BRITANNIA, LA HISTORIA MARAVILLOSA EN HBO

El druida Veran

Es una pena que la serie Britannia, grabada en Praga y Gales y aún no trasmitida por la televisión cubana, tenga hasta ahora una sola temporada. Lo digo porque salvo en los dos tomos de Las colinas huecas y La cueva de cristal, de la escritora inglesa Mary Stuart  —novela publicada en Cuba en la colección Huracán cuando el hombre se hizo gigante y jamás reeditada—, nunca he visto en ningún libro, revista, filme o cualquier clase de material audiovisual mejor representada la cultura de los celtas británicos precristianos. Y gracias, pues al menos esa la conocimos los cubanos que leímos las novelas de Stuart, porque la cultura del resto de las naciones celtas nos es absolutamente desconocida*, lo que es un crimen de lesa culturidad, porque los antiguos irlandeses fueron uno de los complejos culturales más extraños, complejos y apasionantes de la historia de la humanidad, amén de uno de los más antiguos. Y porque los cubanos mismos tenemos sangre celta a través de la inmigración que recibimos de Galicia. Estamos ignorando nuestras raíces celtas en favor de nuestras raíces africanas.

Pero volviendo a Britannia, se trata de una serie de la cadena HBO, conocida por la extraordinaria calidad de sus productos. Así la presenta Wikipedia:

Es una serie de televisión británico-americana del género fantasía histórica​ escrita por Jez Butterworth. La serie de nueve partes es la primera coproducción entre Sky y Amazon Prime Video, y es protagonizada por las estrellas Kelly Reilly, David Morrissey, Zoë Wanamaker, Liana Cornell y Stanley Weber. ​ Se emitió en Sky Atlantic en el Reino Unido (los 9 episodios disponibles en Sky On Demand en el Reino Unido desde el 18 de enero de 2018) y en Amazon Prime Video en los Estados Unidos (el streaming comenzó el 26 de enero de 2018). En España, se estrenó el 19 de enero de 2018 en HBO. En Latinoamérica, el 6 de mayo de 2018 en Fox Premium Series.

Ambientada en en el año 43 A.D., la serie se desarrolla durante la conquista romana de Gran Bretaña – “una tierra misteriosa gobernada por mujeres guerreras salvajes y druidas poderosos que pueden canalizar las poderosas fuerzas del inframundo.” Las rivales celtas Kerra y Antedia deben trabajar juntas para combatir la invasión romana liderada por Aulo Plaucio.

Acabada de salir del horno, como se dice. Sin embargo,  no estoy de acuerdo en que sea una serie de fantasía histórica. Histórica sí, fantástica NO, rotundamente no. Tiene personajes de ficción y otros no lo son, y las dos tribus britanas cuya rivalidad es explotada por los romanos existieron. Si me pusiera a enumerar aquí todas las tribus que se encontraron los romanos en Britania no acabaría ni en un día escribiendo. Y es muy cierto que en aquella sociedad celta las mujeres llevaban la batuta y reinaban con frecuencia sobre sus tribus y sobre las del esposo que hubieran elegido, en caso de muerte de este. También es cierto que los druidas gobernaban a reyes y reinas, pues ni el rey más poderoso se hubiera atrevido a desafiar sus sentencias ni sus órdenes. Los druidas eran un sacerdocio todopoderoso, como les tocó comprobar a los romanos y no solo al general Aulo Plaucio.

El elenco de Britannia es bueno. Los dos grandes personajes enfrentados no son, como han creído algunos espectadores, Aulo Plaucio el romano, interpretado por el actor británico David Morrissey, y la reina Kerra de la tribu de los cantii, interpretada por Kelly Reilly, sino el General romano y el Archidruida Veran, papel a cargo del también inglés Mackenzie Crook , quien increíblemente es un actor cómico, pero aquí actúa de un modo tan magistral que deviene una interpretación memorable por su extrema —y siniestra— naturalidad.

