona central de la ciudad donde se localizaban las instituciones públicas, el mercado y los más importantes templos religiosos, y donde transcurría la vida política y social de la urbe. Aunque el templo no estaba dedicado a Angerona, albergaba una imagen suya en la que la deidad aparece representada con su boca vendada y sellada, en un claro mensaje que compelía al silencio y, tal vez, a la guarda y protección de secretos. También se ha interpretado esta apariencia como una supresión simbólica de los gritos de angustia, porque tales gritos siempre eran presagios de mala suerte.

Esto se comprende mejor cuando se sabe que Angerona era, como aceptan los estudiosos modernos, la diosa del miedo y la angustia, una deidad que no solo producía esos estados de ánimo, sino también los conjuraba, aliviando la inquietud e incertidumbre de los hombres. Lo curioso es que Volupia, la dueña del templo, era una diosa del placer y la satisfacción obtenidos a través de los sentidos. Entiéndase bien que no solo me refiero a los placeres del sexo, sino también a los de la comida, los perfumes, las danzas eróticas, la música placentera y la sensualidad en todas sus manifestaciones sensoriales. ¿Por qué tenía Volupia como inquilina a alguien como Angerona? Es casi imposible pensar con la cabeza de un etrusco-romano de aquella época, pero algunas hipótesis de estudiosos sugieren la posibilidad de que la presencia de Angerona en la casa de Volupia quería decir que la satisfacción de los sentidos acalla cualquier sentimiento negativo asociado con el miedo, la angustia y el dolor. Personalmente creo que esta suposición no es muy atendible, ya que en los templos tanto griegos como romanos y aún los católicos suelen estar presentes todas las divinidades del panteón o varias de ellas con funciones diferentes. Pongo un ejemplo para que se comprenda mejor: en una iglesia católica podemos encontrar imágenes de Dios, Jesucristo y su Madre la Virgen junto con las de santos muy humanos como Francisco de Asís, y los ángeles, y de su interrelación no se desprende ningún mensaje específico. Para mí, que Volupia y Angerona compartieran el mismo templo no necesariamente debe verse como un significado especial. Resulta interesante acotar que portugués el término volupia puede ser traducido como placer, voluptuosidad, etc.

Hay otra interpretación, según la cual Angerona era la deidad que protegía el nombre secreto de Roma. Los romanos, como tantos pueblos antiguos, creían en el poder de las palabras y de los nombres, y les atribuían gran fuerza mágica, pero en el caso de los nombres propios, también gran vulnerabilidad, y si el nombre secreto de la ciudad fuera descubierto por algún enemigo y utilizado en conjuros mágicos, las defensas de la urbe y su poder se debilitarían y caería bajo el ataque de los invasores. Según esta idea, Volupia y Angerona advertirían a los mortales sobre la conveniencia de divertirse sin abandonar el estado de alerta y, sobre todo, sin permitir que los placeres anularan la conciencia ciudadana del deber de proteger el nombre secreto de Roma.

Angerona era una diosa lo suficientemente importante como para tener su propia festividad anual, la Angeronalia, fechada el 21 de diciembre, día del solsticio de invierno, en cuya celebración se le ofrendaban sacrificios en el templo de Volupia. Algunos eruditos modernos creen que ella es la diosa del solsticio de invierno, que ayuda al sol a pasar por este período oscuro y difícil. En esta interpretación, su silencio indica la concentración o la meditación, y su voz interior evoca un poderoso hechizo para ayudar al sol a recuperar su fuerza.

Pero no he hecho todas estas reflexiones sobre la diosa Angerona, sus orígenes y posibles funciones solo por amor a la mitología, sino, y esta es mi principal inquietud, porque me pregunto qué habrá motivado a Úrsula y Cornelius a erigirle una estatua como divinidad tutelar de su cafetal. Pero no tiene sentido dar vueltas a esta interrogante sin hablar antes un poco de la personalidad de Úrsula Lambert. Hay un libro titulado Úrsula, la singular haitiana del cafetal Angerona, de Berta Martínez Páez (Editorial Boloña 2015),

