CONTRA MASACRE DE PERROS EN LA HABANA

No se me permite ser parte de la red social Facebook por ser una periodista cubana que trabaja para el Partido Comunista. Facebook me acusa de robar tarjetas de crédito y de no sé cuántos otros crímenes digitales que se ha inventado en mi contra. Por eso hoy no puedo publicar allí lo que pienso sobre la matanza de perros que se ha estado llevando a cabo en estos días previos a la visita de los Reyes de España. Pero tengo este blog, y como jamás lo he usado para atacar a mi Gobierno en ninguna forma, ahora me siento en libertad de decirle a la cara lo que pienso de la miserable gestión que ha desatado la masacre de perros callejeros por parte de Zoonosis, y que, como todos sabemos, ha partido de una ordenanza superior, lo que no quiere decir que a los trabajadores de Zoonosis les falten arrestos ni  entusiasta (y patológica) disposición para salir a matar ellos solos a todos los animales de Cuba, menos al caracol gigante africano, que tiene una caracola ¡tan bonita!

Quisiera que alguien me diera una explicación racional de por qué los perros callejeros de La Habana son más portadores de mala imagen ante los visitantes reales, quienes tienen todo mi respeto, que los innumerables, imbatibles basureros, escombreros y fosas de aguas albañales que tachonan nuestra capital como un decorado macabro.

Quisiera que alguien me demostrara que los perros callejeros son más peligrosos para la salud de los habaneros que toda la basura, las aguas negras, los hierbazales que comprometen de forma tan tremenda la higiene de la ciudad, incluso en épocas en que las epidemias de dengue, zika, chicungunya y otras enfermedades —que tan graciosamente hemos autoimportado de otros lugares del planeta— alcanzan sus mayores picos de morbimortalidad.

¿Por qué nos avergonzamos de nuestros infelices perros callejeros y no escondemos la podredumbre en que vivimos día a día?

Nuestro Gobierno es, en mi opinión, el mejor que hemos tenido en los últimos sesenta años, en el sentido de que GOBIERNA. Pero yo me siento decepcionada, indignada y desesperada porque desoyó el clamor de tantas voces que se alzaron en las asambleas previas a la aprobación de la nueva Constitución, donde tantísimos ciudadanos cubanos pedimos que se incluyera en nuestra Carta Magna una Ley Contra el Maltrato Animal. ¿Por qué el Gobierno evade promulgar esta Ley y en cambio prefiere mandar a masacrar perros indefensos para que las visitas oficiales no se sientan ofendidas por la presencia de estos desgraciados animales, a quienes nadie protege y tanta mala gente maltrata y abusa y asesina sin la menor piedad?

¿Quiénes son las bestias feroces en este juego de animales? Quiénes matan? Los perros no nos matan, al contrario, nos lamen, nos acarician, nos cuidan, nos aman incondicionalmente muchísimo más de lo que nosotros somos capaces de amarnos entre  nosotros mismos, porque los cubanos, emocionalmente estamos en un rango muy inferior a esos perros que matamos. Los perros están llenos de amor, mientras nosotros estamos llenos de MIERDA, y tengo que usar esta palabra porque no encuentro otra que describa mejor la mala pasta de nuestra condición emocional, nuestra insensibilidad, nuestra crueldad, la misma con que cada día agredimos a nuestro prójimo, le  hacemos la vida difícil, lo laceramos.

¿Qué hacen policías en un escenario donde se está condenando a quienes asesinan animales, si no están allí para defender a las víctimas? ¿No debe la policía en todas partes del mundo proteger y servir? Nuestros policías protegen a Zoonosis, los asesinos de animales.

Yo no estuve en la marcha pacífica que me dijeron habría hoy, y me siento fatal por haber faltado. Pero yo no fui no por miedo de la policía, ni de los empleados asesinos y cínicos, y muchísimo menos de los perros, que siempre han sido mis mejores amigos y me han dado el amor más puro que conozco. Yo no fui por miedo de mí misma, porque a mis sesenta y tres años de edad una de las pocas cosas que todavía me hacen perder el control es ver el maltrato a los animales. No fui porque soy capaz de agredir a un zoonosero o a un policía desalmado, y puedo ahogarme en mi propio coraje.