Puedo garantizar a los espectadores cubanos  que estén interesados en la cultura celta que la reconstrucción de época lograda en esta serie , así como la puesta en escena de los festivales religiosos de los britanos, sus costumbres, su vestuario, su armamento, sus técnicas de combate y sus rituales funerarios son fieles a la historia casi en un absoluto por ciento, y cuando menciono la historia, en este caso me refiero a lo poco que se conoce de aquella cultura, que no dejó muchos testimonios de sí misma. Aunque hermosa, la civilización celta, mucho mejor conocida por los testimonios que dejó en Irlanda, fue extremadamente cruda y cruel, aún allí, donde alcanzó su mayor esplendor antes del siglo V. La serie ha sido fiel a ese espíritu y los espectadores deben estar preparados para escenas de fuerte impacto emocional.

HBO no necesita detenerse en esta primera temporada, pues la historia de la conquista romana de Britania está muy lejos de terminar en esos primeros diez capítulos, ya que la insignificante niña que aparece en esta temporada protegida por una de las reinas britanas y los druidas pudiera no ser otra que la reina Boudica o Boadicea, la mujer que logró unir a todas las tribus de Britania y levantarlas contra Roma en una hazaña guerrera que estuvo a punto de darle la victoria sobre el mayor imperio hasta entonces conocido por la Historia. Pero antes de continuar este comentario se hace necesario explicar muy por encima, pues en este espacio no puedo aspirar a más, qué era Britania  antes de Roma y las características de las gentes que la habitaban.

ANTES DE LA SERIE

Britania era, al menos en el siglo IV a.n.e. cuando la exploró el geógrafo griego Pitias, la misma isla que es ahora, pero tan separada del continente y con un clima tan frío y brumoso que parecía envuelta en un halo de inquietante misterio, algo como el Otro Mundo de los mismos celtas o esos territorios mágicos de que hablaban los marinos, al extremo de que los historiadores griegos tildaron  a Pitias de mentiroso y durante mucho tiempo su hallazgo fue tomado por una invención. El mundo celta comprendía entonces Britania, ocupada por un gran número de tribus bretonas; el país de Gales;  Escocia, habitada por los salvajes pictos; las islas, entre ellas la de Man; Irlanda; el norte y oeste de Hispania, la actual España (Asturias y la región galaico-portuguesa), y Galia, situada en territorio continental, que abarcaba más o menos el territorio actual de Francia — la Bretaña incluida (llamada entonces Armórica o Bretaña armoricana)— y una parte de Alemania.

Fue por Galia que comenzó la penetración de Roma en el mundo puramente celta, pues los celtas de Hispania eran una mezcla de tribus celtas con tribus iberas. Julio César no fue el primero en poner sobre la tierra gala su bota de legionario, pero fue el vencedor de los galos, cuyas tribus, unidas bajo el mando del príncipe Vercingetórix, se le enfrentaron en una guerra larga y cruenta. César venció a Vercingetórix y lo llevó prisionero a Roma, donde fue asesinado. César fue nombrado por el Senado romano gobernador proconsular de las provincias galas.

Mientras, Britania, envuelta en sus brumas y separada de la tierra continental por un estrecho brazo de mar que hoy se conoce como Paso de Calais, vivía su Edad del Hierro inmersa en guerras intestinas. No le faltaron al ambicioso César pretextos reales e imaginarios para solicitar del Senado romano autorización para una invasión a la isla. Al final del verano del año 55 a.C reunió una

Julio César

flota de 80 barcos, probablemente trirremes, que transportaron a las legiones VII y X, y un número desconocido de barcos de guerra. Llevaba además 18 embarcaciones para transportar la caballería, que finalmente quedó atrás. Su primer intento de desembarcar en las costas isleñas fue frenado por la acometida de los guerreros britanos, armados con largas jabalinas y posicionados en los riscos cercanos. Los britanos, además, se presentaron montando carros de combate fuertemente armados, mientras que César solo llevaba infantería ligera y catapultas montadas en los navíos de guerra, que resultaban demasiado pesados para maniobrar en aquellas aguas poco profundas. César consiguió tomar una cabeza de playa y se sucedieron varios combates en que los britanos no llevaron la parte mejor, pero una tormenta dañó severamente la flota romana y se acercaba ya el invierno. Decepcionado, además, porque en la isla no había metales preciosos, César y su ejército se volvieron atrás. Pero César necesitaba coronarse de lauros y ninguno mejor que sus victorias militares, así que en el verano del 54  regresó a Britania al frente de una asegunda expedición . Esta vez había mejorado la tecnología de sus 800 naves y traía consigo cinco legiones.