donde el lector puede encontrar mucha información, pero yo discrepo de su autora en ciertos aspectos. El primero es la afirmación de Páez de que Úrsula fue hija liberta de padres esclavos. Yo pienso que esta mujer nació en una hacienda de Haití, hija de un francés y una esclava negra o también mestiza. Yo tampoco podría asegurar si el procreador francés fue un  noble o solo un plantador o comerciante enriquecido, pero en cualquier caso Úrsula recibió la educación propia de una dama de abolengo. Ella vino a Cuba huyendo de la Revolución de Haití, lo que deja claro que se encontraba  (o ella creía que podría encontrarse) entre las posibles víctimas de los esclavos rebelados, y no era uno de ellos ni alguien a quien hubieran perdonado la vida, lo que definitivamente la ubica como un miembro de la clase dominante, aunque no fuera más que una bastarda. También se dice que era rica, aunque la construcción del cafetal fue costeada por Cornelius y no por ella. En Roble de olor, cuando los amantes se encuentran por primera vez Úrsula es propietaria de una pequeña tienda de tejidos.  Lo que sí es cierto es que cuando se conocieron ella se mantenía con su trabajo. Si poseyó riquezas, probablemente no pudo sacarlas de Haití.

Páez también piensa que Úrsula era iletrada y que no fue el amor la causa principal de que Cornelius la llevara a Angerona, y cito textualmente:

 Ursula pudo haberlo impresionado al principio por su belleza, pero no fue la causa principal…El 1ro. de mayo de 1822 decidió llevarla para el cafetal a ocupar responsabilidades en las tareas de control de algunas áreas y adiestramiento de esclavas: por todo esto y otras ocupaciones cobraba un salario… Más que por pasión e intimidad hubo afecto sincero, admiración, respeto, incondicionalidad, a lo que se sumaron los  negocios, y quizás algo más sagrado entre ambos. Tal vez algún día podremos saber todo eso […] Ursula se ocupaba de adiestrar a jóvenes esclavas como sirvientas, cocineras, lavanderas, costureras, se ocupaba de los niños de las esclavas (el área para los criollitos), se ocupaba de la enfermería, etc. y aunque no sabía leer ni escribir, llegó a tener su propia tienda dentro del cafetal. Allí se abastecían muchos de los esclavos de Angerona.

Cuando Cornelius Sochay se instaló con Úrsula en Angerona ambos llevaban seis años de unión sentimental, luego ella fue anterior a la existencia del cafetal y no apareció allí como una trabajadora más, en calidad de administradora o ama de llaves. Para desempeñar las múltiples funciones que le atribuye Páez era preciso que Úrsula tuviera dominio de la dinámica de una hacienda cafetalera o de una plantación, pues por ciencia infusa no se maneja una dotación que en su momento de mayor esplendor llegó a contar 450 esclavos. Además, a la muerte de Cornelius, ocurrida en La Habana, Úrsula continuó como única propietaria y administradora de Angerona durante largos años, hasta que la familia de Sochay se apareció en Artemisa para reclamarle la propiedad. Me cuesta creer que esta mujer extraordinaria hubiera podido, en un medio adverso como era la sociedad esclavista cubana, arreglárselas ella sola al frente, durante casi una década, de la hacienda cafetalera más rica y suntuosa de Las Antillas. Me cuesta creer que fuera iletrada. Y si me fuera a guiar por la ropa que dejó en la hacienda tras su partida y por la herencia que legó a su mejor amiga, diría que fue una dama de suma elegancia y buen gusto, lo que se aviene más con mi hipótesis de que recibió una educación superior, que en su época implicaba no solo no ser iletrado, sino el conocimiento de más de una lengua. Úrsula debió hablar al menos francés y español, y tal vez llegó a tener rudimentos de alemán.

Si el reverendo Abiel Abbot, quien visitó Angerona y escribió sobre la hacienda, no menciona a Úrsula a pesar de que ella desempeñaba allí un rol tan protagónico, como bien señala Páez, a mí no me sorprende demasiado. He leído algunas crónicas de viajeros ingleses y norteamericanos y aún de la sueca Fredrika Bremer, y siempre me ha llamado la atención la cantidad de matices que escaparon a sus miradas, o ciertas apreciaciones que hicieron basadas en interpretaciones erróneas de lo que vieron durante sus estancias.

