DE CAROTAS A CARITAS, DIEZ MILENIOS DE BELLEZA

Tal vez muchas personas que tienen montadas o torcidas algunas de sus piezas dentales se pregunten a qué se debe este molesto problema llamado apiñamiento, que obliga a usar esos feos aparatos correctores de metal, los impopulares “alambritos”. Habrá quien piense que es un mal hereditario pues alguno de sus abuelos o abuelas también lo padecieron, pero la inmensa mayoría tendrá que conformarse con cualquier explicación que les ofrezca el odontólogo, y nunca les pasaría por la mente la verdadera causa: la cabeza de la especie humana lleva milenios reduciendo su tamaño, y hoy es bastante más pequeña que hace 10 000 años, por lo que las piezas de nuestra dentadura disponen ahora de mucho menos espacio para posicionarse que en fecha tan remota.

Reconstrucción del cráneo de un hombre neandertal

Quién diría que la reducción de cabezas, que aún hoy practican algunas tribus en muy atrasados estadios de desarrollo y dura semanas o meses para poder considerarlo un procedimiento terminado, la Naturaleza ha demorado tantísimo para conseguirlo. Y sin embargo, así es. Ha triunfado la tendencia milenaria a producir cráneos humanos cada vez más redondeados y con mandíbulas más pequeñas. ¿Por qué? Pues al parecer esta interesante mutación tiene por causa fundamental el cambio de dieta ocurrido cuando la humanidad pasó de ser nómada cazadora a agrícola sedentaria. Al no necesitar la trituración de huesos de animales para poder alimentarse, los huesos, músculos y dientes del hombre tampoco necesitaron ser tan grandes y robustos. Sin duda existe una enorme diferencia entre tener que descarnar a dentelladas el muslo de un buey y masticar tubérculos y vegetales.

Justamente este cambio dietario y la posibilidad de cocción de los alimentos comenzó hace 10 milenios aproximadamente. En la misteriosa Göbekli Tepe, ciudad de Turquía considerada hasta hoy la más antigua del mundo (12 mil años), los arqueólogos han encontrado restos humanos que muestran que los cráneos de sus habitantes habían empezado ya a encogerse comparados con los de sus contemporáneos de zonas cercanas, que no habían adoptado hábitos sedentarios.

Cráneo neolítico reconstruido perteneciente a una joven griega de 18 años hallada en Tesalia.

Perfil del mismo rostro donde puede apreciarse el gran tamaño del mentón

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Camila, duquesa de Cornualles

Según Clark Spencer Larsen, profesor de antropología en la Universidadde Ohio, EEUU.,  “muchos hombres de esa época tendrían cráneo de Arnold Schwarzenegger, mientras la cara de las mujeres recordaría a Camilla, Duquesa de Cornualles. Por el contrario, Tony Blair y George Bush hijo, son buenos ejemplos de formas más delicadas y modernas”.

Mediciones realizadas por antropólogos de la Universidad de Emory en Atlanta (EEUU), en habitantes de Nubia, en Egipto y Sudán, confirman que la parte alta del cráneo ha crecido más y de manera más redondeada, tendencia similar encontrada en restos humanos de otras partes del mundo, mientras la mandíbula se ha acortado.

Al parecer, el rostro de la especie humana se ha estado encogiendo entre un uno y un dos por ciento cada 1.000 años, También nuestros dientes son cada vez más pequeños y disminuyen en número. Hace diez milenios a todo el mundo le crecían las muelas del juicio o cordales, pero hoy la mitad de la población mundial carece de ellos. También los incisivos laterales se hacen cada vez más pequeños.