Su primer encuentro con los britanos le dio la victoria, pero una vez más una tormenta infligió a su flota daños considerables. César informó al Senado la pérdida de 40 naves. Tras un combate con el rey britano Catuvelaunos, señor de la guerra al norte del Támesis, algunas tribus britanas entre las que se contaban los trinobantes, la más poderosa, y también los icenios, se aliaron con César y le suministraron provisiones e información valiosa. César hizo muchas observaciones de gran importancia estratégica sobre el clima, el territorio, su gente y sus costumbres. Consideró bárbaros a los britanos, casi salvajes (no llegó a conocer a los pictos), y documentó cómo se dejaban los cabellos muy largos pero se afeitaban el cuerpo y se pintaban con glasto, un material que produce una pasta color verde oscuro con la que se embadurnaban todas las partes del cuerpo que no cubriera la ropa, y además llevaban tatuajes. Es fácil comprender que para los civilizados romanos el aspecto de aquellos seres debía resultar cuando menos inquietante.

También describió los carros britanos de combate y las técnicas que sus aurigas empleaban para manejarlos:

Primero avanzan por todas partes disparando dardos, y con el mismo terror que infunden a sus caballos y con el estrépito de las ruedas suelen desordenar las filas, y, una vez que se introducen entre los escuadrones de los jinetes, saltan de los carros y combaten a pie. Mientras tanto, los aurigas van retirándose poco a poco de la batalla y sitúan los carros de tal modo que, si aquellos se ven apremiados por la multitud de los enemigos, tienen libre la retirada hacia los suyos. De esta manera unen en la batalla la rapidez de los jinetes con la firmeza de los infantes, y es tal la destreza que les da el continuo ejercicio que, aún en los parajes con pendientes y escabrosos, hacen parar a los caballos lanzados al galope, los refrenan en seguida y les hacen dar la vuelta, estando ellos acostumbrados a correr por el timón, a mantenerse en pie sobre el yugo y a volver de allí rápidamente a los carros.

Carro de combate galo

Estructura básica de un carro de combate celta

También anotó sus observaciones sobre la religión de los britanos, en la cual distinguió una casta sacerdotal, los druidas, pero sus escritos solo arrojan una imagen muy superficial de ellos, tal vez porque en este segundo viaje  tampoco se quedó mucho tiempo en la isla y se mantuvo siempre cerca de las costas y las márgenes de los ríos, sin penetrar al interior. Parece que su intención era la de hacer aliados y recopilar información para una tercera invasión, que nunca se produjo porque él fue asesinado en el Senado romano.

Los druidas eran un colegio sacerdotal de origen indoeuropeo, con una rigurosa estructura jerárquica a la manera de los sacerdocios de Amón en Egipto y los mismos colegios sacerdotales de Roma. Todos los aspirantes eran admitidos a la enseñanza, incluidas las mujeres, aunque para alcanzar los grados superiores de un estudio que se prolongaba 12 años tenían prioridad los hijos de los nobles y de los propios druidas. El aprendizaje se dividía en bloques. Quienes vencieran el primer bloque se convertían en filid o poetas (llamados bardos en Gales), y debían ser capaces de recitar de memoria más de 300 poemas y cantos rituales y guerreros. El siguiente bloque graduaba médicos. El próximo bloque graduaba legisladores, y el último graduaba magos capaces de dominar el agua, el fuego, la lluvia y el viento, de provocar nevadas, ventiscas, granizo, inundaciones y toda clase de fenómenos naturales. También dominaban la hipnosis, en la que basaban muchas de sus manipulaciones, eran expertos herbolarios, maestros  en toxicología y hechiceros muy eficaces. En la serie hay varios ejemplos de eso, pero me gustaría mencionar uno solo: la escena en que se cruzan en un camino las carretas en que viajan, en una Aulo y Lucio, su segundo al mando, y en otra el druida Veran, y este lanza con disimulo a tierra una especie de muñeco de paja que Lucio recoge y examina con curiosidad, se lo guarda y esa misma noche enloquece e intenta asesinar a Plaucio. Para quienes no conozcan la cultura celta ni a los druidas, aclaro que el muñequito de paja no es un juguete inofensivo, sino un hechizo que los druidas llamaban “el mechón del loco”, y al ser arrojado por ellos provocaba en la víctima un estado psicótico que duraría el tiempo que el druida le hubiera programado al sortilegio, a veces para siempre, como narra el canto  llamado La locura del rey Suibne Geilt. También podían provocar enfermedades y hasta la muerte con canciones que componían en forma de maldiciones, llamadas deprecaciones. Un inventario de todos sus poderes, habilidades y conocimientos me resulta aquí imposible de consignar. Tenían a su cargo la instrucción de la juventud. San Patricio, introductor del cristianismo en Irlanda, y más tarde San Columba, que lo hizo en Escocia y de quien se dice fue un druida renegado, se encargaron de hacer copiar a sus monjes las leyendas, himnos, poemas, mitos y todo el material oral que produjo esta extraordinaria cultura que no era ágrafa, como generalmente se da por sentado, pues disponía de un alfabeto que manejaban las castas superiores de su organización social, conocido como Beth-Luis-Nion, los nombres de sus tres más importantes árboles. Gracias a esta minuciosa labor de conservación ha podido salvarse un tesoro de inestimable valor, del que ha partido lo que hoy conocemos como revival celta, Enya y River Dance incluidos.

EN LA SERIE

Aulo Plaucio, el General romano que protagoniza esta primera temporada de Britannia, fue un personaje real, un político y militar romano de ascendencia etrusca que hizo su carrera entre los reinados de los emperadores Tiberio y Claudio. Tiberio, como César y Augusto, los dos primeros Césares o emperadores de Roma, había sido un gran guerrero que amplió las fronteras del imperio y a nadie le importaba la vida licenciosa y estrafalariamente homosexual que llevaba en la isla de Capri, donde había fijado su residencia. Claudio era todo lo contrario: tullido de nacimiento, muy feo, objeto de burla y desprecio en la Corte, estudioso de la Historia y los filósofos, no estaba en la línea de sucesión, sino su hermano Germánico, otro gran jefe militar asesinado en plena juventud por Calígula, quien lo suplantó en el afecto de Tiberio para heredar el imperio. El reinado de Calígula fue caótico, sangriento y empobreció a Roma, por lo que Claudio, último de su estirpe, debió compensar su debilidad física con campañas militares victoriosas, y decidió retomar lo que él llamaba “el asunto de Britania”. El mando de esta segunda expedición le fue encomendado a Aulo Plaucio, quien se hizo a la mar en el año 43 a.C con cuatro legiones y 20 000 auxiliares extranjeros. Su misión era apoyar a los jefes britanos aliados de Roma contra los jefes rebeldes de la isla que no habían querido plegarse al poder imperial.

Lo que se cuenta en la serie sobre el cuasi motín a que llegaron las aterrorizadas legiones  de Plaucio antes de zarpar de las Galias rumbo a Britania es históricamente cierto. Era verdad admitida entre los legionarios romanos que la isla estaba poblada por demonios y seres aterradores, y muchos desertaban para no tener que viajar hacia allí. El ejército de Plaucio literalmente se moría de miedo.

Antes de continuar hay que destacar un hecho genuinamente histórico: aunque en Irlanda habían reinos y reyes poderosos como Conchobar Mac Ness, rey de reyes en el Ulster, los celtas no conocían el concepto de nación, para ellos la patria era el territorio donde moraba la tribu y estaban las tumbas de sus ancestros. Eran una sociedad tribal y cada tribu tenía su propio rey. La desunión reinaba entre ellas y las disputas tenían como causa por lo general pugnas territoriales, robos de ganado, saqueos, venganzas, etc. Las tribus britanas eran tantas que difícilmente alguien pueda recitar de memoria sus nombres sin saltarse algunas.

Estas no son todas las tribus que Cesar encontró a su llegada a Britania

Y no había en Britania nada parecido a un rey de reyes. Había, sí, tribus más poderosas y como es natural tenían más aliados, pero no había unidad, y a la menor diferencia se iban a la guerra unas tribus contra otras, y así vivían en constantes luchas internas. Plaucio, militar y hombre astuto, puso en práctica el gran principio de la estrategia romana: “Divide y vencerás”. Enfrentó a una tribus contra otras, entabló falsas alianzas, mintió, engañó y finalmente logró apoderarse de algunas fortalezas reales y poner bajo su dominio una parte de la isla, pero no pudo ir más lejos porque los druidas jamás se plegaron a Roma. Plaucio fue gobernador de la provincia de Britania hasta el año 47. Su primer año en Britania es el período que abarca la historia narrada en la serie. En esta primera temporada se presenta a la pequeña niña hija de un padre ciego, protegida por la reina Kerra de los cantii y por el druida Divis, y si mi suposición es cierta estaríamos viendo la infancia de la reina Boudica, icono de la libertad y la independencia aún entre los ingleses de hoy.

Nikolaj Lie Kaas como Divis, el druida paria

Quisiera decir algunas palabras sobre este personaje tan interesante, el druida Divis. En la serie se dice que es un paria expulsado de la comunidad de los druidas por alguna transgresión relacionada con las drogas y su vínculo con un cierto demonio, Pwyka, que en ocasiones lo poseía, y se le muestra haciendo cosas raras todo el tiempo lo mismo a los romanos que a los britanos. Los druidas empleaban plantas alucinógenas en sus prácticas y rituales, como todos los sacerdocios de la antigüedad. Tenían gran conocimiento de la flora y la fauna, pero no se drogaban porque fueran unos viciosos: las plantas alucinógenas eran para ellos uno de los modos de comunicase con sus dioses y explorar las dimensiones del tiempo. En la cultura de los pueblos celtas existía la expulsión, la separación de la tribu, el ostracismo, y se aplicaba a quienes violaban las reglas establecidas por los druidas para la vida en comunidad, como por ejemplo al matar y no pagar el valor del muerto a la familia de este, pero las causas de expulsión eran muchas. Entre los druidas, hechiceros temibles, había, sin embargo, límites para la magia, y quien  los transgredía era expulsado de la comunidad druídica. Pero no me pareció que ese fuera el caso de Divis. No todos los organismos tienen la misma resistencia ante las drogas, y lo mismo  hay a quienes una Benadrilina solo les provoca una ligera somnolencia y a quienes los pone a dormir un día entero. Divis pudo pasarse en el consumo de alguna planta alucinógena de las usadas por los druidas, pero lo habría hecho buscando comunicación con sus dioses, sabiduría, conocimiento, expansión de conciencia, un viaje al inframundo, nunca por vicio. No podemos mirar el mundo celta con nuestros ojos modernos. Las secuencias de visión desenfocada o doble visión que en la serie intentan dar una idea de los estados alterados de conciencia que experimenta Divis no deben hacernos creer que estamos en presencia de un drogadicto de nuestros días, aunque ambos experimenten similares efectos, porque en el personaje hay una búsqueda espiritual  que no tiene paralelo en nuestro tiempo. Divis está poseído por  energías oscuras que le confieren poderes físicos paranormales. Para los celtas de la época, que no conocían los alcaloides, esas energías eran el espíritu mismo de la planta. La interpretación del fenómeno  cambia con la época. Y hay también otro aspecto de ciertas drogas: mucho tiempo después de haber sido ingeridas, incluso de haber renunciado la persona a su consumo, puede seguir experimentando sus efectos en forma de ramalazos de visiones o trances que duran segundos, como bien pueden atestiguar quienes hayan comido el hongo philocybes. A pesar de todo esto, el demonio Pwyka me sale sobrando. En mis estudios sobre los celtas precristianos de Irlanda no he podido constatar que creyeran en demonios.Sus ideas sobre los seres no humanos eran mucho más complejas.