En cuanto a que el gran escritor cubano Cirilo Villaverde, creador de la novela inmortal Cecilia Valdés, escribiera en su no menos célebre Excursión a Vueltabajo que Angerona era un templo griego, se debió, desde luego, a la suntuosidad de la hacienda y su decoración interior, capaz de deslumbrar a un afrancesado patricio cubano como él lo fue, pero también a cierta orientación de sus referencias culturales personales, que lo llevaron a tomar a Angerona por una escultura de estilo griego. El estilo lo es o, para ser más exacta,  del período helenístico, pero la diosa no, como ya expliqué. Los alemanes han sido siempre por tradición fanáticos de la cultura griega y helenistas febriles, pero parece que fue Úrsula y no Cornelius quien eligió el nombre del cafetal. Entonces: ¿Por qué Angerona? ¿Se ocultaba allí algún secreto?

Creo que una pareja interracial y no casada de un europeo con una mujer negra no era algo especialmente escandalizante en el mundo de la plantación decimonónica, pues los plantadores franceses que vinieron de Haití mantenían concubinato con sus esclavas, lo mismo que los españoles, los holandeses y los ingleses, pero… en el barracón. Lo novedoso y osado de la relación entre Úrsula y Cornelius es que él compartía su vida con ella y le dio rango de señora y dueña, aunque tal vez nunca intentaran, como en el filme de López, imponer a la sociedad de su tiempo el reconocimiento y aceptación oficial de sus amores. ¿Existió en la realidad el banquete ofrecido en el filme por Sochay a personajes importantes de La Habana y Artemisa, culminado con un concierto de músicos esclavos en el interior de una cueva, o solo se trató de una licencia poética del cineasta? No lo sé, pero de cualquier manera sus amores no eran algo para proclamar como si hubieran sido un matrimonio entre blancos acaudalados refrendado por la moral colonial. ¿Habrá sido ese amor el secreto que se suponía custodiara Angerona, diosa del silencio?

Otra hipótesis: para nadie es un secreto que la Revolución de Haití ha sido una de las más sangrientas de la Historia humana. Los libros más serios escritos en torno a este acontecimiento están plagados de descripciones de asesinatos, mutilaciones, violaciones y torturas de la peor especie, a los que los esclavos sometieron a sus amos y a los esclavos  fieles a estos. La masacre fue indetenible y continuó cuando el general negro Henry Christophe se hizo proclamar emperador; algunos aspectos de aquel episodio los describe el gran escritor cubano Alejo Carpentier en su novela El reino de este mundo; y la sangre siguió corriendo cuando la isla se escindió en dos territorios, Haití y Santo Domingo, esta última una república de mulatos invadida por los haitianos en una guerra en la que los dominicanos perdieron a casi la mitad de su población. Se comprende que quienes huyeron de estas catástrofes llevaran consigo recuerdos de horrores y angustias sin nombre. ¿Era Úrsula una de aquellos prófugos aterrados que, lógicamente, también debió temer la rebelión de los esclavos de Angerona, una de las mayores dotaciones de que se tiene noticia en la historia económica de Cuba? ¿Eligió a aquella diosa para conjurar sus espantos del pasado y los que pudieran estar por venir?

Y aún una tercera hipótesis, a la que me siento tentada de conceder mi mayor apoyo: he encontrado en algún sitio de internet la siguiente descripción de representaciones de Angerona:

En las imágenes hechas en su honor, al igual que en los monumentos y estatuas, es representada con los labios sobre los labios para indicar silencio y sosiego. Además, sobre su cabeza llevaba la “medida de Serapis”, lo cual consistía en un pequeño busto que se utilizaba en la antigüedad romana para medir y pesar los granos, semillas y otros derivados herbáceos. Asimismo, en una de sus manos sostiene la maza de Hércules (Heracles en la mitología griega, héroe a hijo de Zeus), la cual era uno de los atributos más representativos del semidiós para cumplir con sus misiones. Por otro lado, a sus espaldas se pueden divisar unos pétasos, los cuales son una especie de sobreros redondos con borde ancho y llano que los griegos utilizaban para protegerse del sol.

Esta estatua de la diosa se encuentra en el parque del palacio de Schombrunn, Viena, Austria, pero no es igual a la que había en el cafetal cubano. En esta versión no pueden apreciarse los detalles que aparecen en la descripción, porque no es una obra original, sino una reinterpretación de su autor.