Pero escribir sí puedo, y no tengo miedo de hacerlo. ¿Cómo somos capaces de quitarles la vida con tanta sevicia a los seres que más puramente nos aman? ¿Quién ordenó esto? Alguien dijo que el mundo del perro es su dueño. ¿Cómo podemos causar tanto sufrimiento a aquellos pobres seres para quienes somos dioses?

Zoonosis debe ser cerrada. No tiene ningún sentido que exista si no puede librar a la ciudad de las especies animales que realmente la amenazan, como ratas, ratones, mosquitos, clarias omnívoras y caracoles a los que nadie invitó a la fiesta de nuestra mísera existencia.

Me avergüenza la inacción de mi Gobierno que permite galleras pertenecientes a altos funcionarios; que permite cotos de caza privados; que no acaba con las peleas de perros ni castiga a quienes lucran con el dolor y el sufrimiento de estos animales; que no encarcela y ni siquiera multa a ciudadanos asquerosos que van por ahí cogiendo perritos pequeños para usarlos como sparrings de sus perros de pelea; que deja impùne a quien patea a un perro, crucifica a un gato, los quema, los tortura, los desmembra, los entierra vivos.

Yo no pido a mi Gobierno que provea recursos para ayudar a los animales y estaría loca si lo hiciera en estos momentos en que mi país está bajo asedio por el Presidente loco que se sienta en la Casa Blanca. La ayuda podemos obtenerla en otras partes. La podemos sacar de nuestras casas, de donaciones, de convenios, de ONG. YO LE EXIJO A MI GOBIERNO LO QUE SÍ PUEDE HACER SIN PERDER NADA: UNA LEY CONTRA EL MALTRATO ANIMAL Y EL CIERRE INMEDIATO DE ZOONOSIS, ANTRO DE TORTURA Y CRIMEN.

No hay que mezclar la política, la ideología ni la policía con la salvación de los perros, caballos y gatos de Cuba. Como dice el refrán: «Si no puedes ayudar, no estorbes». Le recuerdo a mi Gobierno, al Ministerio de Salud Pública y a la Dirección Nacional de Higiene y Epidemiología, que en décadas las esterilizaciones y vacunaciones masivas de perros y gatos las han llevado a cabo los grupos de protección animal. Le recuerdo a mi Gobierno que los perros en especial, prestan una inmensa ayuda en la custodia de los bienes  y recursos materiales del país, trabajando como guardianes en empresas, almacenes, aparcamientos, escuelas… La lista de sus aportes es muy extensa.

Y para aquellos que me cuestionen porque no abogo por los disidentes, presos políticos, damas de blanco, etc., solo diré que mientras los seres humanos tenemos elección porque somos propietarios de nosotros mismos, los animales no tienen ninguna y dependen de nuestras elecciones para sobrevivir. No hay que matarlos, hay que ayudarlos. Yo hablo por los que no tienen voz. Por mis tres perros, por Tobi y por todos los animales vivos o muertos, abusados, sacrificados por cientos cada día en esta isla que está hundida en un baño de sangre animal.

Queremos la Ley, y yo exijo que cuando esa Ley sea algo más que un deseo en nuestros corazones, esos mismos policías que vigilan  hoy a los activistas que están en sus puestos defendiendo a los animales, hagan cumplir  lo que la Ley estipule.

¿Por qué odiamos tanto a los animales? Si se trata de odiar, entonces odiémonos mucho a nosotros mismos, porque somos  ¡tan malvados..!

 

 

 

Acerca de Gina Picart

Soy escritora, periodista especializada en La Habana de la colonia y la república, investigadora, crítica literaria, guionista de cine, radio y televisión
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