 Sin embargo, el cambio dietario podría ser la primera causa, pero no la única, pues aún pudiera existir otra de carácter estético: los seres humanos cambiaron sus patrones de belleza y lentamente comenzaron a preferir parejas con rostros más pequeños. La explicación podría consistir en un motivo simple: las caras grandes tienen un mayor espacio entre sus rasgos, es decir, poseen una mayor distancia entre el mentón, la boca, la nariz, los ojos etc., lo que las hace más irregulares, mientras que en las caras más pequeñas estos espacios disminuyen favoreciendo la armonía entre los rasgos al dar lugar a un fenómeno conocido como la proporción áurea o divina proporción, un canon de medidas en el cual los griegos del período clásico afirmaron que se basa el secreto de la Belleza. El número de oro, el número dorado o número áureo, número fi, sección áurea, razón áurea, razón dorada, medida áurea o divina proporción, pues bajo todos estos nombres se le conoce, está representado por la letra griega Phi = 1,618034 en honor al escultor griego Fidias. Posee muchas propiedades interesantes, fue descubierto en la antigüedad y concebido no como una “unidad” sino como una relación o proporción. Es un número irracional que vincula dos segmentos pertenecientes a una misma recta. Dicha proporción puede hallarse en la naturaleza en las flores, las caracolas y muchos otros productos de ella, como también en figuras geométricas, y se le otorga una condición estética: aquello cuyas formas respetan la proporción áurea es considerado bello. Está presente, por solo mencionar un ejemplo, en la arquitectura del célebre Partenón griego.

El Partenón griego y Mona Lisa, óleo Leonardo da Vinci

Los rostros que cumplen con las medidas de la proporción áurea son considerados los más bellos por los seres humanos, y preferidos a la hora de dar rienda suelta al gusto y a la selección de parejas.

El siguiente fragmento, tomado del post La medida de la belleza (http://instintologico.com/la-medida-de-la-belleza/ explica bastante bien el fenómeno:

El investigador de la Universidad de California en San Diego Stephen Marquardt,  ha probado que los rostros que resultan más atractivos son aquellos que sus partes determinan longitudes que se ajustan a la razón áurea. Y que esa razón no dependía ni del lugar, ni de la cultura, ni de las razas. Para realizar el estudio utilizó fotografías de rostros de mujeres en los cuales había variaciones en las proporciones faciales y  pidieron  a personas de diferentes partes del mundo, que ordenaran varias  fotografías de rostros, en un orden del más bello al más feo según su criterio. El resultado fue que el 97 % de las personas encuestadas, ordenó los rostros en el mismo orden, por lo tanto Marquardt concluyó  que la población mundial compartía el mismo concepto de belleza.

Aunque se desconoce por qué los rostros con estas proporciones se consideran más hermosos, los investigadores indican la teoría de que los seres humanos tienen un prototipo mental que representa un promedio de todos los rostros y los que están más cercanos a él son considerados los más atractivos.

Marquardt utilizó la razón áurea para fijar la distancia entre los elementos faciales (ojos, nariz, boca, pómulos, barbilla y creó el concepto de máscara de la belleza, aproximando relaciones medias con el número áureo. Pronto las máscaras alcanzaron fama por comprobarse que las máscaras resultaban  muy útiles para realizar operaciones de cirugía estética y reconstrucción facial.

La máscara Marquardt permite aplicarse sobrepuesta al rostro humano y detectar las diferencias que existen entre la cara de la persona y la máscara. Resulta que la máscara se ajusta perfectamente a los rostros bellos.

Máscara de Marquardt

Lógicamente, mientras más individuos seleccionen como parejas sexuales a otros individuos con rostros pequeños, se incrementará el número de nacimientos de otros individuos con rostros pequeños, lo que llevado a una proporción exponencial durante milenios da como resultado que en la actualidad sean estos los más numerosos, en especial, en países poseedores de patrones culturales estéticos refinados, como los de Occidente, heredero de la cultura grecolatina, y Oriente, con culturas de tan antigua evolución como la china, la japonesa y las de países como la propia Turquía y la India.