No entiendo bien a qué se refiere este párrafo cuando menciona un pequeño busto en la cabeza de Angerona que servía para medir y pesar granos y semillas. Es posible que se trate de una palabra mal traducida, pero las espigas, semillas y hierbas aluden de modo incuestionable a una diosa estacional, es decir, a una deidad de la cosecha, una de las funciones de la Triple Diosa del Paleolítico y el Neolítico en su aspecto de la Madre. Una divinidad de las mieses. ¿Y no era Angerona un lugar de cosecha? ¡Y bien fértil, por cierto! Pienso que cualquiera sea el motivo principal por el que Angerona fue elegida por Úrsula y Cornelio como divinidad tutelar de su hacienda, también estuvo presente la intención de promover la fertilidad de su cafetal y el éxito de su empresa. Pero… había otras diosas en la mitología grecorromana que tipificaban mejor la agricultura, la fertilidad y los frutos de la tierra, como Ceres, por ejemplo, la más emblemática diosa de este tipo de función estacional entre las deidades de Occidente. Y muchísimo más conocida que Angerona. ¿Entonces…? El enigma sigue en pie.

No he escrito este trabajo para imponer mi criterio ni para refutar el de otros mejor informados que yo, pero cuestionar es uno de mis grandes vicios. Es posible que esta indagación en torno a Angerona no interese a mucha gente, pero estoy segura de que será bienvenida por aquellas personas, aunque sean pocas, a las que les gusta reflexionar, un don concedido a la raza humana y poco usado por esta.

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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10 respuestas a EL CAFETAL ANGERONA: ¿AMORES PROHIBIDOS, MIEDO A LA MUERTE O UN CULTO A LA FERTILIDAD?

  1. Lizzyocean dijo:

    Estupendo!! En el Archivo estaban todos los documentos del Cafetal.Muy bueno el articulo!!!

    • Gina Picart dijo:

      Te envidio cariñosamente porque tú si has estado allí. Yo no he podido ir jamás, y vaya que me gustaría tanto, debe ser unlugar lleno de fantasmas. Uy, con lo que me gustan los fantasmas!!!!!

  2. JORGE PEREZ dijo:

    magniifica esta historia,muy interesante,me encanta como GINA maneja su criterio desde otros puntos de vista,te hace pensar,tengo una duda el cafetal angerona es el que esta en la misma finca de la casa de polo montanez o es a la salida de artemisa,se que fui pero no me ubico

    • Gina Picart dijo:

      Yo no he estado en Angerona, para mi desgracia, pues lo deseo muchísimo, pero no es en la casa de Polo. Angerona está en ruinas y no creo que se divise desde la carretera. Una vez que fui a Viñales sí me mostraron la casa de Polo, y recuerdo que estaba a la orilla de una laguna o algo así. Pinar es uno de los lugares más hermosos de Cuba, toda Pinar, es tan agreste… Gracias por tus lindas palabras

  3. pedro delgado cavilla dijo:

    ¡Feliz 2019,Gina!

  4. heilen dijo:

    encantador trabajo, como siempre un placer leerla.

    • Gina Picart dijo:

      Eres un miembro atípico en este demasiado uniforme conglomerado social donde reina, como dijo el actor Luis Alberto García en su magnífico post Sima funk, la estulticia con guadaña. Gracias por tu gentileza para con mis escritos y conserva esa sensibilidad que tienes, no dejes que nada te la arrebate, rebaje o marchite.

      • Gina Picart dijo:

        Los matanceros como siempre: atenienses. Si no fuera por todo lo que agobia mi vida cambiaría mi casa por una allí.O en Villa Clara, o en Camaguey. ¿Todavía quedará algún lugar en Cuba donde se pueda estar en silencio…?

      • heilen dijo:

        Muchas gracias por todo.
        Ese post de luis alberto garcía me dejó pensando.Escribir algo así después de pasar por esa situación…una mezcla de humor, seriedad e impotencia.
        Creo que si, que quedan lugares para estar en silencio.Este fin de año me fui a mi casa, porque aunque hace bastante que vivo aquí en La Habana, mi casa sigue siendo la del campo, la de Matanzas.Le pude enseñar a mi hijito las estrellas por primera vez, como la luz de la ciudad alumbra más, el creía que en el cielo nocturno solo estaba la luna.Se puso muy contento con el descubrimiento.Allá además de oscuridad , hay mucho silencio.Es uno de los pocos lugares en que me siento en paz.

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