El antagonista de Aulo Plaucio en la serie es el druida Veran, jefe supremo de todos los colegios druídicos de Britania. No tengo conocimiento de si Veran fue un personaje  real, pero eso no es importante, porque un archidruida hubiera sido exactamente como aparece concebido en la serie. La interpretación del actor es sencillamente magistral, uno de esos papeles que uno se pregunta cómo no han ido a parar a las nominaciones al Oscar. Los druidas eran todopoderosos y nadie podía oponerse a sus designios. Por eso Veran puede decidir que sea el anciano rey de los cantii y no su hija, la princesa Kerra, quien debe morir. Para un britano de aquella época y para cualquier celta hubiera sido perfectamente normal que los druidas conocieran que la niña a la que cuida Divis estaba designada para ser la salvadora de los britanos contra Roma. Lo anormal sería que los druidas no lo hubieran sabido, puesto que dominaban el arte de la profesía. Aquella era una sociedad regida por el pensamiento mágico, y enfrentarse a la serie con el pensamiento racional de un espectador del siglo XXI es incorrecto.

La estructura que en la serie recibe el nombre de Palacio de Ámbar y, supuestamente, funcionaba como cementerio de los cantii, es la reconstrucción exacta de un templo circular inspirada en el famosísimo Stonehenge, observatorio astronómico a la vez que lugar de enterramiento de reyes y centro de culto. Se encuentran en todas las tierras celtas  muchos de estos círculos de piedra compuestos por una sucesión circular de dólmenes, y un dato curioso es que, aunque hasta en fecha reciente se pensaba que fueron construidos por los druidas, hoy se sabe con certeza que fueron levantados milenios antes, aunque la identidad de sus constructores continúa siendo un misterio. No es cierto que los druidas no los utilizara, como he leído por ahí en algunas críticas sobre Britannia muy desconocedoras del mundo celta. Todo lo contrario, celebraban allí muchos de sus rituales, y los usaban también como observatorios celestes y como lugares sagrados de enterramiento.

Para mí —y ojalá que para HBO— esta primera temporada de Britannia sea la antesala de lo que podría resultar la parte más jugosa de la historia: la saga de la reina Boudica, la Victoriosa.

DESPUÉS DE LA SERIE

Según algunos estudiosos Boudica fue la reina de los icenios, y su esposo Prasutago el rey de los trinobantes, y según otros, ambos pertenecieron a la nobleza icenia, una de las primeras en aliarse a Roma durante la segunda expedición de Julio César. En las tierras celtas las mujeres, tanto del pueblo como de la aristocracia, gozaban de igualdad de derechos con  los hombres: podían reinar, heredar, divorciarse, ir a la guerra, tener varios maridos y eran las dueñas absolutas de sus hijos, aún cuando no supieran a ciencia cierta quién los había engendrado. Pero en las leyes romanas la cuestión de los derechos de la mujer prácticamente no existía, las romanas pertenecían a su gens o familia y luego a la de sus esposos, y nada más. Las matronas romanas se las arreglaban para tener amantes, viajar sin sus esposos y poco más, pero quedaban muy por debajo de las mujeres celtas en cuanto a libertades. Prasutago murió dejando a Boudica viuda con dos pequeñas hijas, y para desgracia de aquella familia, como había vivido pidiendo dinero a los romanos falleció muy endeudado. Los romanos se presentaron a cobrar, y como no reconocieron los derechos al trono de Boudica ni los de sus hijas consideraron que Prasutago no tenía línea de sucesión, por lo que, siguiendo una costumbre romana de aquellos tiempos, nombraron al emperador Claudio coheredero de los bienes de Prasutago y de inmediato comenzaron a repartírselos, esclavizando a los nobles, robando el ganado y ocupando el fuerte real. Boudica protestó o intentó hacerlo, pero los romanos le propinaron una golpiza y, para quebrarla, violaron ante sus ojos a sus dos hijas.

Representación ideal de Boudica con motivos celtas

Cuenta la leyenda que Boudica poseía un físico imponente, en mi opinión más vikingo que celta: era de muy elevada estatura, cuerpo estatuario, piel muy blanca, una larga y rebelde cabellera roja, ojos azules, voz áspera y un temperamento fogoso y violento. Vestía una túnica de colores arrollada al cuerpo y se adornaba con un torques de oro, entre los celtas símbolo de nobleza. Además, había sido adiestrada en el manejo de las armas, conducía con singular destreza un carro de combate y solía llevar una lanza. Su odio hacia Roma debió darle una fuerza casi sobrehumana. Así que la noche en que se presentó ante los enviados de las tribus britanas seguramente apareció ante ellos investida de una aureola semidivina, porque logró lo que hasta entonces nadie había podido hacer: las unió, y todos la aclamaron como a su líder.

Mientras esta asamblea tenía lugar, el general romano Cayo Suetonius Paulinus, andaba muy ocupado invadiendo la isla de Anglesey, también llamada Mona, santuario principal de los druidas de todas la tierras celtas, y a donde acudían de todas partes  los aspirantes a ese sacerdocio. Hay una narración terrible, no recuerdo ahora si debida a  Tácito o a Dión Casio, sobre la noche en que las tropas de Suetonius cruzaron el brazo el mar que separa Anglesey de Britania y cayeron por sorpresa sobre los druidas y sus discípulos, quienes vivían allí con sus familias. No tengo ante mí el texto, así que la reconstruiré de memoria. Los legionarios cruzaron el mar en barcazas de fondo plano, pues el lecho marino no era profundo. Los druidas no los esperaban pero tenían algún sistema de vigilancia, porque los vieron llegar y dieron el aviso haciendo sonar los carnix, instrumentos semejantes a las largas trompetas usadas por los sacerdotes hebreos, cuyo sonido se ha dicho que puede paralizar de terror a un hombre, hacerle estallar sus tímpanos y quebrar muros de piedra. Los romanos comenzaron a desembarcar, pero ya los druidas bajaban corriendo por las laderas portando antorchas encendidas, gritando conjuros y haciendo un ruido infernal, mas no fueron ellos, sino las druidesas quienes asustaron de muerte a los romanos: vestidas de negro, las caras pintadas de un blanco espectral y chillando de un modo sobrenatural, les recordaban a las diosas de la muerte. La noche con su tenebrosa oscuridad, el humo de las hogueras alimentadas por los druidas con plantas alucinógenas, los gritos, alaridos y conjuros, las llamas que subían al cielo iluminando perfiles y siluetas irreconocibles, aterraron de tal modo a los legionarios que estos quedaron paralizados y no podían mover las piernas, enterradas en el lodo de la orilla. Suetonio tuvo que azotar a los más cercanos para sacarlos de aquel estado. La batalla fue campal. Los druidas, muy inferiores en número a sus atacantes, combatían armados, pues su sacerdocio les permitía llevar y usar armas, pero no poseían la disciplina ni el armamento de los romanos y además, tenían detrás a sus familias y a los discípulos más jóvenes, niños de 12 años aún no aptos para la guerra. La legión romana era en aquella época el ejército mejor armado, mejor organizado y con más modernas tácticas de combate. Fue una masacre y los druidas no tuvieron oportunidad. Tras el impacto del primer momento perdieron toda ventaja sobre los invasores  y probablemente ninguno sobrevivió. Como dije antes, lo que se sabe de aquella noche fue contado por historiadores romanos.

Boudica aprovechó la lejanía de Suetonius y el grueso de su ejército,  y se lanzó al frente de 10 000 guerreros feroces contra las principales ciudades britanas, convertidas ahora en guarniciones militares de las legiones romanas. Camulodunum, Londinium y Verulamiun quedaron reducidas a cenizas, el templo que los romanos habían levantado a Claudio fue destruido y decapitada la estatua del emperador —los arqueólogos han encontrado vestigios de estos incendios, pero antes de quemarlas Boudica pasó a cuchillo a los  ocupantes romanos y sus aliados britanos  Ni mujeres ni niños fueron perdonados. A las damas romanas las hizo desnudar, las entregó a sus guerreros para que fueran violadas y luego las crucificó cabeza abajo y les cortó los senos; a los hombres los empaló; a los niños los destripó delante de sus madres, y a los funcionarios los torturó y finalmente los crucificó. Se calcula que en las tres ciudades fueron asesinadas 70 000 personas.

Representación ideal de Boudica donde pueden apreciarse motivos celtas pintados con glasto sobre la piel

Fueron acciones suicidas, pues Boudicca sabía que no podría contrarrestar la venganza de los romanos. Antes de poder alcanzar la próxima guarnición romana en su agenda de destrucción se enfrentó con las legiones de Suetonio, venidas a la carrera de Anglesey, en una llanura ondulada llamada  Watling Street. El ejército de Boudica superaba a los romanos en proporción de 5 a 1, pero estaba formado por guerreros cuyas edades iban desde la ancianidad a la más tierna infancia, su armamento era muy heterogéneo y carecían de una táctica de combate que pudiera resistir a las bien organizadas legiones de sus enemigos; además, tenían detrás toda la impedimenta formada por sus carros se combate y sus familias. Nadie sabe con certeza las cifras de las bajas celtas, pero se dice que aquella noche murieron 8 000 britanos en el combate y 40 000 aplastados en la huída. Los romanos masacraron al resto, incluidas mujeres encintas y niños pequeños, y solo tuvieron 400 bajas.

Cuenta la leyenda que Boudica escapó del campo de batalla en su carro de combate, en el que iban también sus dos hijas, y sabiendo cuál sería su final si caían en manos de Suetonius, prefirió, como Cleopatra ante Augusto, darse muerte por su propia mano, y las tres bebieron un veneno letal. Sus cuerpos jamás fueron hallados.

Tras esta detallada narración que he hecho para que los lectores puedan conocer lo sucedido antes del comienzo de los acontecimientos narrados en Britannia, y lo que nos perderíamos si la serie se queda en esta primera temporada, solo me faltaría repetir que la historia de la conquista romana de Britania regala a HBO la posibilidad de dos o tres temporadas más, y si la productora logra mantener los estándares de calidad que ha demostrado en esta, podríamos tener una serie de la misma suprema factura estética que Juego de Tronos aunque, desde luego, salvando las distancias, pues Britannia está concebida como un espectáculo anecdótico, mientras que Juego de tronos es un producto altamente conceptual y con un diseño de personajes muchísimo más profundo.


*La cultura gallega que conocemos los cubanos, la música del grupo Milladoiro, los bailes de nuestras sociedades, etc., no es la cultura celta que existía en las tierras celtíberas antes de la llegada de los romanos.  De aquellos tiempos se conoce lo que narraron los historiadores romanos y los testimonios arqueológicos que han llegado a nuestros días, pero no puede decirse que sea mucho. Probablemente conocemos mejor a los egipcios. Eso no quita ningún valor al hecho de que la muy numerosa inmigración gallega que recibió Cuba desde los tiempos de la Colonia hasta 1959 supera en número a la inmigración forzosa que provocó la esclavitud.  Las cifras de población que existen hoy en Cuba nunca fueron, en lo que a número se refiere, lo que son hoy, porque las autoridades coloniales y más tarde republicanas siempre procuraron mantener la superioridad del lado de la población blanca. Los cubanos tenemos muy fuertes genes celtas, y es algo que no deberíamos olvidar con tanta ligereza como solemos hacer.

 

 

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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4 respuestas a BRITANNIA, LA HISTORIA MARAVILLOSA EN HBO

  1. ¿Que mas nos puedes explicar?, ha sido maravilloso encontrar mas informacion sobre este tema.

    Saludos

  2. Yo no estoy convencido con lo aqui escrito, pienso sinceramente que hay muchos elementos que no han podido ser tenidos en cuenta. Pero valoro mucho vuestra opinion, es un buena web.
    Saludos

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