Estudios realizados por cirujanos estéticos londinenses aplicando la proporción áurea a los rostros de famosas estrellas de cine y modelos de moda han dado como resultado que los tres rostros más perfectos serían, en primer lugar, el de la actriz Amber Heard, seguido en segundo lugar por el de Kim Kardashian y en tercero por el de la modelo británica Kate Moss.

Amber Heard

Kim Kardashian

Kate Moss

Otros rostros célebres por haber pertenecido a mujeres consideradas como las más bellas de sus épocas son el de Nefertiti, esposa del faraón Amenophis IV, quien protagonizara la mayor revolución religiosa en el Egipto antiguo destinada a introducir el monoteísmo. Nefertiti no era de raza egipcia, sino, posiblemente, hitita, y su famoso busto, conservado en el Museo Egipcio de Berlín, muestra una mujer de belleza absoluta y enigmática a la que sobrecoge mirar.

Nefertiti. Nótese cierta semejanza con el rostro de Kim Kardashian

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

y la actriz de origen francés Angelina Jolie, símbolos sexuales cuya belleza se ha convertido en icónica.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Pero no le aconsejo a nadie, ni mujer ni hombre, pues también hay hombres cuyo rostro presenta la proporción áurea, que se apliquen  la máscara de Marquardt para saber qué tan cerca están del ideal de la belleza perfecta. Será mejor que quienes lo necesiten hagan una visita al dentista para mejorar la apariencia de sus dentaduras y, en el peor de los casos, que aprendan a amarse a sí mismos tal como la naturaleza y la genética los han hecho. La Belleza abre muchas puertas, es verdad, pero no protege de la infelicidad, mientras que una sabia conformidad con lo que no puede ser cambiado ofrece más probabilidades de una vida con bienestar espiritual, que quién sabe si sea un don más importante que la Belleza para tener una vida plena.

Y surge, sin duda una pregunta: ¿Cómo sería nuestra cara en el futuro? Responde explica Paul Palmqvist, catedrático de Paleontología del Departamento de Ecología y Geología, de la Universidad de Málaga.

Si nuestro cráneo continúa evolucionando, lo previsible sería que continuase con esa juvenilización en las proporciones craneales, lo que llevaría a una cara más reducida, con órbitas oculares proporcionalmente mayores, un mentón de menores dimensiones y una bóveda craneal más globular y desarrollada. Eso sería lo esperable si continúa un proceso que se conoce como neotenia, que quiere decir alcanzar el estado adulto reteniendo características juveniles.

De izquierda a derecha ejemplos progresivos de la evolución del rostro humano. El penúltimo sería el rostro actual, mientras que el último correspodería al rostro humano del futuro, aanque ya se pueden ver muchísimos como ese. ¿No nos recuerda un poco el semblante de José Martí?

De cualquier modo, hay un detalle que posiblemente resulte muy interesante conocer: los neandertales no desaparecieron ni fueron exterminados, sino que se fusionaron con los homo sapiens, es decir, con nosotros, a través de apareamientos sexuales, e incluso hallazgos arqueológicos permiten suponer que las dos especies hasta llegaron a convivir en armonía. Según las estadísticas,  los humanos actuales podríamos tener hasta un dos por ciento de ADN neandertal. En un pueblo de España se realizó pocos años atrás una investigación genética a partir de una muestra de ADN tomada de los restos arqueológicos de un hombre neandertal y se hizo un descubrimiento casi fantástico: aún seguía teniendo descendientes en el pueblo, uno de ellos el maestro de la escuela. Qué sorprendente, ¿verdad? Pues luego de haber visto aquí varios rostros neandertales, les muestro uno conocidísimo en nuestros días, y se darán cuenta de que los podemos encontrar con bastante frecuencia en cualquier parte:

El actor español Javier Bardem. Según estudios antropológicos y antropométricos, España sería una de las regiones del planeta con mayor presencia actual de rostros de características neandertalenses. Bardem estaría entre ellos. Se explica que las hembras homo sapiens no fueran reacias a aparearse con machos neandertales.

 

 

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